domingo, 31 de julio de 2011

PERU. ¡LOS EVANGELIOS POR TIERRA!

PERU. ¡LOS EVANGELIOS POR TIERRA!

Por GUSTAVO ESPINOZA M. (*)

Cuenta la historia que el 16 de noviembre de 1532, cuando los conquistadores españoles de Francisco Pizarro resolvieron capturar al Inca Atahualpa y quebrar la resistencia indígena, se valieron de los servicios de un sacerdote dominico, Fray Vicente Valverde. Este -se dice- irrumpió en el séquito imperial del hijo de Huayna Cápac y, acercándose a él, le puso en las manos un ejemplar de la Biblia. Como el soberano del Imperio no tenía la menor idea de qué se trataba ni para qué servía el objeto que había recibido, lo lanzó al suelo. El cura, en esa circunstancia, exclamó alarmado: "¡Santiago, los evangelios por tierra!" El grito, desencadenó la furia de los agresores y en apenas minutos Pizarro y los suyos lograron su propósito. Decenas de indios muertos por el fuego de los arcabuces y el Inca preso, fue la secuela del infausto acontecimiento.

Carlos Marx solía decir que la historia no se repite. Y que, si eso ocurre  sucederá una primera vez como tragedia, y la segunda como comedia, es decir, como farsa. Así, en efecto, aconteció en Lima el 28 de julio de este año, al asumir el mando de la Nación el Comandante Ollanta Humala Tasso. Bastó, en efecto, que el nuevo Presidente Peruano mencionara en su Juramento ante el Congreso de la Nación, la Constitución de 1979 -y no la actual de 1993- para que, al borde de la histeria, la congresista del Fujimorismo Martha Chávez Cossio emulara al Padre Valverde y exclamara algo así como "¡Los Evangelios por tierra!".

Y es que para la Mafia que tuvo en sus manos las riendas del Poder en el pasado, la Constitución de 1993 tiene la fuerza del Evangelio y dejarla a un lado equivale, en toda su dimensión, a asumir el gesto del cacique indio de aquellos años. Había que invocar a todas las fuerzas del infierno a fin de rechazar tamaña tropelía.

Es bueno que se recuerde que la llamada "Constitución de 1993" es un documento írrito que se impuso al país a la mala cuando Alberto Fujimori pateó el tablero de la gobernabilidad y ejecutó el "modelo" neo liberal dictado por el Fondo Monetario, el BID y otros organismos financieros internacionales. La historia de ese engendro comenzó realmente en abril de 1992, cuando Fujimori en el gobierno disolvió el Congreso de la República e hizo lo propio con otras instancias del Estado y los organismos de control entonces vigentes.

Luego de eso -que configuró un Golpe de Estado- y presionado por la resistencia interna y los amagues de la OEA;  Fujimori convocó una Asamblea Legislativa adocenada en la que elaboró un nuevo proyecto constitucional que sometió después a un referéndum que manipuló groseramente para dejar la impresión que había consagrado una nueva Carta Constitucional. Esta, fue el instrumento que le sirvió para impulsar el rumbo que acabó con la economía social de mercado, el rol promotor del Estado, los derechos ciudadanos, las conquistas sociales y laborales y las libertades públicas. El documento consagró, además, un mecanismo arbitrario de "reelección" que le permitió amplia su dominio por un nuevo periodo de gobierno con miras a la perpetuación de su régimen.  Esto último, no fue admitido, sin embargo, por la opinión pública que condenó tal proyecto y, finalmente, derrumbó esa dictadura en noviembre del año 2000.

Los gobiernos posteriores pudieron -y debieron- rectificar ese rumbo, declarar inconstitucional y fraudulenta la Carta del 93 restableciendo la vigencia plena  de la Constitución arbitrariamente derogada. No lo hicieron por no malquistarse con los organismos crediticios y financieros internacionales impulsores del "neo liberalismo", que suscribieron y aplicaron con sumiso servilismo

Esta conducta pusilánime y complaciente de administraciones sucesivas -incluido el régimen aprista de Alan García- permitió que la Mafia y los medios de comunicación a su servicio sacralizaran el documento de marras y lo convirtieran  en algo así como una Carta de Fe. Podían admitir iniciativas proyectos o propuestas, siempre y cuando eso "no afectara" el modelo impuesto por la Carta del 93. Era ese un referente intocable, algo así como el Evangelio del Padre Valverde. De ahí que la congresista Marta Chávez saltara de su escaño y gritara como una poseída durante los 50 minutos que duró el Mensaje a la Nación del Presidente Humala Tasso. El gesto, además de desbocado y ridículo, fue inútil porque nada impidió que todo el país escuchara la palabra del nuevo Presidente y acogiera sus propuestas.

El 28 de julio, en verdad, el nuevo mandatario hizo dos discursos. Uno en horas de la mañana ante el Poder Legislativo; y otro a las 10 de la noche, en la Plaza de Armas de Lima en presencia de casi cien mil personas que abarrotaron ese escenario para celebrar la victoria de Gana Perú. Ambos discursos guardaron una misma lógica. Respondieron a un mismo propósito: trazar la línea esencial de lo que será la orientación del gobierno que se inicia. Por eso sintetizaron sus propuestas esenciales: Aumento del salario mínimo en dos tramos, Pensión 65 para adultos más pobres, gas para el consumo interno, impuesto a las sobre ganancias mineras, lucha frontal contra el narcotráfico, imprescriptibilidad para los delitos de corrupción, programas prioritarios de salud y educación y otros.

Pero también una mirada más amplia del escenario regional y mundial, como no ocurría en el Perú desde hace muchos años. Y una conciencia clara que "la lucha por nuestra Independencia fue un proceso regional donde todos nos hermanamos para lograr nuestra libertad y soberanía. La heroica gesta de nuestros próceres como el general don José de San Martín y el libertador Simón Bolívar, siempre conscientes de la urgencia de la unión de los pueblos de América, fueron los precursores del impulso integrador del presente"

Definiéndose  así mismo como "un buen soldado de la democracia", Ollanta Humala cubrió las expectativas fundamentales de la población.

¿Hubo deficiencias en el Mensaje? Hay que decir que sí. Se soslayó, por ejemplo, la temática laboral y se ignoró erróneamente el papel de los sindicatos y de los trabajadores sin aludir a los regímenes de excepción impuestos abusivamente contra ellos. Y se perdió una brillante oportunidad de diseñar mejor la política de salud y educación que el gobierno habrá de impulsar en el futuro que se inicia. Pero aún así, en grandes línea, el mensaje presidencial fue bueno y recogió el sentido general de las demandas populares. Y eso ocurrió en la mañana y en la noche en los dos tramos de un mismo proyecto porque es bueno subrayar que Humala no dijo una cosa a un auditorio y otra distinta al siguiente.

Ya con el pueblo, el nuevo mandatario se esmeró más bien en hablar de las altas responsabilidades de la ciudadanía en el control de su gestión; y aludir a la necesidad de que la gente misma cambie su actitud ante el país, la sociedad y sus problemas. "Solo cambiando nosotros mismos –dijo- será posible lograr que el Perú cambie". Y cambiar nosotros, subrayó, es tener una mejor actitud hacia la vida, luchar por la justicia, actuar con dignidad, preservar las riquezas naturales, defender la soberanía nacional, desarrollar una activa práctica solidaria. Lo que ahora viene es la acción. "El debate político está en la calle", aseguró.  Entonces, hay que "unir los poderes políticos con el pueblo para que el debate sea donde tiene que ser, y el pueblo sepa y entienda, y tenga confianza en los que lo defienden, si lo defienden, y no caen como soldaditos de plomo y se pasan al otro bando".

 En los próximos días el nuevo gobierno presentará sus planes ante el Congreso de la República, pero al mismo tiempo impulsará las acciones en todos los terrenos. La ciudadanía no debiera "esperar" para "ver lo que ocurra". Deberá actuar creadoramente, integrarse en la vida ciudadana, participar en las tareas del momento. Y afrontar los retos de nuestro tiempo mirando con confianza el tiempo que comienza  Aunque los evangelios de  Vicente Valverde y de Martha  Chávez rueden por el suelo, la conciencia firme de los peruanos seguirá adelante

Pero hay más. Por si todo esto fuera poco, y en el espíritu patriótico que envuelve al Perú en estos días el mismo 28 de julio  nuestro equipo juvenil de Volley femenino que participa en el Mundial de su categoría en Lima, derrotó sobriamente, y por primera vez, al elenco similar de los Estados Unidos de Norteamérica. También en el deporte,  entonces ¡Los evangelios por tierra!. (fin)

(*) Del Colectivo de Dirección de Nuestra Bandera / http://nuestrabandera.lamula.pe/





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Luis Anamaría http://socialismoperuanoamauta.blogspot.com/
http://centenariogeorgettevallejo.blogspot.com/
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cel 993754274

[correo_semanal] Chile - A PONER FIN AL LUCRO




 
Correo Semanal n° 364
Socialismo Revolucionario,
Chile, 30 de julio de 2011
Por una Alternativa de los Trabajadores y la Juventud
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Chile - A PONER FIN AL LUCRO:
LUCHA POR UNA EDUCACIÓN PÚBLICA Y GRATUITA PARA TODOS!!

La educación debe ser gratuita para los jóvenes y también para todos los trabajadores que quieran estudiar, capacitarse o calificarse, no solo para mejorar sus ingresos, sino que también para elevar  sus condiciones de vida y la de sus familias. La lucha de los estudiantes chilenos no es un movimiento social aparte, al cual hay que apoyar desde la vereda.   De hecho, sin el apoyo organizado de la clase trabajadora será imposible romper con la lógica capitalista de hacer de la educación un negocio o un "bien de consumo", como lo explicó clara y pragmáticamente Piñera, el negociante número uno del país.

