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jueves, 24 de noviembre de 2011

POETAS LAMBAYECANAS : NEVENKA Y ONELIA

ESPERANZA

Habrá tiempo después del tiempo,
hora tras las horas,
camino al final del camino,
espacio más allá del espacio,
canción aún después de la muerte
y estos macilentos rostros
tornarán en gesto eterno...
La sonrisa.
Nevenka Waltersdorfer.

YO CON BARRIGA

Yo con barriga y él ausente.
Mi mano se apoya en las paredes de mi sombra.
Yo con barriga, continuación de la especie
preñez animal, ombligo sobresaliente
Yo con barriga, cómo duele mi cintura, mis caderas,
el tiempo intransigente
para ser mujer hay que ser valiente
Yo con barriga y él ausente.
Vuelve su ausencia, como vuelve
Yo con barriga y el ausente
arrojó la semilla en tierra fértil,
floreció la primavera con un fruto en mi vientre
sin riegos , sin cuidados, como una planta silvestre.
Yo con barriga y él ausente.
Onelia Ardiles.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

JOSÉ GONZALO MORANTE: EL POETA DE LOS AMORES IMPOSIBLES


PARA QUE TÚ ME AMES
José Gonzalo Morante

Para que tú me ames he de hablar con el viento,
He de hablar con la noche, he de hablar con la flor
Y hablaré con la luna que va en mi sentimiento
Iluminando mi alma para hablarte de amor.
Para qué tú me ames yo volaré a los mares
y me iré por la altura que despierta al jazmín;
yo buscaré en la estrella nuestro ramo de azahares
y soñaré contigo nuestra dicha sin fin.
Para que tú me ames incendiaré el aroma
y bajaré mil veces hasta tu corazón;
he de escribir tu nombre con candor de paloma
y el ruiseñor cantando te dirá mi pasión.
Para que tú me ames me miraré en tus ojos
y sentiré tu fresco rocío de mujer;
en la noche callada hablarán los sonrojos
y serás más hermosa si me quieres querer.
Si me amas, habrá fiesta en un cielo de rosa
y sonará la música con olor a claveles:
yo llenaré de besos tu boca rumorosa
y mojarán mis manos los lirios de tu piel.
¿Qué deseas que yo haga para que tú me ames?
¿Qué deseas que yo haga para ya no sufrir?
¿Qué deseas que yo haga para que tú me llames?
¿Para qué tú me ames, debo acaso, morir?







sábado, 27 de junio de 2009

GONZALO ROSE CARTAS A MARIA TERESA Y CARTAS SECUESTRADAS

CARTA A MARIA TERESA
Para ti debo ser, pequeña hermana,
el hombre malo que hace llorar a mamá.

Yo me interrogo ahora
¿por qué no he amado sólo
las rosas repentinas,
las mareas de junio,
las lunas sobre el mar?

¿Por qué he debido amar
la rosa y la justicia
el mar y la justicia,
la justicia y la luz?

Fui un niño como todos.
También mi infancia
la atravezaba un río
y tenía una hora misteriosa
en la cual las palomas
a mi alma obedecían.

Pero me preguntaba
¿por qué en mi calle
la alegría es un viento
fugaz e inesperado?,
¿Por qué no siembran trigo
también sobre mi pecho,
si aquí en mi corazón,
todas las noches
se desbordan los ríos?

Por eso fue la noche
el rostro de mi madre,
astro de cera y llanto
en el cielo apagado de mi celda;
por eso me negaron
el Perú en mi desvelo,
y vanamente grito:
devolvedme mi patria,
devolvedme mi escuela de palomas,
mi casa frente al mar,
devolvedme su calle más pequeña;
su lámpara más rota,
su más ciego lugar.

A pesar de todo esto,
para ti debo ser, pequeña hermana,
el fantasma que vuelca
la sal sobre la mesa,
el mal hado que rompe
las puntas de los días:
y es que a ti te hace daño
ver llorar a mamá.

Mas una tarde, hermana,
te han de herir en la calle
los juguetes ajenos;
la risa de los pobres
ceñirá tu cintura
y andando de puntillas
llegará tu perdón.
Cuando esa hora suene
es que amarás las rosas,
las mareas de junio,
el jardín de diciembre
donde los niños van;
es que amarás mis sueños
y mis cosas,

¡Sabrás por qué se rompe
fácilmente
por la mitad el pan!

Cuando esa hora suene
y se empadrine en mi padre mi orfandad,
iremos de la mano
por las calles de Lima,
en trinidad de gozo:
la risa de mamá.

LAS CARTAS SECUESTRADAS
Tengo en el alma una baranda en sombra.
A ella, diariamente me asomo, matutino,
a preguntar si no ha llegado carta;
y cuantas veces
la tristeza celebra con mi rostro
sus óperas de nada.

Una carta.
Que me escriba una carta la que me hizo
los ojos negros y la letra gótica,
que me escriba una carta aquella amiga
analfabeta de pasión cristiana;
duraznos de mi tierra: que me escriban,
y redacte una carta pequeñita
mi hermana abecedaria y pensativa.

