sábado, 28 de noviembre de 2009

RICARDO MELGAR : PRESENTACION DEL LIBRO ESCRITOS DE JOSE CARLOS MARIATEGUI 1928

Cuernavaca, a 26 de noviembre de 2009

Permítannos en primer lugar nuestro agradecimiento a los organizadores de esta presentación del libro Mariátegui: Escritos de 1928, a sus comentaristas, al público asistente, a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos por seguir abierta a la exposición y al debate de ideas, así como a la investigación de los diversos aristas de la historia y de la problemática nacional, continental y mundial. San Marcos es el más probado referente de lo que gustamos llamar Perú-mundo. Lamentablemente Francisco Amezcua y el suscrito no podemos acompañarlos físicamente en este evento, las distancias, las agendas apretadas de trabajo y otras limitaciones muy terrenales nos lo impiden. Por lo anterior van estas palabras, acaso para contrariar al programa de presentación del libro, fungiré como un tercer comentarista.

Recordaré a los dos comentaristas. A Raymundo Prado por dos razones: gracias a él, puse más atención en las complejidades del método, y este es un asunto no menor para comprender a Mariátegui. Digo en el método en su acepción plena, el que no obvia sus presupuestos filosóficos ni su eficacia, ni sus límites. Y en segundo, lugar, porque gracias a Raymundo se despertó en mí el año de 1972 el interés por estudiar a otro coetáneo de Mariátegui, tan socialista y fecundo como él, Antonio Gramsci.

Francisco Amezcua y el suscrito, así como los demás integrantes del colectivo que trabajó en este emprendimiento editorial declaramos sentirnos bien representados por Walter Saavedra, sabedores de que sin su participación activa y entusiasta en la labor no siempre visible de elaboración del libro, se hubiese convertido en un proyecto fallido. Confesaremos dos complicidades que tenemos con Walter: Walter, Paco y yo somos antropólogos y por si fuera poco compartimos una convergente preocupación e interés por José Carlos Mariátegui: vida y obra, pensamiento y vida, legado y desarrollo del socialismo. Walter cambió, dejó de ser el personaje serio y hierático que conocí, ahora practica el humor para expresar pensamientos no triviales. Paco y yo también cambiamos, éramos muy serios, demasiado graves. En nuestros cambios paralelos, algo tuvo que ver la vida, Mariátegui y Bajtin. Aprendimos tardíamente que el paradigma de la seriedad, tan burgués en su espíritu y modo de expresión, tan autoritario en el fondo, es una máscara y un lastre para el socialismo y el pensamiento crítico, también para la gastada academia universitaria. Celebremos la inventiva -tan cara a Mariátegui- para evitar que se fosilicen los rituales.

A pesar de lo anterior, nuestra escritura tiene deudas con esa tradición para decir lo que hemos preparado para esta ocasión. Mariátegui diría con fina ironía: es comprensible, late el “circulo agonal de la existencia”, el que pone en vitrina nuestras propias contradicciones, el que hace que todavía exudemos lo que no queremos. Con seriedad – no se sonrían por favor- afirmamos que Mariátegui sigue gravitando en el imaginario peruano y continental en dos direcciones que se bifurcan y confrontan: por un lado, como icono activo secular que potencia y coadyuva al desarrollo del pensamiento crítico y de las acciones que sirven a justas causas libertarias y justicieras, y por el otro, como icono revestido de religiosidad política o talmúdica que pretende justificar los extravíos y excrecencias de nuestras malogradas izquierdas. Y en medio de ellas, aparecen muchas otras, mediaciones que no deben ser desatendidas y estudiadas.
Ese libro que hoy se presenta sólo dejó constancia de un par de fragmentos de 7 Ensayos. En justicia, los escritos de Mariátegui en 1928, nos invitan a explayarnos brevemente sobre esta ausencia justificada por economía textual limitada a sus artículos y cartas.
Primera entrada:
¿Qué tipo de libro es 7 Ensayos?, el que ya no cupo en este otro libro que pretende compilar todos los escritos de Mariátegui en 1928. Aclaremos en primer lugar las ideas del Amauta acerca de las relaciones entre la producción teórica y las formas convencionales que los editores terminan de dar forma material de cara a los lectores. Las reflexiones de nuestro pensador indoamericano acerca de la construcción teórica parecen converger con otra preocupación suya, la de forjar algunos libros orgánicos derivados del desarrollo de sus propios ensayos. No entraré a la obra de Mariátegui por los ya conocidas entradas a sus usos de las categorías más conocidas del marxismo, ingresaré a través de otras, que estando muy visibles han carecido de atención. El Amauta en su nota de advertencia a su libro cumbre afirmó:

“Volveré a estos temas cuantas veces me lo indique el curso de mi investigación y mi polémica. Tal vez hay en cada uno de estos ensayos el esquema, la intención de un libro autónomo. Ninguno de estos ensayos está acabado: no lo estarán mientras yo viva y piense y tenga algo que añadir a lo por mí escrito, vivido y pensado. “[1]

Preguntémonos sin dilación: ¿Qué sentido tiene el término esquema para Mariátegui?, término devaluado cuando yo era estudiante, quizás como reacción a los excesos de las corrientes formalistas en boga. Dicho concepto es utilizado –como se desprende de la cita- para signar a cada uno de sus ensayos como el camino hacia un libro mejor estructurado y fundamentado. Recordemos que el término esquema tenía amplia aceptación en la tradición filosófica y sociológica occidental para referir forma y figura, aunque a partir de Kant sus sentidos nos remitieron por un lado, a un modo de enlazar las categorías abstractas y los datos sensibles, y por el otro, a una manera de determinar el tiempo. El esquema puede iluminar a través de una categoría un tejido de fenómenos asociados entre sí, como lo propone Mariátegui en su primer ensayo: “Esquema de la evolución económica.” En cada uno de los ensayos del director de la revista Amauta, cobra centralidad una categoría: factor para analizar la cuestión religiosa; problema para dilucidar la cuestión agraria e indígena, señal del tiempo y modo de la contradicción en desarrollo; proceso para deslindar los campos y las orientaciones colonialistas, nativas y nacionales en los ámbitos de la educación y la literatura; y por último, su concepto de región que además de colocar bajo cuerda a federalistas y centralistas interpeló las posibilidades y límites reales de la nacionalidad y la nación. Valor signo, es para Mariátegui una figura de condensación con fines analíticos, una manera de construir una muestra representativa del quehacer intelectual y evitar el monografismo erudito a favor del ensayo. Un personaje por sus obras e ideas, representa una corriente pasadista o renovadora, un giro hacia delante o hacia atrás, un canon o una ruptura del mismo. Nuestro socialista a través de cada entrada analítica, precisa el antagonismo pero también las mediaciones que lo preceden y acompañan. No es bueno leer lo uno sin lo otro, toda simplificación arruina al lector, modela “pensamiento escuálido” como gustan llamarlo hoy en día los venezolanos.

Un libro “orgánico”, una obra “autónoma” debía ser mediada por la elaboración de ensayos, así como éstos eran precedidos por sus crónicas de ideas. La obra de Mariátegui al ser juzgada a partir de sus propias ideas, nos dibuja una especie de espiral acerca de las formas de escribir, que en cierto sentido puede ser vislumbrada también, como un vehículo ascendente de elaboración y comunicación de contenidos. La concepción mariateguiana sobre la escritura se asemeja a una caja china portadora de ideas y géneros, no de todos, sólo de los que cultivó.

Mariátegui, en cada uno de sus ensayos refrendaba su adhesión al marxismo como base interpretativa de la problemática abordada. El carácter de “contribución socialista” de su obra, remarcaba su preferencia por un público potencialmente afín, independientemente de que hubiesen otros tipos de lectores. El vocablo método apareció en su obra en dos acepciones: la primera en su sentido laxo y popular de modo de hacer, y la segunda como “métodos de investigación”[2] o “métodos didácticos” o “pedagógicos”. Mariátegui muchas veces usó el término concepto en el sentido genérico de juicio u opinión, práctica aceptada en la lengua castellana. En algunas ocasiones, el concepto operó como un término propio de alguna teoría literaria, sociológica o económica susceptible de validación. Los conceptos que usó nuestro ensayista en sus siete ensayos con fines explicativos, tienen una deuda visible con la tradición teórica marxista cribada en Europa a lo largo de 8 décadas, si consideramos al Manifiesto Comunista (1848) como un hito constitutivo. Sin embargo, el pensador peruano tomó prestados otros conceptos extraídos de obras de autores no marxistas, los que creyó necesarios para darle soltura a su lógica interpretativa frente a una realidad, frente a una problemática dada. La crítica que hizo al pensamiento de Manuel González Prada, fijó una frontera cognitiva y axiológica entre la retórica de la imagen y la del concepto que deben presidir o no en los ensayos de interpretación. [3]

Mariátegui no aplicó el marxismo a la realidad peruana, esa figura opaca del formalismo deductivista y la exterioridad mecanicista del “pensar en abstracto” que llevó a mi generación hasta el hartazgo, sino que apostó a reelaborarlo y desarrollarlo vía el análisis concreto del proceso estudiado. [4] Recordemos también que nuestro autor reconocía la existencia de “varias teorías marxistas” en su época, las cuales comenzaban a interesar a los estudiantes universitarios vinculados al movimiento de reforma universitaria. A los lectores no nos es difícil advertir en estos pasajes de 7 Ensayos… una cierta distancia frente a las lecturas y usos marxistas de Haya y de otros líderes estudiantiles de su tiempo. Recordemos que Haya en sus dos obras aurorales: Por la Emancipación de América Latina (1927) y El Antiimperialismo y el Apra (1928), prefirió una lectura más continentalista que nacional, más enunciativa y deductivista que analítica. Frente al teoricismo marxista diletante, Mariátegui siguió el camino firme y terrenal de configurar lo “concreto del pensamiento” vía el develamiento de lo real fenoménico o concreto sensible.

