domingo, 24 de agosto de 2008
Hacia un nuevo comienzo ... por otro camino
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Escrito: En 1970.
Esta edición: 2001, Marxists Intenet Archive.
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Este es un artículo sobre los antecedentes históricos de la cuestión de la secta como forma de organización, así como las alternativas a ella existentes. No se presenta para que sea adoptado o votado por nadie (tener que decirlo explícitamente refleja algunos hábitos sectarios de funcionamiento). Por otra parte, es verdad que afecta al curso organizativo que nuestro comité quiere seguir, pero éste no sólo proviene de las fuentes puramente históricas. Este artículo puede ser útil para dar idea de las flexibles posibilidades propias del camino no sectario, pero no ofrece modelos a copiar. Bastará con que contribuya a alcanzar esta conclusión: hay un camino hacia un partido revolucionario que no es el camino de la secta.
Esta línea de pensamiento no es un producto momentáneo. Desde un punto de vista histórico, se desarrolla a partir de dos experiencias realizadas en los dos últimos años: (1) Trabajando sobre la presentación de la política de Marx, he tenido que plantearme cuál era el pensamiento de Marx y Engels en este campo. (2) A la vez, he tenido la interesante experiencia de leer las Obras escogidas de Lenin, desde el tomo 1 hasta el 20 (hasta la I Guerra Mundial), tratando de comprobar si había alguna base real para la fábula "estándar" sobre el "concepto de partido" en Lenin (no la hay). Naturalmente, este trabajo no tenía lugar en el vacío, pues estaba presente el eterno problema de cómo construir. Es obvio que lo que viene a continuación es únicamente la presentación de una línea de pensamiento, y no un intento de demostración.
Hal Draper, 1971
El problema es: cómo construir un partido socialista revolucionario. En los Estados Unidos, no ha habido ningún progreso estimable hacia él en el último tercio de siglo (desde el final de la segunda guerra mundial). La meta sigue estando ahí, pero el camino hacia ella debe ser reconsiderado.
El camino que hemos seguido conduce a un callejón sin salida. Tenemos que retrocer hasta encontrar una bifucarción que dejamos atrás. El camino por el que hemos marchado es el camino de la secta. Definiremos qué quiere decir esto, y por qué y cuándo comenzó. Y explicaremos por qué no conduce a ningún sitio, que es donde estamos ahora.
Argumentaremos que la historia demuestra que debe haber otro camino, un camino diferente. De hecho, aunque sin plantearnos explícitamente el problema, ya iniciamos un camino diferente a principio de 1964, cuando se formó el Independent Socialist Committee para dar nueva vida a Independent Socialism como tendencia política, alentando la formación de clubes locales (el primer Independent Socialist Club se formó en el campus de Berkeley, a finales de 1964). Pero entonces no pensamos que se trataba de una alternativa a la organización tipo secta, por lo que el naciente movimiento Independent Socialist retrocedió de nuevo a la ruta de la "secta", a consecuencia de presiones fáciles de identificar. Nos proponemos repensar completamente todo esto.
Comencemos retornando a Marx
Sobre este tema, no cabe ninguna duda de cuáles eran las opiniones y la práctica de Marx. De hecho, probablemente tuvo una reacción excesiva, debida a la intensidad de su determinación de no tener nada que ver con cualquier secta, incluyendo una secta propia.
Para Marx, era una secta cualquier organización que estableciese como su frontera orgánica algún tipo de opiniones (incluyendo las de Marx), o que hiciese de esas opiniones el factor determinante de su forma organizativa.
Ni Marx ni Engels formaron ni quisieron formar nunca un grupo "marxista", entendiendo por tal una asociación afiliativa basada en un programa exclusivamente marxista. Toda su actividad organizativa discurrió por otro camino.
Entonces, ¿cuál sería, conforme al pensamiento de Marx y Engels, la actuación adecuada de quienes comparten sus opiniones y quieren llevarlas a la práctica? La tarea sería llevar esos puntos de vista a los movimientos y organizaciones que han surgido de forma natural a partir de la lucha social realmente existente. La tarea no sería inventar una forma "superior" de organización, sino influir sobre estos movimientos y organizaciones de clase, desarrollando cuadros revolucionarios en ellas y trabajando, en definitiva, por hacer avanzar al movimiento en su conjunto.
El movimiento en su conjunto: Marx y Engels sabían -y decían- que este proceso podría, muy probablemente, involucrar escisiones; no hicieron un fetiche de una absoluta unidad entendida como condición del propio proceso. Pero las rupturas que ellos veían como naturales no eran las provocadas artificialmente por una corriente ideológica que despliega desde fuera una abstracta bandera programática, sino aquellas que surgen orgánicamente del propio progreso del movimiento. Esperaban que estas rupturas se produjesen en dos direcciones: por un lado, elementos aburguesados opuestos a una línea de clase y al desarrollo del movimiento en el sentido de la lucha de clases; por otro, sectas ideologizadas que observarían como el movimiento de clase se alejaba de sus particulares panaceas y recetas.
Ellos esperaban que semejantes elementos se escindirían, o que los elementos saludables de la clase obrera tendrían que romper con ellos, pero, sin embargo, nunca pensaron que la línea de demarcación orgánica fueran las particulares opiniones programáticas de una vanguardia (el programa en abstracto) sino, más bien, el significado político, desde el punto de vista de la lucha social, del nivel político alcanzado por el movimiento de la clase (es decir, el programa en concreto, el programa concretado en la lucha de clases realmente existente).
Así, durante 1847, Marx y Engels, que se habían incorporado a la Liga Comunista, trabajaron con gran habilidad para liberarla de su resaca sectaria y conspirativa, pero, simultáneamente, Marx dedicó sus esfuerzos en Bruselas, donde vivía, a la construcción de la Asociación Democrática, que ni siquiera era programáticamente socialista. Y cuando la revolución estalló en el Continente, inmediatamente se orientó hacia el vaciamiento (disolución) de la Liga Comunista como vehículo de vanguardia de la operación orgánizativa.
En Colonia, durante la revolución, ellos actuaban (organizativamente hablando) en tres niveles distintos, ninguno de ellos similar a una secta marxista: (1) En el movimiento democrático de izquierda (Unión Democrática) [Esta parte del cuadro no tiene nada que ver con nuestro problema actual, pues está relacionado con el problema de la política ante una revolución democrática-burguesa]; (2) En la Asociación Obrera de la ciudad, una amplia organización de clase; (3) En su propio centro político. ¿Y qué crearon como su centro político? En ningún caso una organización, sino más bien un periódico y su equipo editorial, esto es, una voz. Y este equipo es lo que funcionó como la "tendencia Marx", tal y como se observaba a sí mismo y como era considerado públicamente.
Con el declive de la revolución, y tras volver a Londres, Marx estuvo de acuerdo en la reconstitución de la Liga Comunista temporalmente; pero pronto, a finales de 1850, Marx se percató de que la crisis revolucionaria había terminado, mientras que la mayoría de los miembros reaccionaron a la frustración coinvirtiéndose en un grave caso de infantilismo sectario. La Liga se rompió y se desintegró. Marx nunca repitió tal experiencia.
Durante los años 50, Marx y Engels no se esforzaron en crear nuevas organizaciones, sino que se concentraron exclusivamente en la producción y publicación de la literatura que hiciese posible la educación de cuadros. Este período terminó únicamente cuando el movimiento obrero, por sí mismo, anunció la creación de la organización ad hoc que hoy conocemos como la Primera Internacional.
La Primera Internacional era tan distante de la idea sectaria de organización, que nunca se pronunció claramente por el comunismo, y solamente apoyo matizadamente una versión del colectivismo económico en su último congreso. Y era tan amplia, dentro de un marcado carácter de clase, que nadie soñaría en poder duplicarla hoy.
En cualquier caso, el enfoque de Marx era 180 grados opuesto al de la secta: en vez de comenzar con el Programa Omnicomprensivo y reunir a su alrededor una banda de escogidos procedentes de cualquier estrato de clase (especialmente intelectuales), Marx quiso partir de sectores de la clase obrera que se encontraban en movimiento y activos en la lucha de clases, aunque fuese con un "bajo" nivel, adaptando el programa a aquello para lo que estos sectores estaban preparados. Esta es la manera de comenzar.
Marx: el lado negativo
Dentro del amplio movimiento de la Primera Internacional, Marx y Engels no establecieron ningún tipo de centro político propio, y en eso consiste precisamente el carácter excesivo de su reacción, no, desde luego, en su nula inclinación hacia la creación de una secta marxista.
Si bien Marx usó el Consejo General y su influencia en él como su "centro político"; sería fácil explicar por qué esto no era suficiente. Probablemente, Marx tenía la impresión de que otro comportamiento impediría su influencia personal en el Consejo General, pero el precio a pagar por ello fue que, cuando la Internacional desapareció, la formación de un espacio marxista definido estaba aún en una etapa que ni siquiera podríamos catalogar como elemental.
Este hecho negativo -me refiero a la ausencia de un marco marxista de cualquier tipo, no a la renuncia a crear una secta marxista- es una de las razones de fondo que explican la forma en que, en diferentes países, surgieron los diversos partidos socialistas, incluyendo los denominados partidos "marxistas".
El primer centro "marxista" fue establecido por un hombre (Hyndman) hostil a Marx y al pequeño círculo de socialistas ingleses directamente influidos por Marx; Hyndman estableció este centro "marxista" como una típica secta del peor tipo, y su desastrosa influencia sobre el marxismo inglés no ha sido aún superada. Ni Marx, ni Engels ni nadie de su círculo más próximo ofreció nunca algún tipo alternativo de centro político marxista, lo que condujo a que la personificación de Marx para el público británico fuera un hombre al que podemos considerar como el más tosco "fundador del marxismo" que haya podido encontrarse en cualquier país del mundo.
La alternativa obvia a la secta habría sido lo que Marx hizo en Colonia: el establecimiento de un órgano de prensa por los amigos británicos de Marx, una publicación portavoz de ideas marxistas, un modelo de cómo había de dirigirse al movimiento de clase, un marco organizador. Pero no se hizo nada de esto, provocando un vacío. Así, la operación sectaria de Hyndman se movió en el vacío.
Aunque Eleanor Marx hizo un trabajo brillante como organizadora del Nuevo Sindicalismo (un sindicalismo militante de masas), organizando a los trabajadores desorganizados y no cualificados, se trató de un trabajo individual, que carecía de otra referencia visible. Aunque ella y Aveling hicieron un buen trabajo en la extensión de la acción política independiente de la clase obrera, con un impacto que ayudó a la creación del Partido Laborista, su esfuerzo no tuvo el efecto concomitante de ayudar a la selección y formación de un espacio marxista que pudiera hacer más de lo que ellos solos hacían.
Este error -la incapacidad para establecer algún tipo de centro político reconocible no sectario- fue repetido después, con menor excusa, por Rosa Luxemburg en Alemania; mientras que en Polonia sus camaradas crearon una secta, no un partido de clase.
El aborrecimiento extremo que Marx sentía hacia las sectas no le impidió reconocer las contribuciones positivas de algunas sectas. No cayó en una evaluación unilateral del papel histórico jugado por algunas sectas, al igual que su odio hacia el capitalismo no excluyó el reconocimiento de sus grandes contribuciones positivas al desarrollo de sociedad. De la misma forma que el Manifiesto Comunista ofrece lo que ha sido denominado como un himno de alabanza a las aportaciones positivas de la burguesía, Marx y Engels ardían frecuentemente en alabanzas a las contribuciones de las sectas utópicas.
No perdieron tiempo en lamentaciones por el hecho que que estas contribuciones fueran hechas primero por sectas (a veces más bien grotescas, como la "religión" saint-simoniana), pues ellos comprendían las presiones que empujaron a los ideólogos socialistas hacia la forma de secta. Lo verdaderamente importante, pensaban ellos, era empujar en una dirección diferente, orientando a los socialistas hacia un camino organizativo distinto.
