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sábado, 3 de marzo de 2012
PABLO GUEVARA : MI PADRE UN ZAPATERO ( LECTURA LUIS ANAMARIA)
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martes, 21 de febrero de 2012
PRESENTACION DE CORAZON DE ABRIL (POESIA) DE JONNY BARBIERI, PRESENTA JAVIER GARVICH
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martes, 22 de noviembre de 2011
WILLY GOMEZ: HUANCAYO"
| Willy
Gómez |
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| 33 | Poema incluido en "Una piedra que suena como un tambor: Novísimos de la poesía peruana", introducción, selección y notas de Miguel Ángel Zapata. |
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Willy Gómez
domingo, 20 de noviembre de 2011
ORFELINDA HERRERA CORDOVA DE ANGELES (AYACUCHO) : CAMBIA DE RUTA
CAMBIA DE RUTA
Cambia cambia golondrina
cambia la ruta de tu vuelo
No vayas por el valle de los pinos
al país de los manantiales
ve por el desierto del hombre,
El está sin samaritana
Cambia de ruta golondrina
no vayas por el mar turquesa
al país de los almendros dulces,
ve a la playa de los niños,
Ellos quieren pintar tu vuelo
en su cuaderno del día.
Orlinda Herrera ( Coracora 1de mayo 1935 - Lima 3 de junio de 1999).
Doctora en educación en la UNMSM, publico varios poemarios entre ellos "La palabra azul" el mismo que hemos seleccionado : "Cambia de ruta". Pertenecio a la ANEA,APLIJ, Consejo Nacional de Mujeres del Peru.
Cambia cambia golondrina
cambia la ruta de tu vuelo
No vayas por el valle de los pinos
al país de los manantiales
ve por el desierto del hombre,
El está sin samaritana
Cambia de ruta golondrina
no vayas por el mar turquesa
al país de los almendros dulces,
ve a la playa de los niños,
Ellos quieren pintar tu vuelo
en su cuaderno del día.
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POESIA FEMENINA
jueves, 17 de noviembre de 2011
ROSINA VALCARCEL: UN REVOLVER ARROJA GIRASOLES
(a Juan Cristóbal)
Un revolver arroja girasoles, cintas esmeraldas, volantes
y doma a aquel animal marino que bebe cervezas tempranito
A veces no lo veo pero su incienso de gitano me rodea
Y el son de viejos boleros de cantina parricidas
El aroma de se acrecienta y enreda etamarindo stas huellas
Él alucina platicar con las piedras de su barrio
Y con Alfredo Portal gritar consignas subversivas
en el mercado de San Miguelito
y narrarle cuentos a Almendra, la princesa de su mansión
Sabemos que duerme como un niño a pierna suelta
y se ríe de los fantasmas a la hora de la Luna
para descubrir el misterio de la noche
la sonrisa de su leal hija
y el hechizo de Eurídice.
Rosina
Un revolver arroja girasoles, cintas esmeraldas, volantes
y doma a aquel animal marino que bebe cervezas tempranito
A veces no lo veo pero su incienso de gitano me rodea
Y el son de viejos boleros de cantina parricidas
El aroma de se acrecienta y enreda etamarindo stas huellas
Él alucina platicar con las piedras de su barrio
Y con Alfredo Portal gritar consignas subversivas
en el mercado de San Miguelito
y narrarle cuentos a Almendra, la princesa de su mansión
Sabemos que duerme como un niño a pierna suelta
y se ríe de los fantasmas a la hora de la Luna
para descubrir el misterio de la noche
la sonrisa de su leal hija
y el hechizo de Eurídice.
Rosina
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ROSINA VALCARCEL
jueves, 3 de febrero de 2011
JUAN CRISTOBAL: DESDE UNA APARENTE SERENIDAD ( POSDATA)
DESDE UNA APARENTE
SERENIDAD
JUAN
CRISTÒBAL
Cómo duele el dolor de la
noche
J.M. EGUREN
Las horas pasan
y los instantes
caen en la eternidad
ANONIMO
...en la tierra se agitan las
raíces
ODISEAS ELYTIS
primera parte
primera parte
El tiempo taladra un espiral
en la piedra
y alli duerme
y despertarà
JOSE WATANABE
POSTDATA
Vengo
de los aires olvidados de una aldea
de las últimas hojas chamuscadas en los viejos
cementerios
del corazón de esos animales pudriéndose en la lluvia
de los lodazales inmundos de la culpa
de las desconocidas telarañas revelando su silencio
pero no sé dónde me dirijo
dónde va la realidad desquiciada de mis huellas
la mirada arrinconada de mi rostro en la sal de mi
nostalgia
por eso
no me despido de la luna
de las raíces eternas del ciruelo
simplemente
como un eterno vagabundo
escribo estas palabras
como si fuesen un poema
cuya imagen oculta sus heridas
y sus sueños el cielo haroposo del verano
miércoles, 29 de diciembre de 2010
JORGE TEILLIER
viernes, 11 de septiembre de 2009
Washington Delgado
Para vivir mañana
" Mi casa está llena de muertos
es decir, mi familia, mi país,
mi habitación en otra tierra,
el mundo que a escondidas miro.
Cuando era niño con una flor
cubría todo el cielo.
¿De qué cuerpo sacaré ahora sombra
para vivir con un poco de ternura?
Escucharé a los muertos hablar
para que el mundo no sea como es
pero debo besar un rostro vivo
para vivir mañana todavía.
Para vivir mañana debo ser una parte
de los hombres reunidos.
Una flor tengo en la mano, un día
canta en mi interior igual que un hombre.
Pálidas muchedumbres me seducen;
no es un instante de alegría o tristeza:
la tierra es ancha e infinita
cuando los hombres se juntan. "
" Mi casa está llena de muertos
es decir, mi familia, mi país,
mi habitación en otra tierra,
el mundo que a escondidas miro.
Cuando era niño con una flor
cubría todo el cielo.
¿De qué cuerpo sacaré ahora sombra
para vivir con un poco de ternura?
Escucharé a los muertos hablar
para que el mundo no sea como es
pero debo besar un rostro vivo
para vivir mañana todavía.
Para vivir mañana debo ser una parte
de los hombres reunidos.
Una flor tengo en la mano, un día
canta en mi interior igual que un hombre.
Pálidas muchedumbres me seducen;
no es un instante de alegría o tristeza:
la tierra es ancha e infinita
cuando los hombres se juntan. "
domingo, 9 de agosto de 2009
LA MUERTE DE JESÚS OROPEZA (*)
JUAN CARLOS LAZARO
Y he aquí que los guardias civiles
lo buscaron una noche antes del canto del gallo.
"Yo soy Jesús", les dijo él.
Rodaron por tierra unas monedas,
y entonces se lo llevaron.
Los caminos del Perú, pedregosos,
le recordaron los de Jerusalén.
"Padre mío", dijo, no con una cruz encima,
sino con grilletes de acero
que herían sus manos.
A mitad del camino los guardias civiles
le cricificaron a balazos.
Le prendieron fuego aún vivo. Explotaron
en su vientre una granada de guerra.
Pero su justo corazón permaneció intacto.
Cayó la tarde. Hubo tormenta...
Así sucedió en Jerusalén
en el año treinitrés de nuestra Era.
Así sucedió en el Perú en 1984.
(*) Luchador social peruano. Fue secretario de comunidades campesinas de la Confederación Nacional Agraria (CNA). Detenido ilegalmente por efectivo policiales, se le ejecutó bajo la infundada acusación de terrorismo en julio de 1984.
Y he aquí que los guardias civiles
lo buscaron una noche antes del canto del gallo.
"Yo soy Jesús", les dijo él.
Rodaron por tierra unas monedas,
y entonces se lo llevaron.
Los caminos del Perú, pedregosos,
le recordaron los de Jerusalén.
"Padre mío", dijo, no con una cruz encima,
sino con grilletes de acero
que herían sus manos.
A mitad del camino los guardias civiles
le cricificaron a balazos.
Le prendieron fuego aún vivo. Explotaron
en su vientre una granada de guerra.
Pero su justo corazón permaneció intacto.
Cayó la tarde. Hubo tormenta...
Así sucedió en Jerusalén
en el año treinitrés de nuestra Era.
Así sucedió en el Perú en 1984.
(*) Luchador social peruano. Fue secretario de comunidades campesinas de la Confederación Nacional Agraria (CNA). Detenido ilegalmente por efectivo policiales, se le ejecutó bajo la infundada acusación de terrorismo en julio de 1984.
sábado, 1 de agosto de 2009
ANDANZAS, TRAVESIAS Y NAUFRAGIOS
POEMARIO DE JUAN CARLOS LAZARO Y HECTOR ROSAS PADILLA
EDICIONES SOL Y NIEBLA
PRIMERA EDICION 2009
TELEFONO 4267964
hechosperu@hotmail.com
El poeta Juan Carlos Lazaro ha tenido la gentiliza de obsequiarnos su reciente producción, callado, sin aspavientos de gran poeta, sin presentaciones alambicadas; Juan Carlos avanza en su poesía, aquí una muestra pequeña pero significativa .
Sali a deambular
JUAN CARLOS LAZARO
Salí a deambular por la ciudad
Luna llena y domingo
Este soy yo-dije-, amante ciego
y loco como Edipo.