Y si ello, suponía distanciarse del marxismo vulgar y deductivista, nuestro autor no dudó en decirlo. [5] Pero también se cuidó de las telarañas legadas por el positivismo y su culto al dato empírico. Al respecto, Mariátegui había redactado en lo fundamental sus ensayos sobre la evolución económica y regionalismo y centralismo, encontrándose abocado a retomar el dedicado a la literatura nacional. [6] Bajo tales circunstancias resultó valiosa su postura crítica de investigador y ensayista frente al dato en cuanto tal: “…el dato no es sino dato. Yo no me fío demasiado del dato. Lo empleo como material. Me esfuerzo por llegar a la interpretación. “[7]

Una lectura atenta del ensayo sobre la literatura basada en la distancia temporal, nos permite apreciar su densidad interpretativa, el develamiento de los complejos nexos e interacciones entre la economía, los intereses de clase y las corrientes literarias nacionales y extranjeras. Descubrir y esclarecer el problema indígena tras sus apariencias y los discursos que se constituyen sobre ellas, le posibilitó a Mariátegui afirmar su interpretación como crítica y alternativa. [8] Una lectura anacrónica de mi generación, impidió distinguir que su crítica a la etnicidad iba dirigida contra el positivismo spenceriano, no contra la dimensión cultural e identitaria de nuestras poblaciones originarias. Revísese con todo detalle su lectura de la región sur andina a través de los diferentes ensayos y se descubrirá que Mariátegui no cayó en las telarañas del reduccionismo de clase. Camino análogo siguió nuestro pensador en sus demás ensayos, así por ejemplo, frente a la cuestión educativa puso cable a tierra en su sentido figurado y real. [9] En su ensayo sobre la literatura peruana, advirtió a sus lectores, que abstracciones tales como literatura nacional o nación no se bastan a sí mismas para dar cuenta del proceso formativo y de desarrollo de la literatura peruana.[10] El concepto de región abordado en su ensayo sobre regionalismo y centralismo, más allá de sus rasgos geográficos merece ser revisitado y discutido, por su fuerza heurística y mediadora en el análisis de la formación de la nacionalidad, las tradiciones y la nación. [11]

Segunda entrada, mejor dicho, despedida
Repárese en un hecho relevante para una obra marxista como 7 Ensayos…, haber logrado veinte ediciones impresas pos caída del socialismo real: catorce ediciones en el Perú, cuatro en países latinoamericanos (Argentina, Colombia, México y Venezuela), una en Europa (Grecia) y otra en Oceanía (Australia). A todo ello debemos sumar varias ediciones electrónicas en castellano a las que cualquier usuario puede acceder y bajar de la red. [12] ¿Qué méritos tiene este libro de 1928 para seguir despertando el interés de las editoriales y comunidades de lectores? En el mundo virtual hay varias páginas académicas y políticas que han subido diversos textos de Mariátegui, destacando dos ediciones de los 7 Ensayos… ¿Qué virtudes condensaron los 7 Ensayos. . . que devinieron en prismas de abordaje de tópicos nacionales o de la propia naturaleza del ensayo de interpretación? No hemos de conjeturar al respecto, únicamente destacaremos el hecho de que la presencia de Mariátegui y su obra no se agotó con la crisis del socialismo real y del marxismo institucional, ni con las críticas a los discursos de la modernidad. La compilación de los artículos de Mariátegui escritos y publicados en 1928 que entregamos a los lectores, portan muchas gratas sorpresas. La fuerza renovadora de varias de sus ideas sigue inspirando desarrollos múltiples en las nuevas generaciones.

A pesar de lo anterior, asistimos a una nueva oleada de embates contra Mariátegui que revelan en unos de sus detractores lecturas unilaterales y en otros, agotamiento intelectual conservador o neoconservador, pero en ningún caso deben ser ignorados o vilipendiados. El debate con altura asume nuevas exigencias. Mariátegui decía que la frivolidad puede ser un buen motivo para reflexionar y analízar cuestiones de mayor envergadura, también son motivo de lo anterior, la unilateralidad, el error y la calumnia.

La minusvalía de Mariátegui y aún su enfermedad desde claves mediocremente apoyadas en el Psicoanálisis y en el Positivismo nos presentan ejemplos de un reduccionismo preñado de anemia interpretativa en una joven tesista. La incomprensión del género ensayo y del concepto de valor signo, ha llevado a un crítico erudito a hablar de omisiones y equívocos. El Adios a Mariátegui sea bienvenido para quienes piensan que les resulta incómodo para sus reposicionamientos intelectuales y políticos. Allá ellos toda vez que Mariátegui no ancló sus preocupaciones en los estrechos marcos de lo “nacional” ni de una modernidad sin reparos. La construcción mariateguiana del “nosotros” y del “mito” así lo refrenda. Hace una semana disentí en un evento internacional con un colega peruano que nos presentaba a Mariátegui como un hacedor de derrotas entre 1928 y 1930. Sus argumentos me invitan a la réplica fundada, la haremos en su momento.

La cuestión de Mariátegui se ha actualizado. Investiguemos y discutamos con probidad y argumento a Mariátegui y su obra, veamos su dimensión humana, sin negar sus límites, al mismo tiempo, defendamos lo sustantivo de su obra y de su vida sin concesiones. Necesitamos un Mariátegui suscitador de ideas y emprendimientos culturales y políticos, no un santón indigno, pretexto de romerías, plañíderas, citólogos y iconólatras. Mariátegui. Escritos de 1928, invita a la relectura, a la reflexión, a la investigación y a la toma de posición con mejores argumentos y mejor humor. Dicha obra, hace nuestro el querer de Mariátegui de invitar a la celebración de la vida y del socialismo, sin calco ni copia y sin ofrenda inútil.

Ricardo Melgar Bao



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[1] 7 Ensayos... p.12.
[2] Ibíd., p. 80.
[3] “En los discursos, en los ensayos que componen estos libros, González Prada no trata de definir la realidad peruana en un lenguaje de estadista o de sociólogo. No quiere sino sugerirla en un lenguaje de literato. No concreta su pensamiento en proposiciones ni en conceptos. Lo esboza en frases de gran vigor panfletario y retórico, pero de poco valor práctico y científico.” Mariátegui, José Carlos, 7 Ensayos…, pp. 258-259.
[4] “El verdadero marxismo excluye por principio el procedimiento del “pensar en abstracto” porque sólo puede medirse en forma fructífera con la realidad: 1) si es capaz de no separar el juicio sobre un fenómeno histórico del proceso de su formación; 2) si en el examen de dicho proceso no convierte a una de sus características en un elemento tal que le permita suprimir todas las otras. Siempre es útil recordar las observaciones que hace Lenin respecto del estilo de pensamiento en abstracto en su polémica contra Bujarin y Trotsky acerca del papel de los sindicatos. “, Aricó, José, Mariátegui y los orígenes del marxismo latinoamericano, México, Siglo XXI (Cuadernos de Pasado y Presente núm. 60), 1980, p. XXI.
[5] “Y no intentaré sistematizar este estudio conforme la clasificación marxista en literatura feudal o aristocrática, burguesa y proletaria. Para no agravar la impresión de que mi alegato está organizado según un esquema político o clasista y conformarlo más bien a un sistema de crítica e historia artística, puedo construirlo con otro andamiaje, sin que esto implique otra cosa que un método de explicación y ordenación, y por ningún motivo una teoría que prejuzgue e inspire la interpretación de obras y autores.”, Mariátegui, José Carlos, 7 Ensayos…, p. 239.
[6] Véase Anexo I: Cronología de la elaboración de 7 Ensayos de Interpretación de la realidad peruana.
[7] “Una encuesta a José Carlos Mariátegui”, Mundial (Lima) 23 de julio de 1926), reproducida en Mariátegui, José Carlos, La Novela y la Vida, Lima, Empresa Editora Amauta, 1956, p. 156.
[8] Todas las tesis sobre el problema indígena, que ignoran o eluden a éste como problema económico-social, son otros tantos estériles ejercicios teoréticos -y a veces sólo verbales-, condenados a un absoluto descrédito. No las salva a algunas su buena fe. Prácticamente, todas no han servido sino para ocultar o desfigurar la realidad del problema. La crítica socialista lo descubre y esclarece, porque busca sus causas en la economía del país y no en su mecanismo administrativo, jurídico o eclesiástico, ni en su dualidad o pluralidad de razas, ni en sus condiciones culturales y morales. La cuestión indígena arranca de nuestra economía. Tiene sus raíces en el régimen de propiedad de la tierra. Cualquier intento de resolverla con medidas de administración o policía, con métodos de enseñanza o con obras de vialidad, constituye un trabajo superficial o adjetivo, mientras subsista la feudalidad de los "gamonales", Mariátegui, José Carlos, 7 Ensayos…, p. 35.
[9] “La experiencia enseña que, en este terreno, [el problema de la educación, RMB] con desdeñosa prescindencia de los factores de la realidad y de la historia, es imposible no sólo resolverlo sino conocerlo.” Mariátegui, José Carlos, 7 Ensayos…,p. 156.
[10] “En la historiografía literaria, el concepto de literatura nacional del mismo modo que no es intemporal, tampoco es demasiado concreto. No traduce una realidad mensurable e idéntica. Como toda sistematización, no aprehende sino aproximadamente la movilidad de los hechos (La nación misma es una abstracción, una alegoría, un mito, que no corresponde a una realidad constante y precisa, científicamente determinable).” Mariátegui, José Carlos, 7 Ensayos…, p. 235.
[11] “Una región no nace del Estatuto político de un Estado. Su biología es más complicada. La región tiene generalmente raíces más antiguas que la nación misma. (…) En España y en Italia, las regiones se diferencian netamente por la tradición, el carácter, la gente y hasta la lengua.” Mariátegui, Ob. cit, pp. 176-177.
[12] La página web más visitada es: http://yachay.com.pe/especiales/7ensayos/

jueves, 26 de noviembre de 2009

Manifiesto Comunista y la batalla en los cerebros

EDGAR BOLAÑOS
BOG TACNA COMUNITARIA




Se puede escribir bellas páginas literarias. La Divina Comedia de Dante o Fausto de Goethe son obras que perdurarán en el tiempo por su expresiva belleza y la sensibilidad del tempo de los autores. Pero obras que, pese a los siglos transcurridos, mantengan vivo su pragmatismo son muy contadas en la vastísima estantería planetaria. Una de esas obras es el Manifiesto del Partido Comunista de Karl Marx y Friedrich Engels. Panfleto genial, contestatario y propagandístico. Es una obra con mucha vida, como pocas: secuestros, persecución oficial, lecturas clandestinas, ediciones hológrafas que provocan encendidos debates, variopintas exégesis y abundantes comentarios. Sea como fuere es una obra en la que siempre hay algo nuevo que descubrir. Sus generalizaciones totalizadoras tienen vida a través de los detalles histórico-concretos de una eficacia más persuasiva que exacta. Su fuerza brota, según Siegfried Landshut, de la efectividad de “un lenguaje que une la sintética rigurosidad de una orden con la infalible certeza de una demostración matemática, y cuyo arrebatador patetismo no procedía tanto del empleo de grandes palabras como del poder de la inexorable coherencia de los hechos desplegados.”[1] Obra singular en la que su arquitectura conceptual, se pone a prueba día a día en la actualidad de sus argumentos que sobrepasa el curso inexorable de los calendarios.



El Manifiesto Comunista sale a la venta en simultáneo con el estallido de la revolución de febrero de 1848. Se cierra un ciclo de la historia política europea que se había iniciado en la revolución francesa de 1789. Y se abre otro ciclo en el escenario de la lucha de clases. El tiempo en cuestión presenta en sociedad a un nuevo actor político junto a una intelectualidad que ya le es orgánica: el proletariado revolucionario.



Marx y Engels, en el segundo congreso de la Liga de los comunistas, el 29 noviembre de 1847, reciben el encargo de redactar el Manifiesto. En sesenta días, entre diciembre y febrero, escriben 23 páginas que definen en líneas generales el plan estratégico de la clase obrera. Posteriormente, montañas de papel se han impreso en casi todos los idiomas para comentar o cuestionar las 23 páginas del Manifiesto. Ayer como hoy, lecturas diferentes, con fines siempre prácticos, se han inspirado en esas polémicas páginas. El debate sobre el nombre del polémico opúsculo conduce a otro no menos polémico sobre la denominación del partido proletario. En toda crisis del socialismo, necesaria e inevitablemente, las miradas se vuelcan hacia el Manifiesto del Partido Comunista. Hoy no puede ser de otro modo.



Una mirada retrospectiva, en el siglo de la globalización de los mercados, revela detalles poco conocidos sobre el porqué de las decisiones de fines de 1847. Podemos decir, sin lugar a equívoco, que la elaboración y publicación del Manifiesto Comunista fue un paso fríamente calculado por los fundadores del socialismo proletario. El producto caía de maduro[2]. En una carta circular que en febrero de 1847 dirigió el Comité Central de la Liga de los Justicieros a sus miembros, se señala: “…deberá procederse a redactar una breve profesión de fe comunista que se imprima en todos los idiomas europeos y se difunda por todos los países”. Líneas abajo se resumen los objetivos de la profesión de fe que Marx convertiría en Manifiesto: “1º ¿Qué es comunismo y qué pretenden los comunistas? 2º ¿Qué es socialismo y qué pretenden los socialistas? 3º ¿De qué modo puede instaurarse el comunismo lo más rápida y fácilmente posible?”[3] El proyecto fue largamente meditado por Marx y, su introducción en el mercado, fue estudiada en sus mínimos detalles.