Marx resumió esto en una carta bien conocida (1871): "La Internacional se fundó a fin de reemplazar las sectas socialistas o semisocialistas por una organización real de la clase obrera para luchar... Por otra parte, la Internacional no hubiera podido afirmarse si el curso de la historia no hubiese destrozado ya al sectarismo. El desarrollo del sectarismo socialista y el desarrollo del movimiento obrero real están siempre en relación inversa. Cuando las sectas están (históricamente) justificadas, la clase obrera no está aún madura para un movimiento histórico independiente. Tan pronto como ha alcanzado esa madurez, las sectas se hacen esencialmente reaccionarias. Por cierto, en la historia de la Internacional se ha repetido lo que la historia general nos muestra en todas partes. Lo caduco tiende a reconstituirse y a afirmarse dentro de las formas recién alcanzadas. Y la historia de la Internacional ha sido una lucha continua del Consejo General contra las sectas y contra los experimentos diletantes, que tendían a echar raíces en la Internacional contra el verdadero movimiento de la clase obrera".
Evidentemente, no se trata de determinar a priori la fecha exacta en la que se hace reaccionaria la forma de secta. Eso no puede hacerse.
Marx comenzó a luchar por crear su propio camino hacia un moviento revolucionario, y para ello debía enfrentarse con firmeza a la idea sectaria. Aunque más tarde se probara que en el año 1864 las posibles contribuciones de las sectas no estaban aún históricamente totalmente agotadas, eso es irrelevante respecto al curso seguido por Marx. La secta de Lassalle en Alemania (ver comentarios de Marx en la carta antes citada) o la mencionada secta de Hyndman en Inglaterra continuaron jugando un papel (¡ay!), un papel que también tuvo un aspecto positivo mientras no hubo otra alternativa en marcha.
Indiscutiblemente, a veces una camarilla puede ser mejor que nada, pero esa perogrullada no indica una línea a seguir. Por otra parte, la secta socialista de los germanoamericanos emigrados era, en opinión de Marx y Engels, peor que nada, y esperaban que se destrozaría y desaparecería (desafortunadamente, un siglo después sigue con nosotros: SLP).
De todo esto no se sigue, pese al odio extremo que Marx sentía hacia la forma de secta, que todas las sectas sean igualmente nocivas. Todo lo contrario: existen tremendas variaciones al respecto. Si observamos ejemplos más próximos a nostros, los "oehleristas" (una microsecta que se separó de la secta trotskista en 1935) no contribuyó nada al desarrollo de un movimiento revolucionario, excepto como tema de hilaridad (lo que no debe ser desdeñado en tiempos difíciles). Por el contrario, la Liga Socialista Independiente aportó los elementos esenciales del socialismo revolucionario de nuestro tiempo. ¡Hay una gran diferencia! Pero no contradice la única conclusión a la que queremos llegar en este momento: hay un camino hacia el partido revolucionario que no es el camino de la secta.
La anatomía de la secta
En resumen: hemos visto tres posibles enfoque. Podemos descartar ya el que se restringe a militancias individuales, sin ningún tipo de centro político. El verdadero problema es si el centro político debe ser necesariamente una secta. Lo que está en juego en ello no afecta sólo a dos formas organizativas, sino a la relación entre la vanguardia y la clase.
La secta se autocoloca en un alto nivel (muy por encima de la clase obrera) y se sostiene sobre una escasa base, ideológicamente selectiva (y, habitualmente, externa a la clase obrera). Proclama su carácter obrero basándose en sus aspiraciones y en su orientación, no por su composición social ni por su modo de vida. Comienza entonces a intentar arrastrar la clase obrera hasta su nivel, o hace un llamamiento a esa clase obrera para que lo alcance. Desde dentro de sus fronteras orgánicas, envía al exterior a exploradores para que contacten con la clase obrera, y a misioneros que conviertan a dos aquí y a tres allá. La secta se imagina convertida algún día en un partido revolucionario de masas, ya sea por un crecimiento paulatino, por la unidad con otras dos o tres sectas o quizá por algún proceso de entrismo. Marx, por el contrario, opinaba que los elementos de vanguardia debían evitar, ante todo, la creación de muros orgánicos entre ellos y el movimiento de clase. La tarea no era elevar hasta el "Programa completo" a dos trabajadores aquí y a tres allí (y menos aún a dos estudiantes aquí y a tres intelectuales allí), sino buscar las palancas que puedan servir para impulsar a toda la clase, o a sectores de ella, hacia niveles más elevados, tanto en el ámbito de la acción como en el de la política.
La mentalidad de secta ve su santificación únicamente en su Programa completo, precisamente en lo que la separa de la clase obrera. Si, dios no lo permita, alguna de sus consignas comienza a hacerse popular, inmediatamente se asusta: "Algo debe estar pasando. Debemos haber capitulado a alguien" (no es una caricatura, sino la vida visma). El enfoque de Marx era todo lo contrario. La tarea de la vanguardia era precisamente poner en marcha consignas que pudiesen ser populares en el nivel real alcanzado por la lucha de clases en un momento determinado, poniendo en movimiento al mayor número de trabajadores que fuese posible.
Esto significa actuar sobre un tema y en una dirección, yendo por un camino que llevará al conflicto con la clase capitalista y su Estado, así como con sus agentes, incluyendo los "lugartenientes obreros del capitalismo" (sus propios líderes).
La secta es una versión en miniatura del futuro partido revolucionario, un "pequeño partido de masas", una edición microscópica del partido de masas aún inexistente. Mejor dicho, eso es lo que la secta piensa de si misma o intentar ser.
Su método orgánico es el método del "como si": actuemos como si ya fuésemos un partido de masas (en un grado minúsculo, naturalmente, acorde con nuestros recursos), pues ese es el camino para convertirnos en un gran partido de masas. Publiquemos un periódico para los trabajadores, igual que si fuéramos un partido obrero, y si no podemos publicar un diario, como haría un verdadero partido de masas, al menos podremos publicar un semanario o bisemanario para agotar nuestros recursos; eso hará de nosotros un pequeño (irreal) partido de masas (pero esta fachada solamente es autoilusoria, ya que si lográ engañar a un trabajador, éste se dará cuenta pronto de lo poco que había detrás). Construyamos un partido "bolchevique" siendo "disciplinados" como buenos bolcheviques (así, sobre la base de una falsa noción de la disciplina "bolchevique", aprendida de los enemigos del leninismo, la secta es "bolchevizada" en una camarilla interiorizada y petrificada, que reemplaza las obligaciones de una cohesión política por argollas de hierro como las necesarias para maneter unidas las maderas de un desmoronado barril).
Hay una falacia fundamental en la idea de que el camino de la miniaturización (imitando un partido de masas en miniatura) es el camino al partido revolucionario de masas. La ciencia prueba que la escala en la que vive un organismo vivo no puede cambiarse arbitrariamente: los seres humanos no pueden existir a la escala de los liliputienses o los brobdingagenses, pues sus mecanismos vitales no podrían funcionar. Las hormigas pueden cargar 200 veces su propio peso, pero una hormiga que midiese seis píes no podría levantar 20 toneladas, incluso aunque pudiera existir en algún monstruoso modo. En la vida organizativa, esto también es cierto. Si se intenta crear una miniatura de un partido de masas, no se consigue un partido de masas miniaturizado, sino un monstruo.
La razón básica es la siguiente: el principio vital de un partido revolucionario de masas no es simplemente su Programa completo, que puede copiarse sin más que un activista mecanógrafo y puede ser ampliado o reducido como un acordeón. Su principio vital es su involucración integral como una parte del movimiento de la clase obrera, su inmersión en la lucha de clases no por la decisión de un Comité Central, sino porque vive en ella. Este principio vital no puede imitarse o miniaturizarse; no se reduce como un dibujo animado ni se encoge como una camisa de lana. Como una reacción nuclear, este fenómeno se produce únicamente cuando existe una masa crítica, por debajo de la cual el fenómeno no es menor, sino que desaparece.
Entonces, ¿en qué puede imitar la pretendida miniatura a un partido de masas? Solamente en la vida interna (una parte de ella y en cierto modo), pero esta vida interna, mecánicamente trasladada, es ahora ajena a la realidad que rige en un verdadero partido de masas. Si separamos los intestinos de un león de su cuerpo, lo que obtenemos en realidad es... tripas. Por este motivo la vida interna de una secta tiende a ser un ejercicio de irrealismo, de meras fachadas, de imitaciones rituales.
Así, como lo único que tiene al alcance de su ritualizada parodia es la vida interna del partido de masas, la mentalidad de camarilla solamente se encuentra a gusto en la vida interna. Más allá de esta vida interna, la dura realidad de aislamiento e impotencia se hace insufrible, al no tener la más mínima semejanza con la vida exterior de un partido de masas. La vida interna de la secta deja de ser un mal necesario para el desarrollo de sus actividades públicas, para convertirse en un gratificación sustitutiva.
El obrero perteneciente a un partido de masas se irrita por la necesidad de gastar mucho tiempo en reuniones de las organizaciones del partido o de sus fracciones, incluso aunque sea lo suficentemente buen marxista para comprender que estas cosas son necesarias. La mentalidad de secta, por el contrario, solamentes se encuentra cómoda y satisfecha en esas actividades subterráneas, en las que puede disfrutarse convenientemente de la charla revolucionaria, mientras que una reunión sindical es considerada como un estorbo.
¿Y los bolcheviques?
¿Pero acaso los mismos bolcheviques no se desarrollaron desde una secta hasta un partido de masas? Si ellos pudieron hacerlo, quizá podamos nosotros...
No, los bolcheviques no llegaron a ser un partido de masas siguiendo el camino de la secta. Y el ¿Qué hacer? no propone una forma organizativa sectaria. Todas esos cuentos de hadas sobre las concepciones del partido propias de Lenin son invenciones de antibolcheviques profesionales y de los estalinistas; sin embargo, obviamente no podemos tratar eso aquí en profundidad. Quizá baste lo que digo a continuación.
Consideremos el camino encarnado en el ¿Qué hacer? En el período anterior, los pasos preliminares hacia un partido de masas en Rusia no habían tomado la forma de sectas, sino de círculos locales obreros y de asociaciones regionales. No se habían desarrollado como sucursales de una organización central sino de forma autónoma, en respuesta a las luchas sociales.
Lo que Lenin comenzó a organizar en el extranjero, ante todo, no era una secta, ni una organización afiliativa, sino un centro político: una publicación (Iskra) con un equipo editorial. La tendencia Iskra tomó cuerpo en un equipo editorial, no en una secta. La asociación a la que Lenin aspiraba era un partido de masas. No un partido formado exclusivamente por los que estuviesen de acuerdo con su marxismo revolucionario, sino un partido de masas lo sufientemente amplio como para incluir a todos los socialistas, y, desde luego, a todos los militantes obreros. Podría tener diversas tendencias en su seno, y los marxistas consistentes podrían ser una minoría, al menos durante cierto tiempo.
Lenin no cometió el error de interponer una secta entre su tendencia (con la línea correcta) y el amplio movimiento de la clase en lucha, ni tampoco incurrió en la equivocación de descuidar la construcción de un centro político y, a través de él, crear un espacio marxista.
Fueron los mecheviques y el ala derecha, no Lenin, quienes escindieron para no permitir una mayoría del ala izquierda. Ni siquiera en los años de formación del partido bolchevique hizo Lenin de la necesidad virtud: nunca adoptó el punto de vista según el cual el partido tendría que limitarse a los bolcheviques. Por el contrario, luchó coherentemente por un amplio partido en el que su ala izquierda tendría tanto derecho a ganar su dirección por medio del voto democrático como podría tenerlo su ala derecha. La escisión tuvo lugar, ante todo, en el aspecto organizativo.
Por supuesto, la situación de ilegalidad condicionó las formas orgánicas de muchas maneras, pero no es lo que determinó que Lenin rechazase formar una secta bolchevique. Si Iskra se hubiese establecido en Petrogrado en vez de hacerlo en el extranjero, la relación esencial no habría cambiado; de hecho, cuando se logró una legalidad parcial durante un corto período tras la revolución de 1905, una de las consecuencias fue la fusión temporal de los grupos bolchevique y menchevique en un partido de masas unificado, aunque Lenin conservó un centro político bajo la forma de una publicación y su equipo editorial. El inicio de cierta legalidad no empujó a Lenin hacia la formación de una secta bolchevique, sino en la dirección opuesta, hacia la unidad con los mencheviques en un partido de masas (no la unidad de los centros políticos ideológicos).
