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jueves, 6 de octubre de 2016

JUAN CRISTOBAL final, memorias

 MEMORIAS: DESEO FINAL. Dos deseos:
-De joven me agradaba tener amigos, conversar, ir a fiestas y que me conocieran, ahora anhelo que me olviden. No me interesa leer, hablar por teléfono, mandar cartas, escribir por internet (a no ser a seres parecidos a mi pasado), ver películas, revisar revistas. Me agrada ver el techo de mi casa, el cielo grisáceo de la tarde, oscuro de la noche, el horizonte inalcanzable del infinito y aburrirme tranquilamente en todos los minutos. Gozo con mi aburrimiento, porque sé que es inevitable, con mi soledad y mi silencio. Saber que mi historia se me ha perdido (hasta los seres más extraños y anónimos tienen papeles que hablan de su vida o de su presencia en esta vida). Que mi pasado y presente son inexistentes, y que el futuro es algo raro y desconocido. ¿Seré un impostor cargado de mentiras? ¿O alguien que cree que la oscuridad (es decir, el olvido) es la única felicidad primaria, original y consecuente de los seres cuando están cerca de su muerte? 
-Cuando tenga que dejar este mundo –ojalá no sea cargado de dolores, ni produciendo una carga infernal de pesares a mi familia- me encantaría que sea en medio de un júbilo familiar, con algunos amigos mirando las retamas. Que se escuche los boleros de Pedrito Otiniano, y la salsa de Lavoe, y quien desee cantarlos que los cante, a viva voz si fuese posible, que se tomen las cervezas que se crean necesarias (y las innecesarias también), y que mi ataúd y paredes estén envueltos con banderas rojas con la hoz y el martillo y la figura del Che Guevara como emblema fundamental en este acontecer inevitable. Al final, desearía ser incinerado y que mis cenizas no sean guardadas, sino arrojadas a un parque o al mar que decida mi familia, pero en medio de un canto único: la Internacional Comunista. Creo que no es mucho pedir, es simplemente un agradecimiento a la existencia y a los seres y sueños que me rodearon, como un sueño rodea las mañanas.

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la esperanza nos espera al pie de un abismo (benedetti)
y cuando soy feliz, veo bailar alondras en el viento.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

JUAN CRISTOBAL . MEMORIAS; DESENCUENTROS CON INTELECTUALES Y POLITICOS MIGUEL GUTIERREZl


MEMORIAS: DESENCUENTROS CON INTELECTUALES Y POLITICOS PERUANOS: MIGUEL GUTIERREZ 
El 28 /6/07 le envíe una carta pública a Miguel Gutiérrez a propósito de una entrevista y declaración que había hecho el 16 de junio y que salió publicada en el diario "Perú21". Con Miguel me unía por esos momentos una buena amistad, pues nos llamábamos de vez en cuando. Yo fui muy amigo de su primera esposa, Vilma, que lamentablemente falleció en uno de los atentados que hizo el asesino de Fujimori contra los penales. En la carta que le dirijo públicamente le digo: "Creo que hubiese sido mejor que precisaras en esa entrevista que te hizo el diario Perú21 el 16 de junio los siguientes puntos: a) si sigues siendo marxista, b) tu cambio respecto a la apreciación de la obra literaria (esta tiene que ver con lo que decía en su libro "La generación del 50: una generación dividida", y la que tenía en esos momentos:JC), c) la incompatibilidad –para ti-entre socialismo y novela, pues todo lo que afirmas es falso por lo siguiente: ser marxista es creer en la lucha de clases y en la conquista del poder (Miguel, en la entrevista decía, entre otras cosas, que era solamente alcanzar "la justicia social"), y eso para ti está lejano. Tu respuesta podría ser suscrita por monseñor Bambarén. Toda obra literaria no sólo puede o debe ser enfatizada desde la dimensión del placer, como señalas, sino también desde la óptica de su contexto social y del mensaje que desarrolla. Obviamente, debe tener una carga estética valorativamente importante, tanto en sus ideas como en sus lenguaje y técnica que desarrolla.. La incompatibilidad entre socialismo y novela para ti es comprensible, después de lo anteriormente esbozado, porque ya estás en "la otra orilla" del pensamiento marxista, aquel que defendías desde el grupo Narración y en tu ensayo sobre la generación del 50" Hasta aquí la carta. Como pueden constatar dicha carta tiene su sustento en la primera edición del libro de ensayos al que cito de Miguel y después en su segunda edición, donde en el prólogo las ideas son totalmente diferentes. Después de esta carta Miguel no me volvió a hablar. No nos volvimos a dirigir la palabra.
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miércoles, 1 de junio de 2016

JUAN CRISTOBAL . LLAMADO A LOS TRABAJADORES DE LA CULTURA DEL PAÍS

LLAMADO A LOS TRABAJADORES DE LA CULTURA DEL PAÍS / juan cristóbal
El movimiento político fujimorista representa (y representó) para el país no sólo corrupción, falsedad, mentiras e ignominias, significa y significó también muerte, humillación, explotación, desapariciones, abuso contra los seres más desprotegidos de nuestro pueblo. Pero representó y representa algo más profundo y execrable: la quiebra, el rompimiento de nuestra espiritualidad cultural, es decir, la ruptura más procaz y desvergonzada con nuestro pasado, con nuestra memoria histórica y política, con nuestro SER cultural.
Por eso los TRABAJADORES DE LA CULTURA, desde la trinchera en que se encuentren, deben impedir que un movimiento de la naturaleza que mencionamos llegue o pueda llegar a gobernarnos y convertirnos en el latrocinio o burdel que pretenden con la historia que representan.
Los Trabajadores de la Cultura del País no debemos estar al margen de este tipo de actitudes y denuncias, porque no solamente son justas e importantes, trascendentes para nuestro desarrollo cultural, en el más amplio sentido de la palabra, sino porque también significan que deseamos un nuevo horizonte para nuestro país y ciudadanos, ya que somos parte de ese horizonte. Un horizonte donde el corazón y la solidaridad humanas sean el acorazado de nuestro pensamiento. Para no permitir que gavillas delincuenciales se vuelvan apoderarse del país y llevárselo a las cuevas más monstruosas del abismo de la nada y hacer un vacío con nuestra realidad. Porque el fujimorismo es ello: un salto al abismo y el vacío más pernicioso de la nada.
El compromiso de los Trabajadores de la Cultura del País no sólo debe pasar por una Marcha(que es también importante), sino debe continuar por los caminos que merecemos como seres humanos, ya que también luchamos por objetivos fundamentales, solidarios y equitativos de la Nación. La unidad no sólo debe pasar por los caminos sociales y políticos, como ejes separados o coadyuvantes, sino también debe transitar por lo cultural, ya que lo cultural atraviesa todas las áreas de nuestra sociedad, conciencia y realidad, pues ella refleja de manera innegable la diversidad social y cultural que representamos: “Todas las sangres”, como decía Arguedas.
Haberse comprometido con la marcha de ayer (31 de junio) debe ser una lección permanente de consecuencia para comprometernos, día a día, con el futuro de nuestro país. Este debe ser nuestro compromiso totalmente irreductible y realizable. Que, parafraseando una frase célebre, podemos repetir, “la historia, si no hacemos lo que nos toca, también nos juzgará”


 

sábado, 30 de enero de 2016

JULIO NELSON : JUAN CRISTOBAL Y SU ANTOLOGIA


JUAN CRISTOBAL Y SU ANTOLOGIA
Por Julio Nelson
(27/1/2016)
Cuando Juan Cristobal irrumpió con sus versos en los ámbitos de la poesía peruana, alla por los años sesenta, hubo una conmoción por la novedad y la calidad de sus poemas. Si en la narrativa se habla de lo real maravilloso, pues lo real maravilloso impregnaba los poemas de Juan Cristobal. Esto es, imagenes de gran fuerza lirica que en su conjunto revelaban un núcleo real. Como en los oleos de Paul Cezanne, pinceladas de tonos fuertes y aparentemente desarticuladas pero que en su conjunto forman una imagen esplendida. En el caso de Juan Cristobal, el conjunto de versos, transmiten intenso amor por los seres queridos, nostalgia por la desaparición de parientes o amigos del alma, desazón por las penurias e injusticias que padecen las mayorías, esperanza en la conquista de un mundo mejor. Todo ello expuesto en imágenes de deslumbrante belleza.
Conforme avanzaba en edad y publicaba nuevos versos, Juan Cristobal ha ido decantando su escritura, para entregarnos, como en el caso de Paul Eluard, imágenes más cerca del sentir consciente. Y este es un fenómeno indefectible en los buenos poetas surrealistas. Los nobles sentimientos que habitan los poemas de Juan Cristobal nos tocan, asi, más de cerca, pero siempre con la misma calidad que distinguen a sus pomas de los primeros tiempos.
La antologia que Juan Cristobal nos presenta esta noche, bajo el titulo de Memorias de un desaparecido, es una sabia selección de los versos intensos y profundos de uno de las mayores voces de la generación del sesenta.
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miércoles, 1 de febrero de 2012

JUAN CRISTOBAL : CHACHO EN EL HORIZONTE

Se cumplen diez años de la desaparición de Cesáreo “Chacho” Martínez, poeta nacido en  en 1945 y desaparecido un 27 de enero, a mitad de la mañana, y parece que fuese ayer cuando conversábamos en la esquina del parque Fraternidad, en San Miguelito, donde vivió un buen tiempo, cerca de mi casa, donde me contaba que a los 19 años terminó sus estudios secundarios y que llegó a Lima en 1964, pensando que en las calles también crecían naranjas y palomas.


Chacho, me pareció un ser permanentemente lanzado al infinito, por eso vivirá por siempre en el horizonte de nuestras vidas. Y motivos y razones no le faltan. Un hombre que vivió explosivamente y que murió de la misma manera, pensando, tal vez, en las cinco y múltiples esperanzas que tiene esta vida para entregarnos a ella a pesar de sus oscuridades y desgracias. Alguien que nació en Arequipa, en Cotahuasi, mirando los cóndores del Colca, y que fue y es a esa tierra lo que el viento es a la naturaleza y a la cultura de nuestra patria. Que le impacientaba las injusticias contra los más pobres y humillados de su patria, que apoyaba con su propia vida los paros y las huelgas de los trabajadores del país (y no de una manera coyuntural), que era un digno inmigrante y no un simple emergente (como lo demuestra su conmovedor y desgarrante libro “El sordo cantar de Lima”, tan poco comentado y que hoy debería ser una lectura obligatoria para los partidos o militantes de izquierda, que conocen tan poco este sector), que estaba atento a los latidos de la realidad y de la vida cotidiana y de sus amigos, alguien que cuando miraba de costado y se sonreía con una cierta carga de ironía era un peligro inminente, pues podía explotar volcánicamente para rebatir los argumentos que no consideraba dignos del adversario, alguien que no era un cantor, pero que cuando se le encendía el cielo de sus ojos y las nostalgias de los recuerdos nos podía entregar las melodías más tiernas y amorosas de alguna canción andina, no se puede olvidar tan fácilmente, porque su poesía y su vida no se callan.



Nuestra amistad duró años, tuvimos muchas jornadas de lucha y de contradicciones (jamás de alejamientos), de lecturas de poemas, de hablarnos sobre nuestros proyectos literarios y personales, de nuestros amores escondidos y muchas veces rechazados, de beber eternamente algunas cervezas en el día o en la noche, en el mar o en algún pueblo joven o en alguna esquina clandestina o casi innombrable con las fieras más terribles del planeta, no puede desaparecer, así porque así, del sentimiento de nuestros días, del calor de nuestra memoria, de la realidad de nuestras entrañas. más aún, cuando alguna vez convenimos, después de una pequeña pero intensa duración, que morir era vivir más tiempo y mejor, a pesar del tiempo invisible de la desaparición. Era, tal vez por eso, que en la presencia inaugural de un Año Nuevo, a las 5 y media de la mañana, como diría el angelical García Lorca, en presencia de Hernán Alvarado y de un árbol frondoso y lleno de años arrugados, nos dimos un beso de amigos y la gente que nos vió (siempre tan mal pensada) creyó que estábamos actuando para una película norteamericana, cuando solamente era una escena para “Pasaron las grullas”.

