martes, 11 de julio de 2017

JOSE FELIX . EL MAESTRO CONSTRUCTOR DE UN NUEVO ORDEN

EL MAESTRO
CONSTRUCTOR DEL ORDEN NUEVO

“El Maestro peruano quiere ocupar su puesto
en la obra de reconstrucción social. No se conforma
con la supervivencia de una realidad caduca.
Se propone contribuir con su esfuerzo 
 a la creación de una realidad nueva”.
JCM-COC.T.14-52

La República conoce maestros que amaron la Pedagogía;  Maestros que comprendieron a cabalidad su responsabilidad social; Maestros que dedicaron sus energías físicas y su capacidad creadora para la transformación de sus postergadas comunidades; Maestros que bebieron la ciencia y la cultura para impulsar  el desarrollo de su pueblo; Maestros que sembraron con paciencia y dedicación, gérmenes de renovación en las nuevas generaciones; Maestros que han sabido promover conscientemente nuevos líderes para el país, estimulando las potencialidades de niños y jóvenes; maestros que han contribuido a elevar la conciencia del pueblo, luchando en las calles frontalmente contra los representantes de la clase dominante; maestros que utilizaron diversas tribunas para sustentar su oposición contestataria al régimen de turno mediante un Programa Reivindicativo; maestros que  moviéndose en escenarios dialécticos, se constituyeron en el motor de cambio social, por un Perú Integral.  A estos dignos maestros que han dejado huellas indelebles en el proceso histórico de nuestra patria, se suman los maestros de nuestro tiempo, siguiendo el Camino del Amauta.

En la segunda década del siglo anterior, José Antonio Encinas revolucionó en Puno anunciando que “…todo nuestro esfuerzo debe concentrarse a romper los viejos moldes de una escuela formalista, rutinaria, detenida en su evolución por un sinnúmero de prejuicios”.  Su rica experiencia la sistematizó en artículos y libros, siendo la obra preferida por los maestros, Un Ensayo de Escuela Nueva en el Perú, cuyas ideas centrales son: la Escuela Nueva (Escuela del Trabajo) es ajena a la disciplina coercitiva y a la enseñanza memorística; en la Escuela del Trabajo, los niños aprenden cosas útiles para la vida. Combina armónicamente el trabajo manual con el trabajo intelectual; la Escuela Nueva es activa y libre. En ella se da una relación efectiva entre el maestro y el educando; en la Escuela Nueva se cultiva la autodisciplina y se promueven excursiones como un medio de aprendizaje eficaz al aire libre; la Escuela Nueva, es una Escuela Social. El maestro Encinas, fue claro y contundente al precisar: “La clase es un laboratorio, un museo, un taller, donde se experimenta, se observa y se trabaja, ya no es el aula donde pontifica el maestro. Desaparece la tortura de las lecciones y de los exámenes, puesto que no hay enseñanza clasificada, sino utilizada. La mejor lección es un proyecto de trabajo, y el mejor examen, su ejecución”. Ideas sustantivas planteadas mucho tiempo después en el tratado moderno de la pedagogía como constructivismo, donde se valora la participación del educando en la construcción de su propio aprendizaje, siendo el profesor un  facilitador del mismo.

Siguiendo la orientación de la Escuela Nueva, José Carlos Mariátegui en su artículo ¨La enseñanza y la economía¨, a mediados de la década del 20 del siglo anterior, precisó: “El problema de la enseñanza no puede ser bien comprendido al no ser considerado como un problema económico y como un problema social. El error de muchos reformadores ha residido en su método abstractamente idealista, en su doctrina exclusivamente pedagógica. Sus proyectos han ignorado el íntimo engranaje que hay entre la economía y la enseñanza y han pretendido modificar ésta sin conocer las leyes de aquella. Por ende, no han acertado a reformar nada sino en la medida que las leyes económicas y sociales les ha consentido” (JCM-COC-T.14-32). Efectivamente, hasta nuestros días, los diferentes intentos por reformar el sistema educativo han fracasado y seguirán fracasando por ignorar el íntimo engranaje entre la economía y la enseñanza.