¿Pero no eran bolcheviques y mencheviques "fracciones" del dividido partido? Formalmente lo eran, pero en aquellos días una fracción significaba una cosa diferente. En ambos lados, y en otras tendencias organizadas integrantes del movimiento ruso, una "fracción" funcionaba como un centro político público, con su publicación y equipo editorial propios como vehículo de su poítica.
Estas fracciones (bolchevique y menchevique) no eran organizaciones afiliativas, en el sentido de las sectas que nosotros hemos tratado de construir. Si vemos los documentos escritos por Lenin poco antes de 1914, cuando el buró de la Internacional Socialista estaba trabajando sobre el problema de la unidad entre bolcheviques y mencheviques, observamos que Lenin, para probar que los bolcheviques tuvieron el apoyo de una mayoría de los trabajadores socialistas en Rusia, da estadísticas sobre la circulación de los órganos de prensa, sobre las contribuciones financieras, etc., pero nunca sobre número de afiliados o miembros. Nadie dio cifras de miembros.
En Rusia, las organizaciones con afiliados eran grupos de partido locales y regionales que podían simpatizar una parte con los bolcheviques y otra parte con los mencheviques, o apoyar a unos u otros en cada circunstancia. Cada vez que se realizaba un "congreso del partido" o conferencia, cada grupo debía decidir si asistía al de unos o al de otros, o a ambos.
Esto indica que tanto bolcheviques como mencheviques no eran orgánicamente sectas dedicadas a captar miembros, y ni siquiera fracciones en el sentido orgánico que sería perteniente hoy, sino centros políticos basados en una iniciativa de propaganda y editorial, junto a un aparato organizativo central para forjar lazos con todas las secciones del movimiento obrero, mediante "agentes", colaboradores literarios, etc. (este añadido es algo crucial, aunque no me explayaré en ello). Los miembros individuales del partido en Rusia, o los grupos del partido, podían distribuir las publicaciones de los bolcheviques, las de los mencheviques o ninguna de ellas. Muchos preferían distribuir un órgano que no representase a ninguna de esas fracciones, como el que Trotsky creo en en Viena, o utilizar a su libre albedrío las publicaciones que más les gustaban de cada una de las fracciones.
Obviamente, gran parte de este escenario estaba condicionado por la ilegalidad o por la naturaleza de la escisión entre bolcheviques y Mencheviques. No proponemos que sea un modelo automático para nosotros hoy día; hablamos de ello por una razón totalmente opuesta: porque hay algunos que, erróneamente, pensando que los bolcheviques se desarrollaron utilizando la forma de una secta, proponen, también erróneamente, la "secta de tipo bolchevique" como modelo. Pero nunca ha existido una "secta bolchevique". Esa invención fue posterior, procedente de la Comintern.
En todo caso, podemos sacar la siguiente conclusión provisional: si el partido bolchevique no se desarrolló como partido revolucionario siguiendo el camino de la secta, entonces debe haber otro camino. De hecho, la conclusión histórica va más lejos: ningún partido revolucionario o semirevolucionario de masas ha llegado a ser un partido de masas siguiendo el camino de la secta.
Esto no prueba que no pueda ocurrir. No prueba, por sí mismo, que sea imposible que una secta evolucione orgánicamente hacia un partido de masas, si en algún momento se da cuenta de que está siguiendo un camino equivocado y toma otra ruta. Pero no nos interesa demostrar tal cosa. Lo único que necesitamos comprender es que debe haber otro camino, un camino que realmente fue seguido por socialistas revolucionarios con más o menos éxito.
Lo que se ha demostrado es que el camino de la secta no debería seguirse acríticamente, sin reflexionar, como si fuera el único posible o imaginable. Por el contrario, el camino de la secta no ha dado nunca resultados hasta ahora. Lo que ha funcionado ha seguido una vía muy diferente, y que, por lo tanto, se merece al menos ser tomada en consideración.
¿Cómo y cuándo revivió la forma de secta?
Este otro camino sólo fue ignorado por la mayoría de los marxistas revolucionarios a partir de fecha relativamente reciente, durante el período de la Comintern. El gran desarrollo histórico que ocultó ese camino tras una cortina y empujó a seguir la ruta de la secta fue el período de revolución que siguió a la I Guerra Mundial, en el que la Comintern propuso la formación de partidos revolucionarios como una "emergencia" de inmediata necesidad. En cada país tuvo que constituirse inmediatamente un partido revolucionario, incluso aunque fuese un forzado producto de invernadero. Así lo exigían los "21 Puntos" de la Comintern.
La motivación era clara: la revolución mundial estaba en la orden del día para toda Europa. Y era cierto que la revolución mundial estaba en la inmediata orden del día (en Europa). Pero ahora sabemos que resulta completamente imposible forjar partidos revolucionarios genuinos por medio de órdenes que fuercen el proceso (al menos, partidos revolucionarios capaces de vencer). Esta es la razón esencial por la que el enemigo (en primer lugar, la socialdemocracia) fue capaz de derrotar esta revolución europea. Y la derrota de esta revolución fue el punto de giro de la historia social moderna, de la que deriva en mundo actual.
La mejor conocida consecuencia de esta derrota fue el ascenso del estalinismo, la estalinización de los partidos comunistas y de Rusia. Una consecuencia bisimétrica ha afectado a las corrientes que rechazaron la estalinización o que rompieron con ella: por lo general, han visto la degeneración del movimiento como una consecuencia de la estalización, en vez de comprender la estalinazación como consecuencia de la derrota y de la degeneración del movimiento. Sobre la base de ese punto de vista, se creyó que el éxito revolucionario dependía solamente de la forja de una vanguardia dirigente que no fuese estalinista, que fuese verdaderamente revolucionaria; esto es, de la formación de una vanguardia dirigente que tuviese la Línea correcta, lo que resultaría suficiente.
El proceso de creación forzada de "partidos" revolucionarios en un invernadero asumiento uno de los "21 Puntos" (y al margen del contexto objetivo de los verdaderos "21 Puntos") fue tomado como algo dado de antemano por una nueva generación de revolucionarios o aspirantes a revolucionario, para los que la historia comenzaba en 1917. El resultado fue una primera ola de sectas "bolcheviques" durante el período inicial del declive de la revolución europea, tratando de imitar a lo que creían habían sido los bolcheviques.
Un ejemplo típico fueron los "bordiguistas" italianos y otros vástagos de los izquierdistas infantiles de la Comintern, tendencias que Lenin había atacado en su "El izquierdismo, enfermedad infantil del Comunismo". Como es bien conocido, estos bien intencionados pero bastante ignorantes izquierdistas no sabían nada sobre cómo el partido bolchevique se había forjado realmente. Para ellos, el ultimátum de los "21 Puntos" no era una especial medida de emergencia, procedente de revolucionarios sensatos en la situación poco común de sentir el aliento de una crisis revolucionaria inmediata sin que exista un partido revolucionario. Para ellos, esta medida de emergencia, esta medida deseperada, llegó a ser la regla, el "normal" modo "bolchevique" de actuar... incluso si ya no existía la situación histórica que explicaba por qué se había recurrido a los "21 Puntos".
Generalizado como el modelo normal, este camino de invernadero hacia el "partido" revolucionario es algo así como esto: usted levanta la bandera del Programa Correcto para establecer su frontera orgánica. Usted hace esto sin considerar la situación objetiva porque es un imperativo suprahistórico. Usted hace esto con cualquier que esté a su alrededor, por ejemplo otras dos buenas personas (¿no se decía que en los días obscuros de la guerra el partido bolchevique de Lenin se redujo a un puñado de personas?). Usted se declara como el Partido Revolucionario, y ya que tiene el Programa Correcto, los trabajadores tendrán que llegar hasta su puerta... y ya tiene usted su secta.
Una ojeada al modelo trotskista de secta
Las reticencias de Trotsky durante varios años a romper con los partidos comunistas estaban condicionadas, entre otras cosas, por el hecho de que no veía ninguna alternativa sino la formación de una secta trotskista, a lo que era reacio.
Debe recordarse que, durante todo el período inicial de su desarrollo político (es decir, hasta 1914), Trotsky no había comprendido lo que Lenin estaba haciendo. Durante décadas, había peleado amargamente contra el curso orgánico de Lenin, que denunciaba como una política "escisionista". ¿Cuál era la política "escisionista" que le horrorizaba? Era la formación de un centro político distinto alrededor de un Programa completo y correcto, basando un centro político sobre el Programa completo, pero no una secta. El curso de Trotsky como un "conciliador" orgánico en el movimiento ruso significó que, como Luxemburg en Alemania y la mayoría de la "izquierda" de la Segunda Internacional, él tampoco había entendido la naturaleza del camino de Lenin hacia el partido revolucionario. Durante la mayoría de la vida política de Trotsky, los únicos cursos orgánicos que podía comprender era el curso de la secta y de los escisionistas (con el que interpretó a Lenin) o el curso pantanoso y ficticio de los que traficaban con la "unidad del partido".
Resulta irónico que la estalinización de los partidos comunistas forzase a Trotsky a formar su propio "centro político" (la Oposición de izquierda) dentro de los partidos comunistas, esto es, dentro de un movimiento estalinizado que no toleraba ningún centro de oposición política en su seno. El camino que él había denunciado dentro de la socialdemocracia rusa de la preguerra (donde era posible) era el mismo que se vio obligado a tomar dentro del movimiento estalinista (donde era imposible).
No es muy sorprendente, por tanto, que, cuando los grupos trotskistas no pudieron continuar adoptando la forma orgánica de un centro político de Oposición de Izquierda dentro de los partidos comunistas, adoptasen naturalmente la única otra forma que conocían: la secta. Sin duda, Trotsky lo hizo muy a disgusto, por lo que el siguiente experimento fue la entrada en la socialdemocracia, con la esperanza que encontrar allí un camino no sectario hacia el partido de masas. El esperado sustituto era la incubación de un partido revolucionario dentro del movimiento de masas que la socialdemocracia se suponía que representaba. Proseguir aquí esta historia sería una disgresión, pues lo que nos interesa constatar ahora es que antes y después del experimento "entrista", la completa e irreflexiva aceptación del modelo de "secta bolchevique" produjo una profusión de microsectas desprendidas de la macrosecta trotskysta a partir de los años 30. Además, en EE.UU. se hizo mucho más difícil ver cualquier otro camino a causa de la ausencia de un movimiento político masivo de la clase obrera.
La experiencia WP/ISL
Hay otro caso que exige nuestra inmediata atención, pues se trata de nuestro inmediato antecesor: el Workers Party/Independent Socialist League de 1940-58. En resumidas cuentas (aunque merecería decicarle más tiempo en otro momento), este caso se desarrolla en tres etapas.
La formación del Socialist Workers Party fuera del Partido Socialista. El entrismo trotskista en el Partido Socialista (gestación en la matriz socialdemócrata) abortó a finales de 1937, cuando Trotsky (y, con él, parte de la dirección trotskista, agrupada en torno a Cannon) decidió que el mundo, incluyendo EE.UU., estaba a punto de entrar en una situación revolucionaria, lo que inmediatamente desencadenó el retorno al modelo de los "21 Puntos" (al menos, esta vez volvía a tener como motivación la sensación de encontrarse ante una situación de emergencia). Según este modelo, como vimos antes, el Partido Revolucionario debe anunciarse a toda costa ante el mundo, con su bandera y su programa desplegados, con el tiempo suficiente para anticipar el impacto de la revolución.
El ala derecha del PS estaba tan ansiosa de expulsar a los trotskistas como nosotros lo estábamos de irnos, así que el resultado real fue una colaboración mutua. En cualquier caso, a comienzos de 1938 el Socialist Workers Party se presentó ante la clase obrera de los Estados Unidos, y durante el mismo año nació la IV internacional, nuevamente como forzado fruto de invernadero.
No había ninguna ambigüedad en cómo se veía a si mismo el nuevo partido: era el Partido Revolucionario destinado a salvar el mundo, y crecería rápidamente hasta ser la fuerza dirigente en la clase obrera, con la esperanza de que ocurriese a tiempo para poder dirigir la revolución que se estaba desarrollando. Desplegando el Programa completo y correcto, la secta (es decir, el "partido" que realmente existía) recorrería el camino hacia un partido de masas.