Como no recordar, antes de su partida, que presentó una antología mía y que me dio a leer su último libro (que nos costó tanto publicarlo por las tantas absurdidades de la burocracia del ministerio de educación y de algún otro organismo fantasmal), que, lastimosamente, los críticos o reseñadores culturales tampoco lo han comentado, que lo han ignorado de la manera más innoble posible no sabiendo lo que se pierden y lo que hacen perder a los lectores. Cómo olvidar las parodias que hacía del tío “frejolito” y de los líderes de la izquierda cuando no querían llegar a la toma del poder y cambiaban, en cada acto electoral, un nombre de la consigna central. Como recordamos, la consigna central de la Izquierda Unida en su primer momento era “Por el camino de Mariátegui, Luis de la Puente Uceda y Guillermo Lobatón”, para al final quedarse sólo con el nombre del Amauta.


De Chacho se podrían contar innumerables anécdotas e historias, porque fue un hombre lleno de vida y de amistades, por ejemplo con el inolvidable Paco Bendezú, cuando viendo alguna película en el cine o en la TV o algún hecho de la vida callejera, hacían frases poéticas o irónicas que el otro terminaba y empezaba, para que el otro volviera a terminar y empezar. Como olvidar su amistad entrañable con Juan Ojeda, el mejor poeta del 60 para acá y para allá, con Alfredo Portal, el temible bucanero navegando permanentemente por los muelles de Lima con su querido Volks Wagen, con Rosina Válcarcel, la cual recibía infaltables llamadas cuando su recuerdo le llegaba con las estrellas de la noche, con Patricia del Valle, la del andar y hablar pausado como tratando que jamás termine el día y una de sus musas predilectas, con Walter Tinta, el geólogo de nombre imborrable. Como dejar de mencionar a su hijo, Agustín, a quien amaba como sólo un hombre parado en el corazón del horizonte puede amar al que lo va a proseguir, de alguna u otra manera, en este paraje duro de la existencia.


En fin, también podríamos hablar de los fantasmas, de las dudas, interrogantes que le recorrían sus recuerdos y la piel maltratada de su patria, materia prima de su ardorosa poesía, pero eso será para un próximo homenaje, cuando el otoño, el glorioso otoño de siempre, nos haya hecho pisar el palito herrumbroso de sus días y estemos en el sinfín del paraíso de la buena o mala suerte, pero con generosas amistades, y no importa si con desenfrenadas y celestiales compañías

jueves, 20 de octubre de 2011

JUAN CRISTOBAL : PROPUESTA A UN PROYECTO CULTURAL


PROPUESTA A UN PROYECTO CULTURAL

por juan cristóbal

Dadas las circunstancias actuales del país y del mundo en general, es indispensable que en todo análisis o visión política para el cambio de un país, se incorporen, aparte de los aspectos económicos, sociales y educativos, los aspectos culturales, como forma de Proyecto Cultural. Que es lo que estamos haciendo, dejándolo en consideración para su discusión, ampliación, modificación, críticas, etc.

En este Proyecto hemos tenido en cuenta, para su elaboración, dos cuestiones que nos parecen sustanciales: a) la tradición histórica de nuestras bases culturales, y b) la propuesta que realizamos para la actual situación. Pues ambas, aunque algunas ópticas lo nieguen, se encuentras íntimamente relacionadas-

Obviamente, para llegar a conseguir resultados favorables, es necesario tener en cuenta con qué ideología vamos a trabajar, qué  métodos y herramientas sociales debemos utilizar, sin dejar de puntualizar –lo que dependerá de cada momento específico- algunas consideraciones fundamentales en este tipo de percepción y perspectiva:

a)     propuesta y discusión del proyecto cultural con todas las organizaciones de base, su  aprobación y praxis cultural
b)    cuota de poder para las organizaciones culturales,  niveles de decisión
c)     tipo de cultura a desarrollar dentro de una perspectiva estratégica y coyuntural
d)    tipo de relación cultural con los países de la región y a nivel internacional

Todo lo cual debe ser entendido considerando la naturaleza y la historia del país, sus clases y estratos sociales, sus diversas organizaciones étnicas y sociales

Pasaremos a continuación a desarrollar la PROPUESTA DEL PROYECTO CULTURAL.

Queremos dejar en claro que, como escritores que somos, cuando nos referimos a nuestra matriz, la literatura, también debe entenderse que nos estamos refiriendo a la cultura en general.

MARCO REFERENCIAL DE NUESTRA CULTURA


A) A nivel històrico

Desde la Conquista, pasando por la Colonia, la Repùblica, hasta el dia de hoy, nos han expropiado la palabra. Pasò a convertirse en herramienta dominadora de los dominadores. Y como dice Manuel Scorza, la palabra es poder. Y la expropiación significò y significa que nos manipularon y deformaron el pasado, y lo siguen haciendo hasta el presente. Por lo tanto, hay que recuperar la palabra, la memoria y el pensamiento para no seguir siendo “esclavos felices”, puesto que la palabra, como lo reafirma Scorza, es la ùnica que puede corroer la estructura del poder capitalista, porque recuperìamos nuestro ser, que fue una exterminaciòn profunda incluso peor que el pillaje material, ya que por esa vìa todo lo borraban. Asimismo, la palabra nos ayuda a imaginar el futuro, porque para llegar a èl se necesita imaginarlo. Es cierto, que hubo resistencia y la hay, (Arguedas es el paradigma) pero necesitamos reconocer y memorizar el pasado para pasar a la ofensiva.

B).A nivel ideològico

Reconocer que el escritor trabaja en la superestructura ideològica, eso no significa que no pueda apoyar o militar en las causas populares, lo cual es una decisión totalmente personal y jamàs debe ser impuesta o reglamentada. La realidad es màs importante que cualquier arte realista. Y, como afirma Petras, estudiar su historia, realidad y cultura es importante. (¿Cuàntas horas dedicamos a esto? ¿Cuàntas a comprometerse con su realidad?).

Por otro lado, hay que desarrollar una literatura que cuestione el sistema y busque el desarrollo de lo popular y nacional, para construir nuestra identidad nacional. Tambièn sin ningún tipo de recetas, cada quien desde su punto de vista y desarrollo y sensibilidad personal.

El papel del escritor comprometido con su pueblo (sea cual fuese su ideología)  incide, en forma importante, en la formación y desarrollo de la conciencia, por lo tanto, en la subjetividad de las luchas populares. Y si tiene acceso a los grandes medios de comunicación, mejor, porque aparecen como modelos de comportamiento, lìderes de opinión, y con sus ideas pueden ayudar a socavar la hegemonìa depredadora burguesa y capitalista.

Esta formación de la conciencia es clave, porque puede ligar el descontento con las luchas sociales, es decir, contra la clase dominante. La ambigüedad de muchos intelectuales que se dicen progresistas o de izquierda se debe a esto.

C) A nivel estètico

El capitalismo convierte todo en mercancía, incluso el conocimiento, ya que todo lo ha parcelado. Para hacer frente a ello, Roberto Miro Quesada, dijo, “hay que aprehender la realidad en su totalidad”.

La obra de arte refleja un momento determinado de la historia, pero no refleja tanto a una clase, como la situación de esa clase en ese momento determinado (sus conflictos, contrariedades con otras clases, etc). De allì su pasividad y sus tensiones al mismo tiempo. Una precisiòn: no hay que considerar a las clases como homogèneas, sino son encuentros de clase que son cambiantes y movedizas, ya que cambian con el tiempo y pueden ser en algún momento fuertes y en otros dèbiles. Para Marx, por ejemplo, cuando un escritor trasciende su clase puede reflejar y revelar acertadamente la naturaleza de su sociedad y las relaciones sociales. (“He conocido màs de la burguesìa francesa y sus miserias leyendo a Balzac y no a sus historiadore”). Y Lenin, respecto a Tolstoi: “Con su mano derecha construyò una prèdica religiosa embrutecedora del pueblo y con la izquierda las pieza màs profundas respecto del zarismo y su perversidad”. Luckacs creìa que el escritor nunca trasciende su clase, sòlo la refleja.

Toda crìtica (marxista o no)  tambièn debe ser totalizadora, no debe moverse sòlo en una direcciòn. Por ejemplo, del texto a la ideología. Lo que debe tratar es unir todos los niveles: la conciencia del escritor, las ideas, las relaciones sociales, las productivas, etc. Igualmente el consumo, la distribución. El que la literatura sea una parte de la superestructura no la hace un simple reflejo de la base econòmica. El arte y la literatura tambièn comprometen los niveles de la conciencia del hombre y son (estos niveles) la materia prima de su producción literaria. Por esta misma vìa podemos derivar que el desarrollo material y el arte no es una situación lineal. Grandes desarrollos materiales no producen grandes obras de arte. EEUU, Europa en la actualidad no la hacen y si las Amèricas mestizas.

De donde derivamos que la literatura es un mundo tan sensible y misterioso que tiene sus propias leyes y no puede haber ningún tipo de aseveración mecànica para producirla o juzgarla. Puede ser influenciada, pero no determinada. Hay ejemplos universales de autores de obras valiosos como Conrad, Elliot, Pound, Borges, Vargas Llosa aunque de ideologìa reaccionaria. No todo es blanco o negro en el campo de la literatura.


D) Sobre el problema de la cultura

A partir de la Segunda Guerra Mundial se han planteado diversas explicaciones para entender a la Amèrica Latina y sus cambios sociales, pero ninguna ha diagnosticado el desarrollo y los cambios en la cultura y sus diversas crisis respectivas, producto de las econòmicas.

La cultura ha estado tambièn sometida al saqueo de los centros imperiales, que, a partir del gran desarrollo tecnològico puede elaborar e incrustar nuevos datos perniciosos en las formas pragmàticas de la cultura.

Si el intercambio desigual empobrece a las economìas del Tercer Mundo, el mismo intercambio empobrece màs a la cultura, y es màs dañino, pues el deterioro econòmico puede ser recuperado, pero el deterioro cultural no, pues puede ser definitivo, favorable a la dependencia cultural, que es màs honda y sutil que la econòmica, pues crea cadenas de sometimiento de valores y patrones de conducta ideològicos que marcan a generaciones enteras.

No es tampoco un secreto que la austeridad fiscal corta los presupuestos de educación, salud y cultura, por lo que se producen graves erosiones en diversos campos de la cultura: actividades, subvenciones, tareas de investigación, etc. Y esta erosión permite la penetración de elementos culturales diseñados y originados en los centros de poder.

Todo esto permite, por otro lado, el aumento de la prostituciòn, la drogadicción, el alcoholismo, la violencia callejera, la delicuencia, en un medio cada vez mayor sin valores, descohesionado, sin dignidad y sin ningùn medio de subsistencia.

Ello significa, que mantener, recrear y desarrollar la cultura en nuestro paìs es una labor muy costosa. Y si a esto se le añade el acelerado deterioro del nivel de vida, seràn menos las posibilidades.

Por todo esto, hablar de cultura y no hablar de economía no es posible, es una farsa y una mentira. Tener una posición frente a la deuda externa, frente al intercambio desigual, es levantar las banderas de una postura cultural de avanzada, pues es pedir el cambio del sistema explotador.

