sábado, 2 de septiembre de 2017

LA GRAN HUELGA MAGISTERIAL 2017

LA GRAN HUELGA MAGISTERIAL 2017 TAMBIÉN AVANZÓ Y DESENLAZÓ EN LUCHA EN DOS FRENTES CONTRA LA POLÍTICA ANTIMAGISTERIAL NEOLIBERAL (I) Quién puede negar a esta altura del partido que la huelga nacional indefinida 2017 del magisterio peruano ha remecido al conjunto del país, particularmente su superestructura, golpeando duramente no solo la política educativa neoliberal del actual gobierno elitista y lobista de la gran burguesía criolla, sino cuestionando en general el conjunto de la política neoliberal del Estado peruano, consagrada jurídicamente con la Constitución fujimorista de 1993. Si esta lucha no ha llegado a remover también las bases mismas de la injusta sociedad peruana actual, es sencillamente porque los maestros no se desempeñan ni producen como, por ejemplo, los trabajadores mineros en los subterráneos más profundos de una economía todavía fundamentalmente primario exportadora, y sobre todo minera, como la del Perú actual. Felizmente, un creciente número de hombres y mujeres de progreso, democráticos, patriotas y socialistas, o simplemente con sensibilidad social, han comprendido la necesidad de luchar mancomunadamente para contribuir a que esta huelga tenga el mejor desenlace, sin capitulaciones, pero tampoco sin extremismos, “con razón, con ventaja y sin sobrepasarse”, en función de los intereses y derechos del magisterio, de los estudiantes, del conjunto del pueblo y nuestra Patria; bregando porque se imponga cuanto antes el diálogo entre los huelguistas y las representantes del gobierno -que con desdén aristocrático y temerario cálculo político de cercar y asfixiar la huelga por cansancio, se niega a éste- para lograr acuerdos racionales y justos, difiriendo para otro período lo que no pueda concertarse. La actual huelga magisterial germinó y avanzó en el contexto de la creciente crisis política de gobierno de PPK Sobre la base de las justas y urgentes reivindicaciones del magisterio y de su decisión de defenderse activamente, esta lucha ha sido impulsada y facilitada por la creciente crisis política, no solo del gobierno de PPK sino del conjunto del régimen político neoliberal. El fondo de esta crisis política de gobierno radica en la creciente contradicción entre la profundización de la aplicación de la política neoliberal por los gobiernos de turno de las burguesías peruanas, ante todo de la gran burguesía, sometidas a las transnacionales, y la ascendente y justa resistencia y lucha del pueblo peruano contra las manifestaciones de las agresiones neoliberales; agudizada por la desaceleración del crecimiento económico nacional y los estragos no resueltos de la crisis económica periódica capitalista mundial 2007-2009. Empero, también contribuye a esta crisis política de dominación de la clase explotadora, la histórica rivalidad en el seno de la burguesía peruana entre, por un lado, la minoritaria -pero económica, ideológica y culturalmente hegemónica- gran burguesía tradicional, de origen social aristocrático y étnicamente criolla blanco-europea y, por el otro, la nueva burguesía emergente, de origen campesino y étnicamente indo-mestiza, que económica, ideológica y culturalmente es aún más débil que la gran burguesía tradicional, a cambio de ser mucho más numerosa y extendida por todo el país; habiendo llegado ya al gobierno del poder, no solo en las regiones, provincias, distritos y universidades, sino propio gobierno central nacional del Perú, con Alberto Fujimori, Alejandro Toledo y Ollanta Humala; terminando siempre sometida a la gran burguesía tradicional y las transnacionales, al mismo tiempo de evidenciarse en la mayoría de los casos tan corrupta como la gran burguesía tradicional. Nuestro país vive, pues, un momento muy delicado, donde la crisis del régimen democrático neoliberal, crisis política que ya venía desde el período gubernamental de Ollanta Humala, ha sido marcadamente exacerbada por los destapes de la gran corrupción que, además de tener como protagonistas principales a los monopolios empresariales brasileños de la construcción, compromete también en nuestro país, tanto a grandes e icónicas empresas nativas, como Graña y Montero, ligada al grupo El Comercio, como a todos los presidentes de la República de los últimos 25 años; de tal manera que al ya sentenciado y encarcelado Alberto Fujimori se ha sumado Ollanta Humala y su esposa, mientras que Alejandro Toledo está denunciado, juzgado, sancionado preventivamente y perseguido por las autoridades, y Keiko Fujimori enfrenta un proceso de investigación por la Fiscalía, por fuertes indicios de soborno por Odebrecht; además de las serias sospechas de situaciones similares de PPK y su primer ministro, Fernando Zavala, durante el gobierno de Toledo. En medio de este gran escándalo nacional, con una creciente indignación popular, la presente lucha magisterial ha ahondado mucho más todavía aquella crisis política y la precariedad del gobierno de PPK. “Crisis de gobernabilidad”, la denominan otros, llevando a César Hildebrandt a titular la última edición de su semanario con un elocuente: “Camino