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sábado, 12 de julio de 2008

Arismendi, los comunistas y el proceso revolucionario Latinoamericano

Por: Gustavo Espinoza (especial para ARGENPRESS.info) *
(Fecha publicación:16/ 06/2006)

"La revolución no es artículo de exportación ni de importación.Es el resultado de la voluntad del pueblo, convencido a travésde su experiencia y con las clases revolucionarias que a sufrente son capaces de realizar ese destino…"Rodney Arismendi. "El VII Congreso de la IC y el fascismo enAmérica Latina de hoy".

Uno de los trabajos políticos más serios y al mismo tiempo apasionantes que se produjeran en América Latina a mediados de la década de los setenta del siglo pasado, fue el estudio de Rodney Arismendi referido al papel de los comunistas y las tareas del proceso revolucionario latinoamericano, presentado ante el Simposio programado por la Revista Problemas de la Paz y del Socialismo con motivo de 40 años del VII Congreso de la Internacional Comunista.Como se recuerda ese Congreso, celebrado entre julio y agosto de 1935 marcó un hito histórico para el movimiento revolucionario mundial y sentó los cimientos para la lucha contra el nazi fascismo, expresión máxima de la dictadura terrorista de los monopolios en los años previos a la Segunda Guerra Mundial. El Informe Central del evento, a cargo de Jorge Dimitrov, fue una de las exposiciones más consistentes que se haya producido en la lucha por la liberación humana. No sólo caracterizó con precisión los elementos de la época, sino que diseñó una política integral, indispensable para el movimiento revolucionario, y señaló el conjunto de tareas a cumplir para asegurar la victoria de los pueblos en esa coyuntura histórica, quizá la más compleja y difícil que tuvo que vivirse en el pasado siglo XX.El VII Congreso de la IC perfiló también un rumbo claro para las fuerzas revolucionarias de todos los continentes. No estuvo ajeno a ese esfuerzo, sin duda, el papel activo de los Partidos Comunistas y Obreros que también en América Latina aportaban con esfuerzo creciente a la lucha por un orden social nuevo, más humano y más justo.Hay que decir con propiedad que el tema de América Latina fue tocado en un inicio sólo tangencialmente por los exponentes avanzados del pensamiento internacional. Carlos Marx fue el primero de los grandes pensadores revolucionarios que esbozó ideas básicas referidas a nuestra realidad. Aunque no profundizó en ellas, no se puede negar que el pensamiento marxista estuvo siempre íntimamente vinculado a las luchas de los trabajadores de nuestro continente. Y es que nunca fue ajena a las inquietudes de los pueblos de la región, la construcción de una sociedad en la que la libertad y la historia coincidan en procura del bienestar del hombre.Al reflexionar en torno a los temas que nos hemos propuesto, es indispensable entonces detenernos sumariamente en algunos aspectos cardinales del desarrollo: el encuentro de América Latina con la visión socialista, la irrupción de la región en el concierto revolucionario internacional y su presencia en la IC, el peso de América Latina en el combate contra el imperialismo y las camarillas oligárquico feudales y el desarrollo de la lucha de clases, para entender mejor el invalorable aporte de Rodney Arismendi, paradigmática figura del movimiento revolucionario internacional. Lenin y América LatinaUna característica de la época, y también del aporte leninista, fue considerar a esta parte del mundo como "América", y poner más atención, naturalmente en los fenómenos que generaba el pujante desarrollo del joven orden capitalista en la parte norte de nuestro continente. Sin embargo fue Lenin el primero que aludió directamente al papel de los países de América Latina en el devenir de la historia contemporánea. Lo hizo al abordar la crisis económica del capitalismo en su conocido estudio "El imperialismo, fase superior del capitalismo" publicada en 1916. Allí subrayó la comedia que se presentaba en el mercado internacional de capitales cuando un buen número de Estados "desde España hasta los Balcanes, desde Rusia hasta Argentina, el Brasil y China se presentan, abierta o encubiertamente ante los grandes mercados de dinero" exigiendo la concesión de empréstitos aceptando a cambio imposiciones que los sometían a las exigencias del sistema financiero.Fue Lenin también quien puso énfasis en la necesidad de hablar de "la política colonial de la época del imperialismo capitalista" , haciendo notar que el capital financiero originaba formas de dependencia estatal. Ponía entonces el dedo en la llaga aludiendo a las formas de semicolonia, citando expresamente como tal la situación de Argentina. Para el efecto, se remitió a Schulze-Gaevernitz para quien América del Sur y sobre todo Argentina se hallaban en tal grado de dependencia financiera de Londres se les debía calificar como "colonia comercial inglesa".Caracteriz ando a los países de América Latina como "dependientes" , Lenin puso énfasis en remarcar los fuertes vínculos que estaba relación de dependencia generaba entre el poder central con la burguesía de la Argentina y con los círculos dirigentes de toda su vida económica y políticaPero el interés de Lenin por América Latina rebasó largamente la inquietud científica o intelectual. Vladimir Ilich cuidó mucho sus vínculos con América del norte y del sur.

Es un hecho histórico el recordar que en los primeros años del siglo XX funcionaba ya en Argentina "la Sección Rusa del Partido Socialista", integrada por militantes del POSDR, revolucionarios emigrados después de 1905. A través de ellos, Lenin tuvo siempre documentos informativos referidos al proceso social argentino y latinoamericano. Por eso en su momento apoyó a los Socialistas Internacionalistas de Buenos Aires que se enfrentaron a los reformistas, y alentó a Recabarren en Chile y a Justo en Argentina respaldando su pedido de incorporación a la InternacionalLenin vio con viva simpatía el proceso mexicano, y mantuvo vínculos directos con diversos revolucionarios de ese país. Admiraba sus luchas y su contribución al desarrollo del pensamiento progresista en nuestro continente.Es importante subrayar estos elementos porque en nuestro tiempo hay quienes, sin fundamento alguno, deslizan la idea de que el Partido Bolchevique, atenazado por una cierta visión eurocentrista, no mostró interés alguno en América Latina, y que sólo la lucha de nuestros pueblos hizo posible que tardíamente, Moscú mirara esta región del mundo.Esa percepción errónea se orienta a proclamar una supuesta "autonomía" en el pensamiento socialista latinoamericano como una manera de considerar "correcta" luego una política revolucionaria distante de Moscú. Distante, en el fondo, claro, de la influencia de los partidos comunistas y obreros, que fundieron sus propias acciones con el batallar cotidiano del proletariado de nuestro continente.