E) A nivel polìtico-literario

En AL y en el paìs hay diversas clases sociales con sus respectivas subdivisiones. Hay tambièn muchas etnias culturales. Estas expresiones sociales se expresan en la literatura, es decir, en el campo ideològico, por lo tanto en la forma de expresar los mensajes y la palabra. En tèrminos generales, podemos decir que es la disputa de dos grandes cosmovisiones, producto de la lucha de clases: la del individualismo, la del fracaso, la del mantenimiento del sistema, y otra, la del cambio, la de la rebeldìa, la del combate, la de la solidaridad, la de los actos colectivos, la de la subversión del sistema. Si tuvièsemos que graficar estas cosmovisiones con nombres propios, dirìamos que Vargas Llosa pertenece a la primera y Cesar Vallejo, José Carlos Mariátegui y Josè Marìa Arguedas a la segunda.

Muchos intelectuales, antiguos y modernos, de izquierda, populares o no, legitimizan la cultura y literatura burguesa, es decir, su dominio hegemònico, su prestigio y legitimidad. Y eso lo hacen a travès de las acciones siguientes (como dice Petras):

Mediante su “congelamiento” frente al sistema, manteniendo perfil bajo, convirtièndose en apoyo del sistema. / No cuestionando el sistema, o hacerlo sòlo a travès de las palabras en el cafè o en el bar. O a travès de las ONG, a esta izquierda ligada a estos organismos se le conoce con la denominación de “izquierda caviar”./ Poner poco esfuerzo para la labor creativa a favor de las luchas populares./ Escribir sin ninguna perspectiva de cambio o denuncia social. / Avalar el arribismo mediante su propio comportamiento o el de los otros./ Entregarse a las distorsiones y desviaciones ideològicas. / Entregarse totalmente al enemigo.

Entregarse al enemigo, que se puede producir de diversas maneras:
-Alquilàndose (estar bien con dios y con el diablo).
-En soledad (preferencia por no salir de casa o sólo leer libros)
-En angustia permanente (no encontrar salidas, ignorar las luchas del pueblo).
-Los pesimistas (recordar siempre las derrotas històricas y acomodarse en el sistema).

Angel Rama, en su polèmica con Vargas Llosa, decìa: “Hay que cuidarse del lenguaje teològico y de los tèrminos adecuados para la realidad històrica. El lenguaje teològico reedifica la tesis idealista del orìgen irracional –sino divino, al menos demonìaco- de la obra literaria, y no como trabajo humano y social. Hay que cuestionar los parámetros estèticos europeos con que se interpreta nuestra realidad. Hay que saber teorizar sobre la obra y sus resonancias y no ser sòlo creadores. Es una manera de manifestar responsabilidad porque nos debemos a una comunidad. Cuestionar a los que creen que la literatura no puede ser abordada críticamente igual que otras producciones textuales (como una teoría filosòfica, una revista de tiras còmicas, un manual de zoología, un reportaje periodìstico, etc.)…Por lo tanto, hay que definir lo americano, lo peruano, en las diversas producciones culturales. El escritor es un productor de discursos que canaliza los valores de su cultura y no un disidente permanente. Su obra es una manifestación social y no una obra individualista, El mestizaje no es tanto el derivado biológicamente de varias etnias, sino el que es curtido en el contexto del nuevo continente y que produce un discurso y un lenguaje que expresa esa nueva manera de estar en el mundo, de actuar como un ser que crea nuevas relaciones en su entorno y nuevos productos culturales…Hay que admitir la racionalizaciòn de los temas y producciones culturales, incluyendo a la propia literatura. Este es el camino de la modernidad”.

Y respecto a la libertad de creación y a que el escritor es un disidente permanente, Mario Benedetti afirma: “El escritor no puede ser siempre un buitre (como dice Vargas Llosa). Lucha porque se establezca un règimen de justician social. Una vez logrado èste, ya no es cuestión de seguir siendo un buitre, porque la justicia social ya no serà carroña, sino campo feraz. Serà un crìtico permanente, pero dentro del campo de lo conseguido. Por otro lado, el escritor, por su sola condiciòn, no goza de ninguna inmunidad, de ningún derecho sacrosanto. En la lucha social su derecho debe ser ganado como el de cualquier combatiente, o sea, corriendo su riesgo, comprometiendo su destino”. Y màs adelante dice: “La libertad existe a partir de nuestra dependencia. ¿Podemos frente a esta malversación, caer en la trampa de la objetividad? ¿Objetividad para què y para quièn? ¿Podemos ser objetivos mientras el enemigo prohibe, encarcela, confisca, castiga, desaparece, porque se exige una información veraz y dar una opinión verdadera?”. A lo cual podemos agregar lo que Chomsky sostiene: “En un paìs de mentiras y mentirosos, decir la verdad es un acto revolucionario. Es falso que hay que hablarle con la verdad al poder, porque ya la conoce y la oculta, A quien hay que hablarle con la verdad es al pueblo, a quien el poder oprime”.

Y en cuanto al dilema creaciòn literaria y militancia revolucionaria, es màs teòrica que pràctica (al decir de Juan Gelman, poeta argentino), ya que hay infinidad de casos en que las dos conductas han coincido perfectamente. En el Perù: Melgar, Vallejo, Carlos Oquendo de Amat, Xavier Abril, Mario Floriàn, los Poetas del Pueblo en los 50, Romualdo, Rose, Gustavo Valcárcel, Sebastián Salazar Bondy, el Grupo Primero de Mayo, Javier Heraud, Edgardo Tello, Jovaldo, Edith Lagos, etc. Y a nivel internacional, sòlo citaremos un caso: el Che Guevara. Porque, finalmente, todo es un problema de prioridades. 



PROBLEMAS A RESOLVER

Habrán infinidad de problemas a resolver, pero eso sólo podrá realizarse en el trayecto del mismo proceso, con sus contradicciones, conflictos o dudas, pero la única solución será siempre la realidad misma y su práctica real.

Sin embargo, vamos a esbozar algunos problemas que se nos pueden presentar de manera inmediata:

¿Cómo entender la cultura: la culta y la popular?
¿Qué relación hay entre cultura nacional y popular?
¿hay posibilidad en el país de desarrollar o entender una cultura nacional? ¿una cultura popular como nacional, partiendo de su diversidad cultural?
¿Qué relación hay entre cultura y lucha ideológica, como conflicto entre las elaboraciones de las distintas clases sociales? ¿Cómo entiende cultura cada clase social?
¿Qué relación hay entre cultura e identidad?


ALGUNAS RESPUESTAS

En este punto  solamente tratamos de deslindar o visualizar algunos campos teóricos, que ya se encuentran en el campo de las polémicas, para su comprensión y posterior discusión y  aportes individuales y colectivos.

Lo nacional en literatura (o en la cultura culta y popular). Mariátegui planteaba dos formulaciones: a) que la literatura (o la cultura) peruana era no orgánicamente nacional, b) que la literatura (o cultura) peruana era un proceso: colonial, cosmopolita, nacional.

Antes de JCM la literatura se entendía como unitaria, pues si no hay unidad –se decía- no hay literatura nacional. (Riva Agüero: “lo que no es hispánico no es nacional”. Esto valía también para la Nación,  Lo indígena era “lo exótico”. Pero no sólo era marginar lo indio, sino también borrar lo popular, para quedarse sólo con lo español).Todo se redujo a saber si somos una cultura nacional o no, o sea una unidad cultural. Y eso era un planteamiento indebido, pues se sabía que en la realidad lo que existía era lo contrario: multiplicidad, diversidad, contradicciones.

Luego viene un segundo momento de Riva Agüero, la primera ola nacional, que habla del mestizaje,  que trata de invalidar la categoría de lo hispánico. Otros lo trabajan como un elemento de conciliación, y eso no es verdadero. Pero en el mestizaje hay que distinguir dos cosas: a) el mestizaje real y b) la ideología del mestizaje. La idea de mestizaje no es uniforme. Para el caso literario podemos mencionar hasta tres acepciones: José Gálvez afirmaba que la cultura peruana y nuestra literatura tenía que ser mestiza para ser genuina, y él consideraba que este mestizaje estaba constituido por una base hispánica y algunos ingredientes indígenas, es decir, un mestizaje desbalanceado y desarmónico. Federico More emplea el mismo concepto, pero lo opuesto, una base indígena y algunos componentes hispánicos, y la base tenía que ser la base quechua o aymara. More representa el indigenismo puneño y Gálvez el criollismo limeño. Hubo un tal Deustua que decía era absurdo pensar que el indio podía ser algo más que una máquina. Lo que hay que rescatar es que tanto More como Gálvez insisten en ver la nacionalidad, concretamente la literatura, como una unidad. Pero tal vez la expresión más extrema de esta tesis sea la de Luis Alberto Sánchez. En su polémica con JCM propugnaba el “peruanismo totalista”, que era una pura abstracción, según la cual la síntesis del mestizaje sería de un 50% hispánico y el otro 50% indígena. De esta forma reforzaba la idea de unidad. Una unidad irreal.

En cuanto a la ideología del mestizaje, se postula que bastaría la realización del mestizaje para que se resolvieran los problemas culturales del país. Sería una especie de conciliación de clases, como síntesis no conflictiva, como armonía entre grupos étnicos que también son dependientes y padecen opresión, es una forma de imaginar la conciliación por encima de los conflictos reales. Expresa también, esta tesis, una visión oligárquica (Ejm: Chocano, afirmando su doble ancestro imperial, incaico y español), pero más claramente expresa la ideología de una burguesía en ascenso, que representa a otras clases, a las que a su vez subordina para legitimar su poder ante la oligarquía hispanizante.

No se puede hablar, pues, de cultura o literatura nacional, ni de nación, si no se afirma una unidad que no existe.

Con JCM cambia radicalmente la reflexión sobre el problema de lo nacional, incluyendo la literatura nacional peruana. Es el primero que cuestiona la legitimidad de la categoría de unidad como supuesto indispensable para pensar los problemas de la nacionalidad. JCM no inventa una realidad, sino la observa y la explica. Cuando habla de literatura peruana “no orgánicamente nacional” (funda una forma nueva de entender nuestra literatura) es porque consideraba que había varias literaturas, otros sistemas literarios, y todas ellos tenían carácter nacional (la quechua, la aymara, la culta español) y todas son peruanas y nacionales. De esta forma acepta la desarticulación de nuestra cultura, y por ende nuestro múltiple rostro social. Al aceptar la pluralidad nos enriquecemos y además somos fieles a lo que somos.

Para hablar de nacional se requiere aceptar la unidad. Pero se puede hablar de fenómenos nacionales dentro de la pluralidad.
(El concepto de Nación Cultura Nacional y Unidad fue creado en España y en otros lugares de Europa, a partir de estados nacionales que tenían unidad y relaciones homogéneas. Nosotros no tenemos Nación en ese sentido, por ser plurales. Por lo tanto, el concepto de Nación, en el caso nuestro, debe replantearse, porque tenemos una peculiaridad histórica diferente).

El concepto clave de la comprensión de nuestra literatura (cultura) es el de pluralidad. Porque es reconocer el derecho de las culturas oprimidas a seguir siendo culturas diferenciadas. A seguir manteniendo su propia identidad, su derecho a defenderse de la dominación y la alienación con que se les quiere liquidar o asimilar siempre en inferioridad de condiciones, dentro de la cultura dominante. Es cierto, la pluralidad puede crear otros problemas (y de hecho los crea), pero no por eso la vamos a liquidar, pues es parte importante de nuestra riqueza, pues aunque las culturas o literaturas no tengan relaciones concretas entre sí, participan de un mismo curso histórico que es la historia social del Perú. Yo llamaría a esto “totalidad concreta”, “totalidad histórica”, “totalidad conflictiva”. Se sobreentiende que el concepto de totalidad no inhibe las contradicciones, al revés, la totalidad a la que aludimos está hecha de contradicciones, sin ellas no existiría. El problema es saber cómo estudiamos y comprendemos esta pluralidad o totalidad, cómo nos escapamos de la tradición occidental para pensar en nuestra nación como una multiplicidad

La pluralidad de literaturas nacionales fue llevada a su máxima expresión por Arguedas (“cualquier hombre no embrutecido por el egoísmo puede vivir en el Perú todas las patrias”, Zorro de arriba y zorro de abajo). Esto nos permite cambiar la visión de la literatura y cultura peruana. Y Arguedas continúa: “si en el Perú todos fuéramos iguales, si hubiese unidad, si no hubiera pluralidad, todo eso sería pura “huevadez humilde”.