El movimiento estudiantil en una encrucijada

Tras más de un mes de masivas movilizaciones, el movimiento estudiantil esta en una encrucijada, pues sus demandas han chocado con la dura resistencia del gobierno de los empresarios y de la propia concertación, debido a los enormes intereses económicos y políticos que tienen en común.  Para avanzar y salir de este impasse, no se debe seguir creyendo o esperando que desde el gobierno salga una solución, tampoco desde el parlamento, ya que ambos poderes del Estado, ocupados por empresarios y políticos profesionales, solo representan los intereses de la clase alta.  Toda esta elite, de Derecha, Concertación y cierta "izquierda", tienen a sus hijos estudiando en colegios privados, donde reciben la mejor educación del país, que les da la preparación necesaria para controlar de manera eficaz el poder del Estado y así llevar adelante los negocios de todo el gran empresariado.

El problema es que esta elite, como su nombre lo dice, es un porcentaje minoritario de la población chilena.  Una minoría  que se reproduce y se  hace más poderosa en la medida en que no se encuentre con la oposición organizada de la mayoría, y en particular de parte de la clase trabajadora, que con mas de ocho millones de personas sosteniendo el sistema, es el único sector social capaz llevar adelante junto a los estudiantes la batalla por una educación gratuita y de calidad.  Los trabajadores organizados son la oposición que necesita la sociedad y en especial la juventud  para asegurar que la buena educación no sea un privilegio de pocos y un negocio más, donde se estafa a los jóvenes y sus familias con créditos draconianos; cortando de un hachazo la posibilidad de que millones de jóvenes en las poblaciones y en los pueblos rurales puedan estudiar.

Afortunadamente los trabajadores del cobre hoy están comenzando a movilizarse y a tomar conciencia del llamado honesto y sensato del movimiento estudiantil acerca de la necesidad de que la propiedad, producción y explotación del cobre debe ser renacionalizado.  Es un verdadero saqueo lo que actualmente sucede con la principal materia de exportación del país y la principal fuente de ingresos al Estado.  Los grandes empresarios están robando a dos manos, con la mano derecha tienen la propiedad y el monopolio de la producción con el 72% en su poder y con la mano izquierda controlan el aparato Estatal, sus leyes e instituciones para expandir y abrir negocios (como la educación de mala calidad para los hijos de los trabajadores).

Es vital que la unificación, entre los estudiantes y los sectores de la clase trabajadora que hoy están asumiendo una responsabilidad a la altura de las circunstancias, se concrete.  La lucha por la renacionalización del Cobre, bajo control y administración de los trabajadores, para asegurar una educación y salud gratuita y de calidad, o para una eficiente reconstrucción tras el terremoto; es una demanda  que todos debemos apoyar.

Apoyarla como con herramienta eficaz, que sirva para cambiar, mejorar y ampliar las perspectivas y condiciones de vida tanto de la juventud como de los verdaderos productores de riquezas en la sociedad, es decir, los trabajadores y trabajadoras.

Hay que preparar una huelga general

Es necesario dar un salto en el nivel y amplitud de la lucha; hay que paralizar el país y la economía, para detener tantos abusos y ataques a nuestras vidas. Por eso el Paro Nacional y la Huelga General son hoy la mejor arma para comenzar a abrir el camino para la transformación,
para que de verdad las cosas cambien.  Cuando los trabajadores del cobre y de otros sectores claves de la economía asuman estas demandas para sí y las defiendan como lo hacen los estudiantes, rápidamente el resto de los trabajadores se sumará a la pelea.

La huelga general va a romper con el actual estado de cosas y claramente con el actual impasse en que esta el movimiento estudiantil.   Multitudinarias marchas en Santiago y por todo el país sin duda han dado muestras de la gran decisión que miles de jóvenes tienen para defender un sistema educacional sin privilegios, gratuito y de calidad.  Sin embargo las marchas, las tomas y las huelgas de hambre no pueden durar eternamente.

El movimiento de los trabajadores y el accionar político de la clase tiene en la nueva generación al mejor aliado para enfrentar de mejor manera la lucha por un país diferente que pueda terminar con el negocio, el saqueo, el lucro, la estafa y la explotación por parte de un puñado de familias ricas que controlan el Estado.

Los estudiantes tienen en la clase trabajadora organizada a su mejor y único aliado para que sus demandas se concreten.  Muchos, correctamente, defienden la idea de que a través de un plebiscito la población decida que tipo de educación queremos.  Pero, lamentablemente, no será un plebiscito el que va  decidir si la educación es o no gratuita, por más que se junten firmas, se consigan adhesiones de políticos, se abran grupos en Facebook o lo pida la santa iglesia (dueña de tantos colegios).  La huelga general en cambio deja en claro quien "la lleva" en la actual sociedad, deja en claro quien es mayoría en el país.

En resumen una huelga general abre el camino para que la fuerza y la necesaria organización política de  los trabajadores y la juventud se desarrolle lo suficiente para barrer a la minoría empresarial del Estado, de la propiedad de los recursos naturales y de lo servicios básicos y, de esta manera  levantar una alternativa de sociedad mejor, distinta al actual sistema capitalista; una sociedad en la que la mayoría de la población a través de una  planificación económica, sin burocracia, sea quien decide su futuro -y no como hoy- una minoría privilegiada.

Andres Roman
Socialismo Revolucionario
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    Caliban y la cultura insurgente



    ----- Mensaje reenviado -----
    De: Juan Cristobal <juancristobal2001@yahoo.es>
    Para: javier garvich rebatta <garvichjav@yahoo.es>
    Enviado: sábado 30 de julio de 2011 14:43
    Asunto: Rv: [diaspora-latina] Caliban y la cultura insurgente





    juancristobal2001@yahoo.es
    telefono 3684782 / 4612550
                                                              
    La esperanza nos aguarda, pero en un abismo (Benedetti)



    --- El vie, 29/7/11, Salvador Tio <salvadorelias@yahoo.com> escribió:

    De: Salvador Tio <salvadorelias@yahoo.com>
    Asunto: [diaspora-latina] Caliban y la cultura insurgente
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    Fecha: viernes, 29 de julio, 2011 17:38