Basura, Suicidas. Perros vagos.
Yo y los fantasmas.
La ciudad era un ala de sombra
Acaso un templo de sombra
Besé a la luna.
Y ofrecí mi corazón al sacrificio.
EDICIONES SOL Y NIEBLA
PRIMERA EDICION 2009
TELEFONO 4267964
hechosperu@hotmail.com
El poeta Juan Carlos Lazaro ha tenido la gentiliza de obsequiarnos su reciente producción, callado, sin aspavientos de gran poeta, sin presentaciones alambicadas; Juan Carlos avanza en su poesía, aquí una muestra pequeña pero significativa .
Sali a deambular
JUAN CARLOS LAZARO
Salí a deambular por la ciudad
Luna llena y domingo
Este soy yo-dije-, amante ciego
y loco como Edipo.
Basura, Suicidas. Perros vagos.
Yo y los fantasmas.
La ciudad era un ala de sombra
Acaso un templo de sombra
Besé a la luna.
Y ofrecí mi corazón al sacrificio.
martes, 21 de julio de 2009
JUAN CRISTOBAL : UCHURACCAY
¿Eres el infierno o la sequedad
interminable de la muerte
creciendo como una herida entre los muros?
En esa espantosa soledad
despedazada de los tiempos
donde unos hombres Por culpa de otros
de inconfesables miserias
fueron animales y pasto de pavorosa matanza
en los secretos inacabables del día
mientras la lluvia El hacha atolondrada del cielo
crecían en el rencor de los musgos
como carne viva de toda sospecha
Pues en Uchuraccay Donde todos somos culpables
-según los innumerables y abominables testigos-
nadie reclama a los muertos A los nuestros
enterrados una mañana como frutas podridas
al pie de la soledad y los ríos
juancristobal2001@yahoo.es
telefono 3684782 / 4612550
La esperanza nos aguarda, pero en un abismo (Benedetti
interminable de la muerte
creciendo como una herida entre los muros?
En esa espantosa soledad
despedazada de los tiempos
donde unos hombres Por culpa de otros
de inconfesables miserias
fueron animales y pasto de pavorosa matanza
en los secretos inacabables del día
mientras la lluvia El hacha atolondrada del cielo
crecían en el rencor de los musgos
como carne viva de toda sospecha
Pues en Uchuraccay Donde todos somos culpables
-según los innumerables y abominables testigos-
nadie reclama a los muertos A los nuestros
enterrados una mañana como frutas podridas
al pie de la soledad y los ríos
juancristobal2001@yahoo.es
telefono 3684782 / 4612550
La esperanza nos aguarda, pero en un abismo (Benedetti
sábado, 4 de abril de 2009
José María Eguren
(Perú, 1874 – 1942). De más alto interés que muchos coetáneos suyos que en su tiempo gozaron de una extrema popularidad, la vida de este sin embargo menos conocido poeta no conoció de mayores accidentes notables y puede vérsela como el cumplimiento fiel, en apartamiento y soledad, de una rigurosa vocación poética y artística general. Por razones de su precaria salud (fue débil y enfermizo desde pequeño), de niño y adolescente pasó largas temporadas en el campo, en algunas haciendas de la familia; y esta experiencia inmediata de la naturaleza, que el inquieto muchacho apuraba con curiosidad y fruición, fue decisiva en el refinamiento de los sentidos que luego su poesía revelará. Más tarde se traslada a Barranco, una tranquila villa-balneario junto al mar y próxima a la capital del Perú, donde residirá en paz y sosiego absolutos durante más de treinta años. Por los mismos motivos de salud no había podido completar regularmente sus estudios y ahora, en Barranco, compensará esa deficiencia con la lectura voraz de decadentes y simbolistas europeos (principalmente franceses: Baudelaire, Verlaire, Mallarmé, Rimbaud, Octave Mirbeau, pero también D´Anunzio); de la literatura infantil de los nórdicos (Grimm, Andersen); y de los grandes maestros del prerrafaelismo y el esteticismo inglés (Ruskin, Rosetti, Wilde), todos los cuales dejaron una huella, pero muy asimilada y personal, en su obra de creación y en su pensamiento poético. Se dedicó también, intensa y continuadamente, a la pintura; y fue un artista plástico de gran interés que concluyó llevando a sus acuarelas y dibujos las figuras y los motivos enigmáticos en su misma poesía.
Por dificultades económicas que afectaron a la familia, se traslada en los últimos años de su vida a Lima, y allí ejerce el modesto puesto de bibliotecario del Ministerio de Educación. Parece que fue un hombre sencillo, afable, entrañable, de personalidad simpática y hasta candorosa, que se granjeó la admiración y el respeto de peruanos ilustres de su época (desde Manuel González Prada hasta Jose Carlos Mariátegui) y de sus amigos íntimos, que han dejado de él cálidas evocaciones de la devoción y el afecto que su persona despertaba. Se entretenía, casi infantilmente, con cosas pequeñas pero siempre relacionadas con el arte: se mostraba, por ejemplo, muy orgulloso de haber inventado una minúscula máquina fotográfica ("del tamaño aproximado de un corcho de botella", cuenta su biógrafo, crítico y amigo Estuardo Núñez) con la que tomaba fotos en miniatura del paisaje y de animales y plantas. Ya en su alta madurez logró en su país el justo reconocimiento público que, por la inercia habitual de la crítica, le había sido inicialmente negado. Pero vivió en un silencio y recogimiento cordial, nada hosco, en una suerte de correlato o metáfora existencial de su propia poesía, desligada sin acritud de la realidad material e histórica. Una declaración suya, emitida sólo dos años antes de su muerte, casi resume el sentido íntimo de todo su quehacer vital y creativo: "Vivo cercando el misterio de las palabras y de las cosas que nos rodean".
Hacia 1929, y cuando estrictamente poética (al menos, la de su lirismo en verso) parecía debilitada o extenuada, se dio al ejercicio de la prosa, que antes apenas había cultivado. (Curiosamente por esas mismas fechas, en un contemporáneo español de Eguren, Antonio Machado, se habría de producir un muy similar encauzamiento hacia la prosa de su tarea de escritor y aun rigurosamente de poeta). El peruano comenzó a publicar entonces (primero en Amauta, la importante revista que fundara y dirigiera Mariátegui, y después y más frecuentemente en La Revista Semanal de Lima y en otras publicaciones (unos fascinantes artículos en prosa, de temática diversa y de índole entre ensayística y poemático (algunos eran verdaderos poemas en prosa), que son de gran interés para adentrarnos en su personal visión de la naturaleza y el arte. Entre 1930 y 1931 dio a las prensas los más de ellos donde, según sus palabras, "No me produzco como filósofo sino siempre como poeta", pues al conocimiento, añade, se pude llegar "por el camino más vasto, desordenado y misterioso de los ensueños poéticos". Se sabe que intentaba recoger esos artículos en libro; pero esto no llegó a producirse sino póstumamente: en la edición que, bajo el título de Motivos estéticos, realizara Estuardo Núñez en 1959. Hoy pueden leerse también, con el rótulo simplificado de Motivos (que parece era el que el autor destinaba para el conjunto) en la más fidedigna edición suya con que al cabo contamos: la ejecutada, con gran rigor y abundante acopio de notas aclaratorias y material bibliográfico, por Ricardo Silva-Santisteban: las Obras completas (1974) de Eguren que se anota en la Bibliografia. De sentido y valor más que meramente ancilar, esos Motivos son un complemento indispensable para la apreciación del norte a que apuntaba su trabajo de creación lírica.
Y aquí viene la "rareza", de común señalada en este poeta. Anti-declamatorio, anti-retórico, anti-elocuente; nada explicativo, nada descriptivo, nada narrativo (en una palabra: felizmente antichocano, su contrapartida más notable en las letras de su país), Eguren se entra con pulso firme, desde su primer libro, en una poesía que descansa fuertemente sobre la incursión tenaz por los mundos del misterio y el sueño. Una poesía que, en su empeño de rehuir la réplica realista y aun la recreación parnasista, se apoya sólo en la sugerencia y la impresión, las correspondencias y las sinestesias, el símbolo con su poder de vinculación entre el fenómeno sensible y su significación transvisible, los colores tamizados y los matices imprecisos, la música fiel pero asordinada, y una querencia especial por los ambientes de niebla y nocturnidad. Todo ello alude, para resumirlo en una sola noción, al ámbito espiritual y estético del simbolismo. Por ello se ha podido llegar ha decir que "Eguren es el único poeta simbolista de la lengua castellana que merezca llamarse tal" (Ricardo Silva-Santisteban); y aun el libro Eguren, el obscuro, de Xavier Abril, pudo subtitularse adecuadamente El simbolismo en América.