al abismo”, subtitulándolo, “si no hay cambio, habrá vacancia” (en circunstancias que el fujimorismo, a pesar de todo el desarrollo de sus contradicciones internas, se perfila como el peligro principal para el pueblo, como alternativa ultra reaccionaria de recambio gubernamental) al mismo tiempo que ha elevado la dignidad, la autoestima y el reconocimiento social de los maestros y el ascendente apoyo del pueblo. Lima no será el Perú, ni la Plaza San Martín, Lima, pero lo cierto es que la nutrida masa magisterial de vanguardia, llegada a esta histórica Plaza desde casi todos los pueblos del Perú, incluidos muchos docentes de Lima Metropolitana, ha dejado con su lucha una honda e indeleble huella en la conciencia de los trabajadores y de todo el pueblo peruano. Ciertamente que el fujimorismo, en su objetivo de avanzar sus planes partidarios de llegar al gobierno del poder, si les fuera posible antes del 2021, vacando a PPK, ha pretendido utilizar la huelga de los maestros, jugando con la necesidad de apoyo congresal que requería la lucha magisterial, particularmente para solucionar el problema central de la evaluación punitiva (como antes también lo hicieron legítimamente los jóvenes que lucharon victoriosamente en todos los necesarios terrenos contra la denominada ley Pulpin). Pero, el movimiento magisterial en huelga, por propia experiencia ha ido comprobando la naturaleza política de los partidos presentes en el Congreso, que a la hora de los loros y ante los problemas realmente candentes y de fondo, no defienden al pueblo. Primero los huelguistas han comprobado cómo los representantes congresales de partidos de la burguesía, el Apra (Jorge del Castillo), Peruanos por el Kambio (Vicente Zevallos) de APP (César Villanueva) de Acción Popular (Edmundo del Águila) estaban también por la evaluación punitiva, arrastrando penosamente a esa misma postura a los representantes congresales de los partidos de la clase media democrática y progresista, de las provincias rurales, Frente Amplio (Wilbert Rozas) y de las ciudades, Nuevo Perú (Tania Pariona). “La evaluación no es negociable”, dijo Jorge del Castillo, repitiendo lo mismo todos los demás representantes de los partidos señalados y luego también ha aprendido (o reaprendido) que el fujimorismo que hoy dirige el Congreso, más allá de sus groseras maniobras, demagogia y engaño político, para llegar al poder, guarda fundamental unidad con el Estado neoliberalizado, que ellos fundaron en los años 90, cerrando filas con el Ejecutivo frente a la política educativa neoliberal, y en particular ante la evaluación punitiva. Pero este sismo político no solo ha golpeado al gobierno y a la clase dominante, sino que su radio de acción ha llegado hasta estratos más profundos de la sociedad, estremeciendo a otras capas fuerzas sociales y fuerzas políticas en el propio seno del pueblo, incluidas las izquierdas que no tienen asientos en el Congreso de la República. La evaluación punitiva en el centro de la lucha magisterial Hoy está claro que, en el complejo y difícil desenlace de esta huelga, han existido dos puntos principales en intensa pugna entre el gobierno y los maestros huelguistas: a) El reconocimiento o no reconocimiento (de jure o de hecho) de la dirigencia de los maestros en huelga a través del diálogo directo de la Ministra de educación o de otros altas autoridades del Ejecutivo con la dirigencia que encabeza el profesor Pedro Castillo Terrones, pero por sobre todo, b) La cuestión de la evaluación del profesorado, que en los últimos años ha sido ya acordada por las partes como una evaluación del desempeño del docente en el aula, descartando el examen de conocimientos del gobierno de Alan García; pero que ahora cada parte la concibe y la plantea según su realidad, visión e intereses como actor social determinado. La ministra de Educación y una serie de analistas y voceros políticos y mediáticos insisten -tramposamente o por haberse quedado rezagados en el seguimiento y comprensión de la actual lucha magisterial- en poner el asunto salarial como el primer punto en contienda, de tal manera que habiéndose acordado el piso salarial de dos mil soles, no habría ya mayor problema para levantar la huelga, resultando entonces intransigente y extremista su continuidad, por presuntas motivaciones exclusivamente político partidarios para ello. Ocultan así que la evaluación realmente existente (con las famosas rúbricas) del magisterio peruano es hoy el más hondo, sentido y sobre todo urgente reclamo magisterial porque pone en peligro su propia situación de profesores, jugándose su carrera en una hora de evaluación; al mismo tiempo que para el gobierno y todos los neoliberales constituye un punto no transable, no negociable. La campaña propagandística del gobierno y los medios masivos de comunicación de los grandes capitalistas, presentan a los profesores en lucha como a una manada de ociosos e incapaces, que no les interesa una educación de mayor calidad para los niños peruanos, no queriendo aceptar ningún tipo de evaluación. Grosera mentira que dista mucho de lo que los maestros en huelga han repetido numerosas