El inicio de la guerra reventó por dos vías diferentes este punto de vista incuestionado. Lo más conocido es que el Programa completo siguió siendo completo pero dejó de ser correcto (defensa de la Unión Soviética, pacto Hitler-Stalin, aparición del imperialismo estalinista, invasión de Finlandia y Polonia, etc.). Pero aquí resulta más pertinente resaltar el segundo aspecto que marcó en 1939-40 la lucha que sacudió y rompió la organización: la denominada "cuestión organizativa".
Como ya detallamos entonces en un largo documento titulado "Guerra y conservadurismo burocrático", lo que ocurrió es que la secta que se autodenominaba partido reaccionó al estallido de la guerra... como una secta. En el momento no lo entendimos así: hablábamos del "conservadurismo burocrático" de la dirección Cannon. Esta respuesta sectaria del SWP se acentuó mucho más tras la escisión: el SWP actuó durante toda la guerra como un crustáceo, encerrándose en su caparazón para proteger su gelatinoso cuerpo, y anunció la política de "preservar sus cuadros", en vez de tratar de encontrar las maneras y medios que permitiesen fortalecerles participando en la lucha durante la guerra.
En total contraste, el Workers Party que formamos tras la ruptura siguió una vía que podría describirse como la de un "pequeño partido de masas". Pero realmente actuamos como tal, y no sólo nos limitamos a hablar de ello. El WP se implicó con energía y de forma militante en actividades que podrían haber sido emprendidas por un partido de masas si hubiese existido, realizando un excelente trabajo revolucionario de oposición en las empresas y sindicatos,que iba acompañado con la distribución masiva de un popular semanario agitativo, etc.
Evidentemente, este trabajo de "partido de masas" sólo podía hacerse a una escala relativamente pequeña o, lo que es lo mismo, a una mayor escala pero limitada a unas pocas situaciones locales, pues eramos un "partido de masas" verdaderamente pequeño. Las previsiones subyacentes seguían siendo las mismas: crisis revolucionaria al acabar la guerra o poco después, y rápido crecimiento donde estábamos trabajando.
Esta vía parecía tener sentido, sólo de forma temporal, por obvias razones coyunturales: durante todo el período de la guerra nosotros fuimos la única y exclusiva tendencia socialista de oposición dentro de la clase obrera. ¡Situación de monopolio de la que no ha disfrutado nadie desde entonces! La "industrialización" o "proletarización" de nuestros miembros fue relativamente fácil por la situación de guerra (para los que no habían sido llamados a filas). Tampoco carece de importancia mencionar que nunca ha sido tan fácil financiar nuestra actividad, a causa de los salarios industriales, la dedicación de nuestros miembros y un astrónomico sistema de contribuciones sobre la renta.
En suma, durante este limitado período y en esa especial situación, las contradicciones de una secta actuando como un pequeño partido de masas podían ser paliadas -y de hecho lo fueron- al calor de la actividad.
Podría quizás argumentarse que si el resultado de la guerra hubiese sido la revolución en Europa y en América, como esperábamos entonces, esta vía se habría justificado históricamente. No tengo ningún interés en discutir sobre esto, ya que tampoco me interesa sostener ninguna teoría de la inevitabilidad ni mantener que si hubiésemos sido "más sabios" deberíamos haber hecho otra cosa. No son éstos los temas en discusión, y los menciono únicamente para excluirlos de ella. Lo que me interesa ahora es solamente explicar cómo y por qué la vía una secta tipo "pequeño partido de masas" era temporal y conyunturalmente posible y esperanzadora.
Pero en 1946 llegó el día de rendir cuentas. Ese año marcó una línea divisoria, pues para la mayoría de nosotros se fue haciendo muy claro que la esperada Revolución Mundial postbélica había sido abortada o que, en cualquier caso, no iba a tener lugar. Estábamos obligados a una reorientación fundamental.
En consecuencia, 1946 es también el año de un definitivo saldo de cuentas en el seno del WP con el grupo sistemáticamente sectario formado por la clique de Johnson.
Se trataba de una clique con un programa de facción, esto es, un montón de programas adaptables a cada ocasión. En 1946, la clique/facción de Johnson reaccionó formalmente al nuevo estado de cosas declarando con doble vehemencia que la revolución estaba a la vuelta de la esquina, que surgirían soviets en dos años, que el capitalismo se había derrumbado en toda Europa y que el poder rodaba por las calles: en otras palabras, encararon la desagradable realidad con la típica fantasía de la mentalidad sectaria. De acuerdo con ello, desplegaron un programa que contraponía "grupos de lucha" (entonces denominados "comités de fábrica") a los sindicatos convertidos en contrarrevolucionarios, que se habían transformado en órganos del Estado, etc. Con todo este galimatías, estos sectarios sistemáticos hicieron las maletas y se pasaron al SWP, donde hicieron una actividad fraccional revolucionaria durante un breve período, para después desplegar su bandera ante el mundo entero formando su propia secta, que luego se escindiría, etc.
El mismo año hubo otro intento de reorientación del Workers Party, realizado por gente más seria. Era un esfuerzo para teorizar y sistematizar la concepción organizativa tipo "pequeño partido de masas", no ya como una reacción ad hoc a las circunstancias de la guerra (que es lo que fue), sino como un concepto general y eterno, aplicable ahora más que antes. La frase "pequeño partido de masas" se inventó y escribió entonces. Este intento fue rechazado por la organización.
Más allá de esta discusión, y con una constante decadencia de la situación política de EE.UU. en una "calma chica" (clima de guerra fría, McCarthismo, etc.), la organización tuvo que hacer frente, sin autoengañarse, a su futuro como una secta entre otras sectas. En una tesis presentada en 1948 y discutida hasta que fue aprobada en 1949, la organización aceptó abrumadoramente unas básicas verdades: que no eramos un "partido" excepto en el nombre; que no existía en el país ningún "partido" socialista; que todos los grupos socialistas, incluyendo el nuestro, éramos en realidad sectas, en el mejor de los casos "grupos de propaganda", y que sólo podíamos ser una buena secta, una secta sensata, en vez de ser una secta estúpida, fastasmagórica y autoengañada; que aunque la historia sólo permitía en ese momento ser un secta, podíamos decidir no mantener una política sectaria ante la clase obrera y sus movimientos; etc. En consecuencia, el "Workers Party" pasó a denominarse "Independent Socialist League."
Todo esto era muy sensato Pienso que la ISL era la mejor y más sensata secta entonces posible: pero esto sólo sirvió de ayuda durante unos pocos años, pues toda la izquierda se agotó durante los años 50. La ISL no se meció a si misma contándose monstruosidades y fantasías sectarias; simplemente se marchitó en la enredadera y cayó, mientras que otras sectas realizaban todo tipo de contorsiones políticas: el Partido Socialista se redujo a nada, el SWP se transformó en un apéndice estalinoide...
¿Qué es un "centro político"?
Como toda esta trayectoria fue recorrida sin autoexamen y sin ninguna diferenciación analítica entre los diversos caminos, es preciso proceder retrospectivamente a dicha diferenciación. Lo dicho hasta aquí manifestaría que, en la práctica, el establecimiento de un "centro político" distinto de una secta -es decir, un centro de propaganda y educativo no dedicado a la captación de miembros, a diferencia de los grupos afiliativos encerrados dentro de unos muros orgánicos- ha tomado la forma concreta de una iniciativa editorial, con su correspondiente equipo editor, acompañada de un aparato organizativo más o menos desarrollado, decicado a llevar adelante las tareas políticas del centro.
Esta ruta ha sido más habitual de lo que podría indicar lo contado hasta aquí. Los EE.UU. contemporáneos muestran ejemplos sobre los que es conveniente echar un vistazo. Es cierto que el panorama radical parece estar cubierto de sectas, pero además existen también algunas tendencias no organizadas en forma de sectas sino de centros políticos en torno a una publicación.
Quizás la más efectiva políticamente haya sido la tendencia política representada por la Monthly Review (MR), un algo amorfo espectro de políticos estalinoides independientes del Partido Comunista. Aunque la revista ha sido también el organizador de una tendencia política, no ha evolucionado hacia una cristalización organizativa de tipo afiliativo, salvo en algunas intentonas realizadas por grupos locales de "Amigos" de MR, asociados a MR o cosas similares. Lo mismo puede decirse de The Guardian. Cabe dudar si estos elementos han tenido una perspectiva que se plantease contribuir algún día a la formación de un partido revolucionario; parece más bien que, prioritariamente, se han planteado impregnar a la izquierda con sus ideas específicas.
Otro ejemplo relativamente exitoso es Liberation, pero pagando como precio aquello que originalmente constituía su propia política. Esta revista se constituyó como un centro político de la tendencia partidaria del pacifismo absoluto. Como tal, ha sido un fracaso total, ya que el pacifismo absoluto está más muerto que nunca. De hecho, Liberation se convirtió en otra cosa, en la que el pacifismo era solamente un tropezón en la sopa. Como su política es confusa, no tiene mucha importancia como centro político. Ha mantenido principalmente un periodismo radical difuso.
Dissent se fundó más o menos conscientemente como un esfuerzo para mantener algo así como un centro político, sin formar una organización sectaria, por gente que se había hecho socialdemócrata en un país sin socialdemocracia. Más tarde, Dissent y L.I.D. acordaron unirse. L.I.D. es un ejemplo interesante de una organización originalmente de tipo afiliativo que, al desaparecer sus miembros, se transforma en una operación de tipo centro político, socialdemócrata en lo político, aunque no estaba agrupada en torno a una revista. New Leader ha sido otro ejemplo de una operación socialdemócrata (sector CIA) en torno a un centro político sin organización de tipo afiliativo. Todos estos casos, en sus especifidades, han estado fuertemente condicionados por sus fuentes de financiación.
De hecho, casi toda la prensa política tiende, por su propia naturaleza, a convertirse en algún tipo de centro político, ya que es una fuente de ideas. He mencionado ejemplos dispares, indicando que puede haber muchas variantes. No hay un modelo orgánico que podamos copiar. De lo que se trata es de darnos la idea general de un desarrollo que no involucra la construcción de una secta afiliativa, y ponernos a trabajar para expresar nuestras aspiraciones y opiniones. Una de las peculiaridades de la vía que queremos seguir es que queremos formar un centro político que tenga como objetivo la formación de los prerequisitos de un partido socialista revolucionario.
¿Qué queremos hacer?
Si abstraemos las peculiaridades nacionales, de tiempo y lugar, así cómo las condiciones específicas en las que se desenvolvió la actividad organizativa de Lenin, podemos decir que la laboriosa formación de la tendencia bolchevique logró tres cosas a lo largo del tiempo, tres cosas que, en mi opinión, pueden aplicarse casi en cualquier caso y que ciertamente se aplican a lo que nosotros estamos obligados a hacer.
El proceso de formación de la tendencia bolchevique creó un cuerpo de doctrina, un cuerpo de literatura política que expresó un determinado tipo de socialismo revolucionario; formó cuadros obreros y militantes alrededor de ese núcleo político; estableció su "tipo de socialismo" como una presencia en las políticas de izquierda, con nombre y fisonomía propios. Esto resume también nuestras tareas.
No tenemos ninguna necesidad de prever o predecir exactamente cómo se formará el partido revolucionario del futuro. Pero los resultados sólo pueden ser favorables si estas tres tareas se realizan. Si tenemos estas tareas en nuestras cabezas, ciertas actividades toman una diferente prioridad e importancia. Por ejemplo, para las sectas la tarea editorial es una actividad entre otras, a la que no dan una prioridad destacada. Tiende a ser desplazada hasta el último lugar de la agenda, con una sola excepción: la publicación de un órgano "de masas", que tiende a tomar tal prevalencia que apenas puede hacerse ninguna otra cosa. Desde nuestro punto de vista, esa es una grave equivocación a la hora de establecer las prioridades. La creación (publicación y distribución) de un cuerpo básico de literatura es la tarea de un centro político de la que depende todo lo demás. Es el medio principal para el fin deseado. La tarea primera de esta literatura es hacer posible la formación de los cuadros, para proveer la nutrición política que permitirá el desarrollo de esos cuadros, lo que resultaría imposible a falta de ese fondo literario.