    Caliban y la cultura insurgente Néstor KohanRebelión Para Roberto, maestro, compañero y amigo Un clásico latinoamericano Descifrar el enigma y trazar el derrotero de la cultura insurgente de Nuestra América implica, entre otras tareas impostergables, recuperar la obra de sus pensadores revolucionarios y sus intelectuales críticos. Este continente sufrido, rebelde e insumiso, no sólo ha encendido la llama de innumerables levantamientos e insurrecciones populares. Al mismo tiempo ha creado teoría y generado reflexión. Diga lo que diga la Academia y su sesgado canon eurocéntrico, también aquí tenemos nuestros clásicos. Como los Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana de Mariátegui, El socialismo y el hombre en Cuba del Che o Dialéctica de la dependencia de Ruy Mauro Marini —para mencionar tan sólo tres obras emblemáticas— el ensayo Caliban de Roberto Fernández Retamar constituye una cumbre del pensamiento latinoamericano, de cuya publicación se conmemoran cuarenta años[i] . Lo leímos tres veces, en distintas ediciones[ii] . En cada una de ellas el ensayo de Roberto nos sorprendió nuevamente. Sin ninguna duda, resiste varias lecturas, proporcionando cada vez nuevas aristas, ángulos no observados en las anteriores visitas, generando siempre renovadas preguntas.  En el fuego de los hornos El Caliban de Fernández Retamar adquirió forma y contenido en el fuego de los hornos iluminado por esa luz insurgente que intentó convertir a la cordillera de los Andes en la Sierra Maestra de América Latina. Lejos de constituir un obstáculo, ese condicionamiento político que lo cinceló desde su mismo origen posibilitó una gran apertura para sus planteos radicales. Tratando de legitimar la irreverencia de la revolución cubana, el ensayista y poeta lo escribe en medio de varios debates. En primer lugar, discutiendo y polemizando con los promotores de la revista Mundo Nuevo, impulsada por la CIA a través de toda una seria de instituciones "pantalla" y anillos de protección cultural, como la Fundación Ford, destinados a ocultar los verdaderos objetivos de dicha publicación: el combate por la hegemonía (y el intento de neutralización) de la intelectualidad crítica latinoamericana. En el ojo de la tormenta, Fernández Retamar encabeza la indignada denuncia antiimperialista que impugna la presencia del dólar norteamericano y de los aparatos de inteligencia militar yanqui, escondidos detrás de la "inocente" crítica literaria de Mundo Nuevo [iii] . En segundo lugar, abordando los desafíos y los tremendos sinsabores que le generó a la revolución cubana la prisión de Padilla y sus "autocríticas", donde algunos segmentos de la intelectualidad europea creyeron ver un calco automático de los juicios de Moscú del año 1936, en los cuales el estalinismo liquidó a la vieja guardia bolchevique que había encabezado la revolución de octubre junto a Lenin (en el caso cubano, nadie murió y Padilla estuvo, seguramente sin necesidad, no más de 30 días en la cárcel, en la cual jamás recibió torturas ni apremios). En tercer lugar, intentando sistematizar las grandes líneas estratégicas de la política cultural —tanto en la lectura del pasado como en la estrategia de futuro— que guiaron como mínimo los primeros doce años de la revolución cubana. El ensayo de Roberto Fernández Retamar (del cual nunca renegó, por lo cual se siguió editando, con suplementos y nuevos textos complementarios hasta el día de hoy) seguramente corona la primera fase de la revolución cubana, la más radical y profunda, que no desapareció posteriormente pero que atravesó no pocos vaivenes y avatares que ahora no es posible indagar por razones de espacio[iv] .  Un programa antiimperialista para la cultura El ensayo Caliban condensa con gran maestría, lucidez y capacidad de síntesis todo un "programa" de investigación, reflexión y debate sobre nuestra cultura, nuestras raíces y nuestro horizonte político futuro, pergeñado desde un ángulo inocultablemente antiimperialista y anticapitalista. Un punto de partida que, a nuestro modo de ver y entender, sigue estando a la orden del día y de ninguna manera ha caducado, aunque se vayan desplazando los escenarios de disputa frente a distintas modalidades e intervenciones del imperialismo[v] . Una de las principales virtudes de ese ensayo reside en su cuestionamiento sin ninguna ambigüedad del eurocentrismo y la cultura especular que para poder sobresalir debe reflejar pasivamente los brillos, las luces, las normas y criterios de consagración, los tics y las categorías de la mirada europea. Si hay un tipo de intelectual que recibe un golpe fulminante en la escritura de Caliban es el intelectual ventrílocuo, que mueve los brazos, la boca y la pluma sin voz propia o al menos reproduciendo una voz inocultablemente ajena. Esa figura que mezcla la mentalidad colonial, el cipayismo y la sumisión sin el más mínimo beneficio de inventario ante la cultura de las grandes metrópolis capitalistas, falsamente presentada como "universal", puede rastrearse en la crítica de diversos exponentes de la intelectualidad domesticada. Desde los más brillantes, refinados y eruditos (por ejemplo nuestro compatriota Jorge Luis Borges, por quien Fernández Retamar no deja de reconocer, a pesar de su ácida crítica, su sincera admiración, al punto de reunir años más tarde escritos suyos en una antología[vi] ), pasando por antiguos izquierdistas devenidos rápidamente en conversos (por ejemplo Carlos Fuentes) hasta segundones de tercera o cuarta línea (como es el caso del crítico literario Emir Rodríguez Monegal, quien se prestó mansamente a encabezar un emprendimiento cultural con dineros de la CIA). Todo ese abanico intelectual es impugnado en un mismo movimiento multicolorpor el autor de Caliban. ¿Fue un error? Creemos que no. Frente a esa mentalidad colonial, de quienes se sienten "el mejor alumno" por repetir mecánicamente lo que el magister europeo dictamina, Roberto defiende la necesidad de una intelectualidad crítica con mentalidad emancipada y fuertemente enraizada en el suelo popular. Pero no se queda en el cómodo y políticamente correcto "compromiso" (de todas formas, tan vilipendiado durante los años crueles del neoliberalismo y el posmodernismo). El programa político-cultural de Caliban va más allá. Comprometerse implica solidarizarse con alguien que sufre o padece, que lucha por una causa justa por la cual se experimenta cierta empatía y solidaridad pero… que en última instancia se sigue considerando ajena. El "compromiso" es con un "otro". Fernández Retamar, en sus polémicas y en sus argumentos, realiza una entusiasta defensa del intelectual militante, no simplemente crítico ni meramente "comprometido", sino orgánico delmovimiento emancipador revolucionario. Eso fueron precisamente José Carlos Mariátegui y Ernesto Che Guevara; nada diferentes a Simón Bolívar y José Martí, o José de San martín y Mariano Moreno. Fernández Retamar no habla ni escribe desde el vacío de una supuesta "esfera pública" incontaminada, incolora e insípida (equidistante y neutralmente valorativa), como propondría, para mencionar tan sólo un nombre significativo y famoso en el campo del pensamiento, Jürgen Habermas. Tanto la crítica y las impugnaciones como la propuesta político cultural de Caliban se realizan desde la revolución cubana. La voz del autor no juega a ser portavoz "oficial" ni funcionario dócil. Fernández Retamar es sin duda alguna uno de los principales exponentes intelectuales de la revolución cubana. Dejando a un costado cualquier simulación de neutralidad, su voz y su escritura interpelan al lector o la lectora desde una singular institución conocida como «Casa de las Américas» que en esos años se convirtió de hecho, bajo el liderazgo de Haydée Santamaría y del propio Fernández Retamar, en el puente cultural contrahegemónico que permitió abrir un diálogo y tejer múltiples alianzas con toda la rebeldía y las insurgencias de América latina (vínculo que había sido roto por el bloqueo económico, diplomático, político y militar impulsado hasta el día de hoy [2011] por Estados Unidos). Aunque en ediciones y agregados suplementarios posteriores al Caliban original Roberto Fernández Retamar se esfuerza por contextualizar o matizar algunos componentes denuncialistas de su primera versión, nosotros consideramos que estas tres dimensiones (la crítica, la propuesta y el ángulo político insurgente asumido de manera explícita) continúan escandalosamente vigentes. Aquellos aspectos más disruptivos, iconoclastas e incluso chocantes que el recorrido atento de este ensayo permite entrever a un lector o lectora del siglo XXI, no fueron "errores", "exabruptos" ni "exageraciones" personales de Roberto. Fue la revolución cubana en su conjunto —de manera abierta y radical en esos primeros doce años, luego con entonaciones diferentes que fueron variando en diversas coyunturas históricas— la que se animó a atropellar contra el canon de la cultura oficial, contra los estándares habitualmente tolerados por el arco de lopolíticamente correcto, violentando en la teoría y en la práctica el horizonte de ese seudo "pluralismo" pegajoso y del progresismo ilustrado y bienpensante con que, todavía hoy, se sigue asfixiando, neutralizando y aplastando toda disidencia radical. En el siglo XXI esa tarea, por más que suene "exagerada" o genere crispación, permanece pendiente. La dialéctica, de Sarmiento a José Martí El trabajo de Fernández Retamar, no desprovisto de erudición ni de filología hermenéutica, nunca se limita a una mera indagación en los personajes de La tempestad (1611, la última gran obra de William Shakespeare) ni a la descripción de su recepción latinoamericana. Junto a los "personajes conceptuales" del teatro isabelino, por Caliban desfilan José Martí, Domingo Faustino Sarmiento, Rubén Darío, José Enrique Rodó, Julio Antonio Mella, Aníbal Norberto Ponce, Oswald de Andrade[vii] , Jorge Luis Borges, Carlos Fuentes, Fidel Castro y el Che Guevara, entre muchos otros y otras de una extensa secuencia histórica. Todos intelectuales. Lo que sucede es que la estructura íntima de esta obra gira, aún sin citarlo de manera explícita ni redundante (como se pondría de moda años después en el mundillo académico), en torno a la gran pregunta gramsciana: ¿cómo generar una intelectualidad revolucionaria que pueda crear el tejido ideológico de la hegemonía socialista y antiimperialista de Nuestra América? Para responder esa pregunta, Fernández Retamar no apela a un esquema genérico ni a citas de los clásicos marxistas (modalidad muy común en la cultura de los manuales importados de la Unión Soviética, que comenzarían a predominar en Cuba a partir de 1972 hasta por lo menos 1986)[viii] . Ensayando una especie de sociología de la intelectualidad latinoamericana, Caliban recorre una serie altamente significativa de intelectuales emancipados y coloniales, antimperialistas y cipayos, revolucionarios y defensores del status dependiente de la cultura latinoamericana. La matriz dialéctica inicial que Fernández Retamar recorta y propone para comenzar a desplegar ese tipo de ejercicio permanente de comparación y analogía por contraposición (sin caer nunca en visiones dicotómicas esquemáticas ni en antinomias simples propias de un discurso estructurado a partir de la lógica formal) está centrada en dos arquetipos fundamentales: Martí y Sarmiento[ix] . De allí que Caliban proporcione una aproximación fundamental para los debates de Argentina, al animarse a discutir sin tapujos las contradicciones de una de sus principales figuras históricas, emblema de toda la cultura oficial, de raíz burguesa y liberal, pero también de importantes segmentos de la izquierda marxista en sus diferentes familias internas[x] . Si el paradigma dialéctico inicial elegido por Fernández Retamar se estructura a partir de dos modelos intelectuales del siglo XIX, el resto de su ensayo gira en torno al siglo XX. Siempre sobreimprimiendo estos acuciantes debates políticos sobre el fondo de los personajes de Shakespeare (recuperados, interpelados, resignificados y en última instancia «comidos» como buen antropófago en clave latinoamericana). Mediante un diálogo socrático con Caliban Roberto nos va llevando desde Shakespeare y la conquista de América a las aporías irresueltas del siglo XIX, y de allí a los problemas de la cultura antiimperialista y la hegemonía socialista en el siglo XX (y XXI, ya que las últimas ediciones prolongan aquellas discusiones de 1971 hasta nuestros días). ¿Cómo termina el ensayo? Con un programa político cultural explícitamente guevarista, dialogando en voz alta con las reflexiones del Che, ya no como póster comercial o inofensivo icono pop, sino como interlocutor, teórico y pensador marxista de la revolución latinoamericana de nuestro tiempo. El guevarismo como programa para la cultura insurgente de Nuestra América. ¿Se entiende entonces por qué consideramos que este ensayo continúa vigente hoy en día? Shakespeare, desde Nuestra América Si nos detenemos en el punto de partida de Caliban, la primera interrogación que surge es, desde luego: ¿por qué Shakespeare, un autor inglés y europeo, para pensar nuestra cultura? Lo que sucede es que el ensayo de Fernández Retamar se inicia respondiendo la provocadora pregunta de un periodista europeo: "¿acaso existe una cultura latinoamericana?"