veces: que no solo están dispuestos a la evaluación de desempeño, sino que desde su ingreso a la universidad y a través de muchos otros hitos de su formación y ejercicio profesional han sido y siguen siendo evaluados; radicando el verdadero debate en qué, cómo y para qué se les evalúa. Según la argumentación de los neoliberales en educación (de quienes no solo sus métodos y técnicas sino sus objetivos educativos y evaluadores provienen del Banco Mundial) la evaluación del desempeño del docente es la esencia (¿?) de la labor del magisterio y la garantía de la mejora de la calidad educativa, que, también afirman, es el propósito fundamental del sistema educativo; agregando que la evaluación es un proceso que no debe ser reducido a la simple técnica de las rubricas, ni debieran existir temores ni prejuicios respecto a éstas. Pero ¿es realmente así? Por cierto que la evaluación del desempeño docente es importante y necesaria, pero no puede reemplazar el rol esencial que tiene la labor docente, impulsora, dirigente y facilitadora del proceso enseñanza-aprendizaje, con su centro privilegiado en el aprendizaje de los estudiantes; para lo cual se deben mejorar todas las condiciones que favorezcan dicho proceso, como buenas condiciones de vida tanto de profesores como de estudiantes, buena infraestructura, equipamiento, tecnología y otros materiales didácticos. Siendo la evaluación el centro de la actual lucha huelguística y el motivo de por qué se prolonga, se tiene que ser muy precisos al respecto, de acuerdo a cómo ha avanzado esta discusión, en esta lucha. El debate sobre si la evaluación es a través de una prueba escrita de conocimiento general, mediante la cual el gobierno de Alan García buscó la aprobación solo los profesores apristas y humillar a la mayoría del magisterio o si más bien debe ser una evaluación del desempeño docente en aula, como en su momento lo plantearon casi todas las fuerzas al interior del SUTEP, ya está zanjada por todas las partes en favor de esta última. Eso ya se logró antes de esta huelga. Ahora, el asunto es que la trampa de antes, de buscar jalar a la mayoría de profesores mediante una rebuscada prueba de conocimientos hoy ha sido trasladada a la evaluación de desempeño en aula, mediante la nueva trampa de las famosas rúbricas, tal como las esgrime el MINEDU. Es decir, el objetivo sigue siendo el mismo, la forma y la técnica de su cumplimiento, la patronal la ha cambiado, adecuándola a los avances de la lucha magisterial. Hasta noviembre del presente año, el MINEDU está aplicando todavía este tipo de evaluación como ensayo en las instituciones educativas públicas, fecha a partir de la cual ha resuelto por su parte empezar a implementarla oficialmente, comenzando por las maestras de Educación Inicial. En toda esta etapa de prueba, ha quedado evidente que el celo “reformador” y “orientador” de las evaluaciones del MINEDU, ha centrado toda su atención en la exclusiva aplicación tubular de sus rúbricas, fuera de todo contexto. Peor aun cuando la gran mayoría de evaluadores o no son profesores, o son profesores que no han pasado suficiente tiempo de experiencia en las aulas de un centro educativo público. Pero la “falla” fundamental de este tipo de evaluación es que no tiene en cuenta ni le interesa la realidad de los educandos de estas instituciones educativas, en primer lugar, la realidad socio-familiar de estos estudiantes, comenzando por su deficiente alimentación diaria, su estado nutricional, en muchos casos de desnutrición y anemia, con el enorme perjuicio y desventaja que ello ocasiona en el cerebro y contra la potencialidad intelectual de estos niños y niñas; los grandes problemas que llevan de casa a las escuelas en sus cabezas, en sus impulsos y sus hábitos; con padres separados y muchas madres solteras como jefas de familia; que para mantener su hogar pasan fuera del hogar 10, 12 o 14 horas diarias trabajando; a lo que hay que agregar la demora adicional generada por el caótico transporte en el caso de Lima y otras grandes ciudades del país; no pocas veces con niñas o niños sometidos a violencia física, psicológica y sexual; para no hablar ya de las carencias de infraestructura, equipamiento, recursos tecnológicos y otros materiales didácticos de los centros educativos. Es cierto también que los individuos y las poblaciones, ante grandes problemas, injurias y traumas sufridos, echan mano del recurso psico-social que contemporáneamente se conoce como resiliencia, proceso en el que entran o deberían entrar muchos niños y familias, y de repente casi todo el país. Pero ese es un proceso de mediano y largo plazo, que requiere toda una organización especial del Estado, la sociedad, las comunidades y las familias; pero que no se podrá resolver en el inmediatísimo plazo de una hora pedagógica escolarizada de evaluación con rúbricas. Cuando los profesores inquieren a los neoliberales en la educación, o a sus implementadores de la evaluación, sobre el peso de esa realidad social de los estudiantes y las escuelas públicas, les contestan recitando la manida y sínica frase, aparentemente muy realista y sabionda: “Tú no te preocupes por lo que no puedes cambiar y concéntrate en lo que si puedes hacer en el aula”. Pero, la realidad es que, a pesar que en cada acto educativo formal en aula no se explicite ni se evidencie directa e inmediatamente la esencia de los grandes problemas estructurales del país que afectan a los niños, sin embargo, dichos problemas estructurales sí se expresan cotidianamente en el cuerpo y el alma de nuestros niños, manifestándose de una u otra manera en las aulas; dificultando la atención, concentración y participación adecuada de nuestros educandos en su proceso de aprendizaje. Por supuesto que frente a esta realidad, muchos maestros se esfuerzan por adecuar su labor docente a estas cotidianas condiciones adversas, haciendo incluso de artistas, de actores de teatro -tal como lo enseñó hace ya varios siglos, el gran pedagogo transformador antifeudal, Amos Comenius- para estimular y captar la atención de nuestros estudiantes (y como superlativamente lo demuestran los destacados profesores peruanos, Fidel Berrospi y Juan Cadillo) y motivar su participación en su propio proceso de aprendizaje; cumpliendo, además, en y luego de clases, la labor de psicólogos, trabajadoras sociales, sociólogos y antropólogos (que el MINEDU está muy lejos de incluir en un necesario equipo multi e interdisciplinario en las escuelas y colegios públicos) y obviamente, la mayoría de las veces fuera de sus horarios de trabajo. Pero, a pesar de todo ello, por más que se esfuerzan, no es posible que los profesores, que no dirigen el poder del Estado, y por ende del MINEDU, ni organizan la economía y la vida social de nuestro país desde puntos de vistas más racionales, científicos, democráticos y solidarios, puedan resolver mediante el acto educativo formal escolarizado los problemas educativos que ha creado la clase dominante que gobierna por largas décadas nuestro país, afectando a sucesivas generaciones. Menos, pues, que pueda lograrlo con aquel pretendido “milagro pedagógico” de la evaluación mediante las rúbricas del MINEDU, encuadrado en el escenario concreto de 60 minutos, bajo la acosadora vigilancia de un evaluador externo, más la del director de la institución educativa; algunos de los cuales podrán ser honestos y justos, pero sabemos también que otros andan cargados de rencillas frente a profesores que reclaman sus derechos en la institución educativa, por discrepancias políticas o por otros motivos, por un lado, y de favoritismo, por amistad, compadrazgo o incluso por corrupción, por el otro; utilizando un instrumento evaluador construido, en parte, subjetivistamente y, en parte, como celada deliberadamente hecha para “jalar” a la mayoría de profesores evaluados. Así pues, el real objetivo de los neoliberales con su evaluación punitiva, lejos de estar concebida para incrementar la calidad de la educación peruana, está más bien enderezada a sacar de la carrera magisterial a muchos profesores, como necesidad de la privatización de la educación pública, para lo que se requiere contar con una amplia cantidad de profesores, no solo sin estabilidad laboral sino sin empleo, creando un verdadero ejército profesoral de reserva, que mantenga al magisterio como mano de obra educacional barata y mucho más precaria. En este sentido, se debe escuchar la autorizada palabra de los destacados educadores León Trahtemberg, Juan Cadillo y Fidel Berrospi. Los dos primeros han señalado que, pese a su experiencia y aportes creativos a la educación peruana, con la evaluación por rúbricas del MINEDU ellos mismos saldrían desaprobados, porque, a pesar de sus novedosos esfuerzos por captar la atención de sus alumnos y facilitar su participación en su aprendizaje, siempre, no solo por los traumas que acarrean los distintos problemas sociales de las familias sino por la propia naturaleza de los niños que, en general tienen márgenes de concentración de minutos; mientras que León Trahtemberg predice que, en buena cantidad de casos, aquellas evaluaciones se convertirían en un verdadero show, con la puesta en escena una bien ensayada evaluación, previo pacto entre profesores, padres de familia y estudiantes (por solidaridad o por corrupción, agrego yo) acordando previamente que nadie se salga para nada del libreto. Imagínense la gran escuela de simulación que se estaría inaugurando. El actual trance histórico-social del magisterio Es bueno recordar además que, a diferencia de los profesores de la etapa pre velasquistas del país, cuya base social mayoritaria era la de una pequeña burguesía o clase media de origen aristocrático y criollo de Lima y de provincias, con un sueldo real y un nivel de vida superior al del presente y relativamente bien ilustrados en la cultura occidental, la mayoría del profesorado actual procede del campesinado, medio y pobre, y, complementariamente, de la clase obrera y de pequeña burguesía media y pobre de las ciudades; mientras que étnicamente, la mayoría procede de la raigal vertiente indo-mestiza del país y la nación peruanos. Ahora bien, por experiencia e intuición o por indagación científica, nuestros actuales profesores perciben la