Evidentemente, tales cuadros se desarrollarán localmente. Un centro político tiene una ventaja enorme sobre el Comité Nacional o el Comité Central de una secta que emite directivas, tesis, expedientes disciplinarios, etc. a su micro-imperio de mini-sucursales. Las relaciones de un centro político con clubes locales, grupos socialistas o sindicales, grupos de trabajadores y activistas individuales pueden ser infinitamente variadas y flexibles. Pero las relaciones de una secta son dicotomizadas en dos tipos: con los miembros de la organización, una relación regida por los estatutos; con los no afiliados, una relación obstaculizada por una barrera organizativa.
Tras un primer período en el que tendremos que realizar un gran trabajo de preparación, apostamos por una implicación mucho mayor con cuadros locales, pero basada en una relación diferente, que ofrece nuevas posibilidades.
No pretendo deletrear en este artículo nuestro programa para los próximos seis meses. Nuestras perspectivas ya van mucho más lejos de lo somos capaces realmente de manejar. Y esto es sólo el comienzo; si conseguimos ponernos en marcha en un año más o menos, estaremos moviéndonos adecuadamente a lo largo de este camino.
Debemos tener una perspectiva a largo plazo. no estamos proponiendo un esquema del tipo "hágase rico en 10 días", sino todo lo contrario: una línea de preparación para el futuro que sólo puede obtener frutos reales tras un largo recorrido. Deberíamos pensar desde el punto de vista de un Plan para no menos de diez años (digo diez años porque es un buen número redondo y se denomina década.) Desperdiciamos la pasada década en dos callejones sin salida. Si, para finales de los 70, tenemos algunas realizaciones sólidas en las tres tareas básicas antes enumeradas, entonces habremos dado los primeros pasos apreciables hacia el objetivo de un partido revolucionario.
sábado, 23 de agosto de 2008
ENTREVISTA A MIGUEL ILDEFONSO
Por Diego Palmath
Miguel Ildefonso (Lima-1970) Vestigios, Canciones de un bar en la frontera, Las ciudades fantasmas, M.D.I.H., Heautontimoroumenos y Los desmoronamientos sinfónicos son sus libros de poesía y también ha publicado el libro de relatos El Paso y la novela “Hotel Lima”.
No está de más señalar que es uno de los autores más interesantes y esenciales de la poesía peruana y aprovechando su próxima estadía en tierras turolenses se realiza la presente entrevista esperando iniciar el adecuado acercamiento entre las dos orillas de un mismo idioma.
Voy hacerte la pregunta trillada para entrar en materia. ¿En qué momento y por qué decides apostar por la creación literaria?
_ Esto sucedió cuando entré a la Facultad de Odontología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, la decana de América, y nos dijeron que las clases no iban a empezar sino hasta dentro de un año. Esto por problemas que en esos años, mediados del 80, eran muy frecuentes: retrasos, huelgas y la violencia en general. Fue cuando empecé a leer mucho, libros que yo elegía libremente; libros de literatura, historia, filosofía, etc. Iba solo a todo tipo de recitales y conferencias, como, por ejemplo, un ciclo de 44 Poetas organizado por el recordado Cesáreo Martínez en la ex Asociación Cultural del Peruano Soviético, y así empecé a vagabundear por Lima, conociendo sitios nuevos para mí, adentrándome a la noche. Desde un inicio tuve proyectos de largo aliento respecto a poetizar Lima. Quería emular lo que hizo, nada menos, Baudelaire con París. Luego descubrí que muchos poetas habían tenido las mismas ambiciones. Pero comprendí también que sin ambiciones, sin perseverancia, poco se puede avanzar en este arte. La decisión de cambiarme a Literatura fue lenta; ingresé a Derecho en La Católica, y justo con el autogolpe de Fujimori, o debido a ello, lo dejé. Dije: aquí no hay libertades, las leyes son de adorno. Empezó la dictadura, y empecé yo la carrera de Literatura, que fue importante para aprender con seriedad muchos aspectos sobre la investigación literaria. La creación literaria es para mí ese ejercicio profundo de la libertad o el exquisito placer de inventar mis propias leyes.
Los años noventa en el Perú fueron muy convulsos, el terrorismo, la dictadura fujimontesinista, etc. Esto provocó una gran respuesta literaria que no pasó desapercibida para la crítica y que en la actualidad ya se puede estudiar con más calma. ¿Cómo definirías aquella época desde la perspectiva de un poeta que recién se iniciaba como era tu caso?
_ La respuesta literaria a la violencia de esos años está en obras como la del narrador Dante Castro o de los poetas del Movimiento Kloaca, que son del 80. Lo que percibía en los autores del 90 era un trabajo que por un lado proseguía con lo desarrollado anteriormente, la cuestión urbana o la poesía neobarroca, pero también una preocupación por indagar en la crisis del lenguaje poético. Libros como Las quebradas experiencias de Xavier Echarri, por ejemplo, o el lenguaje de la poesía de Roxana Crisólogo, parten del descentramiento del sujeto poético que busca alejarse de toda simple retórica social o lírica, que tradicionalmente partía de un incuestionable Yo, para adentrarse en una abisal e íntima experiencia con el lenguaje. Títulos como Boletos, Cansancio, Cisnes estrangulados, Efectos personales, por citar algunos, obedecen a esta nueva mirada hacia lo que conocemos como Realidad. El tema de la violencia no escapó a lo poetizado en esos años iniciales del 90, cito algunos otros libros: Zona Dark, Lima o el largo camino de la desesperación o De las causas y los principios: Venenos/ embelesos. Mucho quedó inédito debido a que existía aquello de la apología al terrorismo, cualquier acercamiento al tema podía ser considerado en esos años como apología. Amigos poetas del grupo Neón, que no han publicado aun, como José Gal’Lino o Mesías Evangelista, tienen poemas en torno al tema, y lo mismo poetas del ex grupo Estación 32 de La Universidad La Cantuta.
Uno de los temas que perturba y que deliciosamente atrae la vista hacia tus textos es Lima, esa ciudad tan fantasmal y contradictoria a la que tu pulso sodomiza y acaricia con tanta frecuencia. ¿Cuál es el punto de partida para que Lima sea un tema neurálgico en tu poética, de dónde surge ese amor-odio con la capital peruana?
_ Uno escribe al inicio de lo que más conoce o lo que está más cercano, pero Lima, con su caos, su trivialidad, su desmemoria, hasta ahora me impulsa a volcarme a los grandes temas que brotan de sus alcantarillas rotas adornadas con Ripley, Saga y KFC. Es esa contradicción, que bien señalas, lo fascinante, y hay mucho material allí para trasladarlo al papel. Por ejemplo, en los años ochenta tenía esperanzas de que la “chicha”, que es la cultura que nació de los migrantes provenientes del interior que viven en la capital, sea el punto de partida para la construcción de un Perú, entre otras cosas, más democrático, armónico, menos racista. Pero hoy en día la chicha se ha recontra trivializado, banalizado, como todo lo que hay aquí. Y mucho tuvo que ver en esto la dictadura del japonés. Tengo en proyecto un libro de narrativa sobre el tema, a modo de homenajes y rescate a los músicos clásicos como Chacalón, Vico, Guinda, Alegría, Los Shapis, etc. Hay muchas Lima en este espacio ya irrespirable que es la capital, en donde si quieres algo de paz tienes que poner rejas con exclusivos guardias que cuiden tu calle. La literatura, ante estos muros, puede ayudar a crear ese otro espacio para el diálogo.
¿En qué orilla de la geografía literaria o para ser más precisos a qué tradición literaria crees que tu obra está más cercana? Y me refiero a tu obra como un proyecto unitario (poesía y narrativa).
_ Siempre he huido de los encasillamientos. Eso no podría decirlo yo. Lo que sí te puedo decir es que he bebido todo tipo de tradición. Algo que es notorio, creo, porque me lo han dicho, es la presencia de César Vallejo en mis poemas. Me interesa la obra de José María Arguedas, ya quisiera continuar su línea. Pero no podría, strictu sensu, porque, si bien soy hijo de migrantes que vinieron a la capital desde la sierra central, mi experiencia es más de barrio capitalino, un lugar llamado Apolo en el distrito populoso de La Victoria. Allí crecimos muchos hijos de migrantes serranos como también de japoneses, italianos o de descendientes africanos. De niño ya sabía lo que es la pluriculturalidad del país. Pero, debido a que lo he recibido genéticamente y bebido de la leche materna con todo mi amor, sí existe la presencia andina como basamento en El Paso o en Hotel Lima. Tengo un poema, José María, que obtuvo un premio en un concurso en España, y que gustó en Alemania cuando fui al Latinale, igualmente en Colombia. Es un Arguedas que escucha a Lou Reed mientras viaja en bus a Lima. Ser irreverente en literatura es una forma de mostrar cariño y admiración; así como el “che’ su madre” de Luis Hernández en su poema dedicado a Ezra Pound. Luchito, por si no saben, es uno de los grandes poetas peruanos, y el poema mencionado es Ezra Pound: cenizas y cilicio, está en Internet.
hernández camarero dylan hölderlin arguedas dante humareda piaf adán the doors pastorcita joyce chacalón lowry the cure oliva miller pessoa baudelaire vallejo faulkner beethoven lorca carver borges benjamin buk nietzsche velvet underground burroughs(*)… Mejor no sigo. Tu mundo está plagado de referencias: autores, cantantes, bandas de rock, pintores, incluso libros. ¿Qué función cumplen estas referencias en el texto poético?
_ Muchas funciones. Luchito Hernández: el corazón. Dylan: el hecho poético. Hölderlin: el gran anhelo poético. Arguedas: el Perú. Dante: el libro. Humareda: lo “chicha”. Piaf: París. Adán: la palabra. The Doors: el rock. Pastorita: la voz de mi madre. Joyce: la parodia y el exilio. Chacalón: mi distrito de La Victoria. Lowry: los tragos bajo todos los volcanes. The Cure: los años 80 adolescentes. Oliva: el grupo Neón. Miller: sexo, sexo y sexo. Pessoa: el poeta. Baudelaire: el gran maestro de todos. Vallejo: el poeta peruano. Faulkner: Yoknapatawpha o Apolo. Beethoven: el genio. Lorca: mi héroe y el romancero chichero. Carver: el realismo sucio. Borges: el culto. Benjamín: la inteligencia. Bukowski: el solitario Cioran. Nietzsche: la muerte de Dios. Los Velvet: la vanguardia. Burroughs: otro genio. Aun en épocas de descreimiento, la poesía sigue siendo la desaforada construcción de una utopía, la del lenguaje que funda un mundo. Y estos seres pertenecen a mi mundo, aclaran lo que trato de decir en mis textos, dan sentido a los fantasmas anónimos que buscan una fe. Parodia o intertextualidad son formas de reconstruir una realidad disgregada, que se levanta bajo ciertos principios que podría resumirse en una palabra clásica: Belleza. “La soñada coherencia” lo llamaba Luis Hernández Camarero con su estilo suave y directo, que murió en Buenos Aires, cerca a un sitio llamado Santos Lugares, y está enterrado en un cementerio limeño llamado El Ángel.
En una entrevista que realizaste para el cuarto número de la revista Pterodáctilo de la universidad de Texas en Austin, preguntaste al poeta Raúl Zurita si se consideraba un poeta maldito, creo recordar que el autor chileno te respondió diciendo que lo de maldito era un cliché inventado por la burguesía y que su vida no era más maldita ni más bendita que la de cualquier humano, me gustaría hurtar tu pregunta. ¿Miguel Ildefonso es un poeta maldito o bendito?