[xi] . Más allá de la existencia de aquel periodista —real o imaginaria, verídica o provocadora, da exactamente lo mismo— la elección de Shakespeare no es exclusiva de Roberto. Proviene del siglo XIX y principalmente del pensador uruguayo José Enrique Rodó[xii] . El Caliban de Fernández Retamar puede ser leído desde muchas perspectivas y ángulos, pero principalmente como un dilatado y extenso diálogo con el Ariel de Rodó. Aquella obra, publicada en 1900 (su autor tenía entonces 29 años), justo en el cambio de siglo, apela al simbolismo de las imágenes y personajes construidos por el dramaturgo isabelino en La tempestad para plantear una oposición irreductible entre América Latina y los Estados Unidos, potencia identificada como la encarnación mediocre y cuantitativa de un "mercantilismo corruptor" y de un despiadado despotismo imperial. No es casual que Rodó haya sido fuertemente conmocionado —como gran parte de los escritoresvinculados al modernismo[xiii] — por la intervención norteamericana en la guerra entre Cuba y España[xiv] . Identificando a los Estados Unidos como el gran peligro para el porvenir y la independencia de América Latina, Rodó apela a los personajes simbólicos de Shakespeare, creyendo ver en Caliban la síntesis de todo lo detestable de la modernidad imperialista desplegada en forma expansiva desde los Estados Unidos —y su sociedad mediocre, cuantitativa, mercantil y vulgarmente materialista—; refugiándose al mismo tiempo en "la parte noble y alada del espíritu", es decir, en la espiritualidad cualitativa de la cultura y el arte, condensados metafóricamente en el personaje Ariel[xv] . "Quizás Rodó —apunta Benedetti— se haya equivocado cuando tuvo que decir el nombre del peligro, pero no se equivocó en su reconocimiento de donde estaba el mismo"[xvi] . Sólo por eso, aquel ensayo de Rodó merece pasar a la historia, aun cuando su prosa permanezca más vinculada al siglo XIX que al XX y pueda cuestionarse su interpretación de los personajes shakesperianos y su homologación errónea del imperialismo norteamericano con Caliban. Fernández Retamar realiza una minuciosa historia de las diversas lecturas y hermenéuticas que fueron reconfigurando la significación política y cultural otorgada a cada personaje de la obra de Shakespeare. Lejos de la primera asimilación modernista (de Rubén Darío y Rodó) entre Caliban y Estados Unidos, la conclusión de su ensayo apunta a señalar que Caliban sintetiza y condensa como "personaje conceptual" el conjunto de problemáticas de los pueblos de América latina y el Tercer Mundo sometidos, explotados y sojuzgados por el imperialismo. "Nuestro símbolo no es pues Ariel, como pensó Rodó, sino Caliban"[xvii] . A diferencia de lo que sucede con Caliban, en el caso del personaje Ariel, Fernández Retamar no cuestiona la interpretación habitual que lo identifica —desde el uruguayo Rodó y el cubano Julio Antonio Mella hasta el martiniqueño Aimé Cesaire, pasando por los argentinos Aníbal Ponce y Deodoro Roca, entre otros— con la figura del intelectual[xviii] . Si la discusión tradicional sobre La tempestad —que Fernández Retamar recupera tomando partido y haciéndose eco de polémicas anteriores— ha girado en torno a la disyuntiva sobre qué representan Caliban y Ariel, en los últimos años un nuevo personaje de la obra, hasta ayer en segundo plano, ha ganado la atención y entrado en la palestra del debate. Se trata de la bruja Sycorax, madre de Caliban, que según Shakespeare "opera con hechizos, sapos, escarabajos y murciélagos"[xix] . Ese personaje endemoniado y aparentemente difuso, siempre opacado y en un segundo plano, es recuperado con gran acierto y lucidez por el pensamiento feminista marxista de nuestros días[xx] .  Los conversos y su obsesión contra la historia Uno de los tantos pasajes altamente sugerente (aunque escasamente transitado) del libro de Fernández Retamar es su intervención crítica y polémica hacia el escritor mexicano Carlos Fuentes[xxi] . Se conoce que este famoso intelectual y novelista mexicano, ideólogo de la revista Mundo Nuevo financiada por la CIA y la Fundación Ford, ha sido un converso, como tantos otros. También se sabe que ha formado parte de todo un elenco que alquiló su pluma al servicio de causas poco nobles (staff en el que Retamar incluye a Guillermo Cabrera Infante, Emir Rodríguez Monegal, Severo Sarduy, entre otros). Pero a lo que se le ha otorgado inexplicablemente poca atención es a la especificidad de su intento de elaboración de argumentos para legitimar sin culpas su conversión hacia la derecha y su abandono de antiguas simpatías izquierdistas. Fuentes se esfuerza por ridiculizar lo que denomina, peyorativamente, "la vieja obligación de la denuncia" (un eufemismo para rechazar el ejercicio del pensamiento crítico de escritores en particular e intelectuales en general). Lo hace a partir de ciertos ademanes estructuralistas, por entonces a la moda. "Sólo a partir de la universalidad de las estructuras lingüísticas pueden admitirse, a posteriori, los datos excéntricos de nacionalidad y clase", afirmaba el mexicano hacia fines de los '60. No es este el lugar para profundizar en la epistemología implícita en ese tipo de aseveraciones teóricas. Pero sí resulta útil identificar y destacar el estilo de pensamiento y de método común a varias generaciones de intelectuales conversos, que habitualmente comienzan en la rebeldía de izquierda y terminan en la derecha, la institucionalidad y la comodidad mediocre del orden establecido. Al leer la argumentación de Fuentes (y la crítica de Fernández Retamar) nos sorprendimos. Porque un par de décadas más tarde, nos volvemos a chocar prácticamente con los mismos lugares comunes de Fuentes en las justificaciones de otra camada intelectual, en este caso argentina, también proveniente del marxismo y convertida con entusiasmo a la socialdemocracia[xxii] . Si en Fuentes el señuelo teórico de la conversión política residía en el estructuralismo lingüístico; en este último caso, la apelación al abandono de los criterios metodológicos marxistas, del análisis de clase, por un lado, y de toda perspectiva antimperialista, por el otro, se fundamentaba en una lectura sesgada de Michel Foucault. Desde ese ángulo, una parte significativa de este elenco argentino postulaba una visión posestructuralista de la historia como si ésta consistiera en el suceder azaroso y caprichoso de "capas geológicas" sin ninguna conexión ni continuidad entre sí. En nombre de la crítica de una concepción hegeliana (basada, supuestamente, en el "mito del origen" y en la teleología), se terminaba prescribiendo el abandono de cualquier aproximación unitaria a la historia de Nuestra América, a la continuidad de sus luchas y resistencias a lo largo de períodos extensos, incluso de siglos; en consecuencia se terminaba negando la supervivencia de cualquier tradición (que no sea la del mercado y la "democracia" tal como ellos la entienden…). De ese modo la historia termina académicamente descuartizada década por década (muy al estilo de los proyectos de investigación universitarios, donde jamás hay continuidad entre una época y otra; cuanto más detallista, descontextualizada y despolitizada la investigación, mejor, más posibilidades de obtener dinero y financiación tiene). En nombre del "paradigma" (Thomas Kuhn), la "formación discursiva" (Michel Foucault) y la "problemática" (Louis Althusser), esa metodología de estudios de historia intelectual destaca y pone en relieve únicamente los cortes y la discontinuidad… obturando y cancelando de antemano —sin investigación previa, por puro prejuicio universitario— cualquier posibilidad de articular vasos comunicantes entre luchas y resistencias populares de diversas épocas. Sin ninguna posibilidad de encontrar una mínima continuidad y racionalidad en la historia, se esfuma cualquier construcción de una identidad política colectiva en la lucha de nuestros pueblos e incluso hasta la existencia misma de nuestra cultura. De allí que todo el ensayo Caliban comience intentando responder la pregunta: "¿acaso existe una cultura latinoamericana?". Si no hay identidad política y cultural, tampoco hay sujetos y sin sujetos no hay resistencia ni revolución. Eso es en definitiva lo que esta gente pretende cuestionar e impugnar[xxiii] . ¿El gran presupuesto de toda esta operación ideológica contra el marxismo, convertida institucionalmente en "programa de historia intelectual"? La apología acrítica del "especialista profesional" y el rechazo explícito de toda politización y militancia revolucionaria de la intelectualidad universitaria[xxiv] . De un lado el "campo intelectual" y del otro el "campo político" (Pierre Bourdieu, leído en clave sesgadamente profesionalista). De un lado la Academia, del otro lado y bien lejos, la revolución. Divorcio aplaudido como el mejor de los mundos posibles. Con ese tipo de argumentos, tan similares a los defendidos por Carlos Fuentes y criticados en Caliban por Roberto Fernández Retamar, toda una franja de antiguos militantes izquierdistas, marxistas y revolucionarios, se pasaron a las filas de la socialdemocracia tras las dictaduras militares del cono sur y se replegaron en la universidad. Por eso, para quien escribe estas líneas desde el sur de Nuestra América, resulta tan sugestivo releer una vez más Caliban. En su inteligente rechazo de las argumentaciones "puramente literarias" de Carlos Fuentes, Fernández Retamar adelanta en 1971 el núcleo central de las críticas a muchos conversos y ex izquierdistas de décadas posteriores… ¿Tienen derecho los conversos a cambiar de bando en las luchas sociales para vivir más cómodos? ¡Por supuesto que sí! ¿Tenemos derecho a no acompañarlos en su deserción y a sospechar de sus relatos apologéticos y autojustificatorios, disfrazados de "cientificidad académica profesional"? Si se deja de lado la mala fe, creemos que se nos debe conceder una respuesta igualmente positiva. A contramano de esa metodología anti-dialéctica (utilizamos la expresión "anti" porque explícitamente se conforma como una arremetida en toda la línea contra el pensamiento dialéctico), para nosotros la historia no consiste en un caprichoso suceder de capas geológicas sin ninguna conexión entre sí (recordemos las aseveraciones en este sentido que hizo Michel Foucault en su Microfísica del poder). La historia tampoco constituye "un proceso sin sujeto" (como plantea Louis Althusser en su libro Para una crítica de la práctica teórica. Respuesta a John Lewis). Según nuestro modo de comprender, la historia constituye el resultado contingente de la praxis colectiva en la lucha de clases. Por sí misma, según nos enseñaron Marx y Engels en La ideología alemana, ella no hace nada. La historia es el ámbito donde actúan los sujetos. En ese accionar, se producen derrotas y victorias, hay cortes pero también continuidades. Luego de feroces represiones, matanzas y genocidios, los vencedores pretenden decretar "el fin de la historia" (Hitler, Francis Fukuyama, el Pentágono). Contra esa visión oficial, es tarea de los vencidos "pasarle el cepillo a contrapelo a la historia", recuperar las luchas del pasado, la memoria de quienes nos antecedieron (Walter Benjamin) y así poder construir una identidad cultural y política colectiva como pueblos en lucha y resistencia[xxv] . Esta concepción de la historia nos permite abordar nuestra cultura a partir de las luchas históricas, sin fetichismo de los particularismos ni metafísicas deterministas al margen de los sujetos. Las figuras conceptuales que Roberto Fernández Retamar modela en su Caliban se vuelven inteligibles y dan cuenta, precisamente, de la historia de la colonización y la resistencia de nuestro continente en función de un proyecto colectivo futuro.  