Hasta ahora la literatura peruana era escrita en español, dejando de lado la literatura oral. Al recuperar la pluralidad se la tiene que pensar como un sistema múltiple, en el cual hay subsistemas, que guardan relativa independencia entre sí. Nuestra literatura es, pues, la combinación inestable de varios sistemas cuya combinación tampoco es estable.

Literatura nacional es un proceso en el cual una literatura que no es nacional llega a ser literatura nacional. Literatura nacional es una categoría histórica: como desarrollo de un proceso: negación de lo nacional, pasando por la superación del cosmopolitismo, que es un paso de lo colonial a lo nacional, que es la superación de ambas.

JCM encuentra lo nacional en dos puntos: a)en aquello que reproduce y reivindique lo indígena; b) en aquello que reproduzca y reivindique el contenido popular. JCM asociará siempre lo nacional con lo popular, porque en última instancia es en lo popular donde se encuentra el verdadero rostro de lo nacional. Lo nacional es lo popular. En el país lo popular es preferentemente lo indígena. Lo indígena representa lo popular. Pero lo nacional no es todo lo peruano. Ahora bien, hay una cultura y una literatura que aunque se producen en el Perú son profundamente antinacionales porque representan y ponen en circulación intereses no sólo ajenos sino opuestos a los verdaderos intereses nacionales. Dentro de lo peruano hay, entonces, elementos antinacionales (la oligarquía, cierta burguesía). Hay literatura peruana nacional y antinacional. Y lo nacional se realizaría más plenamente en el socialismo. Lo más nacional será siempre lo más revolucionario.



TAREAS

                                                       
Cada región o espacio social, cada coyuntura, cada tiempo histórico tendrán sus propias y singulares motivaciones para la expresión artística. Lo importante es que se tenga conciencia de lo que se está realizando es para el bien colectivo, ya sea revelando las angustias o desesperanzas del pasado, ya abriendo cauces a nuevos anhelos y esperanzas. 

Las sugerencias que presentamos, para todo artista comprometido con el horizonte de su pueblo, pueden parecer un orden esquemàtico. Y lo son. Que cada quien lo acomode como crea necesario y conveniente.. Pues cada óptica cultural, que funcione en bien de las mayorías, tiene las vertientes que le ofrece su propia realidad y hay que construirla, respecto a ella, como creación heroica, y no de manera dogmàtica o totalitariia..

Tambièn pueden leerse como sugerencias para abrir un cambio de opinión, una polèmica, altruista, importante y respetuosa con los diversos escritores, y no como la que se desarrollò en el Perù, hace algún tiempos, cuando se hablaba con el mayor de los simplismos de “andinos” y “criollos”, sin ir al fondo del problema. Por lo que quedó como una simpleza de bajo vuelo cultural.

1) Todo escritor comprometido con su pueblo debe tener en cuenta su realidad, el desarrollo de su historia, sus conflictos sociales y culturales. Y también su coyuntura. En el caso peruano su formación social es de una “totalidad conflictiva” debido a su desarticulaciòn, como decìa Antonio Cornejo Polar, pues es plural, plurilingüe y multiètnica, lo que cuestiona seriamente la aparente legitimidad de “unidad”. Por eso, Josè Carlos Mariàtegui hablaba de una literatura peruana “no orgánicamente nacional”, ya que consideraba la existencia de varias culturas y de otros sistemas literarios (quechua, aymara, español)

2) El concepto clave de nuestra cultura, y por ende de nuestra literatura, es el de pluralidad, ya que se debe reconocer que  si bien hay una cultura oficial dentro del sistema capitalista,  las diversas culturas oprimidas tienen tambièn  el derecho a ser consideradas como culturas diferenciadas  El concepto de “totalidad conflictiva” no anula las contradicciones entre ellas, entre la oficial y las oprimidas y entre las propias oprimidas,  sino al contrario, las reaviva y se retroalimentan, ya que participan del mismo curso històrico. Este concepto de pluralidad està llevada fielmente en la expresion de Arguedas: “todas las sangres”.

3) No se debe dejar de reconocer ni menospreciar la literatura oral de nuestros pueblos. La pluralidad es el reconocimientos de los sistemas mùltiples en nuestra literatura que guardan relativa independencia entre ellos, aun cuando sean inestables y no tengan un peso decisivo o importante.

4) Recordar el énfasis marxista: la realidad forma la conciencia y no la conciencia la realidad.

5) Por lo tanto, el escritor socialista saber cuàl es la materia prima de su labor intelectual, lo que le permitirà tener una opciòn firme en su trabajo literario. Es decir, hablamos de una conciencia acumulada anterior a su labor creativa, producto de su experiencia social y personal, educación, contorno y condiciòn social, influencias diversas, etc.

6) Reconocer que la lucha de clases no es sòlo social y polìtica. Tambièn es ètnica, de gènero, literaria y cultural.

7) Que nuestra cultura y literatura encierra básicamente dos vertientes: la nacional y popular, y la antinacional, que representa intereses ajenos a los nacionales y populares. Entre estas debemos mencionar la llamada “literatura light”, que no sòlo trata historias escabrosas y superficiales, sino que su papel principales es desideologizar y desconcientizar a la población, sin la profundizaciòn necesaria de sus temas, recordando que todo tema es posible de ser tratado. La literatura nacional y popular se realizaràn màs plenamente en el socialismo. Pero hay que tener en cuenta que tambièn en estas literaturas pueden existir elementos antipopulares y antinacionales, debido a la larga opresión en que los escritores y el paìs se ha desarrollado.

8) Que la producción de un libro es importante, pero la acciòn tambièn, y a vece superior. Que es màs trascendente vivir y luchar como escritor, que ser solamente escritor.

9)Que la confrontación literaria con los de la otra orilla no sòlo se reduce a la discusión retòrica de los mecanismos, tècnicas y propuestas literarias, sino al contenido ideològico de la propuesta, a los mensajes, a qué sectores sociales se representan a las tècnicas y mètodos utilizados, sin dejar de reconocer la importancia de la calidad literaria de la misma. Esta confrontación debe ser prioritaria y permanente, utilizando todos los medios posibles de expresión.

10)Que el escritor no sòlo debe realizar y tener una responsabilidad de alto nivel estètico frente a su obra, sino tambièn una posición ètica frente a la realidad en que se desenvuelve y fluye.

11) Por lo tanto no debe hacer distinción entre ciudadano y escritor, entre polìtica y literatura. Su postura de ciudadano y opinador polìtico o polìtico no lo desconecta de su posición de escritor, al contrario, lo responsabiliza.

12) Que frente al desarrollo agresivo y agresor y al empuje cultural e ideològico del imperialismo norteamericano y las transnacionales, en esta etapa de globalización salvaje, el escritor debe estudiar y rescatar permanentemente su cultura ancestral y desarrollar su identidad nacional, y no solamente en tèrminos ètnicos, sino tambièn de clase. Esta construcciòn de la identidad y su aceptación dependerà de la correlación de fuerzas en la lucha de clases y en la confrontación ideològica literaria.

13) Lo nacional no es incompatible con las experiencias culturales y literarias internacionales. Al contrario, se interconectan y enriquecen. Lo que sì hay que reparar es que lo nacional se construye en condiciones de subordinación a la cultura oficial, es decir, que trata de ser liquidada y marginada ya por el desarrollo de la cultura burguesa, ya por la globalización de lo nativo y popular. Por lo que es indispensable su enriquecimiento permanente.

14) Que el sistema globalizado manipula y margina a sus escritores opositores en todos los medios posibles. A pesar de ello, hay que conquistar y desarrollar todos los espacios que puedan ser ganados.

15) Que la cultura y literatura socialista sòlo puede ser llevada a cabo en la forja de las luchas populares, cuando se socialice el poder polìtico, cuando exista una verdadera democracia directa de los trabajadores de la cultura y del paìs y cuando la solidaridad y respeto por el ser humano y su libertad creativa y personal pasen del discurso ideològico a la pràctica de la vida cotidiana.

16) Finalmente, debe tomar en cuenta el papel y la confabulación de las grandes editoriales y de las instituciones pùblicas o privadas que priorizan el mercadeo de los escritores. Lo que no significa que sòlo se debe luchar por la publicaciòn a los escritores de entraña popular, sino tambièn a los escritores que, apoyando intereses burgueses, hacen buena literatura. . 

(Lima, 27 / 7 / 2011)



domingo, 31 de julio de 2011

Caliban y la cultura insurgente



----- Mensaje reenviado -----
De: Juan Cristobal <juancristobal2001@yahoo.es>
Para: javier garvich rebatta <garvichjav@yahoo.es>
Enviado: sábado 30 de julio de 2011 14:43
Asunto: Rv: [diaspora-latina] Caliban y la cultura insurgente





juancristobal2001@yahoo.es
telefono 3684782 / 4612550
                                                          
La esperanza nos aguarda, pero en un abismo (Benedetti)



--- El vie, 29/7/11, Salvador Tio <salvadorelias@yahoo.com> escribió:

De: Salvador Tio <salvadorelias@yahoo.com>
Asunto: [diaspora-latina] Caliban y la cultura insurgente
Para: "comunicacion_alternativa" <comunicacion_alternativa@gruposyahoo.com>, "Cuba Venezuela Granada" <cubavenezuelagrenadayamericalatina@gruposyahoo.com>, "Diaspora Boricua" <realidadesdiasporadeborinquen@yahoogroups.com>, "Diáspora Chilena" <diaspora-chilena@yahoogroups.com>, "Diáspora Dominicana" <diasporadominicana@yahoogroups.com>, "diaspora-noticias@yahoogroups.com" <diaspora-noticias@yahoogroups.com>, "Enlace Puerto Rico" <Enlace_Puerto_Rico@gruposyahoo.com>, "Enlace Mexico" <enlace_mexico@gruposyahoo.com>, "Grupo Bolivia" <bolivia-politica@gruposyahoo.com.ar>, "Lista_Grupo_Diáspora_Latina" <diaspora-latina@yahoogroups.com>, "Noticias Latinas" <noticiaslatinas@yahoogroups.com>, "Nuestra_América" <nuestramerica@yahoogrupos.com.mx>, "Patria Libre" <patria_libre@yahoogroups.com>, "Solidarios Pueblo Colombiano" <solidariosconelpueblocolombiano@yahoogroups.com>, "yuryweky" <yuryweky@yahoogroups.com>
Fecha: viernes, 29 de julio, 2011 17:38

