lunes, 27 de marzo de 2017

RICARDO MELGAR BAO : HOMENAJE A HILDA TÍSOC LINDLEY

Mañana, a las seis de la tarde, se llevará a cabo un homenaje a Hilda Tísoc Lindley en Casa Museo «José Carlos Mariátegui» en la ciudad de Lima. Es organizado por la Asociación Cultural Latinoamericana «Pacarina del Sur».
 Creo que resulta relevante este acto de reconocimiento a Hilda por otra razón de fondo. Apelaré a una figura que aprendí de mis lecturas psicoanalíticas, la de la condensación, más allá de sus anclajes oníricos. La condensación tiene la facultad de configurar significados aglutinantes, comprometidos con algunas cadenas semánticas. Se asemeja al símbolo más que a la metáfora. A través del homenaje a Hilda, su condensación ritual, espejeará a muchas mujeres, las cuales por diversas razones y motivos dejaron el Perú y diseminaron sus «granitos de arena». Nos referimos a las transterradas que cumplieron dignamente sus quehaceres profesionales, artísticos, literarios o políticos en otras latitudes. Todas ellas supieron dejar huella y legado, también hermandades transfronterizas. Todas ellas deben ser recordadas en este singularizado reconocimiento a Hilda. Hilda es una y múltiple.
Cuatro décadas de transtierro en México no borraron ni su huella ni su imagen jovial entre algunos de quienes la conocieron: sus alumnas, sus colegas, sus amigos, sus compañeras feministas, sus afines en los terrenos sindicales o políticos cribados entre los años de 1968 y 1976 en la ciudad de Lima. Fue significativo que en fecha temprana como 1971 publicase su libro: «La agonía social de Flora Tristán y el movimiento feminista». Y lejos del Perú, fue también relevante que entre 1980 y 2015, escribiese varias semblanzas de mujeres peruanas que forman parte del «Diccionario biográfico del movimiento popular en el Perú: 1848-1960» el cual se encuentra en proceso de edición. En México realizó importantes entrevistas a figuras prominentes de la izquierda mexicana (Miguel Ángel Velasco, Juan de la Cabada, Rafael Carrillo, Dionisio Encinas, entre otros) o del exilio internacional: Leo Zukerman Mauss (alemán) y Jorge Turner (Panameño). Algunas otras, las realizó a hijas del exilio republicano español. La mayoría siguen siendo inéditas, pero llegará su tiempo de publicarlas.
No será un homenaje intelectual, sino muy humano a su condición de transterrada proba, a su modo ciudadano de existir, crítico y comprometido. Hilda nunca se adscribió como intelectual, decía que siendo muy propio el término, se había cargado de sentidos que le resultaban ajenos y no deseables: su presunta excepcionalidad, su proclividad meritocrática y su «seriedad», o lo que es lo mismo, el culto de la pose o la gestualidad doctoral. Hilda se enorgullecía de su ejercicio docente como profesora de literatura tanto en los colegios como en la universidad. Se reconocía como maestra, esa fue su identidad profesional y su gozo. Se reía o ironizaba por el modo en que muchos caímos en las telarañas de la galaxia universitaria y del Sistema Nacional de Investigadores del CONACyT. Nos quería ver posicionados de otro modo e insistía sobre ello. Razones de fondo la asistían. Nuestra siempre sonriente compañera, tenía alma de falcónida vigilante, guerrera y protectora. Su nido fue el mundo. Mañana los esperamos en Casa Museo Mariátegui: allí nos colmaremos de testimonios y envinaremos su simbólica presencia.

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