Esta correcta adscripción del poeta a la estética simbolista, hoy unánimemente admitida con toda legitimidad, ha causado sin embargo algunas dificultades en cuanto a la recta ubicación de Eguren en la historia literaria. En efecto, suele afirmarse que éste trasciende o supera el modernismo porque fue a beber, precisamente, en las esencias más vivas del simbolismo. Y hay en esta valoración algo erróneo y precipitado: el hecho de enfrentar ambas modulaciones artísticas como totalmente opuestas e irreductibles. Ya reconocemos, al fin, que el simbolismo fue, entre las estéticas que confluyeron en el sincretismo modernista, la más alta y válida, en términos de pura poesía y de permanencia (si bien entonces no la más ostensiva, al estar nublada por orientaciones más deslumbrantes y luminosas, como las del parnasianismo y otras). Pero no se traiciona el modernismo si, como lo hizo Eguren, se intenta depurar la veta simbolista, liberándola de cualquier ingrediente adicional que a los efectos de tal depuración pudiera resultar espurio. No se considera razón válida, para expulsar a un poeta de la nómina modernista, el hecho de haber escrito una composición, o todo un libro, parnasianista. ¿Por qué proceder de contrario modo si lo que otro poeta tiene en su haber es una obra completamente simbolista? La cuestión está planteada mal desde su enfoque porque sigue operando sobre la identificación excluyente de modernismo y preciosismo superficial, que la crítica más seria y comprensiva de los últimos tiempos ha abolido definitivamente.
De todos modos, algo hay de verdad al asumir que el poeta peruano trasciende al modernismo. Lo trasciende, sí, en el sentido de acendrarlo, sutilizarlo; pero conservándose leal, en lo más hondo, a lo que fue esencial en la gestión modernista: el respeto de la palabra hermosa y la fe en la belleza (que en él resultaria en el gusto por un léxico selecto y aristocrático, libre aún de los prosaísmos y asperezas que el coloquio posterior consentirá); el acuerdo con la música y la armonía del mundo (y en uno de sus Motivos, el titulado "Sintonismo", anota: "La naturaleza es un surtidor de sones finos y temerosos, exhalados por miríadas de entes frágiles"); la búsqueda, a través de las correspondencias simbólicas, de la integración en una unidad suprema de todo lo que al espíritu se le presenta, en su inmediatez, como escindido, dual, dialéctico y contradictorio. Apenas si la ironía roza esta poesía: esbelta y delgada, pero fuerte torre interior que resiste (incólume) los embates descructivistas y antiformales que las vanguardias lanzarán contra el ideario estético de los modernistas en el lenguaje y en la forma, y su pasión por la música y la belleza (todo lo cual, en Eguren, es bastión intocado).
¿Otro modernismo el de este poeta, diferente por reacción (aunque no fuera único en su caso) al brillante y tantas veces exterior de muchos escritores del período? De acuerdo, entonces. Otro modernismo, más esencial y depurado que por eso parece ya también poesía nueva, con respecto a aquel y, por tanto y para nosotros, poesía más próxima. Sin atribuir un excesivo determinismo a la cronología en cuestiones estéticas, no es ocioso recordar que la fecha de nacimiento de Eguren (1874) cae exactamente entre las de Guillermo Valencia (1873), Leopoldo Lugones (1874) y Julio Herrera y Reissig (1875)- es decir, entre nombres mayores de la segunda generación modernista. Pero es, sobre todo, debido a las razones intrínsecas anteriormente aludidas, por lo que José María Eguren no puede estar ausente en una antología de la poesía modernista. Y no es tampoco ocasional que, entre los recién citados (si bien por muy diferentes caminos), también a Lugones y a Herrera y Reissig les corresponda esa misma y privilegiada situación dual: de un modo u otro, cuestionan ya al modernismo desde dentro y, al hacerlo, anuncian el advenimiento de nuevos derroteros (y en Eguren, particularmente, el de la poesía pura de entreguerras). La historia (el futuro, la dinámica del arte) ya estaba con ellos en marcha.
Pues en esos poetas el irracionalismo y la desrealización, mecanismos básicos de la estética que vendrá, van a hacerse capitales en la creación poética. En Eguren, cualquiera que sea el estímulo exterior del poema (un detalle del paisaje, un dato de cultura, un motivo medieval, un asunto infantil) acaba por transmutarse en visiones interiores y desmaterializadas, donde ráfagas oníricas y alucinatorias van conformando un cuerpo verbal de alusiones, señas y símbolos cuyo único referente auténticos la interpretación subjetiva del mundo (no la realidad de ese mundo) que se ha operado en el orbe de los sueños y ensueños del poeta. Por ello se le ha tildado de oscuro y difícil. Mayor razón lleva Américo Ferrari cuando asienta que "sería más adecuado decir que se trata de una poesía secreta, porque se empeña en revelar un modo oculto, un mundo que cuando más se manifiesta y se revela en el verbo, más se oculta y cierra su secreto". Y este modo interiorizante, esencial y ambiguo de su palabra poética, tan preñada de sugestiones y visiones sorpresivas (que más que entregársela al lector, le hieren, deslumbran e inquietan) es quien le ratifica su absoluta modernidad a este extraño y visionario poeta del Perú.
BIBLIOGRAFIA
Obra poética
Simbólicas (1911). La canción de las figuras (1916). Poesías: Simbólicas, La canción de las figuras, Sombra, Rondinelas (1929). Poesías completas, estudio de Manuel Beltroy (Barranco-Lima, Colegio Nacional "José Mª Eguren", 1952). Antología poética, ed. Julio Ortega (Lima, Editorial Universitaria, 1966). Poesías completas y Prosas selectas (ed. Estuardo Nuñez, 1970). Antología poética, ed. Américo Ferrari (Valencia, Venezuela, Universidad de Carabobo, 1972). Obra poética completa, pról. Luis Alberto Sánchez (Lima, Editorial Milla Batres, 1974). Obras completas ed., pról. y notas de Ricardo Silva-Santisteban (Lima, Mosca Azul editores, 1974).
ESTUDIOS CRÍTICOS
Abril, Xavier: Eguren, el obscuro (el simbolismo en América), Córdoba (Argentina), Universidad nacional de Córdoba, 1970.
Abril, Xavier: "J. M. E. o la poesía simbolista", Entregas de la Alicorne (Montevideo), 4 (1954-55)
Abril, Xavier: "J. M. E., poeta simbolista", Le Lingüe Straniere (Roma), 15, 1 (1966).
Armaza, Emilio: Eguren, Lima, Editorial Juan Mejía Baca, 1959.
Deustúa, Raúl: "La poesía de J. M. E.", Tres (Lima), 9 (1941).
Deustúa, Raúl: "Cualidades plásticas y líricas en la poesía de J. M. E.", Bronce (Lima), 2, 3 (1942)
Ferrari, Américo: "La función del símbolo en la obra de J.M.E.", El simbolismo, ed. J.O. Jiménez (véase Bibliografía General).
Mariátegui, José Carlos: "Eguren", Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, Lima, Editorial Amauta, 1959.
Mariátegui, José Carlos: "Contribución a la crítica de Eguren", Amauta (Lima), 21 (1929).
Martín Adan: "Eguren", Mercurio Peruano, 17, 182 (1942).
Núñez, Estuardo: La poesía de Eguren, Lima, Cía de Impresiones y Publicidad, 1932.
Núñez, Estuardo: José María Eguren: Vida y Obra, Antología y Bibliografía, New York, Hispanic Institute, 1961.
Núñez, Estuardo: José María Eguren: Vida y Obra, Lima, Talleres Gráficos P. L. Villanueva, 1964.
Núñez Estuardo: "Silencio y sonido en la obra poética de J.M.E.", Cuadernos Americanos, 17, 3 (1958).
Ortega, Julio: "J.M.E.", Figuración de la persona, Madrid, EDHASA, 1971.
Sánchez, Luis Alberto: "J.M.E.", Escritores representativos de América, 1ª serie, Vol. 3 (Véase Bibliografía general).
Silva-Santisteban, Ricardo, ed.: J.M.E. , Aproximaciones y perspectivas, Lima, Universidad del Pacífico, 1977.
Rouillón Arrospide, José Luis: Las formas fugaces de José María Eguren. Lima, Ediciones Imágenes y Letras, 1974.
Westphalen, Emilio Adolfo: "Eguren y Vallejo: dos casos ejemplares", Diálogos (México), 84 (1978).
SELECCIÓN
De Simbólicas
Las bodas vienesas
En la casa de las bagatelas,
Vi un mágico verde de rostro cenceño,
Y las cincidelas
Vistosas le cubren la barba de sueño.
Dos infantes oblongos deliran
Y al cielo levantan sus rápidas manos,
Y dos rubias gigantes suspiran,
Y el coro preludian cretinos ancianos.
Que es la hora de la maravilla;
La música rompe de canes y leones
Y bajo chinesca pantalla amarilla
Se tuercen guineos con sus acordeones.
Y al compás de los címbalos suaves,
Del hijo del Rino comienzan las bodas;
Con sus basquiñas enormes y graves
Preséntase mustias las primeras beodas,
Y margraves de añeja Germania,
Y el rútilo extraño de blonda melena,
Y llega con flores azules de insania
La bárbara y dulce princesa de Viena.
Y al dulzor de las virgíneas camelias
Van pos del cortejo la banda macrobia,
Y rígidas, fuertes, las tías Amelias;
Y luego cojeando, cojeando la novia,
La luz de Varsovia.
Y en la racha que sube a los techos
Se pierden, al punto, las mudas señales,
Y al compás alegre de enanos deshechos
Se elevan divinos los cantos nupciales.
Y en la bruma de la pesadilla
Se ahogan luceros azules y raros,
Y, al punto, se extiende como nubecilla
El mago misterio de los ojos claros.