La función de la III InternacionalHace ciertamente bien Rodney Arismendi en reconocer que la estrategia y la táctica de las luchas del proletariado latinoamericano en la segunda parte del siglo XX estuvieron basadas en las experiencias de la Revolución Rusa, en las obras de Lenin y en los acuerdos y debates de la Internacional Comunista. En esto también debe insistirse ahora por cuanto no faltan quienes, desconociendo la historia, pretenden encontrar intereses distintos entre la Internacional Comunista y la lucha de los pueblos de América Latina. Alberto Flores Galindo, un extinto investigador social de nuestro país lleva esta idea hasta el extremo de asegurar que Mariátegui, por ejemplo, "nunca llegó a establecer vinculación alguna con la Internacional. Ni siquiera pudo viajar a Rusia". Y por si le fuera insuficiente la formulación la reitera para concluir asegurando que "el año 1927, Mariátegui no existía para la Internacional" .En realidad lo que se busca con este tipo de especulaciones seudo teóricas es alcanzar un doble efecto. Por un lado, desdibujar el perfil de los revolucionarios latinoamericanos que, como José Carlos Mariátegui, fueron fieles a las concepciones internacionales del proletariado, asignándoles una suerte de filiación abstracta, episódica y casual, en el fondo reformista o social demócrata. Por otro, afirmar la idea de que la III Internacional fue apenas una estructura administrativa y burocrática, ajena a los intereses de los pueblos y a sus luchas, y sometida a caprichos de personas de discutible solvencia moral o política. Una manera de deformar la esencia del pensamiento revolucionario y descalificar la práctica de los comunistas en el escenario latinoamericano, pero también aislar a nuestros pueblos de lo que fuera en su momento la experiencia revolucionaria rusa que hay que revalorar en su justa dimensión.Para situar la historia como corresponde, hay que recordar que en 1918, aún antes de constituirse la III Internacional, y por influencia de la Revolución Rusa de 1917, se creó el Buró Panamericano de la Internacional Comunista, con el aporte -entre otros- de los mexicanos José Allen y Enrique Flores Magón, del periodista norteamericano John Reed y de Sen Katayama, revolucionario japonés residente en los Estados Unidos. Este Buró funcionó en los Estados Unidos y en México y contribuyó decisivamente a la fundación de Partidos Comunistas en América Latina, Estados Unidos y Canadá, así como a la formación de grupos comunistas en Cuba que en 1925, y bajo la orientación de Baliño, fundaron el primer Partido Comunista de Cuba, muy gratamente recordado por la historia.

La actividad del Buró Panamericano fue examinada y reforzada por el Comité Ejecutivo de la IC en 1921, lo que le permitió ampliar su radio de influencia en la región llegando incluso a Venezuela a través de los hermanos Machado y a Argentina, influyendo en los Socialistas Internacionalistas que dieron nacimiento al Partido Comunista de ese país. Fue por iniciativa de la IC y luego de la discusión del 21 cuando se trató acerca de la necesidad de prestar mayor atención a los problemas derivados de la lucha antiimperialista. Y aunque el Buró Panamericano se disolvió ese año, se crearon dos dependencias del mismo nivel, una para atender el Caribe, con centros en México, Chicago y La Habana; y otro con conexiones vivas en Buenos Aires, Montevideo y Santiago de Chile.Numerosas precisiones podrían hacerse en torno al trabajo y a la actividad del Buró Sudamericano de la IC y a su publicación más exitosa: La Correspondencia Sudamericana. En una coyuntura muy compleja, y superando adversidades, asumió tareas de importancia, y las cumplió. Tuvo errores, por cierto, mostró incluso rasgos de incomprensión de diversos fenómenos y se hizo eco, a su vez, de los errores y deformaciones que se registraran en ese periodo en el movimiento comunista, pero nada de eso disminuye el papel positivo que jugó en aquella circunstancia histórica.Es interesante recordar que fue en el VI Congreso de la Internacional Comunista celebrado en Moscú en 1928 que América Latina puso sus problemas en la orden del día. Por primera vez en la historia en un evento de trascendencia mundial, América Latina y sus problemas fueron motivo del análisis y las reflexiones de las más destacadas figuras del movimiento revolucionario internacional y de los partidos comunistas y obreros de todos los países.

Erróneamente, en sus tesis, Bujarin incorpora a todos los países del sub continente adjudicándoles la calidad de "países coloniales", pero saluda como un avance la lucha del pueblo de Nicaragua contra la intervención militar norteamericana, y abre la perspectiva del debate para un mayor intercambio de opiniones y experiencias en beneficio de los pueblos.Como era previsible, los debates no fueron sólo teóricos. Se extendieron al plano de la ejecución política, al cumplimiento de tareas revolucionarias y al análisis de realidades concretas. La delegación latinoamericana asistente al evento tuvo la oportunidad de plantear con franqueza sus preocupaciones esenciales y llamar la atención del movimiento revolucionario mundial acerca de la importancia de la región. "América Latina -dijeron- es el Interlant del más poderoso imperialismo, de la más poderosa burguesía del mundo (ella) disfruta de esa supremacía en buena parte gracias a la base económica de América Latina"Bien puede afirmarse que en el periodo, la IC tuvo aciertos y errores. Uno de los primeros fue, sin duda, la creación de la Liga Antiimperialista de las Américas (José Carlos Mariátegui fue considerado parte integrante de la dirección de la Liga); y entre los segundos hay que reconocer algunas deformaciones que pronto hicieron crisis: El propio Bujarin presentó una visión deformada de la realidad que los comunistas latinoamericanos y otros soviéticos corrigieron. Zinoviev recomendó a Haya de la Torre formar una suerte de Kuo Ming Tang latinoamericano -el APRA-, que hizo un daño muy grade al proceso revolucionario en América Latina.No fue fácil entonces el abordamiento de los temas de América Latina en el escenario de la IC. No solamente porque se trataba de problemas complejos sino también porque ellos ocurrían en un escenario convulso en el que se enfrentaban tendencias discordantes.