Marx y Engels se adelantan un siglo a la “ciencia del Marketing”. La aparición de los grandes almacenes, en la segunda mitad del siglo XX, coloca al potencial comprador en la disyuntiva de escoger el producto directamente de la estantería lo que hace necesario incrementar su atractivo a través de su diseño gráfico y estructural (presentación del producto). Es decir, la mercancía debe actuar por sí misma, debe auto posicionarse en la mente del potencial “comprador”. ¿De qué modo puede instaurarse el comunismo lo más rápida y fácilmente posible? Se pregunta Karl Marx en 1847. La respuesta es el Manifiesto del Partido Comunista. Respuesta que tiene dos aspectos: en la forma de promocionarlo entre los potenciales usuarios y en la demostración (exposición), clara y precisa, de la dialéctica inevitable de la historia. Forma y contenido se dan la mano para que el producto cumpla su función: posicionarse en el cerebro de los trabajadores. Umberto Eco en el 150 aniversario del Manifiesto dice que esa obra “es un texto formidable que alterna tonos apocalípticos e ironía, eslóganes eficaces y explicaciones claras, y que (…) debería ser religiosamente estudiado en las escuelas para publicistas.”[4] Y tiene muchísima razón. El Manifiesto es el primer opúsculo donde se aplica coherentemente las leyes de la mercadotecnia; asimismo, la definición de los productos histórico-naturales (p. e. las clases) y la imagen espacial de los personajes, crea un relato verosímil que la publicidad frecuentemente utiliza.



La primera edición del Manifiesto del Partido Comunista data de febrero de 1848. Su publicación tiene una honda significación para el movimiento proletario. Marca el inicio de la ofensiva ideo-política contra el dominio burgués en la mente de los trabajadores. Es la batalla por erradicar el ideísmo filosófico de la cabeza de los explotados. Es la batalla por hacer prevalecer la dialéctica como método de análisis. Es la batalla por establecer el principio de lucha de clases como método de lucha. Es la batalla por la hegemonía proletaria en el cerebro de los trabajadores del campo y la ciudad. Es una guerra donde el enemigo es el liberalismo burgués y el territorio a conquistar es el cerebro de hombres y mujeres. Así se inicia la primera gran batalla entre capital y trabajo.



En 161 años, burguesía y proletariado, han protagonizado mil un combates. Las derrotas de la clase obrera fueron la base de los éxitos de ayer. Hoy no es diferente. Los reveses temporales obligan a una intensa revisión de métodos y conceptos. El marxismo, en el curso de los últimos noventa años, se ha interrogado a sí mismo, se ha preguntado sobre su naturaleza, su dinámica, su historia y sus propios conceptos. La crisis del marxismo, sí de tal crisis podemos hablar, básicamente está en el corazón mismo de la teoría; es decir, en su práctica revolucionaria, y hablar de su práctica es hablar del movimiento socialista o comunista. En este punto cabe una precisión que, muchas veces por obvia, se presta a confusión. Una cosa es socialismo y otra cosa es marxismo. El socialismo es la experiencia, es la práctica social, es el movimiento político que lucha por construir un nuevo orden. El marxismo es la teoría que brota de la experiencia y se supera en la experiencia. Las diferencias no niegan la relación pero no son idénticos. El marxismo es una teoría que avanza a través de las crisis y, se puede decir, que el marxismo siempre está en crisis. La clase obrera, en los conflictos de clases, con frecuencia se encuentra en “callejones sin salida”. ¡Y carece de respuestas! Lo cuál no es nada extraño, es su manera de avanzar. El hombre progresa superando o rodeando los obstáculos. Sin inconvenientes (o crisis) no hay posibilidad de avanzar. El desarrollo se produce a través de rupturas o cambios bruscos en la rutina del día a día. Así se hace camino al andar.



El socialismo, como lucha del proletariado contra la burguesía, por su forma aunque no por su contenido, es primeramente una lucha nacional. El marxismo como teoría no tiene nacionalidad, su método es universalmente válido. El socialismo, como movimiento histórico mundial, se desarrolla a través de sus concreciones histórico-nacionales. Y, sí tenemos que precisar, es el socialismo de la II y III Internacional el que está en crisis. Pero, no se trata dice Oscar del Barco[5], de superar la crisis sino de fomentar un movimiento y un pensamiento que viva, se desarrolle y triunfe en la crisis[6], vale decir, en la permanente transformación de la sociedad, de las clases, de sus luchas y compromisos, de las cambiantes condiciones globales y particulares. Marx en el Manifiesto tiene frases de admiración hacia el capitalismo. Nos dice que, a diferencia de todos los modos de producción anteriores, el capitalismo en su dinámica interna es revolucionario, no cesa de trastornar todas las relaciones sociales, incluidas las que él mismo crea. Y ese es un problema poco entendido o, peor aún, malentendido por una ortodoxia anclada en el pasado o menospreciado por un empirismo que todo lo sabe y no sabe nada. La ortodoxia “marxista” petrifica el movimiento de la sociedad, se queda anclado en la fotografía del capitalismo de Marx o de Lenin, se queda atrapado en la mirada de Mariátegui; el doctrinarismo pretende acomodar las nuevas realidades en los estereotipos del pasado pero la movilidad de la cosa capitalista no se deja encerrar en los viejos esquemas intelectuales. Marx nunca ambicionó elaborar una filosofía o una teoría suprasocial; todo lo contrario, sólo se propuso descubrir las tendencias ingénitas de la organización humana que, como todas las tendencias, está en contradicción con tendencias opuestas y no puede realizarse si no es por medio de la lucha de clases.



José Carlos Mariátegui tenía muy claro que el conflicto entre obreros y burgueses es una guerra que se libra fundamentalmente en el cerebro de los trabajadores. Años después de la publicación del Manifiesto, comentando episodios de la primera guerra, constata que “los más hondos críticos de la guerra mundial piensan que la victoria fue una obra de estrategia política y no una obra de estrategia militar. Los factores psicológicos y políticos tuvieron en la guerra más influencia y más importancia que los factores militares. Adriano Tilgher escribe que la guerra fue ganada ‘por aquellos gobiernos que supieron conducirla con una mentalidad adecuada, dándole fines capaces de convertirse en mitos, estados de ánimo, pasiones y sentimientos populares’.”[7] ¡Qué duda cabe! Las guerras se ganan en los cerebros. Las ideas quebrantan las fuerzas del adversario más eficazmente que miles de tanques. Los bolcheviques en octubre de 1917 demostraron que es posible arrebatarle el poder a la burguesía con el poder de la palabra. Los ríos de sangre brillaron por su ausencia. Casi diez millones de personas habían perecido en las trincheras de la I guerra mundial. Los bolcheviques consumaron la gran revolución con sólo un costo de diez víctimas (según testigos hostiles, como los embajadores occidentales en Petrogrado). Los argumentos, la persuasión, pesaron tanto como la violencia de la palabra, como la energía del verbo, como la amenaza del número abrumador de obreros y soldados dispuestos a recurrir a la violencia. ¡Todo el poder a los soviets!, fue la voz de orden.



Las guerras se libran en los cerebros. Esta percepción no es nueva en los rangos del marxismo. Ya en el Manifiesto del Partido Comunista encontramos este enfoque liberador de las cadenas ideológicas[8]. El maestro Mariátegui lo empleó en el proceso de constitución del Partido Socialista del Perú. Ahora entendemos que el Manifiesto fue deliberadamente elaborado para un segmento del mercado de conciencias: la clase obrera. Como producto nuevo, proyectado para desplazar el posicionamiento del antiguo modo de pensar, tuvo que construir sus propios canales de distribución y venta. Y, como es natural, todo producto nuevo tiene que enfrentar dificultades para prevalecer sobre sus potenciales competidores. Las nuevas ideas del Manifiesto entran en conflicto con el viejo modo de pensar. Lo más difícil en el mundo es cambiar una manera de pensar. El punto de vista rutinario vuelve tozudo al feligrés de un viejo o nuevo orden. Cierra las puertas del entendimiento bajo siete candados. Se resiste al cambio. El hombre rutinario, el hombre enajenado, vive atado al pasado. Se auto impone obstáculos a su propia emancipación. Siglos de sujeción a las reglas de la propiedad privada no se pueden borrar de la noche a la mañana. Apenas el niño inicia el proceso de aprendizaje en la cuna se van fijando conceptos de lo mío y lo tuyo. Nace, vive y muere habituado al lenguaje y la práctica de la propiedad privada. Toda una vida encasillado en conceptos símbolo le impide entender fácilmente que los conceptos son variables como cambiante es el mundo. La rutina vuelve, al hombre común o al dirigente político, celoso guardián de la ortodoxia (económica, política o religiosa). El doctrinario, como los guardianes de la pureza del “santo convento”, pretende ajustar la vida real en la imagen que se ha creado de ella. No admite que las circunstancias concretas no se acomoden a su propio modelo o esquema dogmático del curso histórico. La dialéctica objetiva es encerrada en el corsé de una idea muerta, en las anteojeras del pasado. Se pretende sustituir el mundo real por la visión de un mundo artificial, irreal, creado por la imaginación. La teoría marxista no se sustenta sobre un cuadro de clases sociales fijas, estáticas, inamovibles. La razón es que no tiene por objeto recomponer ese cuadro – ¡no toma fotografías de la historia social! –, a la manera de cualquier arqueología; por el contrario, su objetivo es analizar el antagonismo mismo, descubrir las tendencias en su evolución, en su transformación histórica, y en consecuencia explicar la necesidad de estos cambios en la estructura de las clases sociales, permanentemente impuestos por el desarrollo del capital.



El hombre se resiste al cambio. No se puede cambiar la mente a fuerza de golpes. El látigo verbal de quienes reaccionan quizá con exceso contra los que no se deciden a seguir, sin reservas, la misma vía[9] es contraproducente. Vanos son argumentos como: “Quienes no comprenden este trabajo previo, o quienes lo desprecian y rechazan sin presentar su propia labor, se automarginan solos con su eterno «de qué se trata para oponerme» o con el lastre feudal del «no hay peor enemigo que el del oficio», expresiones de la mediocridad del medio”; en todo caso, éstas expresiones indican la impotencia del sujeto. Y es que cambiar la mente es un proceso que tiene con frecuencia un efecto contrario. Tiende a reforzar una opinión que existía previamente o, mejor dicho, activa la coraza que lo protege de agentes ideológicos extraños a su formación. Subjetivamente está anclado al pasado; pero, objetivamente la fuerza de los hechos lo impulsa al cambio. El instinto de vida pertenece al presente-futuro. El “instinto de muerte” es parte del pasado-presente. Pero, el futuro siempre se impone al pasado. En 1848, cuando Marx y Engels publicaron el Manifiesto, la vida era representada por el rótulo comunista. Ese era el trasfondo de la revelación de Engels: “cuando apareció no pudimos titularle Manifiesto Socialista.”[10] Se trataba de aprovechar o tomar ventaja de las ideas, conceptos y tendencias, que se encuentran escondidos en la mente del sector más radical de la clase obrera europea de 1848. Pero, ¿qué ideas estaban escondidas en el cerebro de los trabajadores de aquél entonces? No otras que aquél comunismo instintivo[11] que menciona Engels y que inclina la decisión de 1848. Esto explica que el Manifiesto no apareciera como obra de la Liga de los comunistas sino de “una organización por entonces inexistente: un «Partido Comunista». Parte de la sorpresa se disipa cuando se tiene en consideración que, a mediados del siglo XIX, en un período previo al surgimiento del sistema de partidos políticos moderno, un partido constituía una orientación ideológica más o menos definida, y no una organización dotada de fines políticos específicos.”[12]



A Marx y Engels les toca vivir la adolescencia del capitalismo.[13] Los mercados florecían y, los hombres, no podían dejar de percibir que el destino de un producto nuevo depende de una correcta estrategia de mercado. En el capitalismo todo es enajenable incluido el propio hombre. Pero, la enajenación es un problema cerebral que responde a una realidad concreta. Cualquier mercancía para ser vendible debe ser deseada; es decir, tiene que ser subjetivamente aceptada. Debemos preguntarnos, entonces, ¿qué es una mercancía?[14] El sentido común responde a la pregunta de la siguiente manera: todo lo que se puede vender o comprar. Error dicen Al Ries y Jack Trout[15]. Mercancía no es aquello que se vende sino aquello que se desea comprar. Esa es la paradoja de la mercancía que para su poseedor no son valores de uso y para sus no poseedores son valores de uso. En efecto, el producto ideal es el que está en la mente del consumidor. Un nuevo producto necesariamente debe lograr posicionarse en el mundo subjetivo o el subconsciente del potencial consumidor. La limitación de la Liga de los comunistas, como fórmula organizativa, que constreñía el ámbito de acción a los miembros de aquélla organización, fue superada por Marx y Engels con la aparición del Manifiesto como obra de un Partido Comunista inexistente.



