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miércoles, 8 de junio de 2011

martes, 1 de febrero de 2011

MAYNOR FREYRE :El mañana kafkiano del poeta Juan Cristóbal

El mañana kafkiano del poeta Juan Cristóbal
Maynor Freyre
Ha empezado la segunda década del tercer milenio y el mundo nos depara sorpresas inimaginables en cuanto a ciencia, tecnología y permisibilidad. La condición humana ha pasado de la búsqueda de la libertad al libertinaje en medio de paradójicas y absurdas normas como arrancadas del Medioevo. Los viejos sueños abrigados en las décadas del sesenta y setenta del pasado siglo por construir un mundo mejor, resultaron frustrantes y frustrados.

Juan Cristóbal, Premio Nacional de Poesía 1971 en el Perú, se comprometió con dichos sueños en cuerpo y alma, padeciendo cárcel y destierro. Su alma la  enlazó a la poesía a partir de El osario de los inocentes y continuó con una permanente y múltiple creación, construyendo un rico ámbito poético bastante sui generis, en el cual todos los temas tenían cabida, desde los eternos como la aventura, el amor, la muerte y el misterio.

Juan  Cristóbal construye sus imágenes líricas a partir de lo onírico, emparentándose con el surrealismo tal como el militante del movimiento César Moro --quien incluso publicara en francés--, como Westphalen, pero es especial como ese fino y comprometido poeta Manuel Moreno Jimeno, usuario de un surrealismo social, al decir del investigador literario Manuel Miguel de Priego.

Ya en sus últimas producciones Juan Cristóbal mezcla el lenguaje de los sueños con el de la calle, recordándonos las innovaciones de los beatniks norteamericanos y los aportes del Movimiento Hora Zero surgido a principios de los setentas en el Perú. Esta experimentación nos da excelentes resultados que arriban a una madurez irrefutable en su última creación poética compuesta por dos pequeños tomos: I Horridas mañanas y II Kafka.

En esta su reciente publicación el poeta culmina una fuerte crisis de desencantos, desengaños y frustraciones. Se siente agobiado por no haber podido construir el mundo con que soñamos y más bien regaña de encontrase en una situación que lo ha empujado a esta confesión autobiográfica: …”y no sé descifrar los rostros que me miran / las palabras que me hablan / los silencios que me quieren / por eso creo que la vida es una mierda / un pedazo de locura atravesando los desiertos…”. Es decir, el escepticismo se ha incrustado muy a fondo, la esperanza va perdiendo sus tonalidades y la fe apenas es una bruma telarañosa: “la muerte llameó así / infinidad de veces / como una luna en el cielo / en esa noche fatal de la memoria / cuando los pasos no llegaron a ningún muro de lamentos / a ningún gallo que cantó tres veces en el alba / y mintió-mintió y mintió / hasta las vísceras más atroces de las celdas / enredándose en las propias telarañas de su angustia / en aquellas ruinas persistentes y heladas del camino…”.

El mundo ha fracasado y ha cambiado para peor. La desesperanza conduce al vate por las sendas kafkianas Del absurdo y la desesperanza, título que vincula a la obra del gran escritor checo del siglo XX, cuyos libros de cuentos La metamorfosis y La condena publicó aún en vida, pero cuyas novelas El proceso, El castillo y América América (novela inconclusa)  fueran editadas gracias a la desobediencia de Max Broad, amigo albacea de Franz Kafka quien no acató su último deseo de incinerarlas. Como se conoce, la obra del escritor checo que escribía en alemán y en perpetuo conflicto con su padre, desdeñado de amores y afectado por la tuberculosis que lo condujo a la muerte viviendo sus últimos días en un nosocomio para tebecianos, es una obra que nos enfrenta a la búsqueda absurda de nuestra conciencia del pecado original, al sentimiento de culpa y a la búsqueda permanente de los caminos de la justicia para el hombre, de los inaccesibles caminos de la justicia. No olvidemos que Kafka fue judío en una época de desdén y persecución para los de dicha etnia.

Juan Cristóbal también padeció persecución y segregación por sus ideas y hasta hora es víctima de una irremediable marginación de lo que se ha dado en llamar el canon cultural del país, elaborado por un cenáculo de mediocres que piensan que van a sobrevivir en la historia borrando de un plumazo a valiosos creadores y levantando su propio parnaso de falsos dioses de pacotilla.