realidad de que la evaluación neoliberal es un instrumento legal cuya aplicación liquidará sus más elementales condiciones de existencia y de realización social, logradas con el esfuerzo de su profesionalización docente y su ingreso al magisterio, que los empuja a la pérdida de su actual ser social, no solo como sector profesional sino más profundamente como capa y clase social trabajadora de la pequeña burguesía asalariada, hoy mayoritariamente en proceso de proletarización social. No están dispuestos a volver a ser campesinos pobres o devenir completamente en ambulantes o taxistas, a pesar que por sus magros sueldos, no pocos profesores destinen parte de su tiempo a estas actividades económicas. Peor aun cuando el agro peruano, sobre todo el de pequeña producción, vive una crónica crisis y decadencia, agudizada en las condiciones imperantes de capitalismo neoliberal. He ahí el por qué de la fuerza y la profundidad de esta gran huelga magisterial; cuestión frente a la cual algunos dirigentes nacionales han relajado la sensibilidad que permite sentir y comprender este drama social e histórico, que está sucediendo ante nuestros ojos. Por cierto que hay también un significativo número de docentes que se encuentran vinculados o ya pertenecen a la burguesía emergente de origen campesino indo-mestiza, que entre otros varios rubros, están también presentes en los negocios de la educación privada, pequeña, mediana y algunos en las grandes inversiones en educación particular. Pero aun en este caso, con el gobierno neoliberal de PPK, elitista, neo aristocrático, y de un desbocado loísmo acaparado por su gentita, en la medida que es representante directo de la gran burguesía criolla cosmopolita, la situación se ha tornado desfavorable para el avance de la burguesía emergente. De todas maneras, el cariz y las relaciones clientelares del gobierno de PPK es distinta a la de los gobiernos neoliberales de origen social y étnico burgués emergente y mestizos, como los de Fujimori, Toledo y Humala; que a pesar que esencialmente también se pusieron al servicio de la gran burguesía y las transnacionales, sin embargo brindaron mayores oportunidades de negocios a la burguesía emergente de donde proceden, por lo menos a las de provincias. Hoy con PPK, han perdido las posiciones políticas y de negocios que habían conseguido en gobiernos como el de Ollanta Humala, donde eran o altos funcionarios de los gobierno regionales, provinciales, distritales, universidades, UGELs, (donde incluso han ingresado a gestionarlas algunos maestros ex radicales, como también otros partidarios de los dirigentes del CEN, dicho sea de paso) o hacían negocios con estos y en otros rubros -lícitos e ilícitos-. En esta nueva situación desventajosa para la burguesía emergente, le ha impulsado a volver a la pelea, sobre todo en las regiones, estableciendo alianzas, explícitas o implícitas, con las luchas populares y, en no pocos casos, impulsando y dirigiendo alguna de éstas. Por supuesto que desde sus puntos de vista, objetivos e intereses burgueses emergentes; pese a que muchas veces ello no aparezca desde el comienzo claro a los trabajadores, siéndole todavía fácil a la burguesía emergente indo-mestiza mimetizarse entre nuestro pueblo, mayoritariamente también indo-mestizo. ¿Los niveles de apoyo que los gobiernos regionales y otras instancias análogas brindaron en su inicio y desarrollo a la actual huelga de los trabajadores de la educación no es también una manifestación de lo que estamos hablando? ¿Parte de la fuerza de esta huelga en las provincias no se debe también, aunque sea secundariamente, a esta alianza -sea tácita o sea pactada-? ¿Una de las razones de la debilidad en Lima Metropolitana de la huelga, tanto al inicio como en el desenlace de ésta no se debe a que aquí manda y administra directamente la educación pública el gobierno central, en manos de la gran burguesía tradicional? ¿Cuánto golpea a la huelga nacional del magisterio el hecho de que la mayoría de gobiernos regionales se esté aliniando ahora con la política antimagisterial y de asfixia de la huelga del gobierno central? No obstante, también es necesario recordar que los propios trabajadores, mientras no desarrollemos una mayor experiencia de lucha, ensanchando y profundizando en esa contienda nuestra conciencia clasista DE TRABAJADORES (subrayamos de trabajadores, porque la burguesía también es clasista y muchas veces tiene más conciencia clasista de sus propios intereses inmediatos y mediatos de clase, en comparación con la que, por ahora, la mayoría de trabajadores tienen de los suyos) de manera natural y espontánea, también aspiran a lograr posiciones económico sociales de burguesía emergente, como la única manera que todavía tiene la mayoría de concebir el progreso, el ascenso social y un mayor bienestar y confort, que todos necesitamos y deseamos. Pero, la realidad es que en el capitalismo, desmintiendo la interesada predica neoliberal que vende la ilusión del “emprendedorismo”, no hay cabida para todos, porque, a fin de cuentas, la riqueza tiene que salir de los únicos que la generan: los trabajadores