Marx y Engels, en 1848, se preguntan ¿cómo denominar el Manifiesto de la Liga de los Comunistas? En ese momento la conveniencia o inconveniencia de una u otra denominación del Manifiesto de la Liga de los comunistas estaba vinculada al contenido programático del producto (Manifiesto) que tenía que adaptarse en la forma (etiqueta de presentación) al objetivo estratégico: la conquista de la clase obrera. Esto es, la táctica y estrategia para posicionarse (apoderamiento) en la mente, primero en el segmento más avanzado y, luego, en el conjunto de la clase obrera. Se trata de llegar con la menor resistencia al cerebro de los simpatizantes de un “comunismo instintivo”. (Recuérdese: la Liga de los Comunistas, está “organizada como sociedad secreta de propaganda”[16]; y, el Manifiesto que comienza a distribuirse paralelamente a la revolución de febrero, es el programa del Estado Mayor del sector más radical de la clase obrera europea en la primera gran batalla entre burguesía y proletariado.) Ahora bien, en el argot del marketing, los conceptos socialismo y comunismo pueden ser considerados como ideas tácticas o ángulos competitivos. Así, en la disyuntiva entre socialismo y comunismo, como etiqueta del producto, concluye Engels: “para nosotros no podía haber duda alguna sobre cuál de las dos denominaciones procedía elegir.”[17] En ese momento lo que representaba el objetivo estratégico (clase obrera) era el rótulo comunista. La conclusión que brota de estas discusiones es que las denominaciones, etiquetas o rótulos, de las organizaciones (o productos mercantiles) obedecen a consideraciones tácticas antes que estratégicas. Sin embargo, bien sabido es que una táctica necesita una estrategia para ser exitosa. Ese es el problema de un clavo – dicen Al Ries y Jack Trout – que, para ser efectivo, necesita un martillo porque el proceso de clavar (una idea) involucra a clavadores (militantes) y un blanco de la acción (clase trabajadora). Así la idea táctica (Manifiesto) es al clavo como la organización (Liga de los comunistas) es al martillo. La sincronización del martillo con el clavo pone en movimiento la maquinaria de posicionamiento (plan estratégico). Revísese el plan estratégico de Mariátegui y se comprobará que el equipo de Amauta cumple la función de martillo y las ideas de Amauta las de clavo. Así se pone en marcha la sinfonía inconclusa de la clase obrera peruana.



Si la táctica dicta la estrategia, el nombre del partido de la clase obrera no puede ser permanente, está sujeto a los vaivenes de la lucha de clases y al desarrollo de la conciencia política de la clase obrera. En 1894, Engels hace el siguiente comentario: “Pero los nombres de los verdaderos partidos políticos nunca son absolutamente adecuados; el partido se desarrolla y el nombre queda.”[18] Pues sí, la experiencia lo prueba: los partidos evolucionan o involucionan y el nombre queda para los archivos de la historia política. En tiempos de Marx y Engels, el nombre de la organización va desde Comité de correspondencia comunista, Liga comunista, Partido comunista (usado sólo como título del Manifiesto), Asociación Internacional de los Trabajadores, Partido Socialdemócrata, Partido Socialista. Pero, ¿por qué Marx y Engels no promovieron, después del Manifiesto, la fórmula comunista como nombre de la organización proletaria? ¿No será porque los procesos tienen que cumplirse? Después del fracaso de la revolución de 1848, la revisión de métodos y conceptos, se pone a la orden del día. Toda rebelión es un acto material que se gesta en el cerebro de los hombres. Como idea fuerza sigue las reglas de la teoría del conocimiento y el conocimiento no salta etapas. Thomas Kuhn en su obra La estructura de las revoluciones científicas[19], dice que el desarrollo de la ciencia (pensamiento o conciencia) no se produce por acumulación de información sino por derrumbamientos (anomalías en términos de Kuhn) y reconstrucciones; vale decir, los humanos tomamos conciencia a través de los reveses temporales, de las derrotas, de los cabezazos contra los muros de la realidad, de los tropezones que nos obligan a rupturas con los viejos paradigmas. La lucha por la vida nos arrastra a la conciencia comunista que sólo puede ser resultado de un proceso histórico-natural. La clase obrera se eleva de la conciencia espontánea a la conciencia política en el fragor de la lucha de clases, decían los bolcheviques. Y sólo en el siglo de Lenin se dan las condiciones para que, en ruptura con la estrategia política de la socialdemocracia (cretinismo parlamentario), la clase obrera haga uso de la etiqueta comunista.



Marx y Engels, en sus 47 años de militancia en el movimiento obrero desde el Manifiesto, no vuelven a promover el concepto comunista como nombre de la organización. Y, sin embargo, en todos sus principales documentos no renuncian a presentar su posición como un punto de vista comunista. Étienne Balibar llega a la conclusión que, para Marx y Engels, es una concesión el uso del “nombre «socialista» (y con mayor razón de «socialdemócratas»).”[20] Pero, allí está el pero, es decir, la discrepancia entre la declaración de Engels de 1890, en el Prefacio a la edición Alemana de 1890 del Manifiesto Comunista, (“Y, sin embargo, cuando apareció no pudimos titularle Manifiesto Socialista.”); y, la de 1894, en Temas internacionales del Estado popular, (“Para Marx y para mí era, por tanto, sencillamente imposible emplear, para denominar nuestro punto de vista especial, una expresión tan elástica. En la actualidad, la cosa se presenta de otro modo, y esta palabra [«socialdemócrata»] puede, tal vez, pasar [mag passieren], aunque sigue siendo inadecuada [unpassend] para un partido cuyo programa económico no es un simple programa socialista en general, sino un programa directamente comunista”.[21]). ¿Cómo entender la aparente oposición entre ambas declaraciones de Engels? Cuando publicaron la primera edición del Manifiesto, unas semanas antes de la revolución de febrero contra el aumento de las prácticas capitalistas, la clase obrera estaba compuesta, en su mayoría, por un conjunto abigarrado de artesanos, semiproletarios y obreros. Después de la derrota 1848, la Liga de los Comunistas fue disuelta en 1852. Toda derrota de la clase obrera siempre ha significado un retroceso temporal. Pero sólo temporal, porque la historia avanza “en espiral, corrigiendo y superando los errores y deformaciones del pasado y promoviendo nuevos escenarios para que en ellos libren sus luchas los pueblos.”[22] En 1864 cuando se fundó la Asociación Internacional de los Trabajadores –recuerda Engels– no se podía, “partir de los principios expuestos en el «Manifiesto». Debía tener un programa que no cerrara la puerta a las tradeuniones inglesas, a los proudhonianos franceses, belgas, italianos y españoles, y a los lassalleanos alemanes. Este programa —el preámbulo de los Estatutos de la Internacional— fue redactado por Marx con una maestría que fue reconocida hasta por Bakunin y los anarquistas. Para el triunfo definitivo de las tesis expuestas en el «Manifiesto», Marx confiaba tan sólo en el desarrollo intelectual de la clase obrera, que debía resultar inevitablemente de la acción conjunta y de la discusión.”[23] Pues sí, el desarrollo intelectual o la conciencia política no brota espontánea en los cerebros de los trabajadores, debe ser cultivada. La acción conjunta y la discusión es el vivero de nuevos cuadros. La interacción entre acción conjunta y discusión es el caldo de cultivo donde se gesta la ruptura con el pensamiento burgués. Acción conjunta equivale a lucha de clases y discusión a formación teórico-política. Para Marx, el desarrollo de la conciencia, es un proceso histórico-natural que no se puede imponer o forzar. Dado el desarrollo colosal de la gran industria en los cuarenta y seis años posteriores a la publicación del Manifiesto, y con éste, de la organización del partido de la clase obrera, se entiende la disconformidad de Engels, respecto a la denominación de la organización, esos términos habían envejecido en 1894. Había que elaborar una táctica y estrategia que respondiera a las nuevas condiciones de Alemania de fin de siglo (XIX). Había que dar a luz “un estatuto organizativo y un nuevo programa del partido que correspondiesen al grado de madurez política e ideológica alcanzado en la época de la ley antisocialista.”[24]



Marx en el Manifiesto Comunista y la Crítica del Programa de Gotha, sostiene que sólo el comunismo es una sociedad sin clases, una sociedad en la que ha desaparecido toda forma de explotación. En oposición, el capitalismo es la última forma histórica posible de relaciones de explotación, esto quiere decir “que sólo las relaciones sociales comunistas, en la producción y en el conjunto de la vida social, son realmente antagónicas con las relaciones capitalistas.”[25] Para Marx era absolutamente claro que entre capitalismo y comunismo existe un periodo de transición. En ese periodo coexisten dos mundos, dos economías, dos políticas, dos psicologías que pugnan una por sobrevivir y otra por edificar un nuevo orden sobre los escombros de la otra. Del mismo modo, en nuestras cabezas contienden dos mundos, el mundo de la burguesía con todos sus vicios y placeres; y, el mundo del proletariado con todas sus limitaciones y sus esperanzas. La oposición y lucha entre esos dos mundos determina la necesidad de la dictadura del proletariado que abarca todo el periodo de transición al comunismo. A ese periodo se le conoce como socialismo.



El socialismo es un movimiento de hombres contra hombres (lucha de clases), de intereses contra intereses (lucha económica) y de ideas contra ideas (lucha ideológica), hasta el último soplo de vida de la contradicción burguesía – proletariado. El socialismo es la última revolución política contra otra revolución política que ha cesado de ser útil pero que se resiste a perecer. La democracia proletaria enfrenta a la democracia burguesa en la batalla final de nuestra época. El socialismo es la etapa de demolición del capitalismo y, al mismo tiempo, de construcción del comunismo. Esa es la razón que Engels en 1894 distinga en la cuestión programática el socialismo y el comunismo: “no es un simple programa socialista en general, sino un programa directamente comunista”.