Espero haber coadyuvado en el rescate de una de las voces más valiosas de la poesía peruana contemporánea, para ello sumo el testimonio del poeta fundador del Movimiento Hora Zero, Jorge Pimentel, quien apenas terminó de leer la obra materia de esta nota, me expresó su beneplácito por ella considerando que Juan Cristóbal había alcanzado una indudable madurez poética. No me queda sino recomendar la pronta recopilación de sus obras completas por parte de algún acucioso editor, para así poder realizar un sesudo estudio sobre este importante poeta peruano. Además de recordarle que no podemos quedarnos en la quinta puerta del infierno del Dante, donde se decía: aquí se perdió toda esperanza.

jueves, 7 de octubre de 2010

El Nobel para un noble escritor peruano: MVLL

El muy merecido otorgamiento del Premio Nobel de Literatura a nuestro afamado escritor Mario Vargas llosa, ha terminado por iluminar a toda la ciudadanía peruana que estaba viviendo entre las brumas de una campaña electoral desmoronadora de conciencias y luego que un gesto enaltecedor el escritor peruano renunciara a la dirección del Museo de la Memoria ante una nefasta ley que pretendía dejar en la impunidad a los criminales de Estado surgidos durante la guerra sucia que nos asolara. La ley 1097 fue derogada en el Congreso en forma unánime, salvo el único voto en contra dado por el actual vicepresidente de la república, vicepresidente Giampietri.
Pero no empañemos el regocijo de este merecido galardón ganado por nuestro más grande narrador de todos los tiempos.  Recuerdo que en el año 2001, en el encuentro realizado en la Universidad de Pau, en los Pirineos franceses, certamen organizado por el peruanista galo Roland Forgues, presenté una ponencia titulada “Aproximaciones a una clasificación narrativa de Vargas Llosa” que publicada en Lima por la Editorial Minerva que dirige Sandro Mariátegui terminaba así:

Esta clasificación de la narrativa de uno de los más grandes escritores del siglo XX (….) hecha a partir de un lector impenitente de su narrativa, llegado a este encuentro para tratar de desentrañar ese  vínculo de amor/odio que nos une (a los peruanos) a este inmenso y controvertido escritor peruano que si bien no llegó a ser Presidente del Perú, preside, querámoslo o no, las letras peruanas en el mundo de la literatura.
Finalmente, habría que añadir que su sola obra narrativa es más que suficiente para convertirse, sin mayores dilaciones, en el primer escritor peruano ganador del célebre Premio Nobel de Literatura. Punto sobre el cual no solo  todos los peruanos estamos de acuerdo, sino aquellos que lo  han leído en alguno de los 31 idiomas a los cuales su obra ha sido traducida.
En 1967, cuando apenas tenía publicados tres libros, pude entrevistarlo en Lima, entrevista que consigné en mi libro Altas voces de la literatura peruana y latinoamericana y que también aparece como “Inquietudes, rebeldías y esperanzas” en Mario Vargas Llosa: Entrevistas escogidas, texto editado por Jorge Coaguila en el 2004.
La Editorial Porrúa de México publicó este año el libro Mario Vargas Llosa: perspectivas críticas, donde figura un ensayo mío titulado “Mario Vargas Llosa y sus novelas ejemplares.- Tres en raya”, en el cual trato acerca de sus tres primeras novelas consagratorias: La ciudad y los perros, La casa verde y Conversación en La Catedral. Un comentario a este libro de ensayos puede ser leído en www.resonancias.org   en artículo mío publicado por gentileza de Héctor Loayza, director de esa revista electrónica de literatura editada en Pau, Francia, donde también aparece una sesuda entrevista hecha por una periodista española a MVLL sobre El sueño del celta, su más reciente novela publicada.
Finalmente, para terminar de demostrar mi dedicación a seguir la obra del flamante Premio Nobel, diré que ya está en mis manos, gracias a la Editorial San Marcos que  maneja Aníbal Paredes, la segunda edición corregida y aumentada de Altas voces de la literatura peruana y latinoamericana, donde he añadido un artículo publicado en el diario La República de Lima (edición del 19/11/2001) titulado “Vargasllosianos en Pau en busca del escritor ciudadano y político”. Deseo rescatar el penúltimo párrafo del artículo porque así es como Mario ha recibido el nobel, con sencillez y sin fatuidad:
A sus paisanos este  MVLL  que hablaba de libertad pero con justicia, de gestos moderados, de gran afabilidad, con fino sentido del humor y capaz de hacer su cola para servirse un café, o de cargar sus maletas al mudarnos del austero hotel de Pau a otro igual de Tarbes, y hablando con tanto cariño del Perú al recibir las llaves de ambas ciudades, como el Grado de Doctor Honoris Causa de la Universidad de Pau, nos encandiló. Nada de petulancias ni fatuidades. Mario, que así llegamos a llamarlo todos, llegó a ser, al fin y al cabo, un asistente más a quien a veces se solía ceder la palabra, la que usaba con ponderación y mesura. Ya no solo el maestro escritor sino el hombre de madura sapiencia, como sentenció Héctor Béjar, su antiguo jefe de la célula comunista Cahuide de los años 50. Mario Vargas Llosa es reconsiderado por los peruanos al verlo separado de los carcamanes de la política, defendiendo los derechos humanos dentro de la agenda de una democracia libre.
Mario, aquí el testimonio de unas sinceras felicitaciones de un escritor peruano que quizá desde otra tienda ideológica se regocija de que hayas recibido el ansiado Premio Nobel que todos los peruanos y tus lectores del mundo deseamos siempre para ti y para la literatura peruana. Gracias Mario Vargas Llosa.

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