Caliban y las insurgencias del siglo XXI El ensayo de Fernández Retamar concluye proponiendo un programa para la cultura insurgente de Nuestra América, basado en las reflexiones de Fidel sobre la cultura —en los cuales el líder histórico de la revolución cubana se opone a asimilar la noción de "intelectual" con la de un grupo restringido de "hechiceros", con un ademán desacralizador que mucho hace recordar los Cuadernos de la cárcel— y fundamentalmente en los escritos y discursos del Che Guevara. Desde "El socialismo y el hombre en Cuba" (donde Guevara reflexiona —cuestionando el realismo socialista y discutiendo sobre las vanguardias— acerca de los artistas, los becarios y otros intelectuales) hasta su célebre reclamo de que todo el mundo cultural y universitario de Nuestra América "se pinte de negro, de mulato, de obrero y de campesino", es decir, de pueblo. En palabras de Roberto, el Che "le propuso a Ariel, con su propio ejemplo luminoso y aéreo si losha habido, que pidiera a Caliban el privilegio de un puesto en sus filas revueltas y gloriosas"[xxvi] . Cuatro décadas más tarde de aquellas últimas palabras proféticas con las cuales Fernández Retamar da la última pincelada a su ensayo, el programa político-cultural que estructura el discurso anticapitalista y antiimperialista de Caliban sigue quemando. La revolución no pasa de moda. Sus impugnaciones radicales, no fueron "crispaciones" propias de una época ya fenecida en tiempo y espacio, ni tampoco pecadillos infantiles, que habría que aggiornar o directamente abandonar en aras de una amplitud —«sin fronteras», según aquella vieja y triste expresión de Roger Garaudy— subordinada a la razón de Estado y a las conveniencias diplomáticas del momento actual. No. La perspectiva radical, tercermundista, crítica del capitalismo y el imperialismo, continúan siendo nuestro faro y nuestra brújula en las aguas turbulentas del siglo XXI. Seguimos marchando colectivamente en búsqueda de la tierra prometida y combatiendo contra los molinosde viento del capital. A veces cometemos errores o nos convertimos, involuntariamente, por nuestras propias limitaciones, en la armada Brancaleone. Otras, en cambio, logramos construir fuerzas sociales insurgentes con proyectos serios y a largo plazo. Pero siempre vamos, porfiados, en la misma dirección. No nos detendrán. En estos tiempos Próspero (sojuzgador de Caliban en La tempestad) es más lúcido, cínico y astuto que en los años '60 y '70. Se disfraza de "progresista" para mantener a raya al pueblo e institucionalizar sus demandas radicales. Si en la obra de Shakespeare Caliban adoptó el lenguaje de Próspero, en nuestra época este último incorpora símbolos de rebeldía calibanesca para aggiornarse, mediante una revolución pasiva, manteniendo intactas las estructuras de la dominación, explotación, marginalidad y dependencia. Hoy más que nunca Caliban necesita estrechar lazos con Ariel (el amauta de la isla) para emprender la batalla cultural contrahegemónica. Mariátegui propuso superar a Rodó[xxvii] , pero su reelaboración del marxismo en clave cultural (no economicista), permitiría tranquilamente identificar en la figura del amauta —el saber colectivo de la comunidad— a un Ariel resignificado desde los pueblos originarios y desde la tradición de Nuestra América. El programa de Amauta (la revista de Mariátegui) recupera y supera el Ariel dejando caer todo lastre de tentación aristocratizante o marca eurocéntrica (como cierto culto a Grecia que aun sobrevive en Rodó[xxviii] ). No es Grecia el subsuelo presupuesto en las insurgencias y los combates emancipadores de Caliban sino los pueblos originarios insumisos y la clase trabajadora en lucha. A despecho de lo que decretaron los relatos posmodernos, multiculturales y posestructuralistas (que no nacieron, dicho sea de paso, ni en la selva Lacandona ni en las favelas, villas miserias o cantegriles de Nuestra América, sino en lo más elitista y snob de la Academia parisina y neoyorkina), Caliban no ha desaparecido. El sujeto no se ha esfumado en un abanico indefinido y polvoriento de inofensivos juegos de lenguaje. Por el contrario, hoy Caliban tiene muchos hijos e hijas, cada vez más rebeldes. La revolución cubana ya no está sola como cuando Roberto Fernández Retamar escribió su Caliban. La isla, perdón, quise decir, Nuestra América, está poblada por indomesticables calibanes. Próspero, a pesar de su keynesianismo armamentístico de "guerra infinita", su gigantesco complejo industrial-militar y sus marines con mal aliento, tiene miedo. Por eso cada vez se pone más agresivo y guerrerista, instalando siete nuevas bases militares enColombia tratando de frenar infructuosamente a la insurgencia comunista y bolivariana de las FARC-EP (y al ELN). Mientras tanto lanza su IV flota imperial a recorrer y vigilar los mares, preparándose para futuras invasiones y bombardeos que van dejando tras de sí una estela tenebrosa de miles y miles de cadáveres (Afganistán, Irak, Libia, etc, etc). En nombre de la libertad, generaliza la vigilancia cibernética de todos los ciudadanos y a escala mundial, metiéndose en la vida privada de todas las personas, instalando cámaras de control cada medio metro, en cada cuadra, cada manzana y cada esquina, inspeccionando quien retira qué libro en cada biblioteca del planeta con una obsesión que haría sonrojar de vergüenza por su timidez al senador McCarthy. Su lupa gigantesca —repleta de satélites espías e infinitos programas de control— tiene bajo la mira la totalidad de la vida humana en el globo terráqueo. Ya no hay conversación que no sea escuchada ni persona que no sea fotografiada y clasificada. En ese ambiente represivo y macartista que mucho se parece a 1984 y otras novelas de futurología antiutópicas, si hay una nueva tempestad será mucho peor que la que describió Shakespeare en su obra de teatro. Este sistema capitalista, sanguinario, totalitario y mugriento con su civilización depredadora, no sólo superexplota a la clase trabajadora, degrada a las mujeres, somete y humilla a infinitos pueblos del mundo. Por si acaso todo eso no alcanzara, además ha destruido el ecosistema y el clima, ya no sólo en la isla de La tempestad sino en todo el planeta. Sí, en lo oscuro de la noche Próspero se pone nervioso, tiembla y teme. Los calibanes se multiplican bajo su bota prepotente y comienzan a moverse, con paciencia de hormiga y persistentemente a lo largo del tiempo. Las demandas de cambio se manifiestan a través de diversas formas de lucha, desde experiencias institucionales como el proceso bolivariano en Venezuela (con todas sus contradicciones internas), pasando por movimientos sociales de masas (como el Movimiento Sin Tierra de Brasil, entre otros) hasta el accionar de la insurgencia político militar (que no ha desaparecido ni es un "recuerdo nostálgico" de los años '60). Permanece aún pendiente la construcción de una coordinación continental que reagrupe y aglutine esas variadas formas de lucha como proponía un muchacho de mi barrio llamado Lenin. Para ello habrá que superar sectarismos, pero también oportunismos reciclados en nombre de la "conveniencia diplomática". Esa lucha no queda reducida a Nuestra América. Allá, apenas un par de pasitos más lejos y al otro lado del agua, sigue resistiendo de pie y gran dignidad la justa lucha de nuestros hermanos palestinos y el pueblo vasco que reclama, con terquedad, independencia y socialismo, mientras en Europa, en el norte de África e incluso al interior de los mismos Estados Unidos se generalizan la indisciplina social, las protestas radicales y la desobediencia civil. Tanto Caliban como sus hijos y sus hijas, en Nuestra América y en todo el mundo, deberán rechazar los cantos de sirena que hoy los invitan —en nombre de la razón de estado, del pragmatismo geopolítico e incluso del mercado convertido en nueva panacea— a volver con la cabeza gacha al regazo de Próspero. Una de las grandes tareas del Ariel amautense o del amauta arielizado consiste en crear los instrumentos culturales y teóricos contrahegemónicos que permitan, con eficacia y suficiente atractivo para la juventud, contrarrestar esos envenenados cantos de sirenas. Nada mejor que los saberes rebeldes de las brujas insumisas de Nuestra América para combatir el encantamiento fetichista de las sirenas mercantiles. Caliban contra Próspero. Las brujas desobedientes contra las sirenas del marketing. Ariel, transformado en amauta insurgente, contra la mediocridad de los tartufos mediáticos promovidos por el imperio del dólar y el euro. Gran razón tenía el Manifiesto Comunista de Marx y su amigo, Federico Engels. La historia latinoamericana (y mundial) no es más que la historia de la lucha de las clases y pueblos sometidos contra el poder. De eso se trata. En pleno siglo XXI, Caliban salió de la isla y comenzó a luchar contra Próspero en todo el continente. Pero ya no pelea aislado sino en compañía y estrecha unidad con la bruja y con Ariel. Sólo la convergencia estratégica de los tres en un nuevo bloque histórico —como enseña Antonio Gramsci— podrá derrocar el poder económico, político y militar de Próspero. Es esa alianza estratégica entre Caliban y el amauta (Ariel resignificado), articulada con los saberes sometidos y el cuerpo explotado de la bruja, la única que podrá enfrentar al feroz imperialismo de Próspero. La rosa blindada, símbolo de la cultura insurgente que los une, servirá para enfrentar con valor y decisión la violencia sistemática del capital. Hoy el capitalismo, en medio de su crisis civilizatoria, asume con cinismo la pose de "tolerante", "humanitario", "pluralista" y "multicultural". Si logramos mirar más allá de la punta del zapato, de poco le servirá ese disfraz. La insurgencia popular y la revolución que pronto hará justicia continúan su marcha. Al lado nuestro vienen todos nuestros muertos y desaparecidos. Siguen sonando los tambores de la rebelión. Cada vez se escuchan más fuerte y más cerca. Los poderosos están nerviosos y tienen miedo, por eso aumenta su agresividad. Próspero sabe que a largo plazo perderá ya no sólo la isla sino todo el continente y el mundo. Boedo, julio de 2011 NOTAS[i] El trabajo fue publicado originariamente en el Nº68 de la revista cubana Casa de las Américas, en septiembre-octubre de 1971, bajo el título colectivo: "Sobre cultura y revolución en la América latina". Ese número de la revista era el tercero dedicado a las discusiones del caso Heberto Padilla y todo el debate que se generó a partir de una carta pública redactada por Vargas Llosa y suscripta por varios intelectuales en Europa que cuestionaban la encarcelación de ese escritor. [ii] La primera que utilizamos fue Caliban. Incorporado al libro Para el perfil definitivo del hombre. La Habana, Letras Cubanas, 1995. pp. 128-181. La segunda Todo Caliban. Chile, Cuadernos Atenea, 1998. La tercera Todo Caliban [Prefacio de Fredric Jameson]. Buenos Aires, CLACSO, 2004. [iii] Hemos reconstruido las líneas centrales de esos debates en nuestro ensayo: " La pluma y el dólar. La guerra cultural y la fabricación