El comunismo (o humanismo) es la superación total del Estado y, por consiguiente, de toda forma de democracia. El humanismo es una meta política final y, sin embargo, es la negación de toda política. La clase obrera es una masa inofensiva sin conciencia de su fuerza como clase. Pero, ¿de dónde proviene la fuerza del proletariado? ¿Será acaso de la lucha de clases? Pues sí, su fuerza viene del principio de clase. El proletariado tiene como objetivo final la eliminación de todo antagonismo de clase; y, sin embargo, hasta el último instante de su existencia, la única arma que garantiza el éxito en su titánica empresa es el principio de clase. La clase obrera extrae su fuerza de su método de lucha que, además, da sentido a su existencia como clase social. En la URSS, esta importante precisión leninista no fue seguida por sus continuadores. En una sociedad post-capitalista, la clase social básica la constituyen los trabajadores y el socialismo es asunto de la clase obrera no de una burocracia. La burocracia busca seguridad para sí misma y estabilidad para el aparato estatal del cuál depende, por lo mismo, está interesada en prolongar el status de los trabajadores. Karl Marx a los 32 años tuvo clara esa disyuntiva en la construcción del socialismo. En 1840 sostuvo que “la emancipación de la clase obrera debe ser obra de la clase obrera misma”.



Si la meta es el humanismo, el socialismo será un largo periodo de transformaciones en la historia política. En ese período, el ajuste de cuentas definitivo con la propiedad privada y sus subproductos (Clases-Estado-Política), es la tarea fundamental. Esa es la razón que el socialismo no sea otra cosa que la dictadura del proletariado. La dictadura del proletariado, prepara el terreno para el nacimiento de un nuevo orden: sin democracia, sin gobierno de los hombres, sin antagonismos de clase, sin aparatos burocráticos, sin ejércitos, sin discriminaciones de raza o sexo. Con el comunismo se comenzará a escribir la historia humana quedando como un simple recuerdo la historia política de los pueblos. Al respecto algunos jóvenes, sostienen que “el partido comunista nacerá en plena construcción del estado socialista, para que oriente las tareas hacia la sociedad comunista”. ¿Será cierto?



Sostener el orden establecido o cuestionar el orden vigente, es función de los partidos políticos. La función de un partido burgués en el llano es oponerse (protesta) al partido que administra el poder. La función de un partido obrero en el llano es cuestionar el orden establecido (contestatario). La función de un partido burgués en la cima del poder es defender el orden jurídico. La función de un partido obrero en la cima del poder es destruir todo poder político, incluido el propio. Los partidos, sea cuál fuere su denominación o filiación de clase, son criaturas del capitalismo. Las organizaciones políticas de la clase obrera, en una sociedad regida por el mercado, necesaria e inevitablemente, deben competir por la hegemonía en el cerebro de los trabajadores. El comunismo es la negación de la competencia. Pero, los partidos comunistas no pueden sustraerse de la competencia y, para eliminar toda rivalidad económica o política, tienen que seguir las reglas de la competitividad. Esa es la lógica del marketing de la política que Mariátegui la tuvo muy presente.



José Carlos Mariátegui, en las editoriales de la revista Amauta, nos reveló cuán dinámica y cambiante es la sociedad y, por ende, la conciencia del hombre. En la primera editorial señaló el Perú es un país de rótulos y de etiquetas. Dos años después en Aniversario y Balance, escribe: nueva generación, nuevo espíritu, nueva sensibilidad, vanguardia, izquierda, renovación, todos esos términos han envejecido. Él entendía que lo que funcionó en el pasado no tenía por qué funcionar dos años después. Comprendía que el nombre de la organización no solo debe distinguirse entre sus iguales sino debe cautivar el subconsciente de la potencial clientela. (La marca de un producto cumple la función de concentrar la atención de los usuarios: es el gancho del que se cuelgan los promotores para penetrar en la mente de los consumidores.) José Carlos propuso Partido Socialista, como nombre de la organización de obreros y campesinos; pero, la tendencia de la época empujaba hacia la etiqueta Comunista. Los vientos de la historia soplaban hacia el Kremlin. Ir contracorriente es tarea de titanes que exige preparación y tiempo, y tiempo fue precisamente lo que le faltó al maestro. La tendencia de la época se inclinaba por la denominación comunista y, sus continuadores, pese a la adicción hacia la III Internacional son los herederos buenos, mediocres o malos de la obra de José Carlos Mariátegui.



Antonio Gramsci en el siguiente pasaje observa la paradoja de los partidos que niegan a los partidos: “Los «partidos» pueden presentarse bajo los nombres más diversos, aún con el nombre de anti-partido y de «negación de los partidos». En realidad, los llamados «individualistas» son también hombres de partido, sólo que desearían ser «jefes de partido» por la gracia de Dios o por la imbecilidad de quienes lo siguen.”[26] El anarquismo, como movimiento político, es la negación de la autoridad y, por ende, de los partidos; sin embargo, en la práctica, funcionan como partido. Más, lo que nos interesa hacer notar en la reflexión de Gramsci, a propósito de la denominación del partido, es el contrasentido del adjetivo comunista de un partido. Si analizamos, el contenido semántico de la fórmula (partido comunista), tropezamos con el disparate de un partido que se niega a sí mismo, es decir, la “negación de los partidos”. La esencia de un partido político es la lucha o el gobierno del poder, es su razón de existencia, su objetivo, su meta. Un partido existe para la conspiración o el control del poder. Las organizaciones políticas, uno de los componentes de la democracia burguesa, nacen para dar salida a las contradicciones intra o interclasista. Los partidos que sostienen el orden clasista se pretenden eternos; los partidos que luchan contra el orden clasista sólo pueden ser transitorios. El objetivo político de la clase obrera no es el poder por el poder; por el contrario, el poder es una dificultad en sus manos. Pero, no se vence el poder político si no es obedeciendo sus leyes naturales. Y como el comunismo es la negación de todo poder (Estado, clases y propiedad privada), un partido comunista es una refutación a sí mismo, un contrasentido; y, sin embargo, tácticamente fue usado como etiqueta de un producto (Partido Comunista) para distinguirse del oportunismo en 1919.



La administración del poder para la clase obrera es, decíamos líneas arriba, una dificultad que debe vencer en la extinción del poder. La paradoja de un Partido Comunista en el poder sólo se supera (o resuelve) con su completa dilución en las células totipotentes (soviets o comunas) de un nuevo orden. Si la dilución del partido se produjera en un aparato Estatal, superpuesto al tejido social, nos encontraríamos con más de lo mismo: una burocracia por encima de la sociedad. Gramsci anota que en los partidos de la clase obrera “se verifica la paradoja de que terminan de formarse cuando no existen más, es decir, cuando su existencia se vuelve históricamente inútil. Así, ya que cada partido no es más que una nomenclatura de clase, es evidente que para el partido que se propone anular la división de clases, su perfección y acabado consiste en no existir más…”[27] El punto más alto de perfección de un partido proletario es cuando éste logra, conjuntamente con la clase, arrebatar el poder político a la burguesía. El siguiente paso, es su lenta dilución en los órganos del nuevo poder; en caso contrario, la corrupción paulatinamente cumplirá su función destructora. El partido es la organización; el proletariado es la clase; el socialismo es la dictadura, el espíritu que brota de esa clase; el comunismo es la negación de la clase, punto final y punto inicial de una nueva civilización que supera la historia clasista: el humanismo.



La concepción de partido revolucionario en Marx y Engels está vinculada a la realidad del Estado burgués, al escenario de la lucha por el poder. Engels en 1889 señala: “A fin de que en el momento decisivo el proletariado sea lo suficientemente fuerte para triunfar, es necesario –y eso lo hemos defendido Marx y yo desde 1847- que forme su partido específico, apartado de todos los demás y opuesto a ellos, un partido de clase consciente de sí mismo.”[28] Un partido tiene un objetivo preciso y permanente, la administración del poder; pero, una organización proletaria, va más allá de la toma del poder, se propone la extinción del poder a través de la democracia obrera. Y la extinción de la democracia proletaria es la desaparición de la política en las relaciones humanas. El comunismo es la negación de toda política y los partidos son la expresión concentrada de una política de clase. En la actualidad, terminando la primera década del siglo XXI, los partidos políticos, y su progenitora la democracia burguesa, viven una profunda crisis: síntoma inequívoco de la crisis terminal del capitalismo. El liberalismo, como práctica y paradigma político del capital, está agotando las posibilidades útiles de los partidos políticos y el juego democrático tradicional. Las contradicciones internas del capitalismo generan cambios que producen obligados reajustes. Reajustes que obligadamente se oponen a las anteriores contradicciones. Así esos mismos cambios son el origen de nuevas contradicciones, las cuales, a su vez, inducen nuevos cambios. No obstante, estos sucesivos cambios muestran una dirección definida, un “movimiento”, un cierto proceso auto-organizador; en otras palabras: representan un proceso dialéctico de desarrollo. Proceso que finalmente terminará por destruir el sistema imperante, dando origen a un nuevo orden. Esta tendencia nos explica que las organizaciones políticas, uno de los componentes de la democracia burguesa, sobrevivan en medio de su completo descrédito entre las masas populares. Corrupción, caudillismo, burocratismo, insubordinación, transfuguismo, etc., son rasgos característicos de la actual situación de los partidos que empujan el sistema político mundial al borde del caos. Caos que genera pequeñas o grandes perturbaciones en el orden establecido. A la par de ese proceso de descomposición se desarrolla otra tendencia que brota de organismos que la propia experiencia social va creando. A ese conflicto se refiere Miguel Aragón en su Convocatoria al III Conversatorio Vecinal: “Dos tendencias en pugna: colapso general de la democracia representativa y desarrollo de las nuevas formas de democracia participativa.”[29] Un nuevo orden emerge de la desintegración del capitalismo que irá reemplazando la célula económica (familia) por una matriz reproductiva que cumplirá funciones defensivas, judiciales, productivas y administrativas.



Engels, hace más de cien años comentó que “nosotros propondríamos reemplazar en todas partes la palabra Estado por la palabra ‘comunidad’ (Gemeinwesen), una buena y antigua palabra alemana equivalente a la palabra francesa Commune.”[30] Más, ¿por qué proponía tal cosa? La razón es que en su concepto la Comuna de París era un Estado que había dejado de ser Estado; es decir, un nuevo poder donde el poder se iría diluyendo en sí mismo. La administración del poder, desde el punto de vista orgánico, es la completa dilución del partido dentro de células totipotentes. Por tanto, si la comunidad o los municipios constituyen las células de un nuevo Estado, bien pueden dar su nombre a las organizaciones partidarias antes de la conquista del poder: El nombre ideal es el que está en la mente de los potenciales consumidores.



El siglo XXI dará a la luz una nueva época. La naturaleza no sólo es fuente de trabajo del hombre sino, también, es materia de reflexión que le permite lograr lo que su constitución física no le admite realizar por sí misma (volar como las aves, por ejemplo). En materia de organización, los hombres siempre hemos admirado la “perfección” organizativa de las abejas o de las hormigas.



El hombre no es, ni mucho menos, el único ser social en la naturaleza; el ser humano no es sociable por excepción. La sociabilidad es un aspecto permanente del fenómeno general de la vida. Allí donde hay vida, hay ciertas formas de asociación de los seres vivientes. La ecología estudia esas formas de asociación tanto en el reino animal como en el reino vegetal. Pero en el reino animal, al que pertenece la especie humana, las formas de integración social presentan un carácter distinto al de las asociaciones vegetales, porque el vegetal está sujeto al suelo, mientras que los animales son individuos sueltos, desprendidos entre sí, que tienen autonomía y se mueven por propio impulso.