_ Otra vez los encasillamientos. Aunque no puedo negar que hace años me interesaba lo maldito; vivía, como casi todo joven aprendiz de poeta, bajo el influjo de Rimbaud o Baudelaire. Ahora, como un ex joven aun aprendiz de poeta, no pienso en figuras, en modelos, para sobrellevar mis avatares o encarar la página en blanco. Hace buen tiempo que he entrado a una etapa muy solitaria para la creación. Ya no me gusta leer como antes en los recitales, y no me interesa mucho participar en la movida literaria limeña. He entrado a una etapa en que quisiera solamente escribir los nuevos libros que tengo en proyecto, que son varios. Ojalá lo pueda hacer, pero a veces uno no puede negarse a una invitación de amigos. O, como ahora, en lo de La Piedra en el Charco. Me gusta cuando Vila-Matas dice: “Escribir es hacerse pasar por otro, escribir es dejar de ser escritor o de querer parecerte a Mastroianni para simplemente escribir, escribir lo que escribirías si escribieras.” Son varios años en que he estado escribiendo una sola obrita, en prosa y poesía; acabado aquello, ahora me encuentro ubicado exactamente en esta reflexión o epifanía de Vila-Matas.
En este inicio de siglo, ¿cuál debe ser la actitud o el compromiso del poeta con la sociedad?
_ Me imagino que si les preguntas lo mismo a veinte poetas, cada uno te dará una respuesta diferente. Por eso, que cada quien siga tratando de hacer el oficio lo mejor posible, me imagino que es una consigna, porque el arte trata de eso, de dar lo mejor o lo más noble de uno, sea a la manera de un Derek Walcott o de un Bukowski o de un Juarroz. Además el compromiso de este nuevo siglo es el mismo desde hace siglos, el compromiso de Góngora o de Cervantes, que es hacer una bella obra de arte que trascienda el tiempo, que trascienda nuestra finitud y miserias, y para eso hay que ejercitar mucho el corazón y el intelecto, y tener una férrea vocación para romper los esquemas. Yo te podría hablar de mis propios compromisos, de tipo social u otros tipos, pero todos están sujetos al afán de crear una estética que provenga de una nueva sensibilidad, que tenga algún rasgo de originalidad y una muy lúcida visión de las cosas. Y todo eso, por ejemplo, obliga muchas veces a estar alejado de los poderes terrenales, sean políticos, mercantiles o mediáticos. Contra el lenguaje efímero y convenido de estos poderes se impone el lenguaje del arte.
Estuviste en Berlín en el Festival Latinale 2007, en Santiago en el Festival Internacional Chile-Poesía 2007, en el Festival Internacional de Poesía de Medellín 2008 en Colombia y en breve te vienes al evento internacional “La Piedra en el Charco” Teruel – 2008 ¿Qué expectativa tienes al respecto? Y por cierto, ¿Cómo estás de poesía española?
_ Prácticamente en poesía española me he quedado en Leopoldo María Panero, a quien de hecho tendré que conocerlo personalmente, se me adelantó mi vieja amiga Ofelia que vive en Munich, encima para sacarme pica me envía fotos que se tomó con él. Habrá que ponerse al día, entonces, in situ, con los españoles. Eso en cuanto a la poesía. También sé que será un gran evento, y motivador, como han sido esos festivales que has mencionado. La prueba de ello son los textos que han provenido de esas experiencias: cada ciudad es un libro. Por otra parte, mi apellido Ildefonso proviene del sur de España, de origen visigótico - es como Alfonso, nombre guerrero -, significa “preparado para la guerra”. Los Ildefonso en Perú somos una sola familia, que provino de un primer Ildefonso que se quedó, allá por el siglo XVIII, a vivir en un pueblo de Cerro de Pasco llamado Santa Ana de Tusi, autodenominado “tierra de caminantes”, y que fui a conocer hace poquito nomás, pues también pretendo escribir un libro sobre lo familiar. Debe ser por eso que me gusta caminar mucho, y debe ser por eso también que iré ahora a España, como dice el poeta Rodolfo Hinostroza: “Viajas en tus palabras/ Y tus palabras viajan”.
¿Estás preparando algo en la actualidad?
_ Tengo un libro grande de poesía aun sin publicar, que considero lo mejor que he escrito, Travesías, que cierra todo un ciclo de escritura y vida, ciclo conformado también por todos mis libros de poesía publicados. Y lo mismo tengo inédito en narrativa El viaje de Camilo, que es el cierre de mis dos libros de prosa publicados. Son como ocho los libros que tengo en mente, que los escribiré en esta nueva etapa de creación. Tendré que sellar con corcho mi casa para no oír ningún ruido del exterior.
* Sí, con minúscula
Aquí un videopoema dedicado a Jose María Arguedas .
Pulse el enlace para ver el video:
http://www.youtube.com/watch?v=PT2W1JXWzCU&eurl=http://www.lacajanocturna.blogspot.com/
jueves, 21 de agosto de 2008
Rv: [COMITE_PRO_80_ANIVERSARIO_CREACION_HEROICA_DE_JCM] Re: El socialismo es un movimiento (02)
SINO UN MOVIMIENTO (02)
(20 de agosto de 2008)
Textos escogidos de Carlos Marx y Federico Engels:
"Para nosotros, el comunismo no es un estado que debe implantarse, un ideal al que haya que sujetarse la realidad….
…Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera el estado de cosas actual. Las condiciones de este movimiento se desprenden de la premisa actualmente existente."
Carlos Marx – Federico Engels, "La ideología alemana
Crítica de la novísima filosofía alemana", 1845, pg. 37
"El comunismo se distingue de todos los movimientos anteriores en que echa por tierra la base de todas las relaciones de producción y de intercambio que hasta ahora han existido y por primera vez aborda de un modo consciente todas las premisas naturales como creación de los hombres anteriores, despojándolos de su carácter natural y sometiéndolos al poder de los individuos asociados"
Carlos Marx – Federico Engels, Ibid, pg. 82
"El señor Heinzen se imagina que el comunismo es una doctrina que arranca de cierto principio teórico, como de un núcleo, y saca de ahí sus conclusiones posteriores. El señor Heinzen se equivoca de medio en medio. El comunismo no es una doctrina, sino un movimiento…
…El comunismo, como teoría, es la expresión teórica de la posición del proletariado en esta lucha y la síntesis teórica de las condiciones de la emancipación del proletariado"
Federico Engels, "Los comunistas y Carlos Heinzen",
Setiembre de 1847, Citado por Cheprakov
"¿Cual es la posición de los comunistas con respecto a los proletarios en general?
Los comunistas no forman un partido aparte, opuesto a los otros partidos obreros.
No tienen intereses que los separen del conjunto del proletariado.
No proclaman principios especiales a los quisieran amoldar el movimiento proletario.
Los comunistas sólo se distinguen de los demás partidos proletarios en que, por una parte, en las diferentes luchas nacionales de los proletarios, destacan y hacen valer los intereses comunes a todo el proletariado, independientemente de la nacionalidad; y, por otra parte, en que, en las diferentes fases de desarrollo por que pasa la lucha entre el proletariado y la burguesía, representan siempre los intereses del movimiento en su conjunto.
Prácticamente, los comunistas son, pues, el sector más resuelto de los partidos obreros de todos los países, el sector que siempre impulsa adelante a los demás; teóricamente, tienen sobre el resto del proletariado la ventaja de su clara visión de las condiciones, de la marcha y de los resultados generales del movimiento proletario.
El objetivo inmediato de los comunistas es el mismo que el de todos los demás partidos proletarios: constitución de los proletarios en clase, derrocamiento de la dominación burguesa, conquista del poder político por el proletariado.
Las tesis teóricas de los comunistas no se basan en modo alguno en ideas y principios inventados o descubiertos por tal o cual reformador del mundo.
No son sino la expresión de conjunto de las condiciones reales de una lucha de clases existente, de un movimiento histórico que se está desarrollando ante nuestros ojos.(…)"
Carlos Marx – Federico Engels, "Manifiesto Comunista", 1848
"Los obreros alemanes tienen dos ventajas esenciales sobre los obreros del resto de Europa. La primera es la que perteneces al pueblo más teórico de Europa y que han conservado en sí ese sentido teórico, casi completamente perdido por las clases llamadas 'cultas' de Alemania. (…)
La segunda ventaja consiste en que los alemanes han sido casi los últimos en incorporarse al movimiento obrero. Así como el socialismo teórico alemán jamás olvidará que se sostiene sobre los hombros de Saint-Simon, Fourier y Owen (…)así también el movimiento obrero práctico alemán nunca debe olvidar que se ha desarrollado sobre los hombros del movimiento inglés y francés, que ha tenido la posibilidad de sacar simplemente partido de su experiencia costosa, de evitar en el presente los errores que entonces no había sido posible evitar en la mayoría de los casos. ¿Dónde estaríamos ahora sin el precedente de las tradeuniones inglesas y de la lucha política de los obreros franceses, sin ese impulso colosal que ha dado particularmente la Comuna de París?
Hay que hacer justicia a los obreros alemanes por haber aprovechado con rara inteligencia las ventajas de su situación. Por primera vez desde que existe el movimiento obrero, la lucha se desarrolla en forma metódica en sus tres direcciones concertadas y relacionadas entre sí: teórica, política y económico-práctica (resistencia a los capitalistas). En este ataque concéntrico, por decirlo así, reside precisamente la fuerza y la invencibilidad del movimiento alemán."
Federico Engels, "Prefacio a la Guerra Campesina en Alemania", 1874
"El socialismo moderno es, en primer término, por su contenido, fruto del reflejo en la inteligencia, por un lado, de los antagonismos de clase que imperan en la moderna sociedad entre poseedores y desposeídos, capitalistas y obreros asalariados, y , por otro lado, de la anarquía que reina en la producción….
… Pero, por su forma teórica, el socialismo empieza presentándose como una continuación, más desarrollada y más consecuente, de los principios proclamados por los grandes pensadores franceses del siglo XVIII. Como toda nueva teoría, el socialismo, aunque tuviese sus raíces en los hechos materiales, económicos, hubo de empalmar, al nacer, con las ideas existentes."
"(…) De este modo el socialismo no aparecía ya como el descubrimiento casual de tal o cual intelecto de genio, sino como el producto necesario de la lucha entre dos clases formadas históricamente: el proletariado y la burguesía. Su misión ya no era elaborar un sistema lo más perfecto posible de sociedad, sino investigar el proceso histórico económico del que forzosamente tenían que brotar estas clases y su conflicto, descubriendo los medios para la solución de éste en la situación económica así creada. Pero el socialismo tradicional era incompatible con esta nueva concepción materialista de la historia (…)"
"Estos dos grandes descubrimientos: la concepción materialista de la historia y la revelación del secreto de la producción capitalista, mediante la plusvalía, se los debemos a Marx. Gracias a ellos, el socialismo se convierte en una ciencia, que sólo nos queda por desarrollar en todos sus detalles y concatenaciones"
Federico Engels, "El socialismo, de la utopía a la ciencia", 1880
Recopilado por: Miguel Aragón
23 de junio de 2003
breve comentario.-
Divulgamos esta segunda recopilación de textos de Marx y Engels, para respaldar nuestro anterior comentario divulgado el día 19 de agosto, comentario incluido en nuestro envío "El socialismo es un movimiento (01)".
En los textos precedentes queremos señalar dos aspectos.
En primer lugar, se ratifica que para Marx y Engels el socialismo era un movimiento. En la actualidad para superar la confusión y la dispersión debemos de reivindicar esa característica.
En segundo lugar se puede comprobar dos estaciones en la evolución del pensamiento de Marx y Engels.
En sus primeros escritos, entre 1843 y 1848, Marx y Engels utilizaban los conceptos de "comunismo" para referirse al movimiento proletario y a la teoría del proletariado. Esos eran los conceptos que utilizaron en sus textos de juventud e inicios de su etapa adulta, como " La Ideología Alemana " (1845) , " La Miseria de la Filosofía " (1847), "Los comunistas y Carlos Heizen" (1847), "Principios del Comunismo" (1847) y el "Manifiesto Comunista" (1848).
Mientras que en su etapa madura, entre 1870 y 1895, los fundadores del socialismo científico comenzaron a utilizar el concepto de "socialismo" para referirse al movimiento proletario y la teoría del proletariado. Esos son los conceptos que utilizaron en sus textos de madurez, como "Prefacio a la Guerra Campesina en Alemania" (1874), "La subversión de la ciencia por el Sr. Duhring" (1877), "El socialismo de la utopía a la ciencia" (1880), "Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana" (1886), "Prefacio a la edición alemana del Manifiesto Comunista" (1890), y "El problema campesino en Francia y Alemania" (1894), entre otros.