Esa discusión no estaba zanjada en 1929 cuando se produjo la primera Conferencia de Partidos Comunistas a la que concurrió una delegación peruana envida por Mariátegui, ni tampoco en la primera Conferencia Sindical de América Latina celebrada en Montevideo. Ambas, sin embargo, aportaron creadoramente al debate de nuestros problemas básicos. .Es conocido el conjunto de coincidencias y de diferencias que se manejaron en el evento de Buenos Aires del 29 y que se procesaran en el marco de las decisiones del Buró Sudamericano de la IC. Pero los críticos de nuestro movimiento ponen énfasis en las desavenencias para mostrar el rostro de una falsa ruptura. En realidad hubo un rico intercambio de opiniones y experiencias que fortaleció el accionar de los comunistas en la región. La preeminencia del debate ideológico fue establecida por algunas de nuestras más descollantes figuras, pero el trabajo teórico resultó insuficiente. Por eso, probablemente, el APRA logró afirmarse debilitando significativamente la lucha de nuestros pueblos.Rodney Arismendi estuvo en la primera fila cuando se trató de desarrollar el deslinde indispensable con las tendencias falsamente revolucionarias de Haya de la Torres y sus seguidores. Del mismo modo como lo hizo desde La Habana Julio Antonio Mella, Arismendi publicó uno de sus más polémicos trabajos bajo el título de "La filosofía del marxismo y el señor Haya de la Torre. Sobre una gran mistificación teórica" editado en Montevideo con prólogo de Jesualdo. Ya en ese entonces Arismendi acertaba en algo que confirmó la historia:"que la concepción hayista es nefasta para el desarrollo de la revolución democrático-burguesa en el continente y que sus postulados contribuyen a la conservación de las prescriptas estructuras del atraso económico, encadenadas a la voracidad del capital financiero internacional" Nefastas para nuestro pueblo no sólo fueron las concepciones seudo filosóficas del señor Haya de la Torre, sino también la práctica política de su partido, que fue gobierno en nuestro país y pretende volver a serlo. El APRA, en efecto no sólo dejó de ser una fuerza social avanzada para convertirse en un escollo para el progreso y el desarrollo de nuestro pueblo; sino que se transformó en el instrumento más eficaz para asegurar y perpetuar la dominación imperialista. Más allá de su retórica huera el propio Haya y los continuadores de su política, se pusieron objetivamente al servicio del Gran Capital y de los Monopolios y ejercieron, cuando pudieron, una dictadura terrorista contra nuestro pueblo.Durante muchos años, sin embargo, los comunistas peruanos trabajamos a partir de los textos de Arismendi, de Mella y de los nuestros -José Carlos Mariátegui, César Guardia Mayorga y Jorge del Prado- para enfrentar la ofensiva ideológica desplegada contra el marxismo.