industrial del consenso". En Casa de las Américas Nº 227. abril-junio 2002. Sobre esta misma problemática puede además consultarse con provecho María Eugenia Mudrovcic: «Mundo Nuevo». Cultura y Guerra fría en la década del '60. Buenos Aires, Beatriz Viterbo, 1997 (estudio focalizado en el caso latinoamericano) y el formidable volumen de Frances Stonor Saunders: La CIA y la guerra fría cultural. Madrid, Editorial Debate, 2001 (donde se privilegia el abordaje de Europa y los Estados Unidos) . [iv] Hemos tratado de profundizar en esas diversas fases políticas y culturales en nuestro ensayo "«Pensamiento Crítico» y el debate por las ciencias sociales en el seno de la Revolución Cubana". Recopilado en AAVV: Crítica y teoría en el pensamiento social contemporáneo . Buenos Aires, CLACSO, 2006. pp.389-437. También hemos intentado delimitar y recorrer esas épocas políticas y culturales en un libro pedagógico dedicado a sistematizar la historia de la revolución cubana, desde José Martí a Fidel Castro [titulado Fidel para principiantes. Buenos Aires, Longseller, 2006. Traducido al inglés como Fidel: A Graphic Novel Life of Fidel Castro. New York, Seven Stories, 2009. (Edición cubana en preparación)]. [v] Aun manteniendo idéntico ángulo y perspectiva (antiimperialista y anticapitalista) para la cultura, no podemos desconocer ni soslayar algunos cambios notables en los escenarios e instituciones de confrontación. Si en tiempos de la redacción de Caliban la principal penetración de los aparatos de inteligencia estadounidense giraba en torno a los espacios de crítica literaria (donde se ubican las revistas, financiadas por la CIA y la Fundación Ford, Cuadernos yMundo Nuevo) y alrededor de los programas de ciencias sociales (en cuyo seno aparecían los proyectos "Camelot" y "Marginalidad", con los mismos mecenazgos norteamericanos encubiertos); durante los últimos años el interés político, la forma de intervención y el financiamiento de las agencias del imperialismo se desplazaron hacia ONGs y organizaciones supuestamente "humanitarias", como la NED [ National Endowment for Democracy ] y USAID [U.S. Agency for InternationalDevelopment] . Para el caso de las ciencias sociales en los años '60 véase la revista cubana Referencias N°1 (volumen 2, mayo-junio de 1970), número temático íntegramente dedicado a la temática: "Imperialismo y ciencias sociales". Referencias era una publicación editada formalmente por el Partido Comunista de Cuba de la Universidad de La Habana y salía en forma paralela a Pensamiento Crítico. Para identificar los desplazamientos actuales de la forma de operar del imperialismo, v éase Eva Golinger y Jean Guy Allard: USAID, NED, CIA, la agresión permanente. En: http://www.rosa-blindada.info/b2-img/agresionpermanente.pdf[vi] Pueden consultarse los diversos escritos y estudios de Roberto Fernández Retamar sobre Borges en su libro Fervor de la Argentina. Buenos Aires, Ediciones del Sol, 1993. pp. 29-44. [vii] Sobre quien se explaya en un artículo posterior titulado "Caliban ante la atropofagia" (1999, incorporado como suplemento a la edición de 2004 ya citada). [viii] Véase nuestra entrevista a Fernando Martínez Heredia " Cuba y el Pensamiento Crítico". La entrevista fue realizada en La Habana el 19 de enero de 1993, publicada en Dialéktica Nº 3-4, Buenos Aires, octubre de 1993 y reproducida en América libre Nº5, junio de 1994. Incorporada a nuestro libro De Ingenieros al Che. Ensayos sobre el marxismo argentino y latinoamericano. Buenos Aires , Biblos, 2000. Prólogo de Michael Löwy. Reedición cubana con prólogo de Armando Hart Dávalos. La Habana, Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, 2008. [ix] Muchos años después, Roberto Fernández Retamar volverá sobre esa comparación, principalmente en su ensayo Algunos usos de civilización y barbarie. Buenos Aires, Contrapunto, 1989, reeditado, también en Buenos Aires, en 1993 por Letra Buena. [x] Debemos recordar que en Argentina no sólo la tradición del viejo Partido Socialista (fundado por Juan Bautista Justo en 1896) fue sarmientina. También el Partido Comunista —escisión del socialismo nacida en 1918— bebió de las mismas fuentes. Su máximo pensador y teórico, Aníbal Norberto Ponce (de gran influencia en el joven Ernesto Guevara), le dedicó incluso varios de sus libros e hizo suyas muchas de las equivocaciones de Sarmiento (al final de su vida, en su exilio mexicano, Ponce comenzó a revisar su adhesión a las tesis racistas y coloniales de Sarmiento y publicó cinco artículos titulados "La cuestión indígena y la cuestión nacional", México, 17 de noviembre de 1937 al 4 de febrero de 1938). Su temprana muerte le impidió continuar esa fértil reflexión que descolocaba totalmente el paradigma sarmientino de "civilización o barbarie". Véase Aníbal Ponce Obras completas. Buenos Aires, Cartago, 1974. Tomo 4, pp.657-667. Pero no sólo el socialismo y el comunismo argentinos fueron entusiastamente sarmientinos. Hasta un intelectual de inspiración trotskista dotado de gran erudición historiográfica —probablemente uno de los principales exponentes de esta constelación política, ubicada a la izquierda del PS y del PC—, terminó rindiendo homenaje y tributo a Sarmiento (aunque leído en este caso como un intelectual moderno carente de una burguesía pujante que pudiera llevar a cabo su proyecto modernizador). Véase Milcíades Peña: Alberdi, Sarmiento, el 90 . Buenos Aires, Editorial Fichas, 1973. Al menos en estas tres corrientes de izquierda Sarmiento fue hegemónico. Para una mirada mucho más atractiva y sugerente, realizada desde el marxismo, pero con un punto de vista crítico, creemos que la obra de David Viñas resulta fundamental. Véase David Viñas: De Sarmiento a Cortázar. Buenos Aires, editorial Siglo Veinte, 1971 y De Sarmiento a Dios.Buenos Aires, Sudamericana, 1998. [xi] Véase Roberto Fernández Retamar: Todo Caliban. Obra citada. p. 19. [xii] Antes que Rodó, Ernest Renan (1878) y Paul Groussac (1898), entre otros, habían apelado a La tempestad para pensar los problemas políticos y culturales contemporáneos pero en Rodó el planteo analógico alcanza realmente otra dimensión. [xiii] Véase Roberto Fernández Retamar: "Modernismo, 98, subdesarrollo". En Para el perfil definitivo del hombre. Obra citada. pp.120-127. En ese movimiento (nacido antes en Nuestra América que en España), además de Rodó, obviamente se encuentran Rubén Darío y uno de sus principales iniciadores, José Martí. Véase nuestra introducción al libro de Armando Hart Dávalos: Marx, Engels y la condición humana. Una visión desde Latinoamérica. Melbourne, Ocean Press, 2005. "La vitalidad del pensamiento radical latinoamericano". pp. 3-17. A través de los manifiestos de la Reforma Universitaria de 1918 nacida en Córdoba, esa prédica modernista prolonga sus ecos y entonaciones antimperialistas en todo el continente y a lo largo de varias décadas del siglo XX. Hemos tratado de mostrar el modo en que la Reforma Universitaria jugó el papel de mediación entre el modernismo de fines del siglo XIX y la cultura antiimperialista del siglo XX enun caso emblemático: el del redactor del Manifiesto fundacional de todo el movimiento en 1918. Véase nuestro libro Deodoro Roca, el hereje. (El máximo ideólogo de la Reforma Universitaria de 1918 hoy olvidado por la cultura oficial). Buenos Aires, Biblos, 1999. pp.17 y sig. [xiv] Véase Mario Benedetti: Genio y figura de José Enrique Rodó. Buenos Aires, Editorial Universitaria de Buenos Aires (EUDEBA), 1966. p. 39. [xv] Véase José Enrique Rodó: Ariel. Buenos Aires, Losada, 1996. pp. 49-50. También Rubén Darío homologó a Caliban con Estados Unidos. [xvi] Véase Mario Benedetti: Genio y figura de José Enrique Rodó. Obra citada. p. 95. [xvii] Véase Roberto Fernández Retamar: Todo Caliban. Obra citada. p.33 [xviii] Véase Roberto Fernández Retamar: Todo Caliban. Obra citada. p.34 y sig. [xix] Véase William Shakespeare: La tempestad. En Obras completas [traducción y estudio preliminar de Luis Astrana Marín]. Madrid, Aguilar, 1951. p. 2034. [xx] Para una discusión de los personajes, leídos al mismo tiempo en clave feminista y marxista (desde un ángulo crítico con el feminismo liberal y posmoderno), véase el excelente libro de Silvia Federici: Caliban y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria. Madrid, Traficantes de sueños, 2010. Principalmente p.288 y sig. Una obra contundente, demoledora y de largo aliento que permite repensar no sólo los personajes de Shakespeare analizados por Fernández Retamar en Caliban sino incluso El Capital y la concepción materialista de la historia de Marx y todo el sojuzgamiento de América Latina y el Tercer Mundo. [xxi] Véase Roberto Fernández Retamar: Todo Caliban. Obra citada. pp.56-60. [xxii] Se trata de todo un conglomerado intelectual —de orígenes diversos, pero unificado en su variedad por el común rechazo de sus antiguas militancias marxistas—, agrupado en torno al Club de Cultura Socialista, de inspiración socialdemócrata y de llegada directa a varios gobiernos, universidades y editoriales en Argentina. [xxiii] No es casual que uno de los principales exponentes teóricos de toda esta constelación ideológica, el profesor Oscar Terán (autor de una obra muy prolífica e impulsor de varios proyectos institucionales de historia intelectual, principalmente en las universidades de Argentina y México, donde ha hegemonizado a varias camadas de investigadores académicos) comience uno de sus libros de esta manera: "Precisamente si alguna vez reconsiderara algunos de los contenidos de la interpretación sobre Mariátegui aquí sustentados, la noción de «revolución» debería ser uno de los objetos teóricos sujetos a revisión". Véase Oscar Terán: Discutir Mariátegui. México, Universidad Autónoma de Puebla, 1985. pp. 9-10. El mismo criterio lo condujo a revisar e impugnar el conjunto de la cultura de izquierda revolucionaria en Argentina (donde él comenzó militando de joven, cuando integraba una organización guerrillera marxista) en su libroNuestros años sesentas. Buenos Aires, Puntosur, 1991. La metodología —obviamente crítica del marxismo y la dialéctica y deudora del "giro lingüístico" que convierte a todas las luchas en inofensivos "objetos de discurso"—, que se encuentra presupuesta en este singular "Programa de historia intelectual", puede encontrarse explicitada en la selección y presentación de Oscar Terán a Michel Foucault: El discurso del poder. México, Folios Ediciones, l983. [xxiv] Sobre este fenómeno, que evidentemente no es exclusivo de América Latina, resulta aleccionadora la reflexión de Fredric Jameson en su "Prefacio a la edición estadounidense" de Caliban [Minneapolis, University of Minnesota Press, 1989]. Véase Todo Caliban. Obra citada. Particularmente p. 13. [xxv] Hemos tratado de desarrollar este argumento en Nuestro Marx. Caracas, Misión Conciencia, 2011. pp. 68, 472-474 y sig. [xxvi] Véase Roberto Fernández Retamar: Todo Caliban. Obra citada. p. 71. [xxvii] Véase José Carlos Mariátegui: "Aniversario y balance", Editorial de Amauta, 1928. En José Carlos Mariátegui: Obras . La Habana, Casa de las Américas, 1982. [xxviii] Véase José Enrique Rodó: Ariel. Obra citada. Las referencias a Grecia, entendida como modelo arquetípico de "la cultura" opuesto a "la civilización" de los Estados Unidos (un motivo común a gran parte de los exponentes del modernismo latinoamericano), pueden encontrarse en pp. 54, 67, 80, 111 y 130.   http://www.rebelion.org/noticia.php?id=132933&titular=caliban-y-la-cultura-insurgente-[Se han eliminado los trozos de este mensaje que no contenían texto]------------------------------------Este es un mensaje de la diaspora latinahttp://diaspora.zapto.org/diaspora_latina.htmlLa responsabilidad del mensaje es de aquel que lo envía. Nota: ESTE NO ES UN GRUPO DE NOTICIAS, es un grupo de discucion y reflexion, para avisos y noticias, escribir a http://es.mc297.mail.yahoo.com/mc/compose?to=diaspora-noticias@yahoogroups.comEnlaces a Yahoo! 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    lunes, 25 de julio de 2011