Esas son las fuentes que inspiraron a José Carlos Mariátegui para declarar "llámeme, simplemente, socialista. Toda la clave de mis actitudes está en esta sencilla y explícita palabra" (febrero de 1927); "tengo una declarada y enérgica ambición: la de concurrir a la creación del socialismo peruano" (enero de 1928); "En la lucha entre dos sistemas, entre dos ideas, no se nos ocurre sentirnos espectadores ni inventar un tercer término, La originalidad a ultranza, es una preocupación literaria y anárquica. En nuestra bandera , inscribimos esta sola, sencilla y grande palabra: Socialismo" (setiembre de 1928); "(Amauta) para ser fiel a la Revolución , le basta ser una revista socialista" (Setiembre de 1928); "El Partido Socialista del Perú es la vanguardia del proletariado, la fuerza política que asume la tarea de su orientación y dirección en la lucha por la realización de sus ideales de clase" (oct. de 1928); y dirigió la constitución del "Partido Socialista del Perú" (07 de octubre de 1928). De esa manera Mariátegui reivindicó y expreso su firme posición marxista, tanto en el aspecto esencial como en el aspecto formal. Para Mariátegui "La vieja y grande palabra (Socialismo) conserva intacta su grandeza. La guardará también en la historia, mañana, cuando las necesidades contingentes y convencionales de demarcación que hoy distinguen prácticas y métodos, hayan desaparecido" (Set. 1928). Nosotros podemos reafirmar, que hoy, en 2008, la vieja y grande palabra SOCIALISMO sigue conservando intacta su grandeza.
(Miguel Aragón. 20 de agosto de 2008
miércoles, 20 de agosto de 2008
PETER LOPEZ DE ORIGEN SURQUILLANO PELEA HOY A LAS 10PM.
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Rv: [COMITE_PRO_80_ANIVERSARIO_CREACION_HEROICA_DE_JCM] El socialismo es un movimiento (01)
ES UN MOVIMIENTO
(19 de agosto de 2008)(*)
"El comunismo no es una doctrina, es un movimiento. No parte de principios, sino de hechos. La premisa de los comunistas no es una u otra filosofía, sino toda la marcha de la historia precedente, sobre todo de sus resultados concretos contemporáneos en los países civilizados…
…El comunismo es fruto de la gran industria y de los concomitantes de ésta: del surgimiento del mercado mundial y de la desenfrenada concurrencia condicionada por él; de las crisis comerciales, que van adquiriendo un carácter cada vez más destructor y más universal y que son ya definitivamente crisis del mercado mundial; de la formación del proletariado y de la concentración del capital y de la subsiguiente lucha de clases entre el proletariado y la burguesía…
…El comunismo, en tanto que teoría, es la expresión teórica de las posiciones del proletariado en nuestra lucha y la síntesis teórica de las condiciones indispensables para la emancipación del proletariado".
F. Engels, "Los comunistas y Carlos Heizen",
03 de octubre de 1847
Párrafo reproducido en el libro: "C. Marx, F.Engeles, V.I.Lenin, Sobre el comunismo científico" Editorial Progreso, Moscú 1967, pag.31 (Libro que contiene una interesante y valiosa recopilación de textos escogidos extraídos de numerosos libros). El párrafo es reproducido sin fecha de redacción. Hasta ahora no conocemos el texto completo de Engels
En otro libro de recopilaciones, titulado "Marx-Engels, Sobre Prensa, Periodismo y Comunicación" Editorial Taurus, hemos encontrado otros párrafos del mismo artículo, en el cual figura la fecha de redacción, 03 de octubre de 1847. Copia de este libro nos fue suministrada por Guillermo Yucra, hace dos años, a quien le expresamos públicamente nuestro agradecimiento.
Breve Comentario.-
(Jueves 17 de enero de 2008)
Por Miguel Aragòn
1.- Consideramos que cada socialista tiene plena libertad de denominar al movimiento socialista y a la teoría del proletariado, como mejor le guste, o mejor le convenga. No es nuestra intención asumir la posición de censor, ni de guardián de la fidelidad de la letra, tampoco buscamos imponer un criterio único.
Cada quien puede utilizar libremente los conceptos de "ideología", "filosofía", "sistema", "materialismo dialéctico", "doctrina", "dogma", "pensamiento guía", "cuarta o quinta espada", y muchos otros conceptos utilizados libremente en la literatura del movimiento socialista peruano. Pero debemos recordar, que desde el mismo momento en que el socialismo se hizo ciencia, exige que se le trate como tal, es decir, que se le estudie. Y exige que nos pongamos de acuerdo, para poder entendernos en la acción conjunta.
Federico Engels decía: "Sobre todo los jefes deberán instruirse cada vez más en todas las cuestiones teóricas, desembarazarse cada vez más de la influencia de la fraseología tradicional, propia de la vieja concepción del mundo, y tener siempre presente que el socialismo, desde que se ha hecho ciencia, exige que se le trate como tal, es decir, que se le estudie. La conciencia así lograda y cada vez más lúcida, debe ser difundida entre las masas obreras con celo cada vez mayor, y se debe cimentar cada vez más fuertemente la organización del partido, así como la de los sindicatos". (Engels, Adición al Prefacio a la Guerra Campesina en Alemania, 01 de julio de 1874)
2.- En el título del Asunto de este mensaje, nos hemos tomado la libertad de colocar la palabra "Socialismo", respetando en el texto la palabra original "comunismo". Y lo hacemos con conocimiento de causa. En nuestras investigaciones del desarrollo de la teoría marxista hemos encontrado una notoria evolución en el uso de esos dos conceptos por parte de Marx y Engels.
Desde los comienzos de su producción teórica, aproximadamente entre 1843 y 1844, hasta las revoluciones europeas de 1848 y 1849, Marx y Engels utilizaban los siguientes conceptos: teoría comunista, partido comunista, revolución comunista, sociedad comunista, paso de la sociedad burguesa a la sociedad comunista, y consecuentes con esos conceptos, denominaron al documento programático de febrero de 1848 como "Manifiesto Comunista".
Después de asimilar las enseñanzas practicas de las revoluciones de esos años, y elevarlas a la síntesis teórica, descubrieron la necesidad de la dictadura del proletariado, (la conocida carta de Marx a Weydemeyer es del 5 de marzo de 1852) y poco a poco comenzaron a reemplazar los anteriores, por conceptos nuevos, con una sola excepción. Los conceptos nuevos fueron: teoría socialista, partido socialista, revolución socialista, sociedad socialista (o primera fase de la sociedad comunista), pasar de la sociedad burguesa a la sociedad socialista, y Estado socialista. Esos cambios de denominaciones no los hicieron por "cuestión táctica", ni tampoco significaba que Marx y Engels hubieran degenerado en reformistas o socialdemócratas. Esos nuevos conceptos, al pasar de "comunista" a "socialista", no perdieron su carácter radical, su carácter revolucionario, sino que fueron cambios determinados por la evolución de su propio pensamiento, a medida que avanzaban en sus trabajos de investigación.
O dicho de una manera más sencilla, los primeros conceptos (con el uso del sustantivo comunista) corresponden a una etapa inicial de formación de la teoría marxista; mientras que los segundos (con el uso del sustantivo socialista) corresponden a una etapa de maduración de la misma. En este proceso de maduración, el impacto de las revoluciones de 1848 y 1849, y sobre todo de la Comuna de París de 1871, influyeron decisivamente. La única excepción, en esa revisión y cambio de conceptos, fue el nombre del Manifiesto, (y no el nombre del partido). Marx y Engels en ese proceso de "revisión de métodos y conceptos" conservaron el mismo nombre del Manifiesto Comunista, porque así había pasado a la historia, es decir por simple costumbre y "tradición".
Hasta 1852 el "Manifiesto Comunista" era un instrumento de combate del Partido Comunista; mientras que, a partir de 1869 ese mismo "Manifiesto Comunista" servía a los partidos socialistas que se comenzaron a constituir en los países europeos. Después de 1852, año en que se autodisuelve el Partido Comunista de Marx y Engels, hasta la muerte de Engels en 1895, no tenemos referencias de que haya existido en Europa ni América, ningún partido más o menos importante que se denominará "comunista", que reivindicara el Manifiesto Comunista, y que contara con el apoyo de Engels. ¿Esa es toda la diferencia? No, no es toda. Más adelante ampliaremos las razones por las cuales Mariátegui el 07 de octubre de 1928 dirigió la constitución del "Partido Socialista del Perú". , y nunca utilizó la denominación de "Partido Comunista del Perú".
Lo anteriormente expuesto es la primera razón por la cual nos hemos tomado la libertad de colocar en el Asunto "la vieja y grande palabra socialismo".
Bueno, estos comentarios son parte de nuestros "Motivos Polémicos" en preparación, no adelantamos más, aunque ya hemos indicado lo principal.
3.- Algún lector avisado nos recordará que Mariátegui definía al socialismo como "doctrina", lo cual, aparentemente, sería una contradicción con lo propuesto por Engels. En "los motivos" explicaremos las razones por las cuales Mariátegui utiliza el concepto de "doctrina", sin caer en contradicción con las tesis primigenias de los fundadores del socialismo científico.
Esperamos que la reproducción de este texto poco conocido de Engels contribuya al debate que actualmente se está desarrollando en las filas del movimiento socialista peruano. Este debate, entre socialistas, no es una pelea entre enemigos, ni debe ser tratada como una pelea de gallos, ni una pelea de boxeadores. No debemos rebajarnos recurriendo a los insultos; sino, por el contrario, utilizando argumentos, debemos de elevarnos, y promover el fortalecimiento del frente unido del pueblo y la reivindicació n del socialismo peruano.
4.- En este nuevo reenvío, de este comentario, consideramos necesario agregar y destacar, que Marx y Engels, desde un inicio, consideraron al comunismo (o socialismo), como un movimiento, y no como una doctrina; y agregamos nosotros, como un movimiento y no como un partido. Para el socialismo científico la forma de organización partidaria es una forma de organización temporal, que obedece a necesidades circunstanciales de la lucha de clases en cada país y en cada etapa de la lucha; mientras que el movimiento socialista es permanente, solo dejará de existir en el futuro, cuando se extingan las clases, y la lucha de clases. Con mucha certeza, en junio de 1918 Mariátegui afirmaba "los partidos no son eternos". Constatación científica, que se ha comprobado que es válida para los partidos burgueses, y que se está comprobando que también es válida para los partidos proletarios. Los ejemplos históricos abundan, solamente algunas mentes obtusas se obstinan en seguir sosteniendo sus minúsculas sectas partidarias.
(*) Reenviamos este comentario con ligeros agregados, resultado de la continuación de nuestras investigaciones. Esperamos que sirva de material de referencia para fijar posición acerca del Socialismo Peruano, como parte del Aniversario 80 de la Creación Heroica de Mariátegui.
(Miguel Aragón. 19 de agosto de 2008)
martes, 19 de agosto de 2008
Rv: VII Encuentro Nacional de Escritores "Manuel Jesús Baquerizo"
CCUNSHC- Ayacucho
Gremio de Escritores del Perú - GEP
VII ENCUENTRO NACIONAL DE ESCRITORES
"MANUEL JESÚS BAQUERIZO"
Ayacucho, 5 – 8 de noviembre de 2008.
SEDE:
Ciudad de Ayacucho - Centro Cultural de la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga – Portal Unión Nº 37- Plaza Mayor de Huamanga
TEMARIO:
Literatura peruana en el contexto de la globalización
Literaturas regionales
Poesía, narrativa y teatro peruanos
Literatura andina
El rol del escritor en el contexto de la realidad nacional
ACTIVIDADES:
Conferencias en instituciones educativas
Conferencias magistrales
Ponencias
Talleres
Presentaciones de libros
Recitales
Feria del libro
Noches culturales
Tour turístico
Distinciones y certificación
Clausura
INSCRIPCIONES:
ccunsch@gmail.com
Centro Cultural de la UNSCH - Ayacucho
gremio_de_escritores@yahoo.es
Gremio de Escritores del Perú
lunes, 18 de agosto de 2008
Re: [foro_centenario] EN TORNO A LA ENTREVISTA A RICARDO MELGAR BAO... EN LA REV. VIRTUAL SOCIALISMO PERUANO AMAUTA
Walter
Por error no se consigno que la entrevista correspondia a La Primera, no pretendemos tener indulgencias con ave marias ajenas.