Marcha fúnebre de una Marionnette
Suena trompa del infante con aguda melodía...
La farándula ha llegado a la reina Fantasía;
Y en las luces otoñales se levanta plañidera
La carroza plañidera.
Pasan luego, a la sordina, peregrinos y lacayos
Y con sus caparazones los acéfalos caballos;
Van azul melancolía
La muñeca. ¡No hagáis ruido!;
Se diría, se diría
Que la pobre se ha dormido.
Vienen túmidos y erguidos palaciegos borgoñones
Y los siguen arlequines con estrechos pantalones.
Ya monótona en litera
Va la reina de madera;
Y Paquita siente anhelo de reír y de bailar,
Flotó breve la cadencia de la murria y la añoranza;
Suena el pífano campestre con los aires de la danza.
¡Pobre, pobre marionnette que la van a sepultar!
Con silente poesía
Va un grotesco Rey de Hungría
Y los siguen los alanos;
Así toda la jauría
Con los viejos cortesanos.
Y en tristor a la distancia
Vuelan goces de la infancia,
Los amores incipientes, los que nunca han de durar.
¡Pobrecita la muñeca que la van a sepultar!
Melancólico el zorcico se prolonga en la mañana,
La penumbra se difunde por el monte y la llanura,
Marionnette deliciosa va a llegar a la temprana
Sepultura.
En la trocha aúlla el lobo
Cuando gime el melodioso paro bobo.
Tembló el cuerno de la infancia con aguda melodía
Y la dicha tempranera a la tumba llega ahora
Con funesta poesía
Y Paquita danza y llora.
Los reyes rojos
Desde la aurora
Combaten los reyes rojos,
Con lanza de oro.
Por verde bosque
Y en los purpurinos cerros
Vibra su ceño.
Falcones reyes
Batallan en lejanías
De oro azulinas.
Por la luz cadmio,
Airadas se ven pequeñas
Sus formas negras.
Viene la noche
Y firmes combaten foscos
Los reyes rojos.
El dominó
Alumbraron en la mesa los candiles,
Moviéronse solos los aguamaniles,
Y un dominó vacío, pero animado,
Mientras ríe por la calle la verbena,
Se sienta iluminado,
Y principia la cena.
Su claro antifaz de un amarillo frío
Da los espantos en derredor sombrío
Esta noche de insondables maravillas,
Y tiende vagas, lucifugas señales
A los vasos, las sillas
Los ausentes comensales.
Y luego en horror que nacarado flota,
Por la alta noche de voluptad ignota,
En la luz olvida manjares dorados,
Ronronea una oración culpable, llena
De acentos desolados,
Y abandona la cena.
La dama i
La dama i, vagorosa
En la niebla del lago,
Canto las finas trovas,
Va en su góndola encantada
De papel a la misa
Verde de la mañana.
Y en su ruta va cogiendo
Las dormidas umbelas
Y los papiros muertos.
Los sueños rubios de aroma
Despiertan blandamente
Su sardana en las hojas.
Y parte dulce, adormida,
A la borrasca iglesia
De la luz amarilla.
Lied III
En la costa brava
Suena la campana,
Llamando a los antiguos
Bajales sumergidos.
Y como tamiz celeste
Y el luminar de hielo,
Pasan tristemente
Los bajales muertos.
Carcomidos, flavos,
Se acercan bajando...
Y por las luces dejan
Oscuras estelas.
Con su lenguaje incierto,
Parece que sollozan,
A la voz de invierno,
Preterida historia.
En la costa brava
Suena la campana
Y se vuelven las naves
Al panteón de los mares.
De La canción de las figuras
La niña de la lámpara azul
En el pasadizo nebuloso
Calcula mágico sueño de Estambul,
Su perfil presenta destelloso
La niña de la lampara azul.
Ágil y risueña se insinúa,
Y su llama seductora brilla,
Tiembla en su cabello la garúa
De la playa de la maravilla.
Con voz infantil y melodiosa
el fresco aroma de abedul,
habla de una vida milagrosa
la niña de la lámpara azul.
Con cálidos ojos de dulzura
Y besos de amor matutino,
Me ofrece la bella criatura
Un mágico y celeste camino.
De encantación en un derroche,
Hiende leda, vaporoso tul;
Y me guía a través de la noche
La niña de la lámpara azul.
Nocturno
De Occidente la luz matizada
Se borra, se borra;
En el fondo del valle se inclina
La pálido sombra.
Los insectos que pasan la bruma
se mecen y flotan,
y en su largo mareo golpean
las húmedas hojas.
Por el tronco ya sube, ya sube
La nítida tropa
De las larvas que, en ramas desnudas,
Se acuestan medrosas.
En las ramas de fusca alameda
Que ciñen las rocas,
Bengalíes se mecen dormidos,
Soñando sus trovas.
Ya descansan los rubios silvanos
Que en punas y costas,
Con sus besos las blancas mejillas
Abrazan y doran.
En el lecho mullido la inquieta
Fanciulla reposa,
y muy grave su dulce, risueño
semblante se torna.
Que así viene la noche trayendo
Sus causas ignotas;
Así envuelve con mística niebla
Las ánimas todas.
Y las cosas, los hombres domina
La parda señora,
De brumosos cabellos flotantes
Y negra corona.
Lied V
La canción del adormido cielo
Dejó dulces pesares;
Yo quisiera dar vida a esa canción
Que tiene tanto de ti.
Ha caído la tarde sobre el musgo
Del cerco inglés,
Con aire de otro tiempo musical.
El murmurio de la última fiesta
Ha dejado colores tristes y suaves
Cual de primaveras oscuras
Y listones perlinos.
Y las dolidas notas
Han traído la melancolía
De las sombras galantes
Al dar sus adioses sobre la playa.
La celestía de tus ojos dulces
Tiene un pesar de canto,
Que el alma nunca olvidará.
El ángel de los sueños te ha besado
Para dejarte amor sentido y musical
Y cuyos sones de tristeza
Llegan al alma mía,
Como celestes miradas
En esta niebla de profunda soledad.
¡Es la canción simbólica
como un jazmín de sueño,
que tuviera tus ojos y tu corazón!
¡Yo quisiera dar vida a esta canción!
Peregrín cazador de figuras
En el mirador de la fantasía,
Al brillar del perfume
tembloroso de armonía;
en la noche que llamas consume;
cuando duerme el ánade implume,
Los órficos insectos se abruman
y luciérnagas fuman;
cuando lucen los silfos galones, entorcho
y vuelan mariposas de corcho
o los rubios vampiros cecean,
o las firmes jorobas campean;
por la noche de los matices,
de ojos muertos y largas narices;
en el mirador distante,
por las llanuras;
Peregrín cazador de figuras
Con ojos de diamante
Mira desde las ciegas alturas.
De Sombra, en Poesías (1929)
La Pensativa
En los jardines otoñales,
bajo palmeras virginales,
miré pasar muda y esquiva
la Pensativa.
La vi en azul de la mañana,
Con su mirada tan lejana;
Que en el misterio se perdía
De la borrosa celestía.
La vi en rosados barandales
Donde lucía sus briales;
Y su faz bella vespertina
Era un pesar en la neblina...
Luego marchaba silenciosa
A la penumbra candorosa;
Y un triste orgullo la encendía,
¿Qué pensaría?
¡Oh su semblante nacarado
Con la inocencia y el pecado!
¡oh, sus miradas peregrinas
de las llanuras mortecinas!
Era beldad hechizadora;
Era el dolor que nunca llora;
¿Sin la virtud y la ironía
Qué sentiría?
En la serena madrugada,
La vi volver apesarada,
Rumbo al poniente, muda, esquiva
¡La Pensativa!
El bote viejo
Bajo brillante niebla,
de saladas actinias cubierto,
Amaneció en la playa,
Un bote viejo.
Con arena, se mira
La banda de sus bateleros,
Y en la quilla verdosos
Calafateos.
Bote triste, yacente,
Por los moluscos horadado;
Ha venido de ignotos
Muelles amargos.
Apareció en la bruma
Y en la armonía de la aurora;
Trajo de los rompientes
Doradas conchas.
A sus bancos remeros,
A sus amarillentas sogas,
Viene los cormoranes
Y las gaviotas.
Los pintorescos niños,
Cuando dormita la marea
Lo llenan de cordajes
Y de banderas.
Los novios, e la tarde,
En su alta quilla se recuestan;
Y a los vientos marinos,
De amor se besan.
Mas el bote ruinoso
De las arenas del estuario,
Ansía los distantes
Muelles dorados.
Y en la profunda noche,
En fino tumbo abrillantado,
Partió el bote muriente
A los botes lejanos.
El andarín de la noche
El oscuro andarín de la noche
Detiene el pasa junto a la torre,
Y al centinela
Le anuncia roja, cercana la guerra.
Le dice al viejo de la cabaña
Que hay batidores en la sabana;
Sordas linternas
En los juncales y oscuras sendas.
A las ciudades capitolinas
Va el pregonero de la desdicha;
Y en la tiniebla
Del extramuro, tardo se aleja.
En la batalla cayó la torre;
Siguieron ruinas, desolaciones;
Canes sombríos
Buscan los muertos en los caminos.