Hoy esa lucha n solamente que no ha terminado, sino que enfrenta nuevos retos.El proceso latinoamericanoSi en un comienzo América Latina fue el granero de los monopolios, poco a poco fue tornándose en un campo de batalla entre los pueblos y las camarillas tradicionales de Poder ligadas al Gran Capital. Surgieron en nuestra región procesos nacional- liberadores y movimientos democráticos y progresistas de gran magnitud, pero ciertamente el más significativo de todos fue la Revolución Cubana, que llegó para quedarse.El invalorable aporte de Cuba al proceso revolucionario mundial y el ejemplo de dignidad y de coraje que encarnan su pueblo y su gobierno, favorecen el desarrollo de las luchas en la región y abren perspectiva a todos los nuevos fenómenos que hoy ocurren en el sub continente, azotado sin embargo por el odio imperial que llegó a extremos brutales en diversos países.Experiencias como las vividas en Brasil a partir de 1964, Uruguay desde junio de 1973, Chile desde septiembre del mismo año, Argentina después y otros países, mostraron de manera clara la disposición del Imperialismo a recurrir a todos los procedimientos posibles para detener y derrotar el auge de los pueblos. El fascismo latinoamericano, con características muy precisas, fue una forma de dominación extremadamente cruel que usó el Gran Capital para proteger sus privilegios y cautelar sus intereses. Nunca como en esos años nuestros pueblos fueron sometidos más a prueba. Y respondieron y actuaron no sólo con infinito valor, sino también con aguda inteligencia. Se unieron prontamente y sumaron en torno suyo a sectores y fuerzas más amplias, y usaron las más diversas formas de lucha para derrocar a las dictaduras.Hoy, Pinochet, Videla, Alvarez, Stroessner son simples esperpentos ubicados en el basurero de la historia a la que pasaron no como gobernantes, sino como vulgares asesinos y ladrones que cometieron crímenes horrendos y se robaron a manos llenas los recursos de los países a los que transitoriamente alcanzaron a doblegar por la fuerza de las armas y el terror.Las dictaduras asesinas, a las que habría que añadir la de Alberto Fujimori en el Perú, nos dejaron sin embargo una estela de desastres imborrable. No sólo envilecieron la política, sino que saquearon también nuestros recursos y sometieron a nuestros países para imponer contra los pueblos modelos económicos perversos. Por eso, en lugar de resolverse, los problemas de la región quedaron como secuela y se agravaron en grado extremo. Hoy han tornado casi ingobernables a diversos países.Y es que, independientemente de los mecanismos de represión que hoy subsisten en nuevas condiciones, los gobiernos reaccionarios de la región -continuadores en lo económico de los "ajustes" neo liberales impuestos por el Fondo Monetario y el Banco Mundial- insisten en aplicar fórmulas abusivamente que sólo descargan el peso de la crisis sobre los escuálidos hombros de los trabajadores y el pueblo.Entre 1991 y 1992, siguiendo el derrotero del modelo impuesto por las dictaduras, extraña simbiosis de dinero y fusiles, América Latina invirtió 16 mil 500 millones de dólares en armas Entre 1997 y 1998 esa suma se elevó hasta los 26 mil millones. Un dato indicativo resulta reconocer que los países de nuestra región invierten en armas el 10% de sus presupuestos nacionales, más -ciertamente- de lo que disponen para los programas de salud, educación y bienestar social.8 de cada diez niños que mueren en América Latina perecen por neumonía, o desnutrición. Y eso lo reconoce la Oficina Panamericana de la Salud.La pobreza, que había disminuido del 41% al 36% entre 1990 y 1997, habiéndose reducido en 11 de 14 países analizados; aumentó al revertirse la tendencia y pasó de 200 millones a 224 millones de personas en el ultimo bienio del siglo XX, tal como lo informó la Segunda Conferencia Regional de seguimiento de la Cumbre Mundial sobre el desarrollo celebrada hace pocos años en Chile.El 24% de la población de América Latina -224 millones de personas- vive actualmente bajo la línea de la pobreza. Pero todos sabemos que hoy hay más de 90 millones de personas que viven simplemente en condiciones de indigencia. Ellos representan al 18% de la población total.En 1980, cuando irrumpen en América Latina las políticas neo liberales, el número de pobres en la región era de 135 millones. Hoy es de 224 millones. El número de indigentes, que era de 62 millones hace veinte años, subió a 90 millones ahora.En 1980 la posición de América Latina en la economía mundial era mucho mejor que la que tiene hoy. Por ejemplo, el peso de América Latina en las exportaciones mundiales en 1980 era del 6%. Veinte años después, con políticas neoliberales y administraciones pro yanquis, el índice ha descendido al 5%.En cambio ha crecido el nivel de la deuda externa. En 1980 era de 250 mil millones de dólares, al arribar al nuevo siglo esa deuda estaba por encima de los 750 mil millones de dólares. Hay que considerar sin embargo que entre 1986 y 1997 los pagos por amortizaciones e intereses referidos a la deuda externa sumaron 763 mil millones de dólares. En cifras, es claro entonces que la famosa deuda externa del sub continente, ya ha sido pagada.En nuestro país afrontamos una situación en extremo dramática: el 54% de la Población Económicamente Activa vive bajo el límite de la pobreza y hay ocho millones de peruanos en condiciones de extrema pobreza, que carecen de ingresos, salud, educación, puesto de trabajo o vivienda. En el Perú, en efecto, cada año vienen al mundo 620 mil niños. Un tercio de ellos, sin embargo, se origina en vientres enfermos, atravesados por la tuberculosis, la hepatitis, la desnutrición y el Sida. Hoy se sabe, adicionalmente, que en el Perú hay un millón 200 mil alcohólicos, pero que nada menos que cien mil niños afronta la misma certificación. Con horror, recientemente, entidades universitarias de indiscutible solvencia aseguraron que en nuestro país hay tres millones de niños pobres que no reciben ninguna ayuda social del estado como consecuencia de la mala distribución de los recursos. Y en el extremo, los voceros de la oligarquía justifican el hecho arguyendo sin rubor que, "felizmente" , ya acabaron las épocas de "el Estado Benefactor". En cambio, el gobierno peruano -uno de los más serviles de la región- se jacta de tener en sus arcas 15 mil millones de dólares de "reservas netas" que reflejan una inexistente solvencia financiera. Su discurso se solaza, además, con la estabilidad "macro económica", que supuestamente brinda "confianza" a la inversión extranjera. También con el incremento cuantioso de la producción de las minas de oro, que enriquecen a consorcios norteamericanos, y con la producción de otros minerales que son sustraídos de nuestro suelo. El país ha vuelto a ser, en efecto, emporio del Gran CapitalMuchas otras cifras podríamos citar para subrayar el verdadero estado de falencia en el que se encuentran los países de la región como consecuencia de las dictaduras asesinas, los gobierno pro norteamericanos y la creciente riqueza de los poderosos como consecuencia de los modelos económicos impuestos contra la voluntad de los pueblos por los organismos financieros internacionales y las obsecuentes administraciones locales. Hay que decir sin embargo solamente que en los últimos veinte años la participación de la industria en el total de la economía latinoamericana descendió del 24% al 16%; y que la región aportaba en 1980 el 50% del valor agregado industrial de la producción en el tercer mundo; y que ahora aporta apenas el 25%.Y que el modelo precariza toda la estructura productiva, lo confirma apenas el hecho que de cada cien nuevos puestos de trabajo que se crean en esta parte del mundo, 85 lo son en el área informal de la economía. Los trabajadores, entonces, carecen de estabilidad en el empleo, de seguridad social, de acumulación por tiempo de servicios; en un contexto en el cual los pueblos ven afectadas crecientemente sus posibilidades de contar con una educación pública de calidad, servicios de salud y atención médica eficaz, y una política social elementalmente justa.Problemas como los derivados de la desocupación, el analfabetismo, la violencia, la contaminación del medio ambiente humano y del medio ambiente del trabajo, la desnutrición infantil, la toxicomanía y otros males; afectan severamente la convivencia humana y ponen serios riesgos frente a nuestros pueblos.De ese modo se van creando en América Latina las condiciones revolucionarias indispensables -de las que hablaba Lenin- y que diseñan una verdadera situación revolucionaria. Los de "arriba" - en efecto- no pueden seguir gobernando como antes; y "los de abajo" no están dispuestos a dejarse gobernar como antes. La situación sin embargo es más dramática por el retraso de las fuerzas indispensables de recambio. En algunos países -como el Perú- la clase dominante ya no puede gobernar, pero dramáticamente las fuerzas del pueblo no están tampoco en condiciones de asumir en sus manos el poder. La ausencia de un liderazgo social reconocido y solvente, permite que sectores improvisados y núcleos ganados incluso por la desesperación y el aventurerismo, asomen como alternativa improvisada. Esto nos obliga a revisar algunos temas básicos que abordó también en su momento Rodney Arismendi.

Los caminos de la revolución
Se nos plantean para el debate algunos temas claros. Como consecuencia de la crisis y la aplicación del modelo neo liberal, como resultado de la globalización capitalista y como consecuencia de las políticas de ajuste impuestas contra la voluntad de los pueblos, se han registrado cambios en la estructura productiva de nuestros países.El desarrollo deformado del capitalismo en la región ha afectado incluso a la Clase Obrera, que ha sufrido severos golpes represivos, pero también medidas económicas que han afectado su misma condición de clase. Eso ha permitido que circulen especulaciones seudo teóricas que pontifican en torno a la llamada "desaparición del proletariado" , añadiendo al tema la idea de la desaparición -también- de la lucha de clases.De esta formulación se derivan dos deducciones. La primera es que, como la clase obrera "ya no existe" ahora hay que buscar nuevos referentes. Por lo demás, si la clase obrera no existe, no tiene sentido tampoco -dicen algunos- que existan partidos de la clase obrera, es decir, partidos comunistas. Por lo demás, si lo que ha desaparecido es "la lucha de clases" entonces hay que buscar otra vía -¿la colaboración de clases", quizá?- y renunciar a la expresión más alta de la lucha de clases que es, ciertamente, la revolución social. Antiguos marxistas, entonces, se han vuelto reformistas y buscan ahora introducir "cambios" que "mejoren" la sociedad capitalista. Todo ello en nombre de la "modernidad" .Es antigua la tesis aquella de las reformas. Y es legítima también la idea de luchar por ellas sin renunciar a los cambios revolucionarios indispensables que no caerán del cielo, sino que serán forjados por los trabajadores y los pueblos de una manera directa y concreta. Pero hay que tener claras las ideas.