Caliban y la cultura insurgente Néstor KohanRebelión Para Roberto, maestro, compañero y amigo Un clásico latinoamericano Descifrar el enigma y trazar el derrotero de la cultura insurgente de Nuestra América implica, entre otras tareas impostergables, recuperar la obra de sus pensadores revolucionarios y sus intelectuales críticos. Este continente sufrido, rebelde e insumiso, no sólo ha encendido la llama de innumerables levantamientos e insurrecciones populares. Al mismo tiempo ha creado teoría y generado reflexión. Diga lo que diga la Academia y su sesgado canon eurocéntrico, también aquí tenemos nuestros clásicos. Como los Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana de Mariátegui, El socialismo y el hombre en Cuba del Che o Dialéctica de la dependencia de Ruy Mauro Marini —para mencionar tan sólo tres obras emblemáticas— el ensayo Caliban de Roberto Fernández Retamar constituye una cumbre del pensamiento latinoamericano, de cuya publicación se conmemoran cuarenta años[i] . Lo leímos tres veces, en distintas ediciones[ii] . En cada una de ellas el ensayo de Roberto nos sorprendió nuevamente. Sin ninguna duda, resiste varias lecturas, proporcionando cada vez nuevas aristas, ángulos no observados en las anteriores visitas, generando siempre renovadas preguntas.  En el fuego de los hornos El Caliban de Fernández Retamar adquirió forma y contenido en el fuego de los hornos iluminado por esa luz insurgente que intentó convertir a la cordillera de los Andes en la Sierra Maestra de América Latina. Lejos de constituir un obstáculo, ese condicionamiento político que lo cinceló desde su mismo origen posibilitó una gran apertura para sus planteos radicales. Tratando de legitimar la irreverencia de la revolución cubana, el ensayista y poeta lo escribe en medio de varios debates. En primer lugar, discutiendo y polemizando con los promotores de la revista Mundo Nuevo, impulsada por la CIA a través de toda una seria de instituciones "pantalla" y anillos de protección cultural, como la Fundación Ford, destinados a ocultar los verdaderos objetivos de dicha publicación: el combate por la hegemonía (y el intento de neutralización) de la intelectualidad crítica latinoamericana. En el ojo de la tormenta, Fernández Retamar encabeza la indignada denuncia antiimperialista que impugna la presencia del dólar norteamericano y de los aparatos de inteligencia militar yanqui, escondidos detrás de la "inocente" crítica literaria de Mundo Nuevo [iii] . En segundo lugar, abordando los desafíos y los tremendos sinsabores que le generó a la revolución cubana la prisión de Padilla y sus "autocríticas", donde algunos segmentos de la intelectualidad europea creyeron ver un calco automático de los juicios de Moscú del año 1936, en los cuales el estalinismo liquidó a la vieja guardia bolchevique que había encabezado la revolución de octubre junto a Lenin (en el caso cubano, nadie murió y Padilla estuvo, seguramente sin necesidad, no más de 30 días en la cárcel, en la cual jamás recibió torturas ni apremios). En tercer lugar, intentando sistematizar las grandes líneas estratégicas de la política cultural —tanto en la lectura del pasado como en la estrategia de futuro— que guiaron como mínimo los primeros doce años de la revolución cubana. El ensayo de Roberto Fernández Retamar (del cual nunca renegó, por lo cual se siguió editando, con suplementos y nuevos textos complementarios hasta el día de hoy) seguramente corona la primera fase de la revolución cubana, la más radical y profunda, que no desapareció posteriormente pero que atravesó no pocos vaivenes y avatares que ahora no es posible indagar por razones de espacio[iv] .  Un programa antiimperialista para la cultura El ensayo Caliban condensa con gran maestría, lucidez y capacidad de síntesis todo un "programa" de investigación, reflexión y debate sobre nuestra cultura, nuestras raíces y nuestro horizonte político futuro, pergeñado desde un ángulo inocultablemente antiimperialista y anticapitalista. Un punto de partida que, a nuestro modo de ver y entender, sigue estando a la orden del día y de ninguna manera ha caducado, aunque se vayan desplazando los escenarios de disputa frente a distintas modalidades e intervenciones del imperialismo[v] . Una de las principales virtudes de ese ensayo reside en su cuestionamiento sin ninguna ambigüedad del eurocentrismo y la cultura especular que para poder sobresalir debe reflejar pasivamente los brillos, las luces, las normas y criterios de consagración, los tics y las categorías de la mirada europea. Si hay un tipo de intelectual que recibe un golpe fulminante en la escritura de Caliban es el intelectual ventrílocuo, que mueve los brazos, la boca y la pluma sin voz propia o al menos reproduciendo una voz inocultablemente ajena. Esa figura que mezcla la mentalidad colonial, el cipayismo y la sumisión sin el más mínimo beneficio de inventario ante la cultura de las grandes metrópolis capitalistas, falsamente presentada como "universal", puede rastrearse en la crítica de diversos exponentes de la intelectualidad domesticada. Desde los más brillantes, refinados y eruditos (por ejemplo nuestro compatriota Jorge Luis Borges, por quien Fernández Retamar no deja de reconocer, a pesar de su ácida crítica, su sincera admiración, al punto de reunir años más tarde escritos suyos en una antología[vi] ), pasando por antiguos izquierdistas devenidos rápidamente en conversos (por ejemplo Carlos Fuentes) hasta segundones de tercera o cuarta línea (como es el caso del crítico literario Emir Rodríguez Monegal, quien se prestó mansamente a encabezar un emprendimiento cultural con dineros de la CIA). Todo ese abanico intelectual es impugnado en un mismo movimiento multicolorpor el autor de Caliban. ¿Fue un error? Creemos que no. Frente a esa mentalidad colonial, de quienes se sienten "el mejor alumno" por repetir mecánicamente lo que el magister europeo dictamina, Roberto defiende la necesidad de una intelectualidad crítica con mentalidad emancipada y fuertemente enraizada en el suelo popular. Pero no se queda en el cómodo y políticamente correcto "compromiso" (de todas formas, tan vilipendiado durante los años crueles del neoliberalismo y el posmodernismo). El programa político-cultural de Caliban va más allá. Comprometerse implica solidarizarse con alguien que sufre o padece, que lucha por una causa justa por la cual se experimenta cierta empatía y solidaridad pero… que en última instancia se sigue considerando ajena. El "compromiso" es con un "otro". Fernández Retamar, en sus polémicas y en sus argumentos, realiza una entusiasta defensa del intelectual militante, no simplemente crítico ni meramente "comprometido", sino orgánico delmovimiento emancipador revolucionario. Eso fueron precisamente José Carlos Mariátegui y Ernesto Che Guevara; nada diferentes a Simón Bolívar y José Martí, o José de San martín y Mariano Moreno. Fernández Retamar no habla ni escribe desde el vacío de una supuesta "esfera pública" incontaminada, incolora e insípida (equidistante y neutralmente valorativa), como propondría, para mencionar tan sólo un nombre significativo y famoso en el campo del pensamiento, Jürgen Habermas. Tanto la crítica y las impugnaciones como la propuesta político cultural de Caliban se realizan desde la revolución cubana. La voz del autor no juega a ser portavoz "oficial" ni funcionario dócil. Fernández Retamar es sin duda alguna uno de los principales exponentes intelectuales de la revolución cubana. Dejando a un costado cualquier simulación de neutralidad, su voz y su escritura interpelan al lector o la lectora desde una singular institución conocida como «Casa de las Américas» que en esos años se convirtió de hecho, bajo el liderazgo de Haydée Santamaría y del propio Fernández Retamar, en el puente cultural contrahegemónico que permitió abrir un diálogo y tejer múltiples alianzas con toda la rebeldía y las insurgencias de América latina (vínculo que había sido roto por el bloqueo económico, diplomático, político y militar impulsado hasta el día de hoy [2011] por Estados Unidos). Aunque en ediciones y agregados suplementarios posteriores al Caliban original Roberto Fernández Retamar se esfuerza por contextualizar o matizar algunos componentes denuncialistas de su primera versión, nosotros consideramos que estas tres dimensiones (la crítica, la propuesta y el ángulo político insurgente asumido de manera explícita) continúan escandalosamente vigentes. Aquellos aspectos más disruptivos, iconoclastas e incluso chocantes que el recorrido atento de este ensayo permite entrever a un lector o lectora del siglo XXI, no fueron "errores", "exabruptos" ni "exageraciones" personales de Roberto. Fue la revolución cubana en su conjunto —de manera abierta y radical en esos primeros doce años, luego con entonaciones diferentes que fueron variando en diversas coyunturas históricas— la que se animó a atropellar contra el canon de la cultura oficial, contra los estándares habitualmente tolerados por el arco de lopolíticamente correcto, violentando en la teoría y en la práctica el horizonte de ese seudo "pluralismo" pegajoso y del progresismo ilustrado y bienpensante con que, todavía hoy, se sigue asfixiando, neutralizando y aplastando toda disidencia radical. En el siglo XXI esa tarea, por más que suene "exagerada" o genere crispación, permanece pendiente. La dialéctica, de Sarmiento a José Martí El trabajo de Fernández Retamar, no desprovisto de erudición ni de filología hermenéutica, nunca se limita a una mera indagación en los personajes de La tempestad (1611, la última gran obra de William Shakespeare) ni a la descripción de su recepción latinoamericana. Junto a los "personajes conceptuales" del teatro isabelino, por Caliban desfilan José Martí, Domingo Faustino Sarmiento, Rubén Darío, José Enrique Rodó, Julio Antonio Mella, Aníbal Norberto Ponce, Oswald de Andrade[vii] , Jorge Luis Borges, Carlos Fuentes, Fidel Castro y el Che Guevara, entre muchos otros y otras de una extensa secuencia histórica. Todos intelectuales. Lo que sucede es que la estructura íntima de esta obra gira, aún sin citarlo de manera explícita ni redundante (como se pondría de moda años después en el mundillo académico), en torno a la gran pregunta gramsciana: ¿cómo generar una intelectualidad revolucionaria que pueda crear el tejido ideológico de la hegemonía socialista y antiimperialista de Nuestra América? Para responder esa pregunta, Fernández Retamar no apela a un esquema genérico ni a citas de los clásicos marxistas (modalidad muy común en la cultura de los manuales importados de la Unión Soviética, que comenzarían a predominar en Cuba a partir de 1972 hasta por lo menos 1986)[viii] . Ensayando una especie de sociología de la intelectualidad latinoamericana, Caliban recorre una serie altamente significativa de intelectuales emancipados y coloniales, antimperialistas y cipayos, revolucionarios y defensores del status dependiente de la cultura latinoamericana. La matriz dialéctica inicial que Fernández Retamar recorta y propone para comenzar a desplegar ese tipo de ejercicio permanente de comparación y analogía por contraposición (sin caer nunca en visiones dicotómicas esquemáticas ni en antinomias simples propias de un discurso estructurado a partir de la lógica formal) está centrada en dos arquetipos fundamentales: Martí y Sarmiento[ix] . De allí que Caliban proporcione una aproximación fundamental para los debates de Argentina, al animarse a discutir sin tapujos las contradicciones de una de sus principales figuras históricas, emblema de toda la cultura oficial, de raíz burguesa y liberal, pero también de importantes segmentos de la izquierda marxista en sus diferentes familias internas[x] . Si el paradigma dialéctico inicial elegido por Fernández Retamar se estructura a partir de dos modelos intelectuales del siglo XIX, el resto de su ensayo gira en torno al siglo XX. Siempre sobreimprimiendo estos acuciantes debates políticos sobre el fondo de los personajes de Shakespeare (recuperados, interpelados, resignificados y en última instancia «comidos» como buen antropófago en clave latinoamericana). Mediante un diálogo socrático con Caliban Roberto nos va llevando desde Shakespeare y la conquista de América a las aporías irresueltas del siglo XIX, y de allí a los problemas de la cultura antiimperialista y la hegemonía socialista en el siglo XX (y XXI, ya que las últimas ediciones prolongan aquellas discusiones de 1971 hasta nuestros días). ¿Cómo termina el ensayo? Con un programa político cultural explícitamente guevarista, dialogando en voz alta con las reflexiones del Che, ya no como póster comercial o inofensivo icono pop, sino como interlocutor, teórico y pensador marxista de la revolución latinoamericana de nuestro tiempo. El guevarismo como programa para la cultura insurgente de Nuestra América. ¿Se entiende entonces por qué consideramos que este ensayo continúa vigente hoy en día? Shakespeare, desde Nuestra América Si nos detenemos en el punto de partida de Caliban, la primera interrogación que surge es, desde luego: ¿por qué Shakespeare, un autor inglés y europeo, para pensar nuestra cultura? Lo que sucede es que el ensayo de Fernández Retamar se inicia respondiendo la provocadora pregunta de un periodista europeo: "¿acaso existe una cultura latinoamericana?"