Suenan los bombos y las trompetas
Y las picotas y las cadenas;
Y nadie ha visto, por el confín;
Nadie recuerda
Al andarín.
De Rondinelas, en Poesías (1929)
Favila
En la arena
Se ha bañado la sombra
Una, dos
Libélulas fantasmas...
Aves de humo
Van a la penumbra
Del bosque.
Medio siglo
Y en el límite blanco
Esperamos la noche.
El pórtico
Con perfume de algas,
El último mar.
En la sombra
Ríen los triángulos.
Canción cubista
Alameda de rectángulos azules.
La torre alegre
Del dandy.
Vuelan
Mariposas fotos.
En el rascacielo
Un gallo negro de papel
Saluda la noche.
Más allá de Hollywood,
En tiniebla distante
La ciudad luminosa,
De los obeliscos
De nácar.
En la niebla
La garzona
Estrangula un fantasma.
La canción del regreso
Mañana violeta.
Voy por la pista alegre
Con el suave perfume
Del retamal distante.
En el cielo hay una
Guirnalda triste.
Lejana duerme
La ciudad encantada
Con amarillo sol.
Todavía cantan los grillos
Trovadores del campo
Tristes y dulces
Señales de la noche pasada;
Mariposas oscuras
Muertas junto a los faroles;
En la reja amable
Una cinta celeste;
Tal vez caída
En el flirteo de la noche.
Las tórtolas despiertan,
Tienden sus alas;
Las que entonaron en la tarde
La canción del regreso.
Pasó la velada alegre
Con sus danzas
Y el campo se despierta
Con el candor; un nuevo día.
Los aviones errantes,
Las libélulas locas
La esperanza destellan.
Por la quinta amanece
Dulce rondó de anhelos.
Voy por la senda blanca
Y como el ave entono,
Por mi tarde que viene
La canción del regreso.
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Página creada por Mª Carmen Pérez y Carlos Clausell, Universitat Jaume I.
Por dificultades económicas que afectaron a la familia, se traslada en los últimos años de su vida a Lima, y allí ejerce el modesto puesto de bibliotecario del Ministerio de Educación. Parece que fue un hombre sencillo, afable, entrañable, de personalidad simpática y hasta candorosa, que se granjeó la admiración y el respeto de peruanos ilustres de su época (desde Manuel González Prada hasta Jose Carlos Mariátegui) y de sus amigos íntimos, que han dejado de él cálidas evocaciones de la devoción y el afecto que su persona despertaba. Se entretenía, casi infantilmente, con cosas pequeñas pero siempre relacionadas con el arte: se mostraba, por ejemplo, muy orgulloso de haber inventado una minúscula máquina fotográfica ("del tamaño aproximado de un corcho de botella", cuenta su biógrafo, crítico y amigo Estuardo Núñez) con la que tomaba fotos en miniatura del paisaje y de animales y plantas. Ya en su alta madurez logró en su país el justo reconocimiento público que, por la inercia habitual de la crítica, le había sido inicialmente negado. Pero vivió en un silencio y recogimiento cordial, nada hosco, en una suerte de correlato o metáfora existencial de su propia poesía, desligada sin acritud de la realidad material e histórica. Una declaración suya, emitida sólo dos años antes de su muerte, casi resume el sentido íntimo de todo su quehacer vital y creativo: "Vivo cercando el misterio de las palabras y de las cosas que nos rodean".
Hacia 1929, y cuando estrictamente poética (al menos, la de su lirismo en verso) parecía debilitada o extenuada, se dio al ejercicio de la prosa, que antes apenas había cultivado. (Curiosamente por esas mismas fechas, en un contemporáneo español de Eguren, Antonio Machado, se habría de producir un muy similar encauzamiento hacia la prosa de su tarea de escritor y aun rigurosamente de poeta). El peruano comenzó a publicar entonces (primero en Amauta, la importante revista que fundara y dirigiera Mariátegui, y después y más frecuentemente en La Revista Semanal de Lima y en otras publicaciones (unos fascinantes artículos en prosa, de temática diversa y de índole entre ensayística y poemático (algunos eran verdaderos poemas en prosa), que son de gran interés para adentrarnos en su personal visión de la naturaleza y el arte. Entre 1930 y 1931 dio a las prensas los más de ellos donde, según sus palabras, "No me produzco como filósofo sino siempre como poeta", pues al conocimiento, añade, se pude llegar "por el camino más vasto, desordenado y misterioso de los ensueños poéticos". Se sabe que intentaba recoger esos artículos en libro; pero esto no llegó a producirse sino póstumamente: en la edición que, bajo el título de Motivos estéticos, realizara Estuardo Núñez en 1959. Hoy pueden leerse también, con el rótulo simplificado de Motivos (que parece era el que el autor destinaba para el conjunto) en la más fidedigna edición suya con que al cabo contamos: la ejecutada, con gran rigor y abundante acopio de notas aclaratorias y material bibliográfico, por Ricardo Silva-Santisteban: las Obras completas (1974) de Eguren que se anota en la Bibliografia. De sentido y valor más que meramente ancilar, esos Motivos son un complemento indispensable para la apreciación del norte a que apuntaba su trabajo de creación lírica.
Y aquí viene la "rareza", de común señalada en este poeta. Anti-declamatorio, anti-retórico, anti-elocuente; nada explicativo, nada descriptivo, nada narrativo (en una palabra: felizmente antichocano, su contrapartida más notable en las letras de su país), Eguren se entra con pulso firme, desde su primer libro, en una poesía que descansa fuertemente sobre la incursión tenaz por los mundos del misterio y el sueño. Una poesía que, en su empeño de rehuir la réplica realista y aun la recreación parnasista, se apoya sólo en la sugerencia y la impresión, las correspondencias y las sinestesias, el símbolo con su poder de vinculación entre el fenómeno sensible y su significación transvisible, los colores tamizados y los matices imprecisos, la música fiel pero asordinada, y una querencia especial por los ambientes de niebla y nocturnidad. Todo ello alude, para resumirlo en una sola noción, al ámbito espiritual y estético del simbolismo. Por ello se ha podido llegar ha decir que "Eguren es el único poeta simbolista de la lengua castellana que merezca llamarse tal" (Ricardo Silva-Santisteban); y aun el libro Eguren, el obscuro, de Xavier Abril, pudo subtitularse adecuadamente El simbolismo en América.
Esta correcta adscripción del poeta a la estética simbolista, hoy unánimemente admitida con toda legitimidad, ha causado sin embargo algunas dificultades en cuanto a la recta ubicación de Eguren en la historia literaria. En efecto, suele afirmarse que éste trasciende o supera el modernismo porque fue a beber, precisamente, en las esencias más vivas del simbolismo. Y hay en esta valoración algo erróneo y precipitado: el hecho de enfrentar ambas modulaciones artísticas como totalmente opuestas e irreductibles. Ya reconocemos, al fin, que el simbolismo fue, entre las estéticas que confluyeron en el sincretismo modernista, la más alta y válida, en términos de pura poesía y de permanencia (si bien entonces no la más ostensiva, al estar nublada por orientaciones más deslumbrantes y luminosas, como las del parnasianismo y otras). Pero no se traiciona el modernismo si, como lo hizo Eguren, se intenta depurar la veta simbolista, liberándola de cualquier ingrediente adicional que a los efectos de tal depuración pudiera resultar espurio. No se considera razón válida, para expulsar a un poeta de la nómina modernista, el hecho de haber escrito una composición, o todo un libro, parnasianista. ¿Por qué proceder de contrario modo si lo que otro poeta tiene en su haber es una obra completamente simbolista? La cuestión está planteada mal desde su enfoque porque sigue operando sobre la identificación excluyente de modernismo y preciosismo superficial, que la crítica más seria y comprensiva de los últimos tiempos ha abolido definitivamente.
De todos modos, algo hay de verdad al asumir que el poeta peruano trasciende al modernismo. Lo trasciende, sí, en el sentido de acendrarlo, sutilizarlo; pero conservándose leal, en lo más hondo, a lo que fue esencial en la gestión modernista: el respeto de la palabra hermosa y la fe en la belleza (que en él resultaria en el gusto por un léxico selecto y aristocrático, libre aún de los prosaísmos y asperezas que el coloquio posterior consentirá); el acuerdo con la música y la armonía del mundo (y en uno de sus Motivos, el titulado "Sintonismo", anota: "La naturaleza es un surtidor de sones finos y temerosos, exhalados por miríadas de entes frágiles"); la búsqueda, a través de las correspondencias simbólicas, de la integración en una unidad suprema de todo lo que al espíritu se le presenta, en su inmediatez, como escindido, dual, dialéctico y contradictorio. Apenas si la ironía roza esta poesía: esbelta y delgada, pero fuerte torre interior que resiste (incólume) los embates descructivistas y antiformales que las vanguardias lanzarán contra el ideario estético de los modernistas en el lenguaje y en la forma, y su pasión por la música y la belleza (todo lo cual, en Eguren, es bastión intocado).