Que la clase obrera de hoy no es igual a la de "antes" es una verdad de Perogrullo. La clase obrera rusa de 1905, no fue tampoco la clase obrera de la Comuna en 1871; ni tampoco la que en 1917 tomara el Poder y fundara el régimen de los Soviets. La clase obrera que en el mundo luchó en los Frentes Populares contra el nazi fascismo, era distinta a la clase obrera que debió enfrentar las dictaduras fascistas de la década de los setenta del siglo pasado en América latina. En todas las épocas y circunstancias cambia la clase obrera, su composición y sus tareas. Pero ella se mantiene como clase porque es consustancial a la estructura misma de la sociedad capitalista, y su tarea principal -acabar con la explotación y la miseria- tampoco se esfuma.La lucha de clases sigue existiendo porque no han desaparecido los elementos que la hicieron posible -la propiedad privada sobre los medios de producción y el trabajo asalariado-; solo que ahora adquiere nuevas formas y permite la incorporación de nuevos actores a la actividad de masas.Las formas del trabajo revolucionario tampoco han cambiado. Han surgido nuevos procedimientos que ayudan también a fortalecer la educación y la conciencia de las masas, pero las huelgas y las movilizaciones obreras no pueden ser consideradas "obsoletas". Tampoco, ciertamente, las formas superiores de lucha incluso en los países en los que se ha ampliado transitoriamente la estructura democrática del Estado.Arismendi acierta entonces cuando ya en los años setenta del siglo pasado aseguraba que América Latina vive en un periodo de ascenso revolucionario general, independientemente de las fluctuaciones coyunturales de cada país. Recordemos que en su trabajo sobre el VII Congreso de la IC, subrayaba tres elementos ciertamente claves que hoy hay que recordar:1) A pesar de los diversos niveles y ritmos entre los distintos países, el proceso revolucionario sigue abarcándole continente.2) Las convulsiones revolucionarias han venido cubriendo toda una fase histórica aproximadamente desde los años cincuenta y3) La presencia expoliadora del imperialismo yanqui y la inclusión de América latina en su estrategia global son poderosos factores que enlazan en muchos aspectos los procesos revolucionarios de los distintos pueblos."Concebimos el proceso revolucionario continental ante todo como parte del gran proceso histórico de la revolución socialista internacional. Como previera Lenin, el tránsito del capitalismo al socialismo se desenvuelve abarcando toda una época histórica". Esto decía Arismendi en octubre de 1980 en Berlín. Y conserva ciertamente plena vigencia.El tema, entonces, es otro: la capacidad que tienen las vanguardias políticas en cada país para jugar el rol que les corresponde. El papel dirigente en la lucha -decía Lenin- corresponde a quien lucha con mayor energía, sabe aprovechar todas las ocasiones para asestar un golpe al enemigo. Para este efecto resulta indispensable que el comportamiento político de la vanguardia sea diáfano y que nadie pueda enrostrarle el hecho que sus palabras difieran de sus acciones.Esa es también una lección que entregó Rodney Arismendi a los revolucionarios de todos los países. Por eso sus ideas constituyen un aporte en la hora de hoy, cuando los pueblos de América Latina, con la bandera del socialismo, defienden firmemente a Cuba socialista, y apuntalan los procesos nacional-liberadore s que surgen en diversos países. La experiencia bolivariana de Venezuela que lidera Hugo Chávez, los acontecimientos de Bolivia a partir de la elección de Evo Morales, las luchas de las masas populares que en Brasil. Uruguay, Argentina, Chile y otros países diseñan referencias esenciales en el combate contra el Imperio, el heroísmo de la martirizada Colombia y los cambios que se avizoran en la correlación de fuerzas en el continente; abren una nueva perspectiva. La batalla principal contra el imperialismo es más dura por la política de Bush, fuertemente atada a resabios neo nazis, y enfrascada crecientemente en una brutal guerra de exterminio contra pueblos indefensos, como Afganistán e Irak. También la solidaridad con esos pueblos, y la lucha resuelta contra esas guerras y esa política constituyen un deber esencial. Si Rodney Arismendi estuviera físicamente entre nosotros, sin ninguna duda ocuparía un lugar activo entre quienes enarbolan la bandera de los pueblos que es, sin duda, también la bandera de la lucha por la integración continental y contra la guerra imperialista. *

Gustavo Espinoza es profesor y periodista. Miembro del Colectivo de Dirección de Nuestra Bandera, publicación mensual que se edita en Lima

domingo, 6 de julio de 2008

HISTORIA DE LA REVOLUCION ALBANESA

PRIMER CAPÍTULO

LA LUCHA POR LA FUNDACIÓN DEL PARTIDO COMUNISTA ALBANÉS (1929 - 1941)

1. INICIOS DEL MOVIMIENTO OBRERO. DESARROLLO DEL MOVIMIENTO DEMOCRÁTICO Y ANTI IMPERIALISTA EN EL PRIMER CUARTO DEL SIGLO XX

La opresión otomana en Albania duró cerca de cinco siglos. Fue un período de régimen feudal militar, de salvaje opresión nacional, de implacable explotación feudal, frecuentes guerras devastadoras y de gran regresión en el ámbito de la instrucción y de la cultura. Pero fue también un período de lucha indomable del pueblo albanés para su libertad y su independencia nacional, para su desarrollo material y moral, para la justicia social. Esta lucha fue el factor determinante que condujo a la proclamación de la independencia de Albania, el 28 de noviembre de 1912. La proclamación de la independencia y la creación del nuevo Estado eran acontecimientos de grande alcance histórico para los Albaneses. Pero en realidad fueron los grandes terratenientes y la burguesía que se pusieron a la cabeza del Estado. El pueblo, que había combatido y había pagado su sangre, permanecía sujeto a la opresión y a la explotación de las clases dominantes. Además la Albania independiente se encontraba cercada de Estados burgueses, que proseguían a su exterior una política chauvinista. De otra parte, las potencias imperialistas que los apoyaban, no contentos de haber desmembrado la Albania en la mutilación de 1913, de la mitad de sus territorios, no renunciaron a sus intenciones de borrarlo completamente del mapa político de los Balcanes, o la de someterlo.

