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lunes, 25 de julio de 2011

Jorge Rendón Vásquez: Parábola (Para buen entendedor...)



"2011: AÑO DEL PRIMER CENTENARIO DE VIDA DEL AMAUTA JOSÉ MARÍA ARGUEDAS" 
       

From: jrendon@amauta.rcp.net.pe
To: yoacusoperu@gmail.com
Subject: Parábola
Date: Sat, 23 Jul 2011 20:19:52 -0500

Estimados amigos:
Les envío un artículo mío sobre la política como fútbol.
Cordialmente
Jorge Rendón Vásquez

PARÁBOLA DE LA POLÍTICA COMO FÚTBOL
Por Jorge Rendón Vásquez

Finalmente, el fútbol ha saturado la vida social. Es más que un entretenimiento. Es un mundo completo suspendido frente a nosotros que no podemos dejar de ver, y que nos obliga a tomar partido por uno de los contendientes en la cancha, y con mayor razón si es la selección nacional.

Esta moderna versión del circo romano tuvo como escenario inicial el Brasil de Getulio Vargas, a mediados de la década del treinta del siglo pasado. O Estado Novo, erigido por este dictador de raíz fascista, luego de subir al poder en hombros de los militares en noviembre de 1930, tenía que complementarse, como política de Estado, con el futbol como pasión nacional y con los carnavales para que los pobres se convirtieran en reinas, reyes, princesas y príncipes, gracias a la magia de los disfraces pagados a precio de oro aunque durante el año tuvieran apenas para comer. Bailar al son de las sambas y su ritmo, impartido sólo por instrumentos de percusión, o gritar hasta desgañitarse en los estadios con o jogo de cintura de los jugadores sigue transportando a las multitudes de la cruel realidad a la fantasía adictiva, como en aquellos tiempos.

El fútbol se ha apoderado también de la política. Los partidos políticos, a su modo clubes de futbol, reciben el financiamiento de no tan desinteresados mecenas, preparan a sus equipos con directores técnicos muy bien pagados, los entrenan, los santifican con una publicidad millonaria, reclutan hinchadas a las que fanatizan hasta el extremo de matar o hacerse matar, y envían a la cancha a sus jugadores, confiados en la imparcialidad de los árbitros, si es que no han podido convencerlos antes por algún procedimiento non sancto de que sus equipos deben ganar, sí o sí.

La segunda vuelta en las recientes elecciones en el Perú fue un partido que no terminó con el cómputo final. Hasta ese momento se había jugado sólo el primer tiempo. El segundo comenzó una semana después. El equipo ganador en el primer tiempo tenía ya la victoria asegurada o, por lo menos eso se creía.

He aquí como relataría este segundo tiempo, desde su cabina de transmisión, un locutor de fútbol:

"Ya están en la cancha los equipos Arriba Perú, hasta ahora ganador, que viste camiseta de un rojo desvaído; y Derecha, cuyo color es el anaranjado. Empieza el juego, Arriba Perú arremete con una maniobra de penetración que Derecha no puede contener. ¡Ovación en las tribunas de la hinchada esperanzada de Arriba Perú! Los directores técnicos gesticulan y gritan desde el borde de la cancha. Hay un cambio en el equipo Derecha. El jugador ingresante les dice algo a sus compañeros, y éstos empiezan el juego brusco. Varios jugadores de Arriba Perú protestan, pero el árbitro no les hace caso, y el juego sigue. Veo algo extraño fuera de la cancha. El director técnico de los anaranjados, rodeado de varios directivos de su club, se aproxima al de Arriba Perú y le susurra algo al oído. El juego se detiene. Salen tres jugadores de Arriba Perú y, —¡Oh sorpresa!— tres jugadores del equipo Derecha que esperaban en la banca, se sacan la camiseta anaranjada, se ponen la del equipo contrario e ingresan a la cancha. Mi colega me dice que esto es usual en partidos de campeonato electoral. Se reanuda el juego. Arriba Perú se lanza adelante, con todo. Pero la defensa de los contrarios se hace del balón por un pase equivocado y lo envía al otro campo donde lo controla un zaguero de Arriba Perú; éste se acerca a su arquero, patea con suavidad, y ¡zas!: ¡Autogoool! ¡autogoool! Es un tanto convertido por uno de los jugadores del equipo Derecha que se había puesto la camiseta de Arriba Perú. ¡Atención! Hay otro avance más confiado del equipo Derecha; uno de sus delanteros le pasa el balón a un defensa de Arriba Perú, que cambió también de camiseta, quien patea, y ¡goool! Aclaro: ¡es otro autogoool, amigos! Las tribunas de preferencia y primera atronan el aire con sus gritos y aplausos, en medio del estallido de bombardas y cohetes. Arriba Perú está perdiendo. Si esto sigue así, Derecha le propinará una goleada fenomenal a Arriba Perú, cuando todo hacía suponer que este equipo tenía ya ganado el partido. ¡Qué desastre! La numerosa hinchada de Arriba Perú observa la cancha, alelada y muda, desde las tribunas de popular. ¡No puede creerlo! El director técnico de Arriba Perú acaba de ponerse unos anteojos oscuros que le cubren la mitad de la cara, de manera que no es posible deducir por su semblante lo que está pensando. ¡Amigos televidentes y oyentes, yo me voy!"