    Jorge Rendón Vásquez: Parábola (Para buen entendedor...)



    "2011: AÑO DEL PRIMER CENTENARIO DE VIDA DEL AMAUTA JOSÉ MARÍA ARGUEDAS" 
           

    From: jrendon@amauta.rcp.net.pe
    To: yoacusoperu@gmail.com
    Subject: Parábola
    Date: Sat, 23 Jul 2011 20:19:52 -0500

    Estimados amigos:
    Les envío un artículo mío sobre la política como fútbol.
    Cordialmente
    Jorge Rendón Vásquez

    PARÁBOLA DE LA POLÍTICA COMO FÚTBOL
    Por Jorge Rendón Vásquez

    Finalmente, el fútbol ha saturado la vida social. Es más que un entretenimiento. Es un mundo completo suspendido frente a nosotros que no podemos dejar de ver, y que nos obliga a tomar partido por uno de los contendientes en la cancha, y con mayor razón si es la selección nacional.

    Esta moderna versión del circo romano tuvo como escenario inicial el Brasil de Getulio Vargas, a mediados de la década del treinta del siglo pasado. O Estado Novo, erigido por este dictador de raíz fascista, luego de subir al poder en hombros de los militares en noviembre de 1930, tenía que complementarse, como política de Estado, con el futbol como pasión nacional y con los carnavales para que los pobres se convirtieran en reinas, reyes, princesas y príncipes, gracias a la magia de los disfraces pagados a precio de oro aunque durante el año tuvieran apenas para comer. Bailar al son de las sambas y su ritmo, impartido sólo por instrumentos de percusión, o gritar hasta desgañitarse en los estadios con o jogo de cintura de los jugadores sigue transportando a las multitudes de la cruel realidad a la fantasía adictiva, como en aquellos tiempos.

    El fútbol se ha apoderado también de la política. Los partidos políticos, a su modo clubes de futbol, reciben el financiamiento de no tan desinteresados mecenas, preparan a sus equipos con directores técnicos muy bien pagados, los entrenan, los santifican con una publicidad millonaria, reclutan hinchadas a las que fanatizan hasta el extremo de matar o hacerse matar, y envían a la cancha a sus jugadores, confiados en la imparcialidad de los árbitros, si es que no han podido convencerlos antes por algún procedimiento non sancto de que sus equipos deben ganar, sí o sí.

    La segunda vuelta en las recientes elecciones en el Perú fue un partido que no terminó con el cómputo final. Hasta ese momento se había jugado sólo el primer tiempo. El segundo comenzó una semana después. El equipo ganador en el primer tiempo tenía ya la victoria asegurada o, por lo menos eso se creía.

    He aquí como relataría este segundo tiempo, desde su cabina de transmisión, un locutor de fútbol:

    "Ya están en la cancha los equipos Arriba Perú, hasta ahora ganador, que viste camiseta de un rojo desvaído; y Derecha, cuyo color es el anaranjado. Empieza el juego, Arriba Perú arremete con una maniobra de penetración que Derecha no puede contener. ¡Ovación en las tribunas de la hinchada esperanzada de Arriba Perú! Los directores técnicos gesticulan y gritan desde el borde de la cancha. Hay un cambio en el equipo Derecha. El jugador ingresante les dice algo a sus compañeros, y éstos empiezan el juego brusco. Varios jugadores de Arriba Perú protestan, pero el árbitro no les hace caso, y el juego sigue. Veo algo extraño fuera de la cancha. El director técnico de los anaranjados, rodeado de varios directivos de su club, se aproxima al de Arriba Perú y le susurra algo al oído. El juego se detiene. Salen tres jugadores de Arriba Perú y, —¡Oh sorpresa!— tres jugadores del equipo Derecha que esperaban en la banca, se sacan la camiseta anaranjada, se ponen la del equipo contrario e ingresan a la cancha. Mi colega me dice que esto es usual en partidos de campeonato electoral. Se reanuda el juego. Arriba Perú se lanza adelante, con todo. Pero la defensa de los contrarios se hace del balón por un pase equivocado y lo envía al otro campo donde lo controla un zaguero de Arriba Perú; éste se acerca a su arquero, patea con suavidad, y ¡zas!: ¡Autogoool! ¡autogoool! Es un tanto convertido por uno de los jugadores del equipo Derecha que se había puesto la camiseta de Arriba Perú. ¡Atención! Hay otro avance más confiado del equipo Derecha; uno de sus delanteros le pasa el balón a un defensa de Arriba Perú, que cambió también de camiseta, quien patea, y ¡goool! Aclaro: ¡es otro autogoool, amigos! Las tribunas de preferencia y primera atronan el aire con sus gritos y aplausos, en medio del estallido de bombardas y cohetes. Arriba Perú está perdiendo. Si esto sigue así, Derecha le propinará una goleada fenomenal a Arriba Perú, cuando todo hacía suponer que este equipo tenía ya ganado el partido. ¡Qué desastre! La numerosa hinchada de Arriba Perú observa la cancha, alelada y muda, desde las tribunas de popular. ¡No puede creerlo! El director técnico de Arriba Perú acaba de ponerse unos anteojos oscuros que le cubren la mitad de la cara, de manera que no es posible deducir por su semblante lo que está pensando. ¡Amigos televidentes y oyentes, yo me voy!"