Muchas gracias por sus palabras, amplian para bien, las impresiones que tenemos de Ricardo Melgar.
Un abrazo
Luis Anamaria
--- El lun, 18/8/08, Walter Saavedra
De: Walter Saavedra
Fecha: lunes, 18 agosto, 2008 12:31
Nos ha llegado la entrevista que le realizara "Socialismo Peruano Amauta", revista virtual, a Ricardo Melgar Bao, atento y profundo estudioso de nuestra América y, por supuesto, de nuestro Perú. Ricardo Melgar es un incisivo estudioso de lo que acontece en América Latina, desde mucho tiempo atrás. Sus estudios tuvieron aristas a la que no todos podríamos llegar. Somos muchos los que envidiamos -envidiamos positivamente- , los privilegios que Ricardo ha tenido en su desarrollo estudiantil y profesional. Uno de sus privilegios se da, por ejemplo, cuando era un estudiante en la Universidad de Huánuco, donde tuvo la ocasión de ser alumno privilegiado de Luis Millones Santa Gadea, antropólogo ampliamente conocido, que fue también mi profesor, posteriormente, en la Universidad de San Marcos, en Lima. Ricardo tuvo el privilegio de ser el único alumno de Millones. ¡Quién hubiera querido tener un profesor que se dedicase únicamente a nosotros! A él le cupo tener ese privilegio. Por cierto que, eso, le significó desplegar un esfuerzo enorme en sus estudios, para poder cumplir las enormes exigencias de su profesor. Antes del que Luis Millones fuera su profesor, ya lo conocía. Eran amigos. Pero eso no significó que se tuviera algún tipo de contemplaciones con él. Cuando Millones se enteró que Ricardo era su alumno, su único alumno, le dijo lacónicamente: "Ahora me vas a ver hasta en la sopa". Y anduvo corto el profesor. Ricardo lo tuvo controlándolo, dejándole trabajos, guiándolo, incansablemente. No había horario de clases, porque cumplidas las horas establecidas por la Universidad, Luis Millones seguía dejándole trabajos, seguía evaluándolo. Y en todas partes se encontraban. Millones fue un profesor implacable. Nosotros lo conocimos, y sabemos cómo es que pudo haberse dado en cuerpo y alma a su alumno. La dedicación de Ricardo Melgar Bao, tiene, entonces, origen en la formación que ha tenido, tanto en Huánuco, como en las diversas universidades por las que ha pasado, y él ha sabido sacar el máximo provecho de los profesores que ha tenido. Dirigente estudiantil destacado en la Universidad Garcilaso en una época –los años sesenta- en que las pugnas eran tremendas, y con un estudiante como era aquel que conocimos, tenía que ser un dirigente estudiantil de polendas. Las becas que le fueron ofrecidas y que rechazó, hablan claramente de su capacidad e integridad. ¡Qué tiempos aquellos! ¡Estudiaba con gusto hasta el que no quería estudiar! Ellos estudiaban, realmente estudiaban, porque los libros se conseguían baratos y porque los estudiantes querían estudiar y se dedicaban a estudiar. Al llegar Ricardo Melgar Bao a San Marcos, para estudiar antropología -como segunda carrera-, tuvo muchos compañeros destacados, entre quienes se encuentra Ananías Huamán Talavera, actual director de la Escuela de Antropología de San Marcos. También estudió con él Alicia Jiménez, que hoy tiene tan buena labor en la Escuela de Antropología de la Universidad Federico Villarreal. Su promoción, hizo grandes cambios, hizo grandes y positivos cambios, en la Escuela de Antropología. La preocupación que hoy en día despliegan Ananías Huamán, en la Escuela de Antropología de San Marcos, y Alicia Jiménez, en la Escuela de Antropología de la Villarreal, tuvo su origen en haber estudiado, en estas condiciones, en esos años en salían promociones de alumnos que tuvieron muchos privilegios para estudiar, privilegios que hoy en día la profundidad de la crisis social, no permite, las características generales de aquellos tiempos sí lo permitía. Hoy en día el estudiante de las universidades nacionales tiene demasiados problemas, en ocasiones no tiene ni siquiera para pagar sus alimentos en los comedores universitarios, no tiene para sacarle fotocopias a los textos que los profesores le dejan. En aquellos tiempos también había problemas, pero se podía estudiar, al menos se podía estudiar con mayor tranquilidad que ahora. Ricardo Melgar, al llegar a estudiar Antropología, trabajaba como docente en varias universidades de la capital peruana. Nos consta el cariño que sus alumnos le tenían en esos tiempos en que estudiaba. Nos consta el cariño que sus alumnos le tenían en México cuando estuve por allá. Nos consta el aprecio de sus colegas en Perú y en México. He conocido su lugar de trabajo (la ENAH, en aquel entonces) y he sabido de su don de gentes (que siempre ha tenido Ricardo, que ha sabido mostrarlo en todo lugar, en todas condiciones) . Es México, cuando yo vivía por allá (enseñando en la Universidad de San Cristóbal las Casas, Chiapas), que personalmente he podido observar su preocupación en sus actividades docentes e investigativas, y he visto ir creciendo su crecida biblioteca. Siendo el Perú su lugar de nacimiento, también le corresponde un lugar muy especial en su área de atención. Radicado en México hace mucho tiempo desde la segunda mitad de los años setenta, ha desempeñado una labor descollante en el conocimiento de nosotros mismos. Su labor se realiza de manera tal, que nos permite comprender los meritos y deméritos de quienes han formado parte de la vida en nuestra América. Sus trabajos realizados con Paco Amezcua, sobre José Carlos Mariátegui, están dentro de esta área de interés suyo... y también de Paco, que se muestra apasionado en estas materias, como en todas aquellas que estudia. Ambos son apasionados, con esa pasión que Mariátegui mismo tenía, aquella pasión que le hacía meter toda su sangre en sus ideas. Ricardo Melgar, ha hecho contribuciones destacadas al conocimiento de los diversos sectores en la vida de nuestra sociedad. Su constante y siempre renovada, preocupación por el socialismo peruano, posterior a la Revolución Rusa, ha dado hermosos frutos. Debemos destacar que, a pesar de su pasión, trata los temas con la mayor objetividad, siguiendo lo enseñado por Mariátegui más que con sus escritos, con su propia vida. Los trabajos de Ricardo nos permiten conocer el real papel desempeñado por los diversos sectores y personajes, del Perú. No hay ámbito en que no se pueda mover con la facilidad, con esa tranquilidad que solamente le pueden dar la intensidad de sus estudios, a los que se dedica perennemente. Nos llena de gusto la atención de que es objeto en esta ocasión, aquí, donde nació y adonde siempre pertenecerá, aunque siga gozando del aprecio de los mexicanos... porque allá nacieron también sus hijos: Emiliano y Dahil, que siguen sus pasos, siendo uno arqueólogo y la otra antropóloga. Ricardo recibió muchas muestras de aprecio aquí en Perú, en su corta estadía. Una muestra es cuando, en el marco del "VII Coloquio de literatura y antropología José María Arguedas" fue declarado ciudadano ilustre en Huancayo. Los mariateguistas nacionales también se acercaron a saludarlo, una muestra de la cual es una entrevista que publica la revista virtual "Socialismo peruano Amauta". Sabemos que, sus estudios, nos proporcionará n siempre nuevas luces. Un día prendió el pueblo su fosforo cautivo... como decía Cesar Vallejo. Un día, uno de aquellos días en que dejamos de pensar de manera unicorde, un día en que llegamos a considerar que la unanimidad es infecunda, como señala Mariátegui, uno de esos días, el conocimiento que tenemos de nuestras sociedades, de nuestros personajes, de nosotros mismos será diferente... en instantes en que, todo el mundo (o casi todo el mundo), piensa que no se puede encontrar casi nada diferente sobre lo que ha sido, y es, tan estudiado como la vida y obra de José Carlos Mariátegui. Nos alegramos que la actividad de Ricardo Melgar lo esté llevando a los más diversos lugares en América y en Europa, invitado por prestigiosas instituciones. Un abrazo querido amigo por los lauros que has sabido cosechar con tus prominentes trabajos.
Walter Saavedra
domingo, 17 de agosto de 2008
ENTREVISTA A RICARDO MELGAR BAO
ENTREVISTA DEL PERIODICO LA PRIMERA.
El escritor peruano Ricardo Melgar Bao radica en Mexico
RELEYENDO
Escritor Ricardo Melgar Bao, trabaja ahora en una relectura de las revistas Amauta y Labor, como las redes intelectuales políticas de los años 20 del siglo XX.
Ricardo Melgar Bao, (Lima, 1946) estuvo aquí por unos días. Antropólogo e historiador, es docente de la Universidad Autónoma de México. Habla acerca de los exilios.
–¿Eres un exilado cultural?
–Más bien como un descentrado cultural en el sentido que está cargado por el desarraigo, la distancia y ciertos desencuentros con el lugar de mi nacimiento y el Perú mismo.
–¿Cómo ves al Perú?
–Me cuesta trabajo reconocerlo, son 31 años de distancia. Han cambiado muchas cosas y varias no para bien. Siguen vigentes muchos temas en la agenda cultural, en la académica, intelectual y política.
–Entonces, ¿cómo hubieras querido encontrarlo?
–La sociedad peruana es multiétnica y multilingüe. Lo que resalta es la violencia interétnica y el monopolio de una política equivocada, frente a las otras lenguas que son excluidas de los espacios públicos y por lo tanto, desconocidas en las agendas culturales y políticas.
–¿Cuál es aporte de los escritores exilados?
–Quizás abrir ventanas comparativas desde América Latina o desde otros países más allá de América Latina, sobre las problemáticas más visibles el país. Quizás formular más interrogantes que respuestas.
–¿Tus trabajos están centrados en ese orden?
–En los últimos me avoqué a realizar el estudio de la relación del Perú y el Pacífico. Así como la historia de los exilios en el campo intelectual y político. Se trata de una frondosa historia que va desde los orígenes del Perú colonial y abarca prácticamente desde la colonia hasta el presente.
–¿Puedes hacer un resumen de ese trabajo?
–En el caso de los exilios, el exilio es constitutivo a la historia política del Perú, es intermitente. Hay un juego de discontinuidades que gravitan y pesan como plomo, en lo que es la historia intelectual del Perú, también en la historia política o quizás en ambas.
–¿Volverías para vivir en el Perú?
–A estas alturas de la vida, pienso que no. Soy un intelectual partido por la nostalgia y los nuevos arraigos en México.
–¿Qué te falta hacer ahora?
–Trabajar la historia y significado de los exilios intelectuales y políticos de nuestro país. Ahora trabajo con Francisco Amezcua, una edición crítica de los textos de Mariátegui publicados en 1928, que no corresponden exactamente con lo publicado en sus obras completas. Hay varias exclusiones y mutilaciones en las ediciones conocidas, será un libro editado antes que termine el 2008.
ARRIBA PETER LOPEZ DE ORIGEN SURQUILLANO
Peter desde Surquillo, te conocemos desde cuando eras niño, tu padre nos dio acogida en su academia de Tae Kon Do, viajamos a Arequipa a un campeonato. Lucho y Trilce mis hijos, también practicaron contigo el deporte que amas.
Un fuerte abrazo para el maestro Pedro Lopez, a tu mamá, y ti especialmente estamos pendiente de tus actuaciones.
Ya soy abuelo por Trilce y Lucho también va ser papa el siguio la carrera de Filosofia en estos momentos se encuentra de paseo por Argentina.
Te deseamos lo mejor, sabemos que vas a dar lo mejor de ti, por el Perú, que como sabes esta necesitado de triunfos. Sabemos de tu calidad, sabemos de tu profundo amor a los necesitados, sabemos de tu gran corazon, de tu gran amor a tus padres y tu amor al Peru, arriba Peru, arriba Peter Lopez.
Un saludo reverente al cinturon negro,
y un fuerte abrazo
Luis Anamaria
luismiguel1952@gmail.com
August 17, 2008 10:51 AM
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