Sergio A. Moriello considera que una hormiga aislada “es una criatura sumamente tonta, estúpida, capaz únicamente de ejecutar -aunque de forma fiel y obstinada- un pequeño conjunto de rutinas innatas, pero condicionada por el entorno circundante. No obstante, tomadas en grupo, son capaces de erigir sociedades complejas con sofisticadas actividades como agricultura, ganadería, arquitectura, ingeniería e, incluso, prácticas de esclavitud. De esta forma, podría considerarse al hormiguero como un macroorganismo, que presenta un comportamiento global inteligente. Es decir, nadie planifica, nadie ordena ni controla, pero surge un comportamiento colectivo -quizás instintivo- o una necesidad que las "obliga" a trabajar juntas persiguiendo un fin común.”[31]



En esa línea de búsqueda, los resultados de una investigación sobre las hormigas en la Arizona State University y Princeton University[32], son muy importantes porque confirman:



Primero, la teoría de la complementación total de los sistemas hiperevolucionados. En el desarrollo del pensamiento se tiende hacia la formación de un “cerebro” colectivo, que marcará el fin del marxismo, y de toda doctrina, cuando éstas se conviertan en parte orgánica del pensar humano. Integración, convergencia y homogenización cultural es la ruta del hombre en el tiempo. El hombre en la historia, a través del ensayo y el error, ha dejado huellas de esa tendencia, algunos ejemplos son los imperios de la antigüedad hasta la moderna civilización capitalista. Un sistema social integrado es el inevitable colofón de la historia y la naturaleza humana.



Segundo, se confirman las previsiones del marxismo que observa, la causa más profunda de la anarquía e irracionalidad, en la contradicción principal de la sociedad burguesa: el conflicto entre la creciente socialización del proceso productivo y el carácter antisocial del control que la propiedad privada ejerce sobre ese proceso. La tecnología y la industria moderna tienden a unir a la sociedad mientras que la propiedad privada de los medios de producción la disuelve en mil fragmentos. Entre los humanos, un estado instintivo (adquirido) de comportamiento social, se dará al final del Macro ciclo clasista del sistema humano.



Si una revolución tuviera lugar en una sociedad burguesa desarrollada, entonces lo que se supone, y lo que de hecho ocurría a continuación, sería antes que nada una abundancia material, una abundancia de bienes, una abundancia de medios de producción y una abundancia relativa, o incluso absoluta, de capacidades humanas, de herramientas, de habilidades, de experiencia, de recursos, una abundancia de cultura. Coerción y restricción serían innecesarias en la dictadura del proletariado, y la existencia del mismo Estado dejaría de ser obligatoria o necesaria. La abundancia de recursos se sostiene en la abundancia de civilización y la abundancia de civilización en la abundancia de recursos. El comportamiento civilizado modela la conducta individual, haciendo que ésta se someta a los patrones de la actividad colectiva.



Si la revolución tiene lugar en sociedades subdesarrolladas, como ha ocurrido hasta ahora, el factor básico, decisivo y determinante al que tenemos que enfrentarnos es la escasez general: escasez de medios de producción, de medios de consumo, de capacidades, de habilidades, de escuelas, escasez de civilización y de cultura.[33] Y mientras exista escasez existirá falta de libertad, desigualdad, coerción cultural e intelectual, escasez por todas partes y sólo superabundancia del factor humano con un deseo infinito de salir del atraso y la miseria. La experiencia revolucionaria en la escasez señala el camino recorrido, sus limitaciones, encrucijadas y peligros; debe crear las condiciones para una vida civilizada moderna pero, al crear estas condiciones incuba el germen de la involución en la economía y la política. La posibilidad revolucionaria en la abundancia es el sueño del comunismo internacional.



17 de noviembre de 2009

Edgar Bolaños Marín










[1] Miguel Vedda cita a Siegfried Landshut en su Prólogo a nueva traducción del Manifiesto Comunista, versión electrónica.

[2] El proyecto de elaborar un programa comunista surgió en 1847. Colaboraron en ese proyecto dos grupos de revolucionarios alemanes en el exilio: por un lado, el Comité de Correspondencia Comunista, fundado en 1846 en Bruselas, y del que formaban parte, además de Marx y Engels, figuras tales como Ferdinand Freiligrath, Wilhelm Weitling, Moses Hess, Georg Weerth y Wilhelm Wolf; y, por otro lado, la Liga de los Justos, reunida en Londres desde 1846 y conformada, principalmente, por artesanos alemanes emigrados que, hacia 1847, estaban resueltos ya a dejar atrás la gravitación que sobre ellos habían ejercido el socialismo utópico de Etienne Cabet y el comunismo humanista y cristiano de Wilhelm Weitling. El empeño en superar las posiciones precedentes indujo a Joseph Moll -uno de los líderes de la Liga, junto con Karl Schapper, Heinrich Bauer, entre otros- a contactarse con Marx y Engels, con vistas a asimilar nuevas ideas. Si bien, para los autores de La sagrada familia, la propuesta de Moll representaba, ante todo, una oportunidad insoslayable para “formular y hacer pública una profesión de fe comunista”, su influencia se hizo notar ya en el primer congreso de junio de 1847, en la que participó Engels y en la que se decidió cambiar el nombre de la organización por el de Liga de los Comunistas; al mismo tiempo, la consigna filantrópica "¡Todos los hombres son hermanos!" fue sustituida por una fórmula orientada a destacar el carácter clasista de la lucha: "¡Proletarios de todos los países, uníos!". En las sesiones que tuvieron lugar entre el 2 y el 9 de junio se aprobaron los nuevos estatutos; Engels redactó un primer esbozo programático, el Credo comunista -conocido entre nosotros como Principios del Comunismo, publicado por vez primera en Berlín, 1914 -, que fue aprobado como base de discusión, para lo cual debía ser enviado a todas las filiales. (fuente: Prólogo a nueva traducción del Manifiesto Comunista de Miguel Vedda, versión electrónica). El proyecto elaborado comenzó a circular entre los grupos locales o “comunas” para su estudio y discusión hasta el segundo congreso que debía aprobarlo. El 25-26 de octubre, Engels escribe a Marx una carta, donde le comenta la discusión en el grupo de París, en el que Moses Hess, en ausencia de Engels había hecho aprobar “una profesión de fe, deliciosamente corregida”. Posteriormente, el 23 -24 de noviembre del mismo año, Engels vuelve a escribirle a Marx para ponerse de acuerdo para asistir al segundo congreso donde le dice: “Piensa algo en la profesión de fe. A mí me parece que lo mejor sería prescindir de la forma de catecismo y dar a la cosa el título de Manifiesto Comunista. La forma adoptada hasta ahora no sirve, ya que habrá que exponer, más o menos, algo de historia. Yo llevaré el texto de aquí, el que yo he redactado, en tono sencillamente narrativo, pero muy mal escrito, con una prisa espantosa”. (Correspondencia Marx –Engels, Editorial Cartago, 1973) Poco es lo que se conoce – señala Miguel Vedda en el Prólogo mencionado – sobre el progreso concreto de la redacción de la obra; es innegable, sin embargo, que el trabajo se demoró más de lo esperado, ya que los líderes de la Liga enviaron a Bruselas un ultimátum el 24 de enero de 1848, en que instaban a Marx a hacer llegar el manuscrito a Londres antes del 1º de febrero de 1848. La imposición de un plazo perentorio surtió efecto, y Marx se dedicó intensamente a escribir el programa; no existen evidencias concretas, pero, como señala Wheen, es casi indudable que el Manifiesto fue íntegramente compuesto por Marx.

[3] Citado en el nuevo Prólogo al Manifiesto Comunista, publicado con ocasión del 150 aniversario de su primera edición, por la Conferencia de Partidos y Organizaciones Marxistas-Leninistas, Enero del 1998

[4] Umberto Eco, Qué anuncio, compañero Marx, Versión electrónica

[5] Oscar del Barco, Presentación a la compilación La crisis del Marxismo, Universidad Autónoma de Puebla, 1979, Pág. 18

[6] El movimiento socialista no es inmune a la crisis general del capitalismo en la cuál es un elemento más en la contradicción fundamental entre capital y trabajo.

[7] JCM, La Escena Contemporánea, Ob. Comp. 1964, Pág. 43

[8] En el Manifiesto del Partido Comunista, de Marx – Engels, se lee: “Las ideas dominantes en cualquier época no han sido nunca más que las ideas de la clase dominante”, y las viejas ideas tienen que ser vencidas por nuevas ideas que brotan de “la disolución de las antiguas condiciones de vida.”

lunes, 23 de noviembre de 2009

CIRO MAGUIÑA ES NUEVO DECANO DEL COLEGIO MEDICO DEL PERU

DESDE DE SU JUVENTUD,PERTENECIENTE AL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL DE IZQUIERDA EN LA UNIVERSIDAD CAYETANO HEREDIA, EL CIENTIFICO MAGUIÑA EXPERTO EN ENFERMEDADES TROPICALES. DESDE SIEMPRE HA DEFENDIDO LAS MEJORES CAUSAS DEL PROGRESO SOCIAL. EL APOYO A LA DEFENSA A SU TIERRA SAN MARCOS CONTRA LA VORACIDAD DE LAS EMPRESAS MINERAS Y LAS AUTORIDADES REACCIONARIAS.
NO CANTES VICTORIA ALDITO MARIATEGUI QUE NO HA SIDO UN TRIUNFO DE DERECHA...

EL PROLETARIADO, EL PUEBLO: LUCHAN POR LA PAZ. VENCIENDO A SUS BURGUESIAS REACCIONARIAS

El gobierno y estado burgués chileno compra 118 tanques Leopard en 2007
(Pág.7 Domingo La Republica Perú).Proyectan adquirir 390 misiles Stinger a los Estados Unidos (junto a 36 lanzadores Avenger,cantidad que llega un valor de 445 millones de dólares). Aviones utilizados para derribar aviones a más de 1000 Km. de distancia.

Paradójicamente Chile, al igual que el Perú, es un país de pobres, una mirada en Internet a cualquier buscador (googel, opera, etc) escribiendo: La pobreza en Chile. Nos muestra que mientras las burguesías incrementan sus ganancias, se arman; la pobreza se incrementa.

Más que mil palabras el siguiente documental es una muestra:



No poseemos ningún animo revanchista, chauvinista, nacionalista, ni escamoteamos meritos, por el contrario consideramos que el pueblo chileno ha dado valiosos luchadores sociales, artistas e intelectuales. Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Salvador Allende, Víctor Jara, Violeta Parra. Sufrió una derrota histórica el 11 de septiembre 1973. Pero todavía no ha superado la gran dicotomía. La fuerza del poder militar chileno, heguemonista, fascista no ha disminuido por el contrario se incrementa.

Tenemos claro que los pueblos evitaran la guerra venciendo a sus burguesías reaccionarias. En el caso del Perú no nos tragamos el cuento de las denominadas “cuerdas separadas”. La entrega de la burguesía peruana a inversionistas chilenos de los puertos (el mar), línea aéreas Lan(los cielos), y otras inversiones estratégicas, vislumbran a las claras el denominado "nacionalismo" que alienta a la burguesía peruana. Las expresiones de Garcia Perez: "republiqueta" es una muestra del acerto Mariateguista, que una burguesía o pequeña burguesía en el poder solo nos brindará una "borrachera nacionalista"

domingo, 22 de noviembre de 2009

VIOLETA PARRA

CON EMOCION PARA LOS HERMANOS CORI CAMPEONES MUNDIALES DE AJEDREZ

JORGE CORI CAMPEON MUNDIAL DE AJEDREZ SUB 14

Qué orgullo. Los hermanos Cori siguen dando que hablar por sus éxitos deportivos. Este domingo, Jorge Cori se proclamó campeón mundial de ajedrez sub. 14 tras vencer en un luchado duelo al holandés Benjamin Bok.