¿Otro modernismo el de este poeta, diferente por reacción (aunque no fuera único en su caso) al brillante y tantas veces exterior de muchos escritores del período? De acuerdo, entonces. Otro modernismo, más esencial y depurado que por eso parece ya también poesía nueva, con respecto a aquel y, por tanto y para nosotros, poesía más próxima. Sin atribuir un excesivo determinismo a la cronología en cuestiones estéticas, no es ocioso recordar que la fecha de nacimiento de Eguren (1874) cae exactamente entre las de Guillermo Valencia (1873), Leopoldo Lugones (1874) y Julio Herrera y Reissig (1875)- es decir, entre nombres mayores de la segunda generación modernista. Pero es, sobre todo, debido a las razones intrínsecas anteriormente aludidas, por lo que José María Eguren no puede estar ausente en una antología de la poesía modernista. Y no es tampoco ocasional que, entre los recién citados (si bien por muy diferentes caminos), también a Lugones y a Herrera y Reissig les corresponda esa misma y privilegiada situación dual: de un modo u otro, cuestionan ya al modernismo desde dentro y, al hacerlo, anuncian el advenimiento de nuevos derroteros (y en Eguren, particularmente, el de la poesía pura de entreguerras). La historia (el futuro, la dinámica del arte) ya estaba con ellos en marcha.
Pues en esos poetas el irracionalismo y la desrealización, mecanismos básicos de la estética que vendrá, van a hacerse capitales en la creación poética. En Eguren, cualquiera que sea el estímulo exterior del poema (un detalle del paisaje, un dato de cultura, un motivo medieval, un asunto infantil) acaba por transmutarse en visiones interiores y desmaterializadas, donde ráfagas oníricas y alucinatorias van conformando un cuerpo verbal de alusiones, señas y símbolos cuyo único referente auténticos la interpretación subjetiva del mundo (no la realidad de ese mundo) que se ha operado en el orbe de los sueños y ensueños del poeta. Por ello se le ha tildado de oscuro y difícil. Mayor razón lleva Américo Ferrari cuando asienta que "sería más adecuado decir que se trata de una poesía secreta, porque se empeña en revelar un modo oculto, un mundo que cuando más se manifiesta y se revela en el verbo, más se oculta y cierra su secreto". Y este modo interiorizante, esencial y ambiguo de su palabra poética, tan preñada de sugestiones y visiones sorpresivas (que más que entregársela al lector, le hieren, deslumbran e inquietan) es quien le ratifica su absoluta modernidad a este extraño y visionario poeta del Perú.
BIBLIOGRAFIA
Obra poética
Simbólicas (1911). La canción de las figuras (1916). Poesías: Simbólicas, La canción de las figuras, Sombra, Rondinelas (1929). Poesías completas, estudio de Manuel Beltroy (Barranco-Lima, Colegio Nacional "José Mª Eguren", 1952). Antología poética, ed. Julio Ortega (Lima, Editorial Universitaria, 1966). Poesías completas y Prosas selectas (ed. Estuardo Nuñez, 1970). Antología poética, ed. Américo Ferrari (Valencia, Venezuela, Universidad de Carabobo, 1972). Obra poética completa, pról. Luis Alberto Sánchez (Lima, Editorial Milla Batres, 1974). Obras completas ed., pról. y notas de Ricardo Silva-Santisteban (Lima, Mosca Azul editores, 1974).
ESTUDIOS CRÍTICOS
Abril, Xavier: Eguren, el obscuro (el simbolismo en América), Córdoba (Argentina), Universidad nacional de Córdoba, 1970.
Abril, Xavier: "J. M. E. o la poesía simbolista", Entregas de la Alicorne (Montevideo), 4 (1954-55)
Abril, Xavier: "J. M. E., poeta simbolista", Le Lingüe Straniere (Roma), 15, 1 (1966).
Armaza, Emilio: Eguren, Lima, Editorial Juan Mejía Baca, 1959.
Deustúa, Raúl: "La poesía de J. M. E.", Tres (Lima), 9 (1941).
Deustúa, Raúl: "Cualidades plásticas y líricas en la poesía de J. M. E.", Bronce (Lima), 2, 3 (1942)
Ferrari, Américo: "La función del símbolo en la obra de J.M.E.", El simbolismo, ed. J.O. Jiménez (véase Bibliografía General).
Mariátegui, José Carlos: "Eguren", Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, Lima, Editorial Amauta, 1959.
Mariátegui, José Carlos: "Contribución a la crítica de Eguren", Amauta (Lima), 21 (1929).
Martín Adan: "Eguren", Mercurio Peruano, 17, 182 (1942).
Núñez, Estuardo: La poesía de Eguren, Lima, Cía de Impresiones y Publicidad, 1932.
Núñez, Estuardo: José María Eguren: Vida y Obra, Antología y Bibliografía, New York, Hispanic Institute, 1961.
Núñez, Estuardo: José María Eguren: Vida y Obra, Lima, Talleres Gráficos P. L. Villanueva, 1964.
Núñez Estuardo: "Silencio y sonido en la obra poética de J.M.E.", Cuadernos Americanos, 17, 3 (1958).
Ortega, Julio: "J.M.E.", Figuración de la persona, Madrid, EDHASA, 1971.
Sánchez, Luis Alberto: "J.M.E.", Escritores representativos de América, 1ª serie, Vol. 3 (Véase Bibliografía general).
Silva-Santisteban, Ricardo, ed.: J.M.E. , Aproximaciones y perspectivas, Lima, Universidad del Pacífico, 1977.
Rouillón Arrospide, José Luis: Las formas fugaces de José María Eguren. Lima, Ediciones Imágenes y Letras, 1974.
Westphalen, Emilio Adolfo: "Eguren y Vallejo: dos casos ejemplares", Diálogos (México), 84 (1978).
SELECCIÓN
De Simbólicas
Las bodas vienesas
En la casa de las bagatelas,
Vi un mágico verde de rostro cenceño,
Y las cincidelas
Vistosas le cubren la barba de sueño.
Dos infantes oblongos deliran
Y al cielo levantan sus rápidas manos,
Y dos rubias gigantes suspiran,
Y el coro preludian cretinos ancianos.
Que es la hora de la maravilla;
La música rompe de canes y leones
Y bajo chinesca pantalla amarilla
Se tuercen guineos con sus acordeones.
Y al compás de los címbalos suaves,
Del hijo del Rino comienzan las bodas;
Con sus basquiñas enormes y graves
Preséntase mustias las primeras beodas,
Y margraves de añeja Germania,
Y el rútilo extraño de blonda melena,
Y llega con flores azules de insania
La bárbara y dulce princesa de Viena.
Y al dulzor de las virgíneas camelias
Van pos del cortejo la banda macrobia,
Y rígidas, fuertes, las tías Amelias;
Y luego cojeando, cojeando la novia,
La luz de Varsovia.
Y en la racha que sube a los techos
Se pierden, al punto, las mudas señales,
Y al compás alegre de enanos deshechos
Se elevan divinos los cantos nupciales.
Y en la bruma de la pesadilla
Se ahogan luceros azules y raros,
Y, al punto, se extiende como nubecilla
El mago misterio de los ojos claros.
Marcha fúnebre de una Marionnette
Suena trompa del infante con aguda melodía...
La farándula ha llegado a la reina Fantasía;
Y en las luces otoñales se levanta plañidera
La carroza plañidera.
Pasan luego, a la sordina, peregrinos y lacayos
Y con sus caparazones los acéfalos caballos;
Van azul melancolía
La muñeca. ¡No hagáis ruido!;
Se diría, se diría
Que la pobre se ha dormido.
Vienen túmidos y erguidos palaciegos borgoñones
Y los siguen arlequines con estrechos pantalones.
Ya monótona en litera
Va la reina de madera;
Y Paquita siente anhelo de reír y de bailar,
Flotó breve la cadencia de la murria y la añoranza;
Suena el pífano campestre con los aires de la danza.
¡Pobre, pobre marionnette que la van a sepultar!
Con silente poesía
Va un grotesco Rey de Hungría
Y los siguen los alanos;
Así toda la jauría
Con los viejos cortesanos.
Y en tristor a la distancia
Vuelan goces de la infancia,
Los amores incipientes, los que nunca han de durar.
¡Pobrecita la muñeca que la van a sepultar!
Melancólico el zorcico se prolonga en la mañana,
La penumbra se difunde por el monte y la llanura,
Marionnette deliciosa va a llegar a la temprana
Sepultura.
En la trocha aúlla el lobo
Cuando gime el melodioso paro bobo.
Tembló el cuerno de la infancia con aguda melodía
Y la dicha tempranera a la tumba llega ahora
Con funesta poesía
Y Paquita danza y llora.
Los reyes rojos
Desde la aurora
Combaten los reyes rojos,
Con lanza de oro.
Por verde bosque
Y en los purpurinos cerros
Vibra su ceño.
Falcones reyes
Batallan en lejanías
De oro azulinas.
Por la luz cadmio,
Airadas se ven pequeñas
Sus formas negras.
Viene la noche
Y firmes combaten foscos
Los reyes rojos.
El dominó
Alumbraron en la mesa los candiles,
Moviéronse solos los aguamaniles,
Y un dominó vacío, pero animado,
Mientras ríe por la calle la verbena,
Se sienta iluminado,
Y principia la cena.
Su claro antifaz de un amarillo frío
Da los espantos en derredor sombrío
Esta noche de insondables maravillas,
Y tiende vagas, lucifugas señales
A los vasos, las sillas
Los ausentes comensales.