[xi] . Más allá de la existencia de aquel periodista —real o imaginaria, verídica o provocadora, da exactamente lo mismo— la elección de Shakespeare no es exclusiva de Roberto. Proviene del siglo XIX y principalmente del pensador uruguayo José Enrique Rodó[xii] . El Caliban de Fernández Retamar puede ser leído desde muchas perspectivas y ángulos, pero principalmente como un dilatado y extenso diálogo con el Ariel de Rodó. Aquella obra, publicada en 1900 (su autor tenía entonces 29 años), justo en el cambio de siglo, apela al simbolismo de las imágenes y personajes construidos por el dramaturgo isabelino en La tempestad para plantear una oposición irreductible entre América Latina y los Estados Unidos, potencia identificada como la encarnación mediocre y cuantitativa de un "mercantilismo corruptor" y de un despiadado despotismo imperial. No es casual que Rodó haya sido fuertemente conmocionado —como gran parte de los escritoresvinculados al modernismo[xiii] — por la intervención norteamericana en la guerra entre Cuba y España[xiv] . Identificando a los Estados Unidos como el gran peligro para el porvenir y la independencia de América Latina, Rodó apela a los personajes simbólicos de Shakespeare, creyendo ver en Caliban la síntesis de todo lo detestable de la modernidad imperialista desplegada en forma expansiva desde los Estados Unidos —y su sociedad mediocre, cuantitativa, mercantil y vulgarmente materialista—; refugiándose al mismo tiempo en "la parte noble y alada del espíritu", es decir, en la espiritualidad cualitativa de la cultura y el arte, condensados metafóricamente en el personaje Ariel[xv] . "Quizás Rodó —apunta Benedetti— se haya equivocado cuando tuvo que decir el nombre del peligro, pero no se equivocó en su reconocimiento de donde estaba el mismo"[xvi] . Sólo por eso, aquel ensayo de Rodó merece pasar a la historia, aun cuando su prosa permanezca más vinculada al siglo XIX que al XX y pueda cuestionarse su interpretación de los personajes shakesperianos y su homologación errónea del imperialismo norteamericano con Caliban. Fernández Retamar realiza una minuciosa historia de las diversas lecturas y hermenéuticas que fueron reconfigurando la significación política y cultural otorgada a cada personaje de la obra de Shakespeare. Lejos de la primera asimilación modernista (de Rubén Darío y Rodó) entre Caliban y Estados Unidos, la conclusión de su ensayo apunta a señalar que Caliban sintetiza y condensa como "personaje conceptual" el conjunto de problemáticas de los pueblos de América latina y el Tercer Mundo sometidos, explotados y sojuzgados por el imperialismo. "Nuestro símbolo no es pues Ariel, como pensó Rodó, sino Caliban"[xvii] . A diferencia de lo que sucede con Caliban, en el caso del personaje Ariel, Fernández Retamar no cuestiona la interpretación habitual que lo identifica —desde el uruguayo Rodó y el cubano Julio Antonio Mella hasta el martiniqueño Aimé Cesaire, pasando por los argentinos Aníbal Ponce y Deodoro Roca, entre otros— con la figura del intelectual[xviii] . Si la discusión tradicional sobre La tempestad —que Fernández Retamar recupera tomando partido y haciéndose eco de polémicas anteriores— ha girado en torno a la disyuntiva sobre qué representan Caliban y Ariel, en los últimos años un nuevo personaje de la obra, hasta ayer en segundo plano, ha ganado la atención y entrado en la palestra del debate. Se trata de la bruja Sycorax, madre de Caliban, que según Shakespeare "opera con hechizos, sapos, escarabajos y murciélagos"[xix] . Ese personaje endemoniado y aparentemente difuso, siempre opacado y en un segundo plano, es recuperado con gran acierto y lucidez por el pensamiento feminista marxista de nuestros días[xx] .  Los conversos y su obsesión contra la historia Uno de los tantos pasajes altamente sugerente (aunque escasamente transitado) del libro de Fernández Retamar es su intervención crítica y polémica hacia el escritor mexicano Carlos Fuentes[xxi] . Se conoce que este famoso intelectual y novelista mexicano, ideólogo de la revista Mundo Nuevo financiada por la CIA y la Fundación Ford, ha sido un converso, como tantos otros. También se sabe que ha formado parte de todo un elenco que alquiló su pluma al servicio de causas poco nobles (staff en el que Retamar incluye a Guillermo Cabrera Infante, Emir Rodríguez Monegal, Severo Sarduy, entre otros). Pero a lo que se le ha otorgado inexplicablemente poca atención es a la especificidad de su intento de elaboración de argumentos para legitimar sin culpas su conversión hacia la derecha y su abandono de antiguas simpatías izquierdistas. Fuentes se esfuerza por ridiculizar lo que denomina, peyorativamente, "la vieja obligación de la denuncia" (un eufemismo para rechazar el ejercicio del pensamiento crítico de escritores en particular e intelectuales en general). Lo hace a partir de ciertos ademanes estructuralistas, por entonces a la moda. "Sólo a partir de la universalidad de las estructuras lingüísticas pueden admitirse, a posteriori, los datos excéntricos de nacionalidad y clase", afirmaba el mexicano hacia fines de los '60. No es este el lugar para profundizar en la epistemología implícita en ese tipo de aseveraciones teóricas. Pero sí resulta útil identificar y destacar el estilo de pensamiento y de método común a varias generaciones de intelectuales conversos, que habitualmente comienzan en la rebeldía de izquierda y terminan en la derecha, la institucionalidad y la comodidad mediocre del orden establecido. Al leer la argumentación de Fuentes (y la crítica de Fernández Retamar) nos sorprendimos. Porque un par de décadas más tarde, nos volvemos a chocar prácticamente con los mismos lugares comunes de Fuentes en las justificaciones de otra camada intelectual, en este caso argentina, también proveniente del marxismo y convertida con entusiasmo a la socialdemocracia[xxii] . Si en Fuentes el señuelo teórico de la conversión política residía en el estructuralismo lingüístico; en este último caso, la apelación al abandono de los criterios metodológicos marxistas, del análisis de clase, por un lado, y de toda perspectiva antimperialista, por el otro, se fundamentaba en una lectura sesgada de Michel Foucault. Desde ese ángulo, una parte significativa de este elenco argentino postulaba una visión posestructuralista de la historia como si ésta consistiera en el suceder azaroso y caprichoso de "capas geológicas" sin ninguna conexión ni continuidad entre sí. En nombre de la crítica de una concepción hegeliana (basada, supuestamente, en el "mito del origen" y en la teleología), se terminaba prescribiendo el abandono de cualquier aproximación unitaria a la historia de Nuestra América, a la continuidad de sus luchas y resistencias a lo largo de períodos extensos, incluso de siglos; en consecuencia se terminaba negando la supervivencia de cualquier tradición (que no sea la del mercado y la "democracia" tal como ellos la entienden…). De ese modo la historia termina académicamente descuartizada década por década (muy al estilo de los proyectos de investigación universitarios, donde jamás hay continuidad entre una época y otra; cuanto más detallista, descontextualizada y despolitizada la investigación, mejor, más posibilidades de obtener dinero y financiación tiene). En nombre del "paradigma" (Thomas Kuhn), la "formación discursiva" (Michel Foucault) y la "problemática" (Louis Althusser), esa metodología de estudios de historia intelectual destaca y pone en relieve únicamente los cortes y la discontinuidad… obturando y cancelando de antemano —sin investigación previa, por puro prejuicio universitario— cualquier posibilidad de articular vasos comunicantes entre luchas y resistencias populares de diversas épocas. Sin ninguna posibilidad de encontrar una mínima continuidad y racionalidad en la historia, se esfuma cualquier construcción de una identidad política colectiva en la lucha de nuestros pueblos e incluso hasta la existencia misma de nuestra cultura. De allí que todo el ensayo Caliban comience intentando responder la pregunta: "¿acaso existe una cultura latinoamericana?". Si no hay identidad política y cultural, tampoco hay sujetos y sin sujetos no hay resistencia ni revolución. Eso es en definitiva lo que esta gente pretende cuestionar e impugnar[xxiii] . ¿El gran presupuesto de toda esta operación ideológica contra el marxismo, convertida institucionalmente en "programa de historia intelectual"? La apología acrítica del "especialista profesional" y el rechazo explícito de toda politización y militancia revolucionaria de la intelectualidad universitaria[xxiv] . De un lado el "campo intelectual" y del otro el "campo político" (Pierre Bourdieu, leído en clave sesgadamente profesionalista). De un lado la Academia, del otro lado y bien lejos, la revolución. Divorcio aplaudido como el mejor de los mundos posibles. Con ese tipo de argumentos, tan similares a los defendidos por Carlos Fuentes y criticados en Caliban por Roberto Fernández Retamar, toda una franja de antiguos militantes izquierdistas, marxistas y revolucionarios, se pasaron a las filas de la socialdemocracia tras las dictaduras militares del cono sur y se replegaron en la universidad. Por eso, para quien escribe estas líneas desde el sur de Nuestra América, resulta tan sugestivo releer una vez más Caliban. En su inteligente rechazo de las argumentaciones "puramente literarias" de Carlos Fuentes, Fernández Retamar adelanta en 1971 el núcleo central de las críticas a muchos conversos y ex izquierdistas de décadas posteriores… ¿Tienen derecho los conversos a cambiar de bando en las luchas sociales para vivir más cómodos? ¡Por supuesto que sí! ¿Tenemos derecho a no acompañarlos en su deserción y a sospechar de sus relatos apologéticos y autojustificatorios, disfrazados de "cientificidad académica profesional"? Si se deja de lado la mala fe, creemos que se nos debe conceder una respuesta igualmente positiva. A contramano de esa metodología anti-dialéctica (utilizamos la expresión "anti" porque explícitamente se conforma como una arremetida en toda la línea contra el pensamiento dialéctico), para nosotros la historia no consiste en un caprichoso suceder de capas geológicas sin ninguna conexión entre sí (recordemos las aseveraciones en este sentido que hizo Michel Foucault en su Microfísica del poder). La historia tampoco constituye "un proceso sin sujeto" (como plantea Louis Althusser en su libro Para una crítica de la práctica teórica. Respuesta a John Lewis). Según nuestro modo de comprender, la historia constituye el resultado contingente de la praxis colectiva en la lucha de clases. Por sí misma, según nos enseñaron Marx y Engels en La ideología alemana, ella no hace nada. La historia es el ámbito donde actúan los sujetos. En ese accionar, se producen derrotas y victorias, hay cortes pero también continuidades. Luego de feroces represiones, matanzas y genocidios, los vencedores pretenden decretar "el fin de la historia" (Hitler, Francis Fukuyama, el Pentágono). Contra esa visión oficial, es tarea de los vencidos "pasarle el cepillo a contrapelo a la historia", recuperar las luchas del pasado, la memoria de quienes nos antecedieron (Walter Benjamin) y así poder construir una identidad cultural y política colectiva como pueblos en lucha y resistencia[xxv] . Esta concepción de la historia nos permite abordar nuestra cultura a partir de las luchas históricas, sin fetichismo de los particularismos ni metafísicas deterministas al margen de los sujetos. Las figuras conceptuales que Roberto Fernández Retamar modela en su Caliban se vuelven inteligibles y dan cuenta, precisamente, de la historia de la colonización y la resistencia de nuestro continente en función de un proyecto colectivo futuro.  