Albania, país agrario semifeudal

A la proclamación de su independencia, Albania era un país agrario atrasado. Aunque los inicios capitalistas de producción hubieran comenzado a desarrollarse en las ciudades, y, en menor medida, en el campo, fueron por lo general la fase de cooperación capitalista inicial. El sistema de grandes dominios se extendía en las zonas de llanos y menos difundida en las regiones montañosas; la supervivencia patriarcal subsistía aún en la vida social, en particular en la de las altas regiones del Norte.

Se sangraba a los campesinos aparceros por los grandes terratenientes. La situación de los campesinos pobres que representaban la mayoría de la población rural era apenas mejor. Estos propietarios de pequeñas parcelas conseguían apenas garantizar su subsistencia. Su indigencia los lanzaba constantemente a las garras de los terratenientes, de los campesinos ricos, de los comerciantes y usureros; los que se arruinaban se transformaban en empleados agrícolas asalariados. Algunos de ellos en la imposibilidad de encontrar trabajo en las ciudades, tomaban el camino de la emigración. La injusta distribución de las tierras, la explotación despiadada de las masas campesinas por los grandes latifundistas, las instituciones religiosas y el Estado, la utilización de métodos de trabajo y de instrumentos primitivos en agricultura eran a el origen de la gran pobreza de estas masas y la escasez que afligía periódicamente el país.

Las ciudades, generalmente pequeñas, económica y socialmente eran poco desarrolladas. Se revelaba aún conservadurismo medieval en su estilo de vida. El tipo de producción que había era de pequeña producción artesanal. No obstante, en las principales ciudades, y, en particular, a Shkodër, a Berat, a Elbasan y a Korçë, se habían realizado manufacturas capitalistas a partir del Siglo XIX. Estos establecimientos empleaban cada uno por término medio 10 a 15 obreros asalariados. El aumento de la producción comercial y la ampliación del mercado habían permitido a la burguesía comerciante, que explotaba el trabajo asalariado de los artesanos a domicilio, de acumular y crear capitales a partir de sus filas latifundistas. Pero, generalmente, ella no invertía capital en la industria. Así pues, en el joven Estado albanés, se contaban con 25 pequeñas fábricas que se ocupaban principalmente de la transformación de algunos productos agrícolas. Se equipaba a estas empresas de herramientas primitivas y empleaban un reducido número de obreros, alrededor de 150 personas en total.

En los diez primeros años que siguieron a la proclamación de la independencia, los ritmos de desarrollo industrial fueron extremadamente lentos. En total, se creó aproximadamente 50 nuevos establecimientos, fábricas o talleres, pero incluso los más importantes de ellas no empleaban a más de 30 obreros. La mayoría de los obreros estaban ocupados en salinas, serrerías y empresas de construcción. Algunas decenas de obreros trabajaban también en las minas de betún de Selenicë (Vlorë) entonces administradas por concesionarios extranjeros.

La mayoría de los obreros empleados en las empresas capitalistas eran temporales. Terminado su trabajo en la ciudad, regresaban al pueblo y se dedicaban a la agricultura. Los obreros de las fábricas y minas eran todos de origen artesanal o campesino. No formaban aún una clase dotada de una conciencia política de clase.

Los propietarios capitalistas explotaban a los obreros cruelmente. El día de trabajo, muy largo, alcanzaba de diez y en muchos casos a catorce horas, por salarios muy bajos, que bastaban apenas a los obreros para garantizar su existencia material y la de su familia. Por añadidura, estos salarios de ninguna manera eran seguros. El aumento continuo de la mano de trabajo disponible permitía a los capitalistas bajar los salarios o de retrasar arbitrariamente el pago durante meses. No existía ninguna ley de protección del trabajo y los dueños no tomaban ninguna conciencia para la seguridad de los obreros.

A los obreros de las fábricas se añadía la masa de los aprendices y empleados en los talleres artesanales y de los empleados de los comerciantes. La explotación de la cual eran objeto era aún más dolorosa, ya que se combinaba con formas y métodos medievales. La mayoría de ellos eran niños o adolescentes. Además de su trabajo en el taller o al almacén, debían pagar por otros servicios a su dueño; a la menor falta, se les castigaba severamente.

A partir de los primeros años de nuestro siglo, los aprendices habían comenzado a luchar de manera más o menos organizada contra la explotación de la cual eran objeto por parte de los propietarios de talleres artesanales y de los comerciantes. Este movimiento, que se desarrolló principalmente a Shkodër, tenía sin embargo un carácter local y espontáneo. Las ideas socialistas que se extendieron en estas circunstancias se desvirtuaban generalmente y degeneraban en algunos casos en “socialismo” pequeño-burgués. Las primeras organizaciones trabajadoras revisten el carácter de sociedades mutualistas y, más que la lucha contra la explotación, desarrollaban un espíritu de solidaridad entre obreros. A estas organizaciones participaban también artesanos establecidos por su cuenta, que tenían necesidad, para salvaguardar la pequeña producción, apoyando a los aprendices en la lucha contra la burguesía comercial y los propietarios de las manufacturas. Pero estas organizaciones fueron a penas sostenidas.


En las condiciones de la soberanía extranjera, el movimiento obrero revistió también un carácter patriótico muy acentuado.

Los acontecimientos que ocurrieron inmediatamente después la proclamación de la independencia, en 1912, no permitieron un desarrollo normal del Estado albanés. Las luchas políticas al interior del país, en los años 1913-1914, y el desencadenamiento de la Primera Guerra Mundial en agosto de 1914 crearon para la potencias imperialistas y los Estados chauvinistas limítrofes una ocasión propicia para la realización de sus intenciones con Albania. Ésta se convirtió en un campo de batalla, donde se chocaban los intereses políticos y militares de los Estados beligerantes. Por un acuerdo secreto que concluyeron en abril de 1915, las potencias imperialistas pactadas convinieron destruir el estado independiente de Albania y desmembrar su territorio. Los ejércitos de las potencias imperialistas mantuvieron ocupado todo el país hasta al final del conflicto
Las invasiones extranjeras y las hostilidades que se desarrollaron sobre su suelo causaron al pueblo albanés inmensas desdichas. Se arruinó la economía del país. Se devastaron e incendiaron algunos pueblos enteros. La escasez prevaleció sobre todo el país. Las epidemias diezmaron a la población.