A lo largo de la historia del Perú Republicano, encontramos educadores e intelectuales que han sustentado en sus exposiciones la estrecha relación que existe entre la economía y la educación, comprendiendo que “la sociedad moderna tiende a ser, sobre todo, una sociedad de productores”. De allí que se esforzaron conscientemente para plantear propuestas orientadas a la renovación de la vieja escuela sostenida por la clase dominante.  Uno de los más altos exponentes de la época es el Amauta José C. Mariátegui, que propone la Escuela del Trabajo, afirmando que “…representa un sentido de trabajadores. El Estado capitalista se ha guardado de adoptarlo y actuarlo plenamente” (JCM-COC-T.14-37). Seguidamente el autor reafirma su planteamiento al preciar que “Un concepto moderno de la escuela coloca en la misma categoría el trabajo manual y el trabajo intelectual. (…) la Escuela del Trabajo es producto genuino, una concepción fundamental de una civilización creada por el trabajo y para el trabajo” (Ibíd. pag.38). Siguiendo esta línea, en el folleto “A dónde va el Perú”, el acucioso investigador Ramón García resalta que “La escuela nueva es la Escuela del Trabajo. JCM señalaba que “La sociedad lucha por organizarse como una sociedad de trabajadores, de productores. No puede por tanto, considerar el trabajo como una servidumbre. Tiene que exaltarlo y ennoblecerlo”; y declara enfáticamente que “El destino del hombre es la creación. Y el trabajo es creación, vale decir liberación. El hombre se realiza en su trabajo”, expresión que es el pensamiento-guía del Perú en su desarrollo cultural”.

A la clase dominante no le interesa en absoluto la renovación de la escuela, menos aún las grandes virtudes de la Escuela del Trabajo. ¿Por qué?. Porque va en contra de sus intereses y privilegios de casta. Por el contrario, a través de los diferentes gobiernos de turno que lo representan, estimula la desigualdad y la injusticia que rigen en el mundo de la economía y por ende en el sistema educativo. De allí que a los maestros del pueblo, el Estado lo condena “a una perenne estrechez pecuniaria. Les niega casi completamente todo medio de elevación económica o cultural y les cierra toda perspectiva de acceso a una categoría superior. De un lado, carecen los maestros de posibilidades de bienestar económico; de otro lado carecen de posibilidades de progreso científico” (ibíd. pag.48). Verdades que los maestros lo viven en el día a día. He ahí una razón poderosa que justifica sus luchas.

Según el análisis dialéctico, agudo y crítico de JCM, vigente en nuestro tiempo, para el pueblo no será posible encontrar una salida satisfactoria al problema de la enseñanza, al margen del problema económico  y del problema social. De allí que la Escuela del Trabajo, producto genuino y fundamental de una civilización creada por el trabajo y para el trabajo, vale decir la Escuela Nueva, tendrá cabida y florecerá en el Perú Nuevo, en el Perú Integral, como consecuencia de la lucha Programática del pueblo organizado hacia el cambio social.

A partir de estos planteamientos, en la década del 40, prolongándose hasta la década del 60 (siglo anterior), el maestro Germán Caro Ríos y su generación, cuestionando el sistema educativo tradicional, promovieron en las comunidades de Canta (hoy de Huaral), “La escuela de Estudio y Trabajo en Coeducación”. En sus inicios tenían que enfrentarse contra las directivas burocráticas de las autoridades educativas que persistían en una educación rutinaria. A pesar de las reiteradas acusaciones a los maestros por reunir en el aula a niñas y niños e ir contra las directivas oficiales, los dignos maestros respondieron, en lucha frontal, con argumentos sólidos y demoledores, respaldados por los nuevos planteamientos educativos que se venían aplicando en los países del mundo moderno.  Es así como lograron imponer el espíritu renovador en la escuela, ajeno al espíritu colonial y feudal.

Con el innovador planteamiento, el maestro Germán Caro Ríos y su generación, rompe los paradigmas de la educación tradicional en la actividad pedagógica.  En sus argumentos fue claro al precisar que “…la coeducación traería, además de los beneficios de la formación completa de la personalidad social de los educandos, positivos ahorros al Estado, en edificaciones y equipamiento de locales escolares y personal docente”. En efecto, las dos infraestructuras (Escuela de varones y de mujeres) se unían en una sola y cada maestro se dedicaba sólo a una sección.

Asimilando los planteamientos de Encinas y  Mariátegui, Caro Ríos pone en práctica las bases de la Escuela del Trabajo en el Perú, orientada a la formación integral del educando, teniendo como  propósito promover hombres nuevos de pensamiento y acción, calificados para analizar e interpretar la realidad, premisa fundamental para luchar con razón y ventaja por su transformación. Las características esenciales de esta escuela son: dar igual importancia al trabajo  y al estudio, estableciéndose “una relación de estricta dependencia entre el saber intelectual y el trabajo productivo”; estar convencidos de que todo conocimiento se desprende de la actividad práctica, preferentemente productiva; superar el divorcio entre el trabajo intelectual y el trabajo físico; capacitar y estimular a los educandos, física, moral e ideológicamente para desarrollar alguna actividad socialmente útil; fortalecer la personalidad del niño en el terreno real de vencer obstáculos desarrollando la colaboración y la solidaridad; promover el estudio-trabajo y trabajo-estudio, con tendencia a superar las diferencias entre los hombres por razones de educación, orientando a fortalecer la unidad de los pueblos; despertar el sentimiento de identidad, cambio y transformación de las formas de trabajo y de vida.