Y luego en horror que nacarado flota,
Por la alta noche de voluptad ignota,
En la luz olvida manjares dorados,
Ronronea una oración culpable, llena
De acentos desolados,
Y abandona la cena.
La dama i
La dama i, vagorosa
En la niebla del lago,
Canto las finas trovas,
Va en su góndola encantada
De papel a la misa
Verde de la mañana.
Y en su ruta va cogiendo
Las dormidas umbelas
Y los papiros muertos.
Los sueños rubios de aroma
Despiertan blandamente
Su sardana en las hojas.
Y parte dulce, adormida,
A la borrasca iglesia
De la luz amarilla.
Lied III
En la costa brava
Suena la campana,
Llamando a los antiguos
Bajales sumergidos.
Y como tamiz celeste
Y el luminar de hielo,
Pasan tristemente
Los bajales muertos.
Carcomidos, flavos,
Se acercan bajando...
Y por las luces dejan
Oscuras estelas.
Con su lenguaje incierto,
Parece que sollozan,
A la voz de invierno,
Preterida historia.
En la costa brava
Suena la campana
Y se vuelven las naves
Al panteón de los mares.
De La canción de las figuras
La niña de la lámpara azul
En el pasadizo nebuloso
Calcula mágico sueño de Estambul,
Su perfil presenta destelloso
La niña de la lampara azul.
Ágil y risueña se insinúa,
Y su llama seductora brilla,
Tiembla en su cabello la garúa
De la playa de la maravilla.
Con voz infantil y melodiosa
el fresco aroma de abedul,
habla de una vida milagrosa
la niña de la lámpara azul.
Con cálidos ojos de dulzura
Y besos de amor matutino,
Me ofrece la bella criatura
Un mágico y celeste camino.
De encantación en un derroche,
Hiende leda, vaporoso tul;
Y me guía a través de la noche
La niña de la lámpara azul.
Nocturno
De Occidente la luz matizada
Se borra, se borra;
En el fondo del valle se inclina
La pálido sombra.
Los insectos que pasan la bruma
se mecen y flotan,
y en su largo mareo golpean
las húmedas hojas.
Por el tronco ya sube, ya sube
La nítida tropa
De las larvas que, en ramas desnudas,
Se acuestan medrosas.
En las ramas de fusca alameda
Que ciñen las rocas,
Bengalíes se mecen dormidos,
Soñando sus trovas.
Ya descansan los rubios silvanos
Que en punas y costas,
Con sus besos las blancas mejillas
Abrazan y doran.
En el lecho mullido la inquieta
Fanciulla reposa,
y muy grave su dulce, risueño
semblante se torna.
Que así viene la noche trayendo
Sus causas ignotas;
Así envuelve con mística niebla
Las ánimas todas.
Y las cosas, los hombres domina
La parda señora,
De brumosos cabellos flotantes
Y negra corona.
Lied V
La canción del adormido cielo
Dejó dulces pesares;
Yo quisiera dar vida a esa canción
Que tiene tanto de ti.
Ha caído la tarde sobre el musgo
Del cerco inglés,
Con aire de otro tiempo musical.
El murmurio de la última fiesta
Ha dejado colores tristes y suaves
Cual de primaveras oscuras
Y listones perlinos.
Y las dolidas notas
Han traído la melancolía
De las sombras galantes
Al dar sus adioses sobre la playa.
La celestía de tus ojos dulces
Tiene un pesar de canto,
Que el alma nunca olvidará.
El ángel de los sueños te ha besado
Para dejarte amor sentido y musical
Y cuyos sones de tristeza
Llegan al alma mía,
Como celestes miradas
En esta niebla de profunda soledad.
¡Es la canción simbólica
como un jazmín de sueño,
que tuviera tus ojos y tu corazón!
¡Yo quisiera dar vida a esta canción!
Peregrín cazador de figuras
En el mirador de la fantasía,
Al brillar del perfume
tembloroso de armonía;
en la noche que llamas consume;
cuando duerme el ánade implume,
Los órficos insectos se abruman
y luciérnagas fuman;
cuando lucen los silfos galones, entorcho
y vuelan mariposas de corcho
o los rubios vampiros cecean,
o las firmes jorobas campean;
por la noche de los matices,
de ojos muertos y largas narices;
en el mirador distante,
por las llanuras;
Peregrín cazador de figuras
Con ojos de diamante
Mira desde las ciegas alturas.
De Sombra, en Poesías (1929)
La Pensativa
En los jardines otoñales,
bajo palmeras virginales,
miré pasar muda y esquiva
la Pensativa.
La vi en azul de la mañana,
Con su mirada tan lejana;
Que en el misterio se perdía
De la borrosa celestía.
La vi en rosados barandales
Donde lucía sus briales;
Y su faz bella vespertina
Era un pesar en la neblina...
Luego marchaba silenciosa
A la penumbra candorosa;
Y un triste orgullo la encendía,
¿Qué pensaría?
¡Oh su semblante nacarado
Con la inocencia y el pecado!
¡oh, sus miradas peregrinas
de las llanuras mortecinas!
Era beldad hechizadora;
Era el dolor que nunca llora;
¿Sin la virtud y la ironía
Qué sentiría?
En la serena madrugada,
La vi volver apesarada,
Rumbo al poniente, muda, esquiva
¡La Pensativa!
El bote viejo
Bajo brillante niebla,
de saladas actinias cubierto,
Amaneció en la playa,
Un bote viejo.
Con arena, se mira
La banda de sus bateleros,
Y en la quilla verdosos
Calafateos.
Bote triste, yacente,
Por los moluscos horadado;
Ha venido de ignotos
Muelles amargos.
Apareció en la bruma
Y en la armonía de la aurora;
Trajo de los rompientes
Doradas conchas.
A sus bancos remeros,
A sus amarillentas sogas,
Viene los cormoranes
Y las gaviotas.
Los pintorescos niños,
Cuando dormita la marea
Lo llenan de cordajes
Y de banderas.
Los novios, e la tarde,
En su alta quilla se recuestan;
Y a los vientos marinos,
De amor se besan.
Mas el bote ruinoso
De las arenas del estuario,
Ansía los distantes
Muelles dorados.
Y en la profunda noche,
En fino tumbo abrillantado,
Partió el bote muriente
A los botes lejanos.
El andarín de la noche
El oscuro andarín de la noche
Detiene el pasa junto a la torre,
Y al centinela
Le anuncia roja, cercana la guerra.
Le dice al viejo de la cabaña
Que hay batidores en la sabana;
Sordas linternas
En los juncales y oscuras sendas.
A las ciudades capitolinas
Va el pregonero de la desdicha;
Y en la tiniebla
Del extramuro, tardo se aleja.
En la batalla cayó la torre;
Siguieron ruinas, desolaciones;
Canes sombríos
Buscan los muertos en los caminos.
Suenan los bombos y las trompetas
Y las picotas y las cadenas;
Y nadie ha visto, por el confín;
Nadie recuerda
Al andarín.
De Rondinelas, en Poesías (1929)
Favila
En la arena
Se ha bañado la sombra
Una, dos
Libélulas fantasmas...
Aves de humo
Van a la penumbra
Del bosque.
Medio siglo
Y en el límite blanco
Esperamos la noche.
El pórtico
Con perfume de algas,
El último mar.
En la sombra
Ríen los triángulos.
Canción cubista
Alameda de rectángulos azules.
La torre alegre
Del dandy.
Vuelan
Mariposas fotos.
En el rascacielo
Un gallo negro de papel
Saluda la noche.
Más allá de Hollywood,
En tiniebla distante
La ciudad luminosa,
De los obeliscos
De nácar.
En la niebla
La garzona
Estrangula un fantasma.
La canción del regreso
Mañana violeta.
Voy por la pista alegre
Con el suave perfume
Del retamal distante.
En el cielo hay una
Guirnalda triste.
Lejana duerme
La ciudad encantada
Con amarillo sol.
Todavía cantan los grillos
Trovadores del campo
Tristes y dulces
Señales de la noche pasada;
Mariposas oscuras
Muertas junto a los faroles;
En la reja amable
Una cinta celeste;
Tal vez caída
En el flirteo de la noche.
Las tórtolas despiertan,
Tienden sus alas;
Las que entonaron en la tarde
La canción del regreso.
Pasó la velada alegre
Con sus danzas
Y el campo se despierta
Con el candor; un nuevo día.
Los aviones errantes,
Las libélulas locas
La esperanza destellan.
Por la quinta amanece
Dulce rondó de anhelos.
Voy por la senda blanca
Y como el ave entono,
Por mi tarde que viene
La canción del regreso.
--------------------------------------------------------------------------------
Página creada por Mª Carmen Pérez y Carlos Clausell, Universitat Jaume I.
Robert Desnos: « J'ai tant rêvé de toi » (Tanto soñe contigo)
samedi 4 avril 2009
« J'ai tant rêvé de toi »
par Robert Desnos
(Paris, 1900- Terezín, Tchécoslovaquie 1945)
(versions française et espagnole)
J'ai tant rêvé de toi que tu perds ta réalité.
Est-il encore temps d'atteindre ce corps vivant
Et de baiser sur cette bouche la naissance
De la voix qui m'est chère?
J'ai tant rêvé de toi que mes bras habitués
En étreignant ton ombre
A se croiser sur ma poitrine ne se plieraient pas
Au contour de ton corps, peut-être.