La gran Revolución socialista de Octubre y su influencia en Albania

En el momento en que el pueblo albanés sufría bajo la opresión y el menosprecio del cual era objeto, mientras los imperialistas pisoteaban cruelmente sus derechos, un gran acontecimiento sacudía el mundo -la victoria de la gran Revolución socialista en Rusia.

El 7 de noviembre de 1917 (25 de octubre según el calendario juliano), la clase obrera y los campesinos pobres de Rusia, conducidas por el Partido bolchevique dirigido por V.I. Lénin, derrocaron el poder de los capitalistas y grandes terratenientes e instauraron la dictadura del proletariado. La bandera de socialismo se alzaba sobre una sexta parte del mundo.

La Revolución de Octubre creó en Rusia soviética las condiciones indispensables para la abolición de toda explotación del hombre por el hombre, de toda forma de opresión social y nacional, para la victoria del orden socialista.

La revolución socialista en Rusia inauguró una nuevo era en la historia universal, La época del derrocamiento del capitalismo y la victoria del orden socialista, la época de las revoluciones proletarias en los países capitalistas y de las revoluciones de liberación nacional en los países coloniales y dependientes, la época de la creación del frente único revolucionario de los proletarios y los pueblos oprimidos de todos los países contra el imperialismo.

La victoria del Gran Octubre era la victoria del marxismo-leninismo sobre la socialdemocracia, del oportunismo, del revisionismo. La marcha victoriosa de la ideología marxista-leninista en el movimiento obrero internacional tomaba un nuevo impulso.

La Revolución de Octubre y la República Soviética ejercieron una influencia considerable sobre el movimiento revolucionario de los distintos países. Indicaron a la totalidad de las masas trabajadoras del mundo la vía del futuro, los inspiraron por su ejemplo, imprimieron un impulso sin antecedentes al movimiento obrero y de liberación nacional en el mundo.

La repercusión de la Revolución de Octubre alcanzó también a Albania. Las ideas de esta Revolución y la política perseguida por el Gobierno soviético influyeron sobre el crecimiento del movimiento de liberación nacional, para la protección de la integridad territorial del país, y sobre el desarrollo del movimiento revolucionario democrático.

La revelación por el Gobierno soviético de los Tratados secretos concluido por las potencias imperialistas revistieron una importancia particular a este respecto. Uno de estos documentos, hechos públicos sobre decisión del II Congreso Soviético, era el Tratado secreto de Londres, de abril de 1915, al tenor del cual Albania debía compartirse entre Italia, Serbia, Montenegro y Grecia. El contenido de este Tratado no tardó en conocerse en Albania. Un potente mar de cólera se apoderó del pueblo albanés. El movimiento de liberación antiimperialista para garantizar la libertad, la independencia y la integridad territorial del país, movimiento dirigido contra el Tratado de Londres, tomó una gran amplitud. El Congreso nacional antiimperialista de Lushnjë, reunido en enero de 1920, y la heroica lucha librada durante el verano del mismo año contra los ocupantes imperialistas italianos y que consiguió, finalmente la victoriosa batalla de Vlorë, su expulsión de Albania, daban prueba del ardiente patriotismo de pueblo albanés, así como de la influencia de la política leninista antiimperialista.

Inmediatamente después de la victoria de la Revolución de Octubre, en las condiciones del asenso general de la revolución en Europa, las noticias de las victorias de los bolcheviques rusos comenzaron a extenderse de sobremanera en las filas de los obreros, de los artesanos y los intelectuales albaneses, suscitando entre ellos una mayor simpatía por Rusia soviética. El nombre de Lénin se convirtió en símbolo de “nobles principios de humanidad”, de la nueva sociedad, sin explotadores ni explotados. Los primeros folletos que conocen de la Unión Soviética y del comunismo llegaban del extranjero y se leía en círculos limitados de intelectuales y de obreros. Las ideas de Octubre se extendieron entre las masas desheredadas de las ciudades, que vivían en condiciones económicas muy dolorosas, debidas a las consecuencias ruinosas de la Primera Guerra Mundial y a la política antipopular de Gobiernos de grandes latifundistas y burgueses entonces en el poder.

La Revolución de junio de 1924

Después de la expulsión de Albania de las fuerzas imperialistas extranjeros y de las fuerzas chauvinistas de los países vecinos, la lucha por el establecimiento del orden democrático y en particular para resolver la cuestión agraria surge al primer plano de la vida política y social. Las masas campesinas y la gente de las pequeñas ciudades, incluidos los obreros, participaba en esta lucha.
La clase obrera no había alcanzado aún el grado de madurez ideológica y política que le habría permitido crear su partido, al menos sus organizaciones profesionales. Esto es porqué, el movimiento obrero en su conjunto no consigue superar estas debilidades iniciales. Las nuevas sociedades que se constituyeron en los años 1920-1923 guardaban un carácter de sociedades de asistencia a los artesanos y a los obreros y nunca tenían una actividad duradera. Al lado de aprendices, los obreros de algunas fábricas o algunas minas comenzaron a ponerse en movimiento. Pero sus huelgas, siempre espontáneas, avanzaban por objetivos puramente económicos. Además de las razones objetivas que se oponían a su desarrollo, el movimiento fue obstaculizado también por la incesante actividad antisocialita de las clases dominantes, actividad que, después de la Revolución de Octubre, ganó aún en amplitud.

El movimiento obrero se integró en el extenso movimiento popular que abarcó todo el país. El campesinado y las masas urbanas pobres, sobre las cuales pesaban la opresión y la explotación salvajes de los terratenientes y los burgueses, constituían la fuerza principal. De toda Albania, fluían las protestas a la dirección del Gobierno y el Parlamento y que reclaman la supresión del dîme y los elevados derechos de aduana que afectaban los cereales. En marzo de 1923, urbanícelas y campesinos se manifestaron por millares en Korçë para reclamar que el pan debería estar garantizado al pueblo y que estuvieran abiertos los almacenes de los especuladores de cereales. En la región de Vlorë, del tres mil de urbanícelas y campesinos protestaron contra la política antipopular del Gobierno, forzaron los depósitos de los especuladores, tomaron los cereales y los distribuyeron gratuitamente a la población.