El joven talento nacional sumó 9 puntos tras su victoria ante el representante tulipán y pudo cantar victoria pues el polaco Kamil Dragun solo sumó 8.5 puntos.

En la víspera, su hermana Daysi se coronó campeona mundial de ajedrez sub. 16 y este domingo pudo sacarle brillo a su logro compitiendo ante la georgiana Nazi Paikidze.

ESCRITOS DE JOSE CARLOS MARIATEGUI 1928 EN U.N.M.S.M


sábado, 21 de noviembre de 2009

30 AÑO DEL CUY : EL VIERNES 27 EN LA FERIA DEL LIBRO RICARDO PALMA


FLOR DE RETAMA

DEYSI CORI CAMPEONA MUNDIAL DE AJEDREZ SUB 16.



Deysi Cori es campeona mundial de ajedrez sub 16

EL AJEDREZ ES CULTURA.


Hoy le ganó a la MIF georgiana Mariam Danelia, con lo cual suma 9,5 puntos y ya es inalcanzable para sus rivales.


Mañana domingo se jugará la última ronda a partir de las 3 a.m. (hora peruana). Deysi enfrentará a la MIF georgiana Nazi Paikidze.


Jorge Cori tiene opciones para campeonar, pero para ello debe ganar su partida jugando con negras y esperar a que el polaco Kamil Dragun pierda. Este ajedrecista es el único que ha logrado vencer a Jorge en lo que va del campeonato. Jorge se enfrentará al holandés Benjamin Bok y el polaco jugará contra el ucraniano Alexandr Bortnik.

Clasificación de la sub 16 femenina luego de jugar diez rondas.

UN DIA COMO HOY 21 DE NOVIEMBRE FALLECIO EL GRAN PINTOR VICTOR HUMAREDA




Rv: [foro_centenario] Agencia de Noticias Pelota de Trapo - Edicion del 19/11/09

En los años de la dictadura militar, un joven de familia adinerada -su padre era propietario de una conocida firma de artículos para el hogar- repartía sus horas entre la motonáutica y los amoríos con distintas muchachas, del ambiente de las agencias de publicidad, los canales de televisión o el ramo del comercio y los artículos para el hogar.

Aquel joven de familia adinerada, burlando cualquier código de planeamiento y seguridad, había mandado a construir en el Abasto, uniendo a modo de puente dos departamentos en altura, un gabinete especial para agasajar a sus amistades, una suerte de anexo amatorio en donde beber, bailar y disfrutar de la suerte de ser un niño rico a cualquier hora y en cualquier estación, mientras allá abajo las patrullas legales o ilegales del Estado se ocupaban de limpiar las calles y las casas de jóvenes militantes o rebeldes cuyo pecado final había sido querer terminar con la injusticia.Cierta madrugada, el anexo amatorio del niño rico, construido contra todas las reglas, ardió y se desplomó desde varios metros de altura, en ausencia de su dueño. El encargado de uno de los edificios, que quiso sofocar el incendio, pereció en el intento. Los bomberos, la policía y el forense, ante las ruinas humeantes del anexo amatorio, se preguntaban cómo había podido permitirse a alguien satisfacer un capricho tan absurdo y riesgoso. Y la respuesta invariable era: "el que tiene plata, hace lo que quiere".
rios de la Capital publicaron de manera discreta la noticia, sin nombrar a los responsables directos de la tragedia (al fin y al cabo, la red de complicidades que la había permitido era tan vasta que podían verse involucradas la Policía, la Municipalidad e incluso algunas empresas anunciantes). Muy pronto el expediente fue archivado y sepultado, para evitar que la carrera empresaria o deportiva del niño rico se viera afectada.
La pequeña historia -una pequeña historia de inseguridad ciudadana e impunidad, como tantas que conocemos- no vendría a cuento si no fuera porque aquel mismo joven adinerado de los '70, reconvertido en dirigente político en los '90 y ungido gobernador de la provincia de Buenos Aires en esta década, lanzado a un plan reeleccionario y buscando la complacencia de los ricos y famosos, ha presentado en la Legislatura bonaerense un proyecto de reformas a la ley 13.364 (Código de Faltas) que implica una regresión de 100 años -así lo han manifestado los más respetables juristas-, además de una violación expresa de varias garantías constitucionales.
Con el nuevo Código -leemos en una denuncia de organismos de DDHH y organizaciones sociales- se podrá meter presos a vagabundos, mendigos, 'merodeadores', borrachos, trapitos o cuidacoches, limpiavidrios, vendedores ambulantes sin autorización, intérpretes de sueños, parapsicólogos, travestis y trabajadoras sexuales".

Supongamos que dos amigas, actrices de muchos años y larga fama, a las que llamaremos Susana G. y Mirta L., salen a recorrer negocios de la localidad bonaerense de San Isidro. Quieren pasear tranquilas y no ser importunadas, por lo que se cubren sus ajados e intervenidos rostros con grandes anteojos negros, y agregan sombreros y chalinas. Pasean y charlan. Se detienen delante de una vidriera. Miran extasiadas las carteras y los zapatos expuestos. Se consultan. Se asoman adentro del negocio, para cerciorarse de que no haya otras clientas que puedan cargosearlas. Optan por seguir su camino, pero al llegar a la esquina vuelven a deliberar y entonces deciden que sí, que esa cartera, ese par de zapatos, se merecen un rato de su tiempo y de su tarjeta. Así que vuelven sobre sus pasos, entran al negocio, pasan un largo rato tocando, sopesando, eligiendo, probándose, mirándose a los espejos. Finalmente, eligen, pagan, y se van.

Fwd: Rv: [golpedetierra] Escribiéndonos...Ch. Vásquez-¿Flor de Retama es la canción ayacuchana? [Archivo adjunto 1]

---------- Mensaje reenviado ----------
De: vicente otta rivera <ottarivera@yahoo.com>
Fecha: 20 de noviembre de 2009 14:56
Asunto: Rv: [golpedetierra] Escribiéndonos...Ch. Vásquez-¿Flor de Retama es la canción ayacuchana? [Archivo adjunto 1]


Interesante y enrriquecedoras notas de Chalena Vasquez. Nos ofrece mayores elementos para entender mejor el sentido del debate.

Con cargo a elaborar, posteriormente, algunas ideas adicionales me atrevo a enviar un adelanto. En primer lugar, no he sostenido que la cancion "sea sederista", mi expresion es: "En el imaginario social, esta canción quedó vinculada a la guerra desatada por Sendero Luminoso (SL), no a los sucesos de Huanta mencionados", esta afirmacion esta refrendedada por la realidad.

Si no se pretende hacer de Flor..., "la cancion ayacuchana", por que hacer el homenaje el 6 de noviembre Dia de la Cancion Ayacuchana; por que no hacerla en otra fecha?.
No he tenido noticias (puede ser descuido mio, lo acepto) de que el autor o estudiosos de la musica andina hayan realizado esfuerzos por explicar el origen, contexto y sentido de esta cacion, su caracter e intencionalidad. Me sentiria profundamente emocionado y lleno de alegria que este "zanjamiento" con el senderismo, por apropiraselo" se hubiese producido. Consideraria un hecho de enorme valor civico, ideologico y cultural, seria yo, su primer y principal difusor.

Pergeñar las lineas que alcance sobre Flor..., ha sido impulsado por la necesidad de dejar en claro algunos hitos y sucesos culturales, que junto con otros hechos, configuran una interpretacion de lo sucedido en las decadas del 80-90 y que es una obligacion hacerlo desde la sociedad civil. El asunto no esta terminado ni la CVR lo dijo todo, ni tenia que hacerlo. Este dialogo y debate es indispensable tanto para terminar de procesar emocional y politicamente este terrible periodo, como para desenmascarar y cerrar el paso a fuerzas guerreristas y reaccionarias que siguen alimentando escenarios de violencia, para cercenar libertades politicas y reducir mas los debiles espacios democraticos. Lo del VRAE, el "espionaje" de Chile y otras cortinas de humo son flagrantes evidencias de este torcido proceso que apunta a instalar bases militares de USA en el Peru.

Se equivocan gravemente quienes consideran que tratar el sentido e implicancias de este debate son cuestiones banales o de estados de animos. Tiene una enorme trascendencia
a la luz de como se va configurando el panorama nacional e internacional. Obama mira al sur del continente cada con mas fuerza e interes. Lo de Honduras no es una casualidad ni los alardes escenicos de Garcia son afanes de figuretismo solamente.

El sabotaje a construir el Museo de la memoria, es igualmente expresion abierta de las fuerzas antidemocratica y violentistas. En este contexto realizar una celebracion como la de Flor de...tiene que hacerse con una orientacion precisa y explicita, no con ambiguedades ni confundiendo fechas ni expectativas. Nuestros muertos y la dolorosa historia reciente exigen responsabilidad de todos nosotros.

Un gran abrazo y gracias Chalena por las aclaraciones y aportes.

ivera@yahoo.com

--- El vie 20-nov-09, golpedetierra <golpedetierra@yahoo.es> escribió:

De: golpedetierra <golpedetierra@yahoo.es>
Asunto: [golpedetierra] Escribiéndonos...Ch. Vásquez-¿Flor de Retama es la canción ayacuchana? [Archivo adjunto 1]
A: "Golpe Tierra" <golpedetierra@yahoogroups.com>
Fecha: viernes, 20 noviembre, 2009, 1:46 pm

 
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Lima, 20 de noviembre de 2009




 
Interesante el mensaje de Vicente Otta sobre la canciòn Flor de Retama, quisiera informar algunos datos y expresar algunas ideas:
 
El Día de la Canción Ayacuchana se celebra cada año el 6 de noviembre, en homenaje a Nery García Zárate, quien fue un connotado cantante, recopilador estudioso del cancionero tradicional ayacuchano. Con su hermano Raúl cantaban a dúo. Raúl García Zárate le hacía segunda voz. A Nery le decían "El Pajarillo" por su voz y su interpretaciò n. Ranulfo Fuentes lo recuerda en una canción con ese título "El Pajarillo"
 
El maestro Ricardo Dolorier, familiares y amigos, quisieron conmemorar los 40 años de Flor de Retama, tratando de devolver el sentido original de la canción que se compuso en defensa de la gratuidad de la enseñanza en  1969. Pienso que no se pretendía decir que la canción Flor de Retama era "la canción" que representa a los ayacuchanos, ni menos aùn "senderizar" los contenidos o manipular al público asistente.
 
Durante el festival, se presentó el trío Huanta, cantando la versión completa que no fue incluida en el primer disco por falta de espacio y que Martina Portocarrero nunca grabó:
 
"Los ojos del pueblo tienen,
hermosos sueños,
sueñan el trigo en las eras,
el viento por las laderas
y en cada niño una estrella" 
 
La canción Flor de retama fue interpretada varias veces esa noche del Festival, en versiones distintas, incluyendo la del Coro Tradiciones de Huamanga, el trío Huanta, Amanda Portales, entre otros. No estuvo Martina Portocarrero.  
 
Lo que alcancé a ver esa noche, era el gran esfuerzo que les está costando tanto a los intépretes como al público ayacuchano, para devolver esa canción a su sentido original, no senderista. 
 
Cuando en 1988-89 escribíamos con Abilio Vergara, antropòlogo huantino, el libro "RANULFO, EL HOMBRE" (publicado por CEDAP y TAREA 1989) sobre la vida y obra del maestro Ranulfo Fuentes Rojas, constatamos que dos canciones marcaban la historia de la canción ayacuchana: El hombre y Flor de Retama.
 