Et que, devant l'apparence réelle de ce qui me hante
Et me gouverne depuis des jours et des années,
Je deviendrais une ombre sans doute.
O balances sentimentales.
J'ai tant rêvé de toi qu'il n'est plus temps
Sans doute que je m'éveille.
Je dors debout, le corps exposé
A toutes les apparences de la vie
Et de l'amour et toi, la seule
qui compte aujourd'hui pour moi,
Je pourrais moins toucher ton front
Et tes lèvres que les premières lèvres
et le premier front venu.
J'ai tant rêvé de toi, tant marché, parlé,
Couché avec ton fantôme
Qu'il ne me reste plus peut-être,
Et pourtant, qu’à être fantôme
Parmi les fantômes et plus ombre
Cent fois que l'ombre qui se promène
Et se promènera allègrement
Sur le cadran solaire de ta vie.
(De « Corps et biens »)
« Le dernier poème »*
Robert Desnos
J'ai rêvé tellement fort de toi,
J'ai tellement marché, tellement parlé,
Tellement aimé ton ombre,
Qu'il ne me reste plus rien de toi,
Il me reste d'être l'ombre parmi les ombres
D'être cent fois plus ombre que l'ombre
D'être l'ombre qui viendra et reviendra
dans ta vie ensoleillée.
Domaine public, 1953
(©Hans Hartung)
* Ce poème reprend l'antérieur. Ce fut le dernier que Robert Desnos a écrit et il est dédié à sa femme. À son grand amour. « …Je suis la lettre initiale /Des mots que tu cherches toujours /La majuscule, l’idéale
Qui te commande de m’aimer… », a écrit Paul Éluard.
Et ce fut d’un tel amour que Robert Desnos a aimé sa femme : Youki. Son amour mis en mots écrits —ce poème— s'est trouvé sur le cadavre du poète, dans le camp d’extermination de Terezín (Tchécoslovaquie). Assassiné par le nazisme, assassiné par l'homme, dont la scélératesse effraye le soleil. (Cristina Castello)
--------------------
Robert Desnos
(París, 1900- Terezin, Checoslovaquia 1945)
«Tanto soñé contigo»
Tanto soñé contigo que pierdes tu realidad.
¿Todavía hay tiempo para alcanzar ese cuerpo vivo y besar
sobre esa boca el nacimiento de la voz que quiero?
Tanto soñé contigo que mis brazos habituados a cruzarse sobre
mi pecho cuando abrazan tu sombra, quizá ya no podrían
adaptarse al contorno de tu cuerpo.
Y frente a la existencia real de aquello que me obsesiona y
me gobierna desde hace días y años, seguramente me transformaré en sombra.
Oh, balances sentimentales.
Tanto soñé contigo que seguramente ya no podré despertar.
Duermo de pie con mi cuerpo que se ofrece a todas las
apariencias de la vida y del amor y tú, la única que cuenta ahora para mí,
más difícil me resultará tocar tu frente
y tus labios que los primeros labios y la primera frente que encuentre.
Tanto soñé contigo, tanto caminé, hablé, me tendí al lado de
tu fantasma, que ya no me resta sino ser fantasma
entre los fantasmas, y cien veces más sombra que la sombra que
siempre pasea alegremente por el cuadrante solar de tu vida.
(De « Corps et biens »)
Versión de Aldo Pellegrini
«Último Poema»
Tanto soñé contigo,
Caminé tanto, hablé tanto,
Tanto amé tu sombra,
Que ya nada me queda de ti.
Sólo me queda ser la sombra entre las sombras
Ser cien veces más sombra que la sombra
Ser la sombra que retornará y retornará siempre
En tu vida llena de sol.
Domaine Public
Versión de Aldo Pellegrini
* Este poema retoma el anterior. Fue el último que escribió Robert Desnos y está dedicado a su mujer. A su gran amor. Irremediable. ««...Yo soy la letra inicial /Las palabras que buscabas siempre /La mayúscula el ideal
Que te ordena que me ames...», escribió Paul Éluard. Y así amó Desnos a su mujer: Youki. Su gran amor. Su amor convertido en palabra escrita se encontró sobre el cadáver del poeta, en el campo de exterminio de Terezín, (Checoslovaquia). Asesinado por el nazismo, asesinado por el hombre, cuando su maldad asusta al sol. (Cristina Castello)
Publié par Jean Dornac à l'adresse 08:37
Libellés : Poèmes
« J'ai tant rêvé de toi »
par Robert Desnos
(Paris, 1900- Terezín, Tchécoslovaquie 1945)
(versions française et espagnole)
J'ai tant rêvé de toi que tu perds ta réalité.
Est-il encore temps d'atteindre ce corps vivant
Et de baiser sur cette bouche la naissance
De la voix qui m'est chère?
J'ai tant rêvé de toi que mes bras habitués
En étreignant ton ombre
A se croiser sur ma poitrine ne se plieraient pas
Au contour de ton corps, peut-être.
Et que, devant l'apparence réelle de ce qui me hante
Et me gouverne depuis des jours et des années,
Je deviendrais une ombre sans doute.
O balances sentimentales.
J'ai tant rêvé de toi qu'il n'est plus temps
Sans doute que je m'éveille.
Je dors debout, le corps exposé
A toutes les apparences de la vie
Et de l'amour et toi, la seule
qui compte aujourd'hui pour moi,
Je pourrais moins toucher ton front
Et tes lèvres que les premières lèvres
et le premier front venu.
J'ai tant rêvé de toi, tant marché, parlé,
Couché avec ton fantôme
Qu'il ne me reste plus peut-être,
Et pourtant, qu’à être fantôme
Parmi les fantômes et plus ombre
Cent fois que l'ombre qui se promène
Et se promènera allègrement
Sur le cadran solaire de ta vie.
(De « Corps et biens »)
« Le dernier poème »*
Robert Desnos
J'ai rêvé tellement fort de toi,
J'ai tellement marché, tellement parlé,
Tellement aimé ton ombre,
Qu'il ne me reste plus rien de toi,
Il me reste d'être l'ombre parmi les ombres
D'être cent fois plus ombre que l'ombre
D'être l'ombre qui viendra et reviendra
dans ta vie ensoleillée.
Domaine public, 1953
(©Hans Hartung)
* Ce poème reprend l'antérieur. Ce fut le dernier que Robert Desnos a écrit et il est dédié à sa femme. À son grand amour. « …Je suis la lettre initiale /Des mots que tu cherches toujours /La majuscule, l’idéale
Qui te commande de m’aimer… », a écrit Paul Éluard.
Et ce fut d’un tel amour que Robert Desnos a aimé sa femme : Youki. Son amour mis en mots écrits —ce poème— s'est trouvé sur le cadavre du poète, dans le camp d’extermination de Terezín (Tchécoslovaquie). Assassiné par le nazisme, assassiné par l'homme, dont la scélératesse effraye le soleil. (Cristina Castello)
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Robert Desnos
(París, 1900- Terezin, Checoslovaquia 1945)
«Tanto soñé contigo»
Tanto soñé contigo que pierdes tu realidad.
¿Todavía hay tiempo para alcanzar ese cuerpo vivo y besar
sobre esa boca el nacimiento de la voz que quiero?
Tanto soñé contigo que mis brazos habituados a cruzarse sobre
mi pecho cuando abrazan tu sombra, quizá ya no podrían
adaptarse al contorno de tu cuerpo.
Y frente a la existencia real de aquello que me obsesiona y
me gobierna desde hace días y años, seguramente me transformaré en sombra.
Oh, balances sentimentales.
Tanto soñé contigo que seguramente ya no podré despertar.
Duermo de pie con mi cuerpo que se ofrece a todas las
apariencias de la vida y del amor y tú, la única que cuenta ahora para mí,
más difícil me resultará tocar tu frente
y tus labios que los primeros labios y la primera frente que encuentre.
Tanto soñé contigo, tanto caminé, hablé, me tendí al lado de
tu fantasma, que ya no me resta sino ser fantasma
entre los fantasmas, y cien veces más sombra que la sombra que
siempre pasea alegremente por el cuadrante solar de tu vida.
(De « Corps et biens »)
Versión de Aldo Pellegrini
«Último Poema»
Tanto soñé contigo,
Caminé tanto, hablé tanto,
Tanto amé tu sombra,
Que ya nada me queda de ti.
Sólo me queda ser la sombra entre las sombras
Ser cien veces más sombra que la sombra
Ser la sombra que retornará y retornará siempre
En tu vida llena de sol.
Domaine Public
Versión de Aldo Pellegrini
* Este poema retoma el anterior. Fue el último que escribió Robert Desnos y está dedicado a su mujer. A su gran amor. Irremediable. ««...Yo soy la letra inicial /Las palabras que buscabas siempre /La mayúscula el ideal
Que te ordena que me ames...», escribió Paul Éluard. Y así amó Desnos a su mujer: Youki. Su gran amor. Su amor convertido en palabra escrita se encontró sobre el cadáver del poeta, en el campo de exterminio de Terezín, (Checoslovaquia). Asesinado por el nazismo, asesinado por el hombre, cuando su maldad asusta al sol. (Cristina Castello)
Publié par Jean Dornac à l'adresse 08:37
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