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    Luis Anamaría http://socialismoperuanoamauta.blogspot.com/
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    domingo, 24 de julio de 2011

    PERU. MORAL Y LUCES



    PERU. MORAL Y LUCES
    Por GUSTAVO ESPINOZA M. (*)
    Quizá nunca como ahora cobren vigencia plena para los peruanos las palabras que pronunciara El Libertador Simón Bolívar la mañana del 15 de febrero de 1819 ante el Congreso de Angostura, seis meses antes de la decisiva batalla de Boyacá  que abriera la puerta a la Independencia de Colombia. "Moral y Luces son nuestras primeras necesidades", dijo el Padre de Nuestra América aludiendo a los requerimientos esenciales de nuestras naciones en los más duros años de la lucha emancipadora, hace dos siglos.

    En efecto, Moral y Luces requerirá ahora en nuestro tiempo, el gobierno del Presidente Ollanta Humala, que asumirá sus funciones del 28 de julio próximo.
    Moral, para conducir con honradez y pulcritud los asuntos del Estado no permitiendo negocios turbios, entendimientos malsanos ni trapacerías inmundas; como las consumadas en nuestro país por administraciones anteriores, para escarnio de los peruanos. Y luces para comprender la realidad, actuar con inteligencia y perspicacia encontrando en cada instante del proceso que se inicia las iniciativas más probas y más convenientes para el manejo de su política en beneficio de los más necesitados.
    En algo más de cinco días, en efecto, nuevas autoridades iniciarán una gestión de gobierno construida con un vigoroso y multitudinario esfuerzo que alcanzara su mayor dimensión en los comicios pasados del 5 de junio. En ellos, el pueblo optó por el cambio, y recusó formas y métodos de gestión vinculados al pasado y ligados a los intereses del Gran Capital y a la Clase Dominante.
    Un clima de singular expectativa se vive en nuestra patria. La población confía en lo que habrá de ocurrir aunque no faltan quienes tempranamente dan muestras de desazón y desánimo. Y es que, en realidad, más allá de las palabras, no confiaron nunca,  ni creyeron en la posibilidad -inédita en la vida peruana- de lo que hoy esta viviendo la patria.
    Por eso muestran desaliento ante el menor contraste. Y se dejan influir por los medios de comunicación al servicio de enemigo que explota con astucia todos los resquicios de la desconfianza y de la duda. Si el Presidente Humala informa que confirmará en sus funciones como Director del Banco Central al economista Julio Velarde, se les cae el alma a los pies y afirman que "ya se produjo el temido viraje a la derecha". Si en el nuevo Consejo de Ministros -no importa quienes más estén- aparece el nombre de Miguel Castilla Rubio, actual Vice Ministro del sector, aseguran escépticos "está confirmado que esto es el continuismo". Quisieran ellos un gobierno puro, sin mancha alguna, monoclasista, hecho a imagen y semejanza de sus propios, ingenuos e infantiles sueños.
    Los adversarios del proceso que se inicia alientan ello. Aplauden la designación de algunos titulares de portafolios también como una manera de asegurar que esas "son sus cartas" en el gobierno que se inicia. Usan la visita del embajador de Chile a Rafael Roncagliolo, para sugerir que este es "pro chileno"; y publican declaraciones de los representantes del empresariado para significar la complacencia que les produce una u otra designación. En el extremo, el Presidente García, cual verdadero Rey Midas invertido (es decir, al revés) toca y saluda al nuevo Consejo de Ministros para desprestigiarlo ante los ojos de la ciudadanía.
    La realidad, sin embargo, es bastante más rica que todo eso. El gobierno de Humala no es el resultado de la victoria de una sola fuerza hercúlea, poderosa e imbatible, sólida, cohesionada, unida y segura.  Es la consecuencia de un triunfo difícil, complejo, arrancado a mordiscos a las fuerzas más reaccionarias. Y que ha sido posible también porque ha debido construirse a partir de alianzas y acercamientos políticos entre segmentos distintos que convergieron en una coyuntura concreta, cuando se trataba de cerrar el paso a la mafia fujimorista que tuviera engrilletada a la nación por una década, y que aspiraba a recuperar su rol de carcelera de todo el pueblo.
    Que a la cabeza de ese movimiento haya estado esta vez una fuerza progresista en lugar de los clásicos sectores intermedios, oportunistas y conciliadores del pasado; es lo nuevo en el periodo que se inicia. Pero implica, por cierto, un conjunto de responsabilidades que resulta indispensable apreciar en toda su magnitud.
    Por eso, en las condiciones de hoy carece de importancia realmente el nombre de los titulares de los portafolios que habrán de operar a partir del 28 de julio. Es poco relevante el que el titular de un determinado ministerio  esté más, o menos, comprometido con el cambio. Lo que verdaderamente importa, es que funcionen aquí dos elementos:
    Un liderazgo claro, definido y coherente que le diga la verdad al pueblo y que confié en él. Y una fuerza social y de base firmemente unida, que muestre madurez, esté organizada y tenga conciencia de sus deberes y responsabilidades. Será esa la fuerza el pueblo, herramienta decisiva para la victoria.
    Lo primero, ciertamente lo garantiza Ollanta Humala. De él depende, además, la orientación política del proceso que se inicia, y que será un factor decisivo en el tiempo que comienza. Por lo pronto, ya dio muestra fehaciente de su habilidad para hacer frente a las dificultades y retos;  voluntad, para sumar fuerza; tino, para no arriesgar sin motivo; y decisión para tomar la iniciativa en la lucha. Cada paso que ha dado ha constituido una verdadera lección de habilidad estratégica de quien sabe que la política -a la inversa de lo que decía Carl Von Clausewitz- es también la continuación del arte de la guerra por otros medios. Lo secunda en ese esfuerzo el más alto núcleo del gobierno en el que observar objetivamente, pero también depositar en él responsable confianza
    Y lo segundo, es tarea nuestra. De los ciudadanos de a pie, de los pobladores de todo el país: obreros, campesinos, jóvenes, viejos, hombres y mujeres, que tenemos el histórico deber de reivindicar la patria haciendo un supremo esfuerzo de coraje y patriotismo. Organizados en lo que sea posible: partidos, sindicatos, colegios profesionales, comités vecinales, instituciones sociales, entes de cultura y otros; tenemos que aportar asumiendo nuestras responsabilidades. Y dar combate sin tregua al enemigo.
    Todos aquellos que se proclamaron revolucionarios en el pasado, que gritaron a viva voz su fe en el socialismo y su confianza en la clase obrera y en las masas trabajadoras; tienen hoy una prueba de honor, y de fuego, que les permitirá comprobar en los hechos la autenticidad de sus proclamas. Porque ahora sí llegó en el Perú la hora de las masas.
    En este marco se sitúa la dinámica del proceso. Este debe marchar por su propia naturaleza. Porque nació para seguir adelante. Porque lleva en su sangre el signo del cambio y el progreso. Porque contiene los elementos de su propio desarrollo: el fermento, la convulsión social, la protesta ciudadana. Porque es la manera de forjar el Perú de Juan Santos Atahualpa y Tupac Amaru, de Mariano Melgar y Zela, de José Olaya y María Parado de Bellido, de Miguel Grau y Bolognesi, de Mariátegui y Basadre, de Arguedas u Javier Heraud.
    Con Simón Bolívar habremos también que decir ahora "Por el engaño se nos ha dominado más que por la fuerza; y por el vicio se nos ha degradado más bien que por la superstición. La esclavitud es la hija de las tinieblas; un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción; la ambición, la intriga, abusan de la credulidad y de la inexperiencia, de hombres ajenos de todo conocimiento político, económico o civil; adoptan como realidades las que son puras ilusiones; toman la licencia por la libertad; la traición por el patriotismo; la venganza por la justicia". Son esos, en efecto, los retos que tendremos que combatir y enfrentar sin vacilaciones, procurando afirmar un proceso que solamente se inicia, y que marchará no donde nosotros queramos, sino donde quiera el pueblo.
    Hay quienes, muy subjetivamente y con candorosa inocencia, nos llaman a "llevar al pueblo hacia el socialismo". Olvidan que el pueblo no es una mesnada. Y que nadie podrá llevarlo a ninguna parte. Irá por su propia voluntad cuando se convenza, a partir de su propia experiencia y de sus luchas, que el socialismo es el camino del futuro. En ese entonces, no lo llevaremos. Nos llevará a él. Por ahora, nuestra tarea es construir su unidad, ayudar a su organización, participar en sus combates de clase. 
    Sin subjetivismo, ni ilusiones vanas, pero con profunda confianza en su capacidad de lucha, confirmada ciertamente por la historia; debemos colocarnos, con modestia y humildad, en la primera fila de las responsabilidades.  (fin)
    (*) Del Colectivo de Dirección de Nuestra Bandera / http://nuestrabandera.lamula.pe/





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    Luis Anamaría http://socialismoperuanoamauta.blogspot.com/
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