Es indiscutible la calidad de la canción de Ranulfo Fuentes "El Hombre" (sobre cuya autoría algunos ayacuchanos ahora discrepan y discuten)  así como es indiscutible el sentido identitario de canciones como Adios pueblo de Ayacucho (wayno que según dicen, algunas versiones de la tradiciòn oral, fue hecho por un huancavelinaco)  o la canción Huérfano Pajarillo, expresión de la migración y el desplazamiento ocurrido en sucesivos momentos de nuestra historia. Así también recordamos el profundo sentido de las canciones de Carlos Falconí.
 
Otra historia es la del wayno Flor de Retama, (todas las canciones tienen su transcurrir histórico) hecha en primera instancia como testimonio de la resistencia y solidaridad con el pueblo huantino, frente a la represiòn violenta del Estado,  fue cantada en las tanquetas por los soldados del ejército, fue apropiaciòn de los senderistas, fue sindicada como canción exclusiva de terroristas y fue la canción que sirvió al Grupo Colina para incunsionar en la pollada de Barrios Altos y cometer la terrible matanza que todos conocemos.
 
Había dos polladas: el Grupo Colina (terrorismo de Estado) no tenía claro en cual de las fiestas estaban los senderistas terroristas (del terrorismo de civiles) y resolvieron entrar en la pollada en la que estaban tocando la canción Flor de Retama. ¿No provoca decir ¡¡Carajo!! ?
 
Habían sido informados y formados con la idea de que "todo aquel que cante Flor de Retama es senderista, es terrorista" - cuando bien sabemos que no es así.
 
Una canción es polisémica... y completa su sentido o sus sentidos con la práctica y la recepción de los escuchas...
 
Toda canción tiene una dimensión social y polìtica, porque mueve el sentido, forma conceptos, genera afectos, impacta el sentir de las personas... y justamente el sentir es parte fundamental de la acciòn volitiva, es decir de voluntad para actuar. 
 
Pienso que la canción Flor de Retama no pretende ser "la canción ayacuchana" y tampoco es "la canciòn de senderistas" . 
 
Esta canciòn se inscribe dentro del cancionero andino que va dando testimonio de los acontecimientos históricos y que no es solamente la descripciòn o narraciòn fría de un hecho sino que tambièn expresa una carga afectiva frente a los hechos. Esta carga afectiva puede se interpretada de diversas maneras. 
 
"Dicen que un buen ¡Carajo! es como un ¡Jesús! a la hora de la muerte..." (dicho popular) y sin embargo en la canción "Flor de Retama" también podría entenderse con una carga revanchista frente a los hechos sufridos.
 
Ahora, también se entiende que a pesar de la sangre derramada (70,000 víctimas, del terrorismo de civiles y del terrorismo de Estado) crece la flor de la retama. La retama como simbolo de resistencia, de vida.
 
"El dìa de la canciòn ayacuchana" sin duda se seguirá celebrando en interpretaciò n y organizaciòn de sus propios cultores... y no es que se haya inventado el día o el evento para insistir en "Flor de Retama" en términos o con sentido senderista. Al contrario, durante el evento se insistiò permanentemente sobre el contexto social y polìtico que dio origen de la canción. 
 
Envío la letra de la canción Flor de Retama para las personas que en este colectivo no la conozcan.
 
Flor de Retama
Ricardo Dolorier
 
Donde la sangre del pueblo
ay! se derrama
allì mismito florece amarillito
flor de retama
amarillito amarilleando
flor de retama
 
Vengan todos a ver
ay! vamos a ver
en la plazuela de Huanta
amarillito flor de retama
amarillito amarilleando
flor de retama
 
Por Cinco Esquinas están
los sinchis entrando están
van a matar estudiantes
huatinos de corazón
amarillito amarilleando
flor de retama
 
Los ojos de pueblo tienen
hermosos sueños
sueñan el trigo en las eras
el viento por las laderas
y en cada niño una estrella,..
 
La sangre del pueblo tiene rico perfume,
huele a jazmines violetas,
geranios y margaritas
a pòlvora y dinamita, carajo!!
a pòlvora y dinamita! carajo!
a pòlvora y dinamita.
 
------------ ---------
Abrazos
Chalena Vásquez
Suscrita a la red
 
Envío en archivo adjunto la ponencia de Kamilo Riveros. "El caso Flor de Retama, una aproximación a la violencia política desde el cancionero popular." Congreso IASPM México 2007.



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18.11.09

¿FLOR DE RETAMA, ES "LA" CANCION AYACUCHANA?                                                                                                                                                        
                                                                                          
                                                                                  Vicente Otta R.                   
 
A propósito del Día de La Canción Ayacuchana, instituida el 6 de noviembre, un grupo de intérpretes y músicos ha convocado a un homenaje por los 40 años de la creación de Flor de Retama, el difundido tema de Ricardo Doloriel.
 
Sabido es, que este tema es fruto de los sucesos de Huanta-Ayacucho, del 21 de junio de 1969. Cuando el Gobierno militar, liderado por Juan Velasco Alvarado, intentó  recortar la gratuidad de la enseñanza, estudiantes y padres de familia realizaron movilizaciones que culminaron con algunos estudiantes muertos y la derogatoria de esta medida gubernamental.                                                           
 
Unos años más tarde, la cantante Martina Portocarrero lo grabó y difundió con bastante aceptación entre el público contestatario y provinciano- andino, particularmente juvenil. Hasta la derrota del sanguinario movimiento, 1992-1993, la canción fue grabada por varios intérpretes y amplió su difusión. La de Martina Portocarrero es la grabación mas reconocida y en algún momento, antes del espanto y sevicia senderista contra dirigentes y organizaciones populares, sensibilizó a ciertos sectores y pudo aparecer como  "sinónimo" de la Nueva Canción. En la lógica del trabajo de propaganda, ésta sirvió, no pocas veces, para sensibilizar a jóvenes incautos y ser incorporados a la lucha armada, a muchos otros para utilizarlos en tareas de apoyo. No dejó de cumplir una función práctica a favor de la "guerra".
 
En el imaginario social, esta canción quedó vinculada a la guerra desatada por Sendero Luminoso (SL), no a los sucesos de Huanta mencionados.
 
Pretender hacer de estos 40 años de su creación, el acto central del Día de la Canción Ayacuchana, no solo es un fraude escandaloso si no que tiene perniciosas implicancias ideológicas y políticas. Es tratar de identificar a Flor de Retama con la canción ayacuchana, como si fuera su tema más representativo para "senderizar" ideológicamente esta celebración de todo el pueblo ayacuchano.
 
Esta manipulación evidencia la nostalgia y adhesión por la "violencia revolucionaria", que todavía persiste en algunos intelectuales y artistas populares; y de otro, el interés de SL de instituir una fecha de culto a la malhadada guerra que asoló nuestro país. En la cual, según consta en el informe de la Comisión de la Verdad y la Reconciliació n, los que pusieron la sangre y el sufrimiento fueron los indígenas y campesinos (50 mil de los 70 mil muertos), los "desabandonados" de siempre.
 
LA EPICA NACIONAL DEL SIGLO XX
 
Si hay una épica que ha vivido nuestro país, en todas sus regiones y clases sociales, ésta es la migración. Es el fenómeno  social mas importante del siglo XX y el que ha terminando definiendo las transformaciones sustantivas de nuestro país. Ha sido en suma el que ha definido los rasgos de nuestra modernidad.
 
Y Adiós pueblo de Ayacucho le canta a este proceso histórico como ninguna canción.
El maestro Raúl García Zárate, dice que Estanislao (Tani) Medina, el legendario Arpista ayacuchano, define la versión final de Adiós Pueblo de Ayacucho, cuando la graba en 1947. Como sabemos esta es una canción anónima recopilada por Tani Medina. Raúl García Z. presenta otra versión, la huamanguina y señorial. 
 
"Adiós pueblo de Ayacucho,
 Perlas challay,
ya me voy ya me estoy yendo
 perlas challay…"
 
Refleja la vivencia de millones de peruanos en la migración interna desde 1940, que dura hasta nuestros días y anticipó la emigración hacia países extraños. Canta el recuerdo y la añoranza por la patria, la familia y los amigos.
 
Huérfano pajarillo, es la otra canción que lamenta el desarraigo, poniendo énfasis en la soledad, la orfandad. Es la voz del Huaccho que deambula por tierras extrañas y que ansía el retorno:
 
"… Alza tu vuelo
vamos a Ayacucho
 donde tus padres
 lloran tu ausencia"
 
De los sufrimientos y desgarros producidos por la migración y que marcaron a fuego a millones de peruanos, estos cantos fueron su mas fiel expresión y tanto dentro como fuera del Perú son entonados por los peruanos presos del desarraigo y la nostalgia. Sin duda Adiós pueblo…es la de más amplia aceptación y reconocimiento. Su condición de Canción ayacuchana por excelencia, es indiscutible.
 
En este basto proceso, los que abandonaron cálidos valles, arenales y playas también tienen lo suyo. Todos vuelven, de César Miró (que compite con Adiós pueblo…como representació n de canto peruano al desarraigo) y El provinciano de Laureano Martínez S., en género de valse dan testimonio de la presencia del canto popular costeño en esta épica nacional. Ambos vieron la luz entre 1938 y 1940, el primero, durante la estadía de Miró en USA y el segundo en Lima.
 
LA CANCION SOCIAL AYACUCHANA
 
Para abordar esta reflexión con cierta propiedad, hay que ubicar la canción mencionada en el género Canción social.
 
Si se tratara de mencionar a alguna canción como representativa de la época de la violencia y que tuviera explícita intencionalidad social, no es fácil la elección, ni Flor de Retama tiene asegurada  la nombradía. El Hombre, de Ranulfo Fuentes, es un tema extraordinario. De honda sensibilidad, de lucha y esperanza:
 
"Yo no quiero ser el hombre
que se ahoga en su llanto,
de rodillas hechas llagas
que se postra al tirano…"

 
El propio Ranulfo Fuentes dice: "Pueden parecer algo tristes, pero no son trágicas, ni melodramáticas. Los que piensan que "El hombre" es triste, están equivocados. .. El dolor, Vallejo trataba en sus obras el dolor humano, no de él mismo, tenía una dimensión, una proyección hacia el futuro. Esa dimensión quise dar en "El hombre... La proyección de una vida digna para la humanidad, sin diferencia de clases, la igualdad de justicia, la libertad, que no existan dominantes ni dominados…". 
 
Carlos Falcóní, es el otro de los grandes compositores que tiene temas importantes como Tierra que duele o Huamanga, que revelan la tragedia de los años violentos.
 
Si hablamos de una respuesta desde lo más hondo del sentimiento humano, de rebeldía y lucha, pero también de la compasión y la solidaridad, al estilo vallejiano, sin duda El Hombre, es la que traduce mejor el reclamo ante la injusticia y la rebeldía transformadora frente a ella.
 
Pero la obra perdurable, aquella que soporta el paso del tiempo y sigue inflamando nuestros pechos y escociendo nuestros ojos,  no la definen los críticos, las empresas discográficas ni un grupo de intérpretes o promotores políticos. Es la criba del tiempo y la sensibilidad popular la que determina qué canción es la que mejor expresa una época o una épica. Adiós pueblo de Ayacucho tiene mas de 80 años y sigue lozana y vigente como nunca, y nadie ha organizado un evento para declararla "La canción  ayacuchana".
 
Vicente Otta
Suscrito a la red


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