Muertos los de mi infancia
que se fueron
dormidos entre el humo de las flores,
novias que se marcharon
bajo un farol diciendo eternidades,
amigos hasta el vino torturado:
¿No hay una carta para Juan Gonzalo?

Si no fuera poeta, expresidiario,
extranjero hasta el colmo de la gracia,
descubridor de calles en la noche,
coleccionista de apellidos pálidos:
quisiera ser cartero de los tristes
para que ellos bendigan mis zapatos.

Que los cojos me narren su muleta,
y el enfermo me cuente de su almohada,
y me pidan prestada mi sonrisa,
pero en carta de amor certificada.

El día que me muera: ¿en una piedra?
el día que me duerma: ¿en una cama?
que me llenen de cartas la camisa
para asfixiarme de palomas blancas.

También de palomar se muere un hombre,
cuando sabe vivir por una carta.
Juan Gonzalo Rose

ROSINA VALCARCEL: VOLODIA ME CONDUJO AL DESIERTO

VOLODIA ME CONDUJO AL DESIERTO



Volodia me condujo al desierto de la infancia

Su gran ojo de cóndor me remite al río de los Andes

Él teme al olor de la abeja y al árbol de eucalipto

Virginia no es una mujer fatal ni una yegua fácil

Lima se desmorona y gira sobre sí misma

Transpirando gas y sangre

Golpes y cicatrices

¿Quién no ha extraviado sueños mundanos?

Un amor fallido agoniza de pie casi aterrado

Carbón, leña y cenizas

Bajo un viento desamparado

Mueren nuestros cuerpos vivos

Espectro esmeralda que divide los destinos

Y aletarga las alcobas llenas de ilusión

Lo absurdo de este día se ha acostado

Vestido de horas, silencio y pájaros negros

Del polvo enamorado nacen volando alondras plateadas

Noche perpetua noche clara

La pasión se nutre de encuentros inesperados

Despierto y escribo mi consigna:

Se prohíbe pensar en extraños

Mi lámpara fatigada se enfría

Todo se desvanece hasta la música de Beethoven.



Por lobogabriel - 20 de Febrero, 2008, 8:16

JUAN CRISTOBAL

De: En los bosques de cervezas azules
...........(antología personal)



La otra cara de la luna

De niño
Soñé con angeles y sirenas en el río
Y con trenes y girasoles en el día

Creí
Que los fantasmas no existían
Ni siquiera en el recuerdo jubiloso de los trigos

Pero cuando el sol
Desapareció una mañana de mis manos
Me quedé peor que un loco por las calles:

Contando ovejitas en la noche
Y monedad oxidadas
En los remolinos inalcanzables de mi vida




De: Memoria de lo infame

...........................1. LAS VISIONES

I

este es el país que vivimos, que soñamos, que sufrimos,
....que morimos, que honda, brutalmente lo morimos.

II

sí, los muertos recorren con una estrella los horizontes de la
...................................... luna
..por eso cantamos, lloramos, reimos, como una flor en el
.................................... camino






De: Las armas de la memoria



Primera parte: Las mañas del gusano

(la luz en el cuchillo)

asómase misteriosamente la luz en el cuchillo nadie predice la mano reposada del vecino el preciso instante ininterrumpido del olvido la memoria deschavetada de los vidrios cuando de pronto y cruelmente la desidia cual murciélago encogido en el infierno traspapelado de lo antiguo tórnase sombra crispando lo escondido en el abrigo incierto de los trinos deviniendo en oquedad el lenguaje aterciopelado de los ríos haciendo que el girasol impostergable de la ruinas se asemeje cada vez más a un pájaro sombrío




De: (leyendas) Para después de la
...... muerte

Historia del tiempo



Las muchachas crecían como mariposas en el tiempo y como eran bellas e indiscretas, maliciosas en el viento, amaban las guitarras y la resurección de los potrillos trotando por el campo.

Cierta noche, el hermano mayor, sentado en un tronco, con un vaso de vino, al pie del establo, soñoliento de astros, les preguntó: "¿Qué les gustaría dejar a sus hijos si algún día muriesen?".

Las muchachas, tostadas por las sombras del agua, y sin creer mucho en la memoria del fuego, contestaron: "Nos agradaría dejarles esa luz que parpadea detrás de los muelles, entre los juncos extraviados del patio".

El hermano, al escuchar la respuesta, se estremeció peor que los gemidos del zorro, y mientras recordaba las tumbas de los templos perdidos, se alejó como la sombra más larga y extraña del pueblo.

Entonces, las hermosas muchachas, tan hermosas como los jarrones antiguos, comenzaron a silvar en los muros del sol de otras épocas atroces. Y mientras miraban empujar unas carretas que venían cargadas de higos, empezaron a beber, en memoria de sus olvidados parientes, extraños licores, hasta que escicharon cantar a los gallos. Entonces, llenas de fuego y generosas gencianas, tributaron su amor al nacimiento del día.

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