explotados. Trabajadores que, unidos con todo nuestro pueblo y con otros sectores democráticos y sensatos, conformemos un gran movimiento popular y patriótico anti neoliberal, para conquistar un gobierno que empiece a resolver los grandes problemas generados por la actual sociedad, dominada y principalmente al servicio de la gran burguesía y las transnacionales, y dentro de estas soluciones, se transforme positivamente la realidad actual del problema educativo nacional; abriendo las puertas al avance de la liberación social y nacional definitiva de nuestro pueblo trabajador. Necesidad, justeza y condiciones favorables para el desarrollo de la gran huelga magisterial En consecuencia, esta lucha de decenas de miles de docentes en Lima y las regiones, la sensibilización y respaldo a la huelga magisterial de una mayoría de padres de familia y de la opinión pública en general, el hecho de que el Estado se haya visto obligado a dialogar en el MINEDU con los reales representantes de los maestros en lucha, aunque fuere a través de los congresistas que oficiaron de intermediarios entre aquellos dirigentes y altos funcionarios del Ministerio del ramo, e incluso a pesar de los aristocráticos gestos despectivos y retrecheros de la ministra Marilú Martens; las nuevas conquistas parciales que sucesivamente han seguido arrancando los maestros como subproducto de la fuerza de la huelga y sobre todo, ese invalorable espíritu de unidad, de lucha y de dignidad recuperado por los profesores, constituyen clara demostración de que su plataforma reivindicativa no solo era y es justa y urgente sino que existían las condiciones objetivas y subjetivas para el desarrollo y triunfo de esta huelga; condiciones que, como ha sucedido, se podían desarrollar aún más en el propio proceso del combate huelguístico. La lucha en dos frentes en el seno del movimiento magisterial En ese sentido, la contundencia de la huelga magisterial ha sido fundamental no solo para discernir y valorar la necesidad, justeza, oportunidad y urgencia de esta lucha frente al neoliberal y elitista gobierno de turnio del Estado peruano y su MINEDU, sino también para identificar al interior del propio movimiento magisterial a las diferentes posturas sindicales y políticas en la orientación y conducción de la organización y lucha de los profesores, desde la fase de preparación y organización de la huelga, su desarrollo y desenlace. Sabemos por teoría y práctica, que siendo importantes los condicionantes factores externos (en este caso, externas al movimiento magisterial) lo fundamental y determinante radica en el interior del fenómeno de que se trate, esencialmente de las contradicciones internas que motorizan su desarrollo, en este caso, del movimiento magisterial. ¿Cuál era y es la postura y la actitud que en las actuales condiciones mejor está expresando las necesidades, el sentir y la disposición de lucha de los maestros e imprimiendo una orientación más justa, combativa, consecuente y firme en los principios y, a la vez, realista y flexible en la táctica? ¿Cuál la más alejada, burocrática y contraria a las necesidades, el sentir de los maestros y a la urgencia de su lucha huelguista? y ¿Cuál la extremista y ultraizquierdista que bajo su particular interpretación de la consecuencia, propugna en cualquier contexto la lucha sindical “hasta las últimas consecuencias”? Necesitándose desentrañando, además, la unidad dialéctica de contrarios que (consciente o inconscientemente, queriéndolo o sin quererlo) se establece y se retroalimentan mutuamente entre éstas tendencias durante las distintas fases del combate; así como detectar la desviación y la traba principal en cada una de aquellas fases y cómo, a su vez, tal desviación alimenta y justifica el desarrollo de la desviación extrema opuesta. Burocratismo capitulacionista en el CEN del SUTEP, principal desviación en el inicio y desarrollo de la gran huelga nacional del magisterio 2017 En este sentido, la realidad de la intensa lucha magisterial de estos dos últimos casi dos meses y medio (considerándola desde el 15 de junio 2017, que se inicia en el Cusco) ha permitido evidenciar con gran claridad que, desde el momento de la preparación, organización, inicio y desarrollo de la presente huelga magisterial, la desviación y obstáculo principal al interior del movimiento magisterial lo ha constituido la persistente política burocrática asumida por el CEN del SUTEP, dirigido por el PC del P - Patria Roja. A diferencia de los momentos iniciales del SUTEP, de intensa lucha de frente único clasista magisterial, en los años 70 del siglo pasado, bajo el liderazgo de Horacio Zevallos, hoy se ha revelado un determinado tipo de evolución en la dirección nacional del SUTEP que lo ha alejado de las necesidades, el sentir y la creciente disposición de lucha de las bases regionales, provinciales y locales, principalmente de las provincias, pero crecientemente también de Lima Metropolitana, martirizadas por el acoso de la evaluación neoliberal y los míseros sueldos; habiendo asumido los últimos cuerpos dirigenciales del CEN del SUTEP, además de un ya antiguo sectarismo