Caliban y las insurgencias del siglo XXI El ensayo de Fernández Retamar concluye proponiendo un programa para la cultura insurgente de Nuestra América, basado en las reflexiones de Fidel sobre la cultura —en los cuales el líder histórico de la revolución cubana se opone a asimilar la noción de "intelectual" con la de un grupo restringido de "hechiceros", con un ademán desacralizador que mucho hace recordar los Cuadernos de la cárcel— y fundamentalmente en los escritos y discursos del Che Guevara. Desde "El socialismo y el hombre en Cuba" (donde Guevara reflexiona —cuestionando el realismo socialista y discutiendo sobre las vanguardias— acerca de los artistas, los becarios y otros intelectuales) hasta su célebre reclamo de que todo el mundo cultural y universitario de Nuestra América "se pinte de negro, de mulato, de obrero y de campesino", es decir, de pueblo. En palabras de Roberto, el Che "le propuso a Ariel, con su propio ejemplo luminoso y aéreo si losha habido, que pidiera a Caliban el privilegio de un puesto en sus filas revueltas y gloriosas"[xxvi] . Cuatro décadas más tarde de aquellas últimas palabras proféticas con las cuales Fernández Retamar da la última pincelada a su ensayo, el programa político-cultural que estructura el discurso anticapitalista y antiimperialista de Caliban sigue quemando. La revolución no pasa de moda. Sus impugnaciones radicales, no fueron "crispaciones" propias de una época ya fenecida en tiempo y espacio, ni tampoco pecadillos infantiles, que habría que aggiornar o directamente abandonar en aras de una amplitud —«sin fronteras», según aquella vieja y triste expresión de Roger Garaudy— subordinada a la razón de Estado y a las conveniencias diplomáticas del momento actual. No. La perspectiva radical, tercermundista, crítica del capitalismo y el imperialismo, continúan siendo nuestro faro y nuestra brújula en las aguas turbulentas del siglo XXI. Seguimos marchando colectivamente en búsqueda de la tierra prometida y combatiendo contra los molinosde viento del capital. A veces cometemos errores o nos convertimos, involuntariamente, por nuestras propias limitaciones, en la armada Brancaleone. Otras, en cambio, logramos construir fuerzas sociales insurgentes con proyectos serios y a largo plazo. Pero siempre vamos, porfiados, en la misma dirección. No nos detendrán. En estos tiempos Próspero (sojuzgador de Caliban en La tempestad) es más lúcido, cínico y astuto que en los años '60 y '70. Se disfraza de "progresista" para mantener a raya al pueblo e institucionalizar sus demandas radicales. Si en la obra de Shakespeare Caliban adoptó el lenguaje de Próspero, en nuestra época este último incorpora símbolos de rebeldía calibanesca para aggiornarse, mediante una revolución pasiva, manteniendo intactas las estructuras de la dominación, explotación, marginalidad y dependencia. Hoy más que nunca Caliban necesita estrechar lazos con Ariel (el amauta de la isla) para emprender la batalla cultural contrahegemónica. Mariátegui propuso superar a Rodó[xxvii] , pero su reelaboración del marxismo en clave cultural (no economicista), permitiría tranquilamente identificar en la figura del amauta —el saber colectivo de la comunidad— a un Ariel resignificado desde los pueblos originarios y desde la tradición de Nuestra América. El programa de Amauta (la revista de Mariátegui) recupera y supera el Ariel dejando caer todo lastre de tentación aristocratizante o marca eurocéntrica (como cierto culto a Grecia que aun sobrevive en Rodó[xxviii] ). No es Grecia el subsuelo presupuesto en las insurgencias y los combates emancipadores de Caliban sino los pueblos originarios insumisos y la clase trabajadora en lucha. A despecho de lo que decretaron los relatos posmodernos, multiculturales y posestructuralistas (que no nacieron, dicho sea de paso, ni en la selva Lacandona ni en las favelas, villas miserias o cantegriles de Nuestra América, sino en lo más elitista y snob de la Academia parisina y neoyorkina), Caliban no ha desaparecido. El sujeto no se ha esfumado en un abanico indefinido y polvoriento de inofensivos juegos de lenguaje. Por el contrario, hoy Caliban tiene muchos hijos e hijas, cada vez más rebeldes. La revolución cubana ya no está sola como cuando Roberto Fernández Retamar escribió su Caliban. La isla, perdón, quise decir, Nuestra América, está poblada por indomesticables calibanes. Próspero, a pesar de su keynesianismo armamentístico de "guerra infinita", su gigantesco complejo industrial-militar y sus marines con mal aliento, tiene miedo. Por eso cada vez se pone más agresivo y guerrerista, instalando siete nuevas bases militares enColombia tratando de frenar infructuosamente a la insurgencia comunista y bolivariana de las FARC-EP (y al ELN). Mientras tanto lanza su IV flota imperial a recorrer y vigilar los mares, preparándose para futuras invasiones y bombardeos que van dejando tras de sí una estela tenebrosa de miles y miles de cadáveres (Afganistán, Irak, Libia, etc, etc). En nombre de la libertad, generaliza la vigilancia cibernética de todos los ciudadanos y a escala mundial, metiéndose en la vida privada de todas las personas, instalando cámaras de control cada medio metro, en cada cuadra, cada manzana y cada esquina, inspeccionando quien retira qué libro en cada biblioteca del planeta con una obsesión que haría sonrojar de vergüenza por su timidez al senador McCarthy. Su lupa gigantesca —repleta de satélites espías e infinitos programas de control— tiene bajo la mira la totalidad de la vida humana en el globo terráqueo. Ya no hay conversación que no sea escuchada ni persona que no sea fotografiada y clasificada. En ese ambiente represivo y macartista que mucho se parece a 1984 y otras novelas de futurología antiutópicas, si hay una nueva tempestad será mucho peor que la que describió Shakespeare en su obra de teatro. Este sistema capitalista, sanguinario, totalitario y mugriento con su civilización depredadora, no sólo superexplota a la clase trabajadora, degrada a las mujeres, somete y humilla a infinitos pueblos del mundo. Por si acaso todo eso no alcanzara, además ha destruido el ecosistema y el clima, ya no sólo en la isla de La tempestad sino en todo el planeta. Sí, en lo oscuro de la noche Próspero se pone nervioso, tiembla y teme. Los calibanes se multiplican bajo su bota prepotente y comienzan a moverse, con paciencia de hormiga y persistentemente a lo largo del tiempo. Las demandas de cambio se manifiestan a través de diversas formas de lucha, desde experiencias institucionales como el proceso bolivariano en Venezuela (con todas sus contradicciones internas), pasando por movimientos sociales de masas (como el Movimiento Sin Tierra de Brasil, entre otros) hasta el accionar de la insurgencia político militar (que no ha desaparecido ni es un "recuerdo nostálgico" de los años '60). Permanece aún pendiente la construcción de una coordinación continental que reagrupe y aglutine esas variadas formas de lucha como proponía un muchacho de mi barrio llamado Lenin. Para ello habrá que superar sectarismos, pero también oportunismos reciclados en nombre de la "conveniencia diplomática". Esa lucha no queda reducida a Nuestra América. Allá, apenas un par de pasitos más lejos y al otro lado del agua, sigue resistiendo de pie y gran dignidad la justa lucha de nuestros hermanos palestinos y el pueblo vasco que reclama, con terquedad, independencia y socialismo, mientras en Europa, en el norte de África e incluso al interior de los mismos Estados Unidos se generalizan la indisciplina social, las protestas radicales y la desobediencia civil. Tanto Caliban como sus hijos y sus hijas, en Nuestra América y en todo el mundo, deberán rechazar los cantos de sirena que hoy los invitan —en nombre de la razón de estado, del pragmatismo geopolítico e incluso del mercado convertido en nueva panacea— a volver con la cabeza gacha al regazo de Próspero. Una de las grandes tareas del Ariel amautense o del amauta arielizado consiste en crear los instrumentos culturales y teóricos contrahegemónicos que permitan, con eficacia y suficiente atractivo para la juventud, contrarrestar esos envenenados cantos de sirenas. Nada mejor que los saberes rebeldes de las brujas insumisas de Nuestra América para combatir el encantamiento fetichista de las sirenas mercantiles. Caliban contra Próspero. Las brujas desobedientes contra las sirenas del marketing. Ariel, transformado en amauta insurgente, contra la mediocridad de los tartufos mediáticos promovidos por el imperio del dólar y el euro. Gran razón tenía el Manifiesto Comunista de Marx y su amigo, Federico Engels. La historia latinoamericana (y mundial) no es más que la historia de la lucha de las clases y pueblos sometidos contra el poder. De eso se trata. En pleno siglo XXI, Caliban salió de la isla y comenzó a luchar contra Próspero en todo el continente. Pero ya no pelea aislado sino en compañía y estrecha unidad con la bruja y con Ariel. Sólo la convergencia estratégica de los tres en un nuevo bloque histórico —como enseña Antonio Gramsci— podrá derrocar el poder económico, político y militar de Próspero. Es esa alianza estratégica entre Caliban y el amauta (Ariel resignificado), articulada con los saberes sometidos y el cuerpo explotado de la bruja, la única que podrá enfrentar al feroz imperialismo de Próspero. La rosa blindada, símbolo de la cultura insurgente que los une, servirá para enfrentar con valor y decisión la violencia sistemática del capital. Hoy el capitalismo, en medio de su crisis civilizatoria, asume con cinismo la pose de "tolerante", "humanitario", "pluralista" y "multicultural". Si logramos mirar más allá de la punta del zapato, de poco le servirá ese disfraz. La insurgencia popular y la revolución que pronto hará justicia continúan su marcha. Al lado nuestro vienen todos nuestros muertos y desaparecidos. Siguen sonando los tambores de la rebelión. Cada vez se escuchan más fuerte y más cerca. Los poderosos están nerviosos y tienen miedo, por eso aumenta su agresividad. Próspero sabe que a largo plazo perderá ya no sólo la isla sino todo el continente y el mundo. Boedo, julio de 2011 NOTAS[i] El trabajo fue publicado originariamente en el Nº68 de la revista cubana Casa de las Américas, en septiembre-octubre de 1971, bajo el título colectivo: "Sobre cultura y revolución en la América latina". Ese número de la revista era el tercero dedicado a las discusiones del caso Heberto Padilla y todo el debate que se generó a partir de una carta pública redactada por Vargas Llosa y suscripta por varios intelectuales en Europa que cuestionaban la encarcelación de ese escritor. [ii] La primera que utilizamos fue Caliban. Incorporado al libro Para el perfil definitivo del hombre. La Habana, Letras Cubanas, 1995. pp. 128-181. La segunda Todo Caliban. Chile, Cuadernos Atenea, 1998. La tercera Todo Caliban [Prefacio de Fredric Jameson]. Buenos Aires, CLACSO, 2004. [iii] Hemos reconstruido las líneas centrales de esos debates en nuestro ensayo: " La pluma y el dólar. La guerra