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Luis Anamaría http://socialismoperuanoamauta.blogspot.com/
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martes, 31 de mayo de 2011

Jorge Rendón Vásquez: Debate electoral

2011: AÑO DEL PRIMER CENTENARIO DE VIDA DEL AMAUTA JOSÉ MARÍA ARGUEDAS" 
         
       EL DEBATE ELECTORAL
Los silencios de Keiko Fujimori
Por Jorge Rendón Vásquez

La impresión de los teleespectadores sobre este debate (29/5/2011) se configura por su nivel cultural, grado de comprensión de las exposiciones, madurez intelectual y hábito de ver televisión, además de otros factores de menor incidencia. Para los espíritus livianos acostumbrados a las telenovelas vacuas, talkshows escandalosos, noticias escabrosas y chismes de la "alta" sociedad, si es que pudieron aguantar la hora y media del programa, es posible que los rasgos relevantes hayan sido la manera de vestirse de los candidatos, su sonrisa y ciertas frases que atrajeron su atención. En cambio para los espíritus analíticos, honestos y de buen nivel universitario, las exposiciones fueron altamente informativas de los proyectos de cada candidato y de su posibilidad de realización, una temática que resulta de la simbiosis de la economía, el derecho, la administación y otras ciencias, que no son poca cosa. Entre uno y otro grupo hay, claro, matices intermedios.
Los opinólogos mercenarios, convocados para el comentario del debate, valoraron más la impresión del primer grupo de televidentes. Para eso los habían contratado, como una fase del plan de la derecha para demoler a Ollanta Humala. Esa no fue, sin embargo, la impresión de muchos televidentes, de la mayor parte se diría, para quienes fue más importante el contenido de las intervenciones. Y en esto Ollanta Humala estuvo de lejos altamente convincente, con el aplomo natural dictado por su mensaje de cambio, es decir por lo que haría desde el Poder Ejecutivo.
En síntesis, lo que dijo fue que promoverá el crecimiento de la riqueza nacional con inclusión social, lo que significa que esa riqueza deberá ir también a los trabajadores que la producen, a los sectores de la población de menores ingresos y a los que nada tienen, para desterrar definitivamente el estado de necesidad y la pobreza. La economía social de mercado, puesto que de esto se trata, conlleva esa redistribución del ingreso nacional, que se traduce en un crecimiento del mercado o sea del poder de compra de todos, y no sólo de los ricos y sus auxiliares, como sucede ahora. Es insultante para las mayorías populares la multiplicación de edificios de departamentos al alcance sólo de quienes tienen los ciento cincuenta mil dólares o más que cuestan, el pantagruélico consumo de las clases ricas y medias en los restaurantes de lujo, los supermercados exclusivos para la gente de alto poder económico que reparten catálogos impresos en el papel más caro, el avisaje comercial en ciertos diarios de productos vedados, de hecho, para las clases pobres.
Redistribuir la riqueza implica trasladar una parte de los ingresos de los que más ganan a quienes la necesitan, por la vía del tributo, del combate contra la evasión fiscal y la corrupción, de una remuneración mínima más elevada, del aumento de las remuneraciones por negociación colectiva,  del pago puntual de las cotizaciones de seguridad social y de una pensión general solidaria.
Y en esto los silencios de Keiko Fujimori la perdieron.
Calló lo que hicieron su padre y ella en la década del noventa cuando gobernaron el país, la razón de ser de las esterilizaciones de más de trescientas mil mujeres, el burdo y gigantesco latrocinio de los caudales del Estado, el despojo de una gran parte del poder de compra de los trabajadores, reduciendo sus derechos sociales y remuneraciones con la "flexibilidad laboral", y, sobre todo, la manera como financiaría las ofertas que hace alegremente en las urbanizaciones populares, repetidas en su intervención de ayer. Es evidente que cualquier promesa de dar ciertos bienes y servicios sin redistribuir la riqueza es una mentira.
Su silencio tiene una explicación: sería contraproducente que hable de afectar a los grupos más ricos del país que financian su campaña política. No pagan para eso. Pagan para asumir el gobierno con ella y, desde allí, dejar las cosas como están y ganar más.
Sería recomendable ver y escuchar de nuevo las intervenciones grabadas de los candidatos, ya que, como sucede en las clases y conferencias, al oyente o espectador no le es posible retener la primera vez toda la exposición ni su sentido, por más aguda que sea su atención, y, a veces, tampoco inferir lo que un candidato pretende hacer realmente de llegar al gobierno.






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