y negación de la política de frente único de masas por arriba y por abajo, la conducta del menor esfuerzo en la defensa de las reivindicaciones del magisterio, concentrado su accionar en intereses de grupo. El CEN del SUTEP no solo no ha sabido o no ha querido sino que no ha podido calibrar la disposición de lucha de las masas magisteriales y menos organizar e impulsar ésta, habiéndolo empujado la vida a conciliar rápidamente con el MINEDU y a oponerse al combate huelguístico, sin que ello le haya impedido arrogarse el mérito de la conquista de las reivindicaciones parciales, que no se hubieran podido alcanzar, aunque sea como acuerdos, sin la dura y larga lucha magisterial 2017, iniciada en el Cusco el 15 de junio. El CEN ha evidenciado sometimiento ante las presiones, la demagogia y las calumnias del gobierno, y también ante las alabanzas y zalamerías de ese gobierno y los medios de comunicación de la derecha hacia el CEN, llegando algunos de sus actuales máximos dirigentes coincidir en los sets de radio y TV con los comentaristas neoliberales, sin ningún análisis, critica y denuncia de la política neoliberal general y educativa en particular, en aquellas preciosas oportunidades en que su voz llega a amplias masas de radioescuchas y televidentes de nuestro pueblo; llegando hasta un punto en el que los dirigentes más burocratizados han cruzado el Rubicón, transitando de opositores de la huelga magisterial, a actuar prácticamente como voceros del gobierno, del MINEDU y en algunos casos, del Ministerio del Interior. Mas, esta conducta política del CEN del SUTEP no solo ha obstaculizado el avance de la huelga magisterial y una correcta orientación de frente único de esta lucha, sino que ha facilitado el avance de las posiciones ultraizquierdistas, anarquistas, particularmente del senderismo; posiciones que el CEN del SUTEP condena desde sus particulares puntos de vista, pero que con la política práctica que ha aplicado, realmente ha favorecido y justificado su desarrollo. Un clásico nos recordaba que los avances del anarquismo, del ultraizquierdismo constituía la expiación de los pecados del reformismo. Lo más grave es que dicha conducta política no es solo un hecho reciente, aislado y casual sino que se viene produciendo hace ya años, generados seguramente por una serie de profundas razones históricas, sociales, políticas e ideológicas, que sus sectores sanos y honestamente revolucionarios solo podrán corregir y superar partiendo de un integral y consecuente análisis autocrítico y crítico. El desenlace victorioso de la huelga no puede estar guiado por la extremista consigna de “hasta las últimas consecuencias” Repetimos que la gran huelga nacional 2017 del magisterio nacional, iniciada realmente el 15 de junio en el Cusco, extendida y profundizada a partir del 12 de julio, haciéndose total, por un día, el 13 de julio, con el paro convocado por el CEN del SUTEP y desarrollándose heroicamente por más de dos meses, bajo la dirección y clara hegemonía en la conducción de la huelga por el Comité Nacional de Lucha de las Bases Regionales del SUTEP; logrando significativas conquistas económicas, políticas, anímicas y organizacionales. Creemos no equivocarnos al decir que uno de los más grandes logros de la actual lucha de los maestros ha sido la recuperación y ampliación de su unidad y capacidad nacional de lucha; restando conquistar, por cierto, el punto vital y más importante, y también urgente: la anulación de la evaluación punitiva, que el gobierno pretende se iniciar en noviembre de, presente año y su cambio por otra realmente formativa. Teniendo su aspecto estratégico, la consecución de este punto (el de la evaluación) tiene principalmente un alcance de táctica general, para todo un período de lucha. Pero el desenlace final de la presente huelga es una cuestión de táctica específica, es decir, de la correlación de fuerzas concreta de ahorita y pronta salida más favorable con arreglo a tal correlación, precisando -luego de la gran acumulación lograda durante el inicio y el desarrollo de la huelga- cómo está evolucionando su ahora ya innegable fase de desenlace final, teniendo en cuenta no solo las fundamentales fuerzas internas del magisterio en huelga, sino el conjunto de las relaciones sociales y políticas del país en relación a la huelga. Eso significa repasar el estado de todas las alianzas estratégicas y tácticas directas al interior de este amplio frente único magisterial y las relaciones de éste con otras fuerzas sociales y políticas populares, democráticas y progresistas extra magisteriales, y particularmente con los padres de familia y los estudiantes; así como también sus reservas indirectas, es decir, las relaciones y negociaciones con los partidos de derecha y de centro e instancias del Estado y el conjunto de los medios masivos de comunicación. Por ser la evaluación mediante las famosas rúbricas una trampa neoliberal para despedir profesores, mientras persista esta amenaza, pensamos que la dirigencia nacional de la huelga no debiera firmar su aceptación, por no ser necesariamente indispensable para cualquier forma de desenlace