cultural y la fabricación industrial del consenso". En Casa de las Américas Nº 227. abril-junio 2002. Sobre esta misma problemática puede además consultarse con provecho María Eugenia Mudrovcic: «Mundo Nuevo». Cultura y Guerra fría en la década del '60. Buenos Aires, Beatriz Viterbo, 1997 (estudio focalizado en el caso latinoamericano) y el formidable volumen de Frances Stonor Saunders: La CIA y la guerra fría cultural. Madrid, Editorial Debate, 2001 (donde se privilegia el abordaje de Europa y los Estados Unidos) . [iv] Hemos tratado de profundizar en esas diversas fases políticas y culturales en nuestro ensayo "«Pensamiento Crítico» y el debate por las ciencias sociales en el seno de la Revolución Cubana". Recopilado en AAVV: Crítica y teoría en el pensamiento social contemporáneo . Buenos Aires, CLACSO, 2006. pp.389-437. También hemos intentado delimitar y recorrer esas épocas políticas y culturales en un libro pedagógico dedicado a sistematizar la historia de la revolución cubana, desde José Martí a Fidel Castro [titulado Fidel para principiantes. Buenos Aires, Longseller, 2006. Traducido al inglés como Fidel: A Graphic Novel Life of Fidel Castro. New York, Seven Stories, 2009. (Edición cubana en preparación)]. [v] Aun manteniendo idéntico ángulo y perspectiva (antiimperialista y anticapitalista) para la cultura, no podemos desconocer ni soslayar algunos cambios notables en los escenarios e instituciones de confrontación. Si en tiempos de la redacción de Caliban la principal penetración de los aparatos de inteligencia estadounidense giraba en torno a los espacios de crítica literaria (donde se ubican las revistas, financiadas por la CIA y la Fundación Ford, Cuadernos yMundo Nuevo) y alrededor de los programas de ciencias sociales (en cuyo seno aparecían los proyectos "Camelot" y "Marginalidad", con los mismos mecenazgos norteamericanos encubiertos); durante los últimos años el interés político, la forma de intervención y el financiamiento de las agencias del imperialismo se desplazaron hacia ONGs y organizaciones supuestamente "humanitarias", como la NED [ National Endowment for Democracy ] y USAID [U.S. Agency for InternationalDevelopment] . Para el caso de las ciencias sociales en los años '60 véase la revista cubana Referencias N°1 (volumen 2, mayo-junio de 1970), número temático íntegramente dedicado a la temática: "Imperialismo y ciencias sociales". Referencias era una publicación editada formalmente por el Partido Comunista de Cuba de la Universidad de La Habana y salía en forma paralela a Pensamiento Crítico. Para identificar los desplazamientos actuales de la forma de operar del imperialismo, v éase Eva Golinger y Jean Guy Allard: USAID, NED, CIA, la agresión permanente. En: http://www.rosa-blindada.info/b2-img/agresionpermanente.pdf[vi] Pueden consultarse los diversos escritos y estudios de Roberto Fernández Retamar sobre Borges en su libro Fervor de la Argentina. Buenos Aires, Ediciones del Sol, 1993. pp. 29-44. [vii] Sobre quien se explaya en un artículo posterior titulado "Caliban ante la atropofagia" (1999, incorporado como suplemento a la edición de 2004 ya citada). [viii] Véase nuestra entrevista a Fernando Martínez Heredia " Cuba y el Pensamiento Crítico". La entrevista fue realizada en La Habana el 19 de enero de 1993, publicada en Dialéktica Nº 3-4, Buenos Aires, octubre de 1993 y reproducida en América libre Nº5, junio de 1994. Incorporada a nuestro libro De Ingenieros al Che. Ensayos sobre el marxismo argentino y latinoamericano. Buenos Aires , Biblos, 2000. Prólogo de Michael Löwy. Reedición cubana con prólogo de Armando Hart Dávalos. La Habana, Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, 2008. [ix] Muchos años después, Roberto Fernández Retamar volverá sobre esa comparación, principalmente en su ensayo Algunos usos de civilización y barbarie. Buenos Aires, Contrapunto, 1989, reeditado, también en Buenos Aires, en 1993 por Letra Buena. [x] Debemos recordar que en Argentina no sólo la tradición del viejo Partido Socialista (fundado por Juan Bautista Justo en 1896) fue sarmientina. También el Partido Comunista —escisión del socialismo nacida en 1918— bebió de las mismas fuentes. Su máximo pensador y teórico, Aníbal Norberto Ponce (de gran influencia en el joven Ernesto Guevara), le dedicó incluso varios de sus libros e hizo suyas muchas de las equivocaciones de Sarmiento (al final de su vida, en su exilio mexicano, Ponce comenzó a revisar su adhesión a las tesis racistas y coloniales de Sarmiento y publicó cinco artículos titulados "La cuestión indígena y la cuestión nacional", México, 17 de noviembre de 1937 al 4 de febrero de 1938). Su temprana muerte le impidió continuar esa fértil reflexión que descolocaba totalmente el paradigma sarmientino de "civilización o barbarie". Véase Aníbal Ponce Obras completas. Buenos Aires, Cartago, 1974. Tomo 4, pp.657-667. Pero no sólo el socialismo y el comunismo argentinos fueron entusiastamente sarmientinos. Hasta un intelectual de inspiración trotskista dotado de gran erudición historiográfica —probablemente uno de los principales exponentes de esta constelación política, ubicada a la izquierda del PS y del PC—, terminó rindiendo homenaje y tributo a Sarmiento (aunque leído en este caso como un intelectual moderno carente de una burguesía pujante que pudiera llevar a cabo su proyecto modernizador). Véase Milcíades Peña: Alberdi, Sarmiento, el 90 . Buenos Aires, Editorial Fichas, 1973. Al menos en estas tres corrientes de izquierda Sarmiento fue hegemónico. Para una mirada mucho más atractiva y sugerente, realizada desde el marxismo, pero con un punto de vista crítico, creemos que la obra de David Viñas resulta fundamental. Véase David Viñas: De Sarmiento a Cortázar. Buenos Aires, editorial Siglo Veinte, 1971 y De Sarmiento a Dios.Buenos Aires, Sudamericana, 1998. [xi] Véase Roberto Fernández Retamar: Todo Caliban. Obra citada. p. 19. [xii] Antes que Rodó, Ernest Renan (1878) y Paul Groussac (1898), entre otros, habían apelado a La tempestad para pensar los problemas políticos y culturales contemporáneos pero en Rodó el planteo analógico alcanza realmente otra dimensión. [xiii] Véase Roberto Fernández Retamar: "Modernismo, 98, subdesarrollo". En Para el perfil definitivo del hombre. Obra citada. pp.120-127. En ese movimiento (nacido antes en Nuestra América que en España), además de Rodó, obviamente se encuentran Rubén Darío y uno de sus principales iniciadores, José Martí. Véase nuestra introducción al libro de Armando Hart Dávalos: Marx, Engels y la condición humana. Una visión desde Latinoamérica. Melbourne, Ocean Press, 2005. "La vitalidad del pensamiento radical latinoamericano". pp. 3-17. A través de los manifiestos de la Reforma Universitaria de 1918 nacida en Córdoba, esa prédica modernista prolonga sus ecos y entonaciones antimperialistas en todo el continente y a lo largo de varias décadas del siglo XX. Hemos tratado de mostrar el modo en que la Reforma Universitaria jugó el papel de mediación entre el modernismo de fines del siglo XIX y la cultura antiimperialista del siglo XX enun caso emblemático: el del redactor del Manifiesto fundacional de todo el movimiento en 1918. Véase nuestro libro Deodoro Roca, el hereje. (El máximo ideólogo de la Reforma Universitaria de 1918 hoy olvidado por la cultura oficial). Buenos Aires, Biblos, 1999. pp.17 y sig. [xiv] Véase Mario Benedetti: Genio y figura de José Enrique Rodó. Buenos Aires, Editorial Universitaria de Buenos Aires (EUDEBA), 1966. p. 39. [xv] Véase José Enrique Rodó: Ariel. Buenos Aires, Losada, 1996. pp. 49-50. También Rubén Darío homologó a Caliban con Estados Unidos. [xvi] Véase Mario Benedetti: Genio y figura de José Enrique Rodó. Obra citada. p. 95. [xvii] Véase Roberto Fernández Retamar: Todo Caliban. Obra citada. p.33 [xviii] Véase Roberto Fernández Retamar: Todo Caliban. Obra citada. p.34 y sig. [xix] Véase William Shakespeare: La tempestad. En Obras completas [traducción y estudio preliminar de Luis Astrana Marín]. Madrid, Aguilar, 1951. p. 2034. [xx] Para una discusión de los personajes, leídos al mismo tiempo en clave feminista y marxista (desde un ángulo crítico con el feminismo liberal y posmoderno), véase el excelente libro de Silvia Federici: Caliban y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria. Madrid, Traficantes de sueños, 2010. Principalmente p.288 y sig. Una obra contundente, demoledora y de largo aliento que permite repensar no sólo los personajes de Shakespeare analizados por Fernández Retamar en Caliban sino incluso El Capital y la concepción materialista de la historia de Marx y todo el sojuzgamiento de América Latina y el Tercer Mundo. [xxi] Véase Roberto Fernández Retamar: Todo Caliban. Obra citada. pp.56-60. [xxii] Se trata de todo un conglomerado intelectual —de orígenes diversos, pero unificado en su variedad por el común rechazo de sus antiguas militancias marxistas—, agrupado en torno al Club de Cultura Socialista, de inspiración socialdemócrata y de llegada directa a varios gobiernos, universidades y editoriales en Argentina. [xxiii] No es casual que uno de los principales exponentes teóricos de toda esta constelación ideológica, el profesor Oscar Terán (autor de una obra muy prolífica e impulsor de varios proyectos institucionales de historia intelectual, principalmente en las universidades de Argentina y México, donde ha hegemonizado a varias camadas de investigadores académicos) comience uno de sus libros de esta manera: "Precisamente si alguna vez reconsiderara algunos de los contenidos de la interpretación sobre Mariátegui aquí sustentados, la noción de «revolución» debería ser uno de los objetos teóricos sujetos a revisión". Véase Oscar Terán: Discutir Mariátegui. México, Universidad Autónoma de Puebla, 1985. pp. 9-10. El mismo criterio lo condujo a revisar e impugnar el conjunto de la cultura de izquierda revolucionaria en Argentina (donde él comenzó militando de joven, cuando integraba una organización guerrillera marxista) en su libroNuestros años sesentas. Buenos Aires, Puntosur, 1991. La metodología —obviamente crítica del marxismo y la dialéctica y deudora del "giro lingüístico" que convierte a todas las luchas en inofensivos "objetos de discurso"—, que se encuentra presupuesta en este singular "Programa de historia intelectual", puede encontrarse explicitada en la selección y presentación de Oscar Terán a Michel Foucault: El discurso del poder. México, Folios Ediciones, l983. [xxiv] Sobre este fenómeno, que evidentemente no es exclusivo de América Latina, resulta aleccionadora la reflexión de Fredric Jameson en su "Prefacio a la edición estadounidense" de Caliban [Minneapolis, University of Minnesota Press, 1989]. Véase Todo Caliban. Obra citada. Particularmente p. 13. [xxv] Hemos tratado de desarrollar este argumento en Nuestro Marx. Caracas, Misión Conciencia, 2011. pp. 68, 472-474 y sig. [xxvi] Véase Roberto Fernández Retamar: Todo Caliban. Obra citada. p. 71. [xxvii] Véase José Carlos Mariátegui: "Aniversario y balance", Editorial de Amauta, 1928. En José Carlos Mariátegui: Obras . La Habana, Casa de las Américas, 1982. [xxviii] Véase José Enrique Rodó: Ariel. Obra citada. Las referencias a Grecia, entendida como modelo arquetípico de "la cultura" opuesto a "la civilización" de los Estados Unidos (un motivo común a gran parte de los exponentes del modernismo latinoamericano), pueden encontrarse en pp. 54, 67, 80, 111 y 130.   http://www.rebelion.org/noticia.php?id=132933&titular=caliban-y-la-cultura-insurgente-[Se han eliminado los trozos de este mensaje que no contenían texto]------------------------------------Este es un mensaje de la diaspora latinahttp://diaspora.zapto.org/diaspora_latina.htmlLa responsabilidad del mensaje es de aquel que lo envía. Nota: ESTE NO ES UN GRUPO DE NOTICIAS, es un grupo de discucion y reflexion, para avisos y noticias, escribir a http://es.mc297.mail.yahoo.com/mc/compose?to=diaspora-noticias@yahoogroups.comEnlaces a Yahoo! 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