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domingo, 15 de mayo de 2016

JUAN CRISTOBAL : JAVIER HERAUD

JAVIER HERAUD
(Perú, Miraflores, 9 de enero de 1942 – Madre de Dios, 15 de mayo de 1963)
Te mataron cuando los pájaros volaban de los ríos
Y tus sueños descubrían la felicidad de las naranjas
y la ternura de las canoas en la aldea
Mientras tus amigos bailaban con sus enamoradas en los parques
recordando películas que olían a cerezas
Porque no quisiste vivir como el aire de las playas
Respirando el olor de las azucenas y el alba serena de las lluvias
Y porque creíste en los caminos llenos de semillas
y en las amapolas milagrosas de los días
Porque respiraste todo el tiempo como un grillo
La soledad espantosa de la dicha
Y el cielo fatigado de los niños
Porque jamás traicionaste los recuerdos del mendigo
Ni la memoria del geranio hundida como un carbón
en los sueños memorables de tu madre
Porque siempre pronunciaste las palabras más sencillas del camino
Y porque comprendiste como nadie las mentiras de las rosas
y los cuentos de hadas volando por la infancia
Y cómo el increíble rumor de las enredaderas de las casas
Se incendiaban al igual que un poco de maleza
En el silencio más oscuro y abominable de la tierra

HILDEBRANDO PEREZ GRANDE : JAVIER HERAUD: YO TENIA 21 CUANDO TE CONOCI

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JAVIER HERAUD: YO TENÍA 21, CUANDO TE CONOCÍ

Por Hildebrando Pérez Grande

La poesía no tiene fronteras. Cruza ríos, valles, junglas enmarañadas, mares recelosos, merodea por sueños y recovecos oscuros, y baja radiante por laderas inaccesibles y vuela por espacios siderales sin quemar ni sus alas ni sus nubes en pantalones grises y aterriza, para sorpresa nuestra, como diría Eliseo Diego, por donde nunca jamás se lo imaginan, para entroparse con las huestes humanas. Y nos ilumina. Y nos marca con fuego. Y apaga nuestra sed. Y  es un bosque de latidos y esperanzas. Y es santa. Y es profana.

La patria de la poesía es la condición humana. Y su geografía es toda esta tierra dura que debemos transformar. Y es historia que se verbaliza por encima de límites mezquinos y fronteras vanales. Tan sólo así podemos entender el discurso estremecedor y la trascendencia de Vallejo en su España, aparta de mí este cáliz, himno que recrea en su real dimensión la tragedia de la guerra civil española: epopeya cantada por un poeta andino (peruano del Perú, perdonen la tristeza). Y por ello no nos llama tampoco la atención que sea Neruda, un poeta nacido muy al sur de nuestro continente,  el autor de un canto solemne a nuestras culturas originarias: Alturas de Machu Picchu. Y con él cantamos: Mírame desde el fondo de la tierra, / labrador, tejedor, pastor callado:

Los acordes de la guitarra y la voz y la poesía de Vicente Feliu, llegados desde el Malecón de La Habana, despertaron en nosotros estas ideas y sentimientos cuando oíamos sus canciones en la sala de la biblioteca de San Isidro, en la espléndida presentación que hacía al alimón con Miriam Quiñonez de un reciente cd: Las flores buenas de Javier,  en donde nos reencontramos con  los versos inolvidables de Javier Heraud (Lima, 1942 – Puerto Maldonado, 1963). Qué extrañas circunstancias telúricas y mágicas hacen que Feliu, a ratos con un lenguaje lírico y luego con algunas descargas épicas  estimulantes, recree, con lucidez y pasión, uno de los hechos trágicos más lacerantes de nuestro país? Y aún más: cómo es posible que esa  voz noble vibre con las mismas resonancias que levantaron los ideales de aquella pequeña tropa de combatientes apostados no lejos del río Madre de Dios y  de aquel  mediodía aciago del 15 de mayo de 1963, cuando Javier, el eterno poeta joven del Perú,  ofrendara su vida, entre pájaros y árboles y esperanzas por cumplir.

Aún es tiempo de recuperar la primavera, diría nuestro héroe, como para levantarnos el ánimo perdido en estos oscuros avatares.  Javier Heraud es el símbolo de una generación que asumió la dura tarea de trastocar la obsoleta estructura social de nuestro país. Heraud es el paradigma de una escritura laboriosa, así lo testimonian El río, El viaje, y Estación reunida. Su quehacer poético le devolvió  frescura, transparencia, sencillez y, sobre todo, intensidad y altura a la lírica hispanoamericana, dejando de lado la retórica fácil, el cliché, los artificios vanos y los giros estridentes: pastos para  el olvido. Su poesía, labrada con un amor intenso por la palabra justa, exacta, puntual, es, sin duda,  su callada victoria. Palabras que hoy resplandecen por encima de la muerte y el olvido.

Yo tenía 21, cuando te conocí / de una mano trovadora, luminosa y con perfil…canta el juglar cubano en medio de un silencio nostálgico y te veo entrar, Javier, al Patio de Letras, de San Marcos, en el verano del 62, caminando presuroso hacia la sala donde el autor de Cántico hablará sobre El lenguaje de una generación, sin siquiera sospechar que ese lenguaje generacional, redentor para nuestra América, lo tenías tú en la frente y en los labios y en las manos que resueltamente escribían, como el combatiente vallejiano que ya eras,  en el aire y en la tierra y en la historia, pues, en estos tiempos de certidumbres y demandas la poesía, Javier, es tal cual tú lo consignaste: un relámpago maravilloso, / una lluvia de palabras silenciosas, / un bosque de latidos y esperanzas, / el canto de los pueblos oprimidos, / el nuevo canto de los pueblos liberados.


HOMENAJE A JAVIER HERAUD Joven poeta / a Javier Heraud / Ernesto Lobo




Joven poeta / por Ernesto Lobo
             A Javier Heraud


                                               Eras Javier aquel río
                                    Que cruza entre cerros                
                                    Bajo los puentes de piedra
                                    Por inmensos llanos vacíos
                                    De cuerpo animal…
                                                          
                                               Bajo los puentes de piedra
                                   Que cruzaste tan sólo ayer
                                    El viento es seco, azul y denso
                                    Como densa es la violenta ceguera
                                               Llamas ígneas y silencio
                                    Todos los vacíos que el ruido
                                    Acumula en cada rincón…

                                    Recuerdas que rumbo al mar el río de agua fresca
                                    Corta el pedregal
                                    Para inventar blancos
                                    Remansos por donde vencerse
                                    Viendo crecer la cruz cerrada
                                    De las quebradas,
                                    La  impenitente Sierra  ajena,
                                    Escasa tierra para la luz,
                                    Ambivalente imagen junto al sol...

                                    Y tierra abajo, Javier,
                                    Un destino de broncas aguas
                                    Tierra salvaje          lomo animal
                                    Fuego, fuerza, silencio,
                                    Cerca al mar tal vez el caos
                                    Tu destino Javier:
                                               Un río rumbo a aguas abiertas y mar...



(en Historia a Tierra)



sábado, 28 de noviembre de 2009

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