y solución de la huelga en favor del profesorado; lo cual significaría, además, un nuevo repudio a su dirigencia por la masa magisterial en huelga, creando gran desconcierto y la posible dispersión desordenada y desmoralizada en sus filas. No solo el gobierno de PPK, todos los neoliberales locales (e incluso voceros congresales del FA y de Nuevo Perú en las negociaciones de parlamentarios con la dirigencia del Comité Nacional de Lucha cerraron filas con las declaraciones de que es un tema no es negociable) sino también sectores de padres de familia, incluso algunos que hasta hace pocos días apoyaban la huelga, están ya pidiendo en distintos tonos el retorno de los profesores a sus aulas. Es cierto que hay sectores de padres de familia de las capas populares más pobres de diversos lugares de Lima y provincias que han manifestado la persistencia de su apoyo a la huelga, pero también se conoce de crecientes sectores de las capas media y alta de la clase media, que exigen el término de la huelga. En otras palabras, el pueblo empieza a diferenciarse al respecto en los últimos días, debiendo precisarse cuál es la tendencia más fuerte. Frente a este trance, nos parece que existen dos posibles salidas. La primera es alcanzar mediante el diálogo y la negociación con el gobierno un acuerdo para suspender por dos años la aplicación de la evaluación con las rúbricas, organizando y ejecutando en el ínterin, un amplio debate nacional sobre el tema, con la participación de distintas entidades públicas, populares y de la sociedad civil y personalidades destacadas en la educación, para que los maestros terminen inmediatamente la huelga y vuelvan a sus centros de estudio con sus alumnos. Pero ¿qué se puede hacer sin no se alcanza esta posibilidad? Repetimos que la dirigencia no debiera firmar la aceptación de la evaluación punitiva, por lo que de no alcanzarse la primera salida, y reconociendo con convicción que la huelga del magisterio ha conquistado importantes reivindicaciones y sobre todo sustanciales logros organizacionales, se tendría que hacer una suspensión organizada de la huelga, democráticamente acordada por los huelguistas; pasando a fortalecer las filas del magisterio y de sus relaciones con el resto del pueblo, particularmente con los padres de familia y los estudiantes, para no solo seguir luchando contra la evaluación punitiva sino para construir una propuesta alternativa, democrática, científica, moderna, popular y patriótica para la educación peruana. En este sentido, la orientación de esta fase concreta de desenlace (en realidad, ninguna de sus otras fases) no puede ser “hasta las últimas consecuencias”, frase que en política tiene una larga tradición anarquista, ultraizquierdista, por más que se la use como recurso de agitación para alentar a las masas a proseguir en la lucha. Particularmente en el caso de dirigentes políticos que la plantean y defienden sistemáticamente en el seno de la lucha magisterial, objetiva y subjetivamente expresa el otro extremo, la otra desviación opuesta al burocratismo conciliador y capitulador, pero que bajo otra forma y estado de ánimo, también perjudica la lucha popular y, en algunos casos la empuja al desbarrancadero y liquidación, incluso sin desearlo, desde las mejores intenciones, recordando la conocida frese de que “el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones”. Es también notoria la percepción de esta actitud y tendencia política en la lucha magisterial, como en otras luchas populares, pero no podemos señalar documentadamente la fuente partidaria de la misma, porque no hemos tenido la oportunidad de encontrarla explícitamente en documentos impresos o virtuales. “Hasta las últimas consecuencias” pueden significar la victoriosa conquista de toda la plataforma huelguística y de todos sus objetivos políticos, como también la derrota y retirada desordenada y desmoralizante de las masas en lucha, por no saber, no querer o no poder darle término en las condiciones y el momento adecuado y preciso. No debemos olvidar que, a pesar de todo su heroísmo, esta huelga es un proceso sindical, que necesariamente tiene fecha de inicio y de término, por más que tenga también una inevitable dimensión política, como inevitablemente la tiene toda huelga nacional; más aún cuando cuestiona leyes nacionales sobre el magisterio y la Educación como la presente, así como también por la natural e inocultable presencia e incidencia de partidos, corrientes y núcleos políticos que actúan en su seno y pugnan por dirigirla. En todo caso, reiteramos que, sindical y políticamente, la gran huelga magisterial 2017 ha logrado ya grandes conquistas de diversa índole, golpeando fuertemente al neo oligárquico gobierno neoliberal de PPK, y particularmente su política educativa y colocando en el más alto lugar de la agenda nacional, el problema educativo. Esa es, pues, la razón por la que hemos recordado la importancia de la lucha en dos frentes ante las desviaciones en el seno del pueblo en medio del combate contra la opresión y explotación de la clase dominante.

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