Los campesinos pobres y oprimidos reclamaba la tierra. La lucha por la tierra había tomado en adelante un carácter muy áspero y se traducía en muchos casos por ataques violentos para arrancarlo por la fuerza a los grandes terratenientes y al Estado. Resolver la cuestión agraria en Rusia Soviético influyó también sobre la intensificación de la lucha antifeudal.
En un país atrasado como era Albania, el bolchevismo significaba sobre todo la abolición sin indemnización de la gran propiedad rural y la entrega gratuita de las grandes tierras a los campesinos. No obstante, estas pretensiones fundamentales de los campesinos no se apoyaron por los grupos políticos burgueses entonces a la cabeza del movimiento democrático. Estos grupos tenían una estrecha concepción de la reforma agraria. Su objetivo consistía solamente en reconciliar los intereses de los campesinos que trabajaban la tierra con los del grandes terratenientes y “de mejorar” la condición de los primeros sin herir la clase de los segundos. La burguesía albanesa, constituida principalmente por pequeños comerciantes y fabricantes, era también, en parte, latifundista. Como clase, ella no era para transformaciones radicales. Si había participado en el movimiento democrático, estaba como adversario de los objetivos dictatoriales de pulsa zoguista y de la influencia de los grandes propietarios de bienes inmuebles sobre la vida política del país.

Fueron los demócratas revolucionarios, agrupados sobre todo en la sociedad “Bashkimi” (la Unión), que desempeñaron el papel más importante en el impulso otorgado al movimiento democrático y en su organización. Procedían, en la mayoría, de las filas de los intelectuales resultantes de la pequeña burguesía.

El “Bashkimi” reunió y organizó a la juventud, principalmente a la juventud escolar, que se ilustró especialmente por su participación en el movimiento democrático revolucionario. Esta organización y de otros elementos demócratas apoyaron vigorosamente las pretensiones fundamentales de los campesinos para la tierra y animaron la vida política del país, poniendo a continuación los problemas políticos y sociales más urgentes.

El asenso del movimiento condujo a la primavera 1924 a la creación de una situación revolucionaria. El asesinato de Avni Rustemi, uno de los dirigentes del movimiento democrático, por la reacción latifundista, sirvió para llamar a la insurrección.

La insurrección, estalló en mayo, termina el 10 de junio de 1924 con la victoria de las fuerzas revolucionarias.

Un Gobierno democrático burgués presidido por Ventilador Noli accedió al poder. El programa presentado por este Gobierno incluía una serie de tareas y reformas que contemplaban a comprometer el país en la vía de su desarrollo democrático y burgués. En el ámbito político, el programa preveía la instauración de la democracia por la vía de elecciones libres y directas, la transformación radical del aparato del Estado, civil y militar.

En el ámbito económico y social, tenía por objetivo extirpar el feudalismo, liberar al campesino de la explotación de la cual había sido víctima por parte de los grandes terratenientes, de modificar, en favor del pueblo, el sistema fiscal, facilitar la entrada de los capitales extranjeros, de fomentar y de defender el capital nacional.

Por lo que se refiere a la enseñanza pública, este programa preveía la creación de un sistema de enseñanza que se basa en bases nacionales y modernas. En el ámbito exterior, el Gobierno se proponía seguir una política de relaciones amistosas con todos los países y en particular con los Estados vecinos. Este programa recibió el apoyo de las amplias masas populares, que pedían su aplicación integral. Pero chocó por otra parte con la furiosa oposición de los grandes latifundistas del país y la reacción imperialista.

Al mismo tiempo, los jefes de la burguesía, asustados por el entusiasmo revolucionario de las masas, se acercaron a los grandes terratenientes e imperialistas para luchar con ellos oponiendose a la aplicación de este programa y ejercer una fuerte presión sobre el nuevo Gobierno.

En estas circunstancias, el Gobierno democrático burgués, profundamente sacudido, incapaz de llevar la revolución hasta el final practicó una política de conciliación de las clases.

Él no se apoyó en las masas y no luchó no para llevar a la práctica el programa declarado, lo que implicó su aislamiento de las masas populares que le habían llevado al poder. Ante la pasividad y actitud vacilante del Gobierno, crecieron en los medios democráticos radicales la idea que las propias masas populares debieran ajustar cuentas con los grandes terratenientes y los jefes que dudan de la burguesía, y hacer elegir a un nuevo Parlamento compuesto de campesinos y de obreros.

Pero esta idea no se realizó en los hechos. La actitud antiimperialista del Gobierno, que estaba incluido en el carácter democrático del programa, tuvo consecuencias positivas. El Gobierno libera el país de la oferta controlando a la Italia fascista y rechazó las pretensiones de los chauvinistas yugoslavos y griegos con del territorio albanés. Establece relaciones diplomáticas con la Unión Soviética. No obstante, incluso en el ámbito de la política exterior, el Gobierno de Ventilador Noli escalonó ante las presiones del imperialismo inglés y americano. Los imperialistas y los Gobiernos reaccionarios de los países vecinos emprendieron una extensa campaña contra el movimiento democrático en Albania.

Con su apoyo, los grandes propietarios rurales y otros reaccionarios del país se prepararon a obstruir la revolución. El 24 de diciembre de 1924, las fuerzas contrarrevolucionarias albanesas, conducidas por Ahmet Zogu y venidas en la mayoría de Yugoslavia con el apoyo directo de los imperialistas, de las tropas reaccionarios serbios y de guardias blancos, entraban en Tirana contra el Gobierno de conciliador Noli. El régimen de Zogu accedió al poder.

La Revolución de Junio había sido un componente activo del potente movimiento revolucionario de pueblo después de la victoria de la Revolución d' Octubre.

Ella se había llevado sin embargo en un tiempo en que las fuerzas de la reacción y el fascismo en Europa eran de llena ofensivos y dónde se empezaba el reflujo del movimiento revolucionario. Es en ese momento que Albania se volvió un hogar revolucionario en los Balcanes. La victoria de la Revolución de Junio tuvo un alcance que sobrepasó las fronteras del país. Suscitó un interés particular ante los medios comunistas y democráticos europeos, que apreciaron precisamente a su carácter revolucionario antifeudal y a antiimperialista. Según Georges Dimitrov, la represión de esta revolución significaba la destrucción de las bases del movimiento revolucionario en los Balcanes y la ampliación del frente de la reacción balcánico.

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