 Estas experiencias contestatarias, basadas en principios, son ejemplos a seguir. De allí que en la nueva generación de maestros está el deber y compromiso de emular la vida ejemplar de los insignes líderes de la Escuela del Trabajo vinculada a la Comunidad y que contribuyeron decididamente al progreso y prosperidad de las comunidades.

            Los maestros del Perú profundo, en la actualidad,  vienen enfrentando una lucha organizada contra la patronal, representada por el régimen de turno. Esta lucha está sustentada en un análisis crítico al sistema capitalista que ha impuesto su modelo económico neoliberal, aprobando la Constitución de 1993 a su medida. Todos los gobiernos de turno, sucesivamente han asestado duros golpes al magisterio nacional, recortando una serie de derechos conquistados en largas jornadas de lucha contenidas en la Ley del Profesorado 24029-25212. Para el efecto, bajo el pretexto de la meritocracia, han hecho uso y abuso a través de la Ley General de Educación y sus respectivas modificatorias, generando inestabilidad laboral y despido masivo de maestros. Así tenemos la Ley General de Educación  28044, en el régimen de Toledo; la Ley 29062, en el régimen de García; las Leyes 29944 y 30328, en el régimen de Humala; y, la Ley 30541 en el régimen de Kuczynski. Todas bajo una misma orientación: mediatizar al magisterio nacional. En ese sentido, para la clase dominante, la crisis de la educación radica en lo técnico pedagógico y por deducción lógica, la responsabilidad recae sobre los maestros. Por lo visto, en el árbol de problemas, sólo enfocan los efectos (en las ramas) más no las causas (en las raíces). En realidad el problema es profundo y de sistema educativo. Y si un sistema no responde a las necesidades del país, qué hacer? Sencillamente tiene que ser cambiado.

            El descontento del magisterio nacional, se va generalizando  en diversas regiones, a lo largo y ancho del país. Las bases sindicales regionales del SUTEP, debidamente registradas en el Ministerio de trabajo, anuncian el despertar del magisterio peruano. Un ejemplo digno de lucha lo está dando el SUTE Regional del Cusco que se mantiene en huelga levantando el Lema Primigenio del SUTEP “Por una línea sindical clasista” y que encabeza su plataforma de lucha de contenido reivindicativo. En esta lucha y como en toda lucha política puede distinguirse dos bandos inconfundibles. La oposición protestataria que sólo apunta a reformar el sistema y la oposición contestaría que apunta al cambio de sistema.

            Como se avizora una lucha de mayor envergadura, se ha constituido el Comité  Nacional de Lucha de las Bases del SUTEP para garantizar las acciones coordinadas orientadas a la conquista de los más nobles ideales del magisterio nacional, sustentado en los principios del sindicalismo clasista. “Y no hay por qué desconfiar del instinto de las mayorías. La masa sigue siempre a los espíritus creadores, realistas, seguros, heroicos. Los mejores prevaleces cuando saben ser verdaderamente los mejores” (JCM-COC-T.13-114).     Y ser mejores implica: interpretar correctamente los problemas de los maestros; sistematizar coherentemente los planteamientos en el Programa Reivindicativo;  dirigir con altura, honestidad y consecuencia las luchas del magisterio.
El Maestro, por las características de su labor, es un hombre calificado y de formación integral. Como profesional propiamente dicho, instruye; como profesor, enseña; como persona, estimula la preparación consciente de sus discípulos; como líder de la comunidad, orienta al pueblo por el camino del progreso y la prosperidad. He ahí su responsabilidad social e histórica como forjador del hombre nuevo, del hombre crítico y dinámico, del hombre de pensamiento y acción.  Bien decía el Dr. Augusto Cury en su mensaje de Maestro Fascinante, que “Los buenos maestros educan para una profesión, mientras que los maestros fascinantes educan para la vida”. En la escuela del trabajo, los maestros son fascinantes y educan para la vida.
El Maestro, con espíritu altruista, imaginativo y creador, es el llamado a fecundar las inquietudes del factor humano en la comunidad e irradiar luz de sabiduría en las aulas donde se forjan las nuevas generaciones. Esta labor tiene que realizarlo con emoción y mucha pasión, entregando lo mejor de su capacidad intelectual. En ese sentido, predicando con el ejemplo, implementará el trabajo en colectividad, a través de la colectividad y para la colectividad, haciéndose una norma en la vida comunal. He ahí al Maestro Líder de la Comunidad; al maestro que luchando también está enseñando; al maestro consecuente con sus principios; al maestro constructor del orden nuevo; al maestro luchador y motor del cambio social por un Perú nuevo en el mundo nuevo. Vale decir, por un Perú Integral.

            No es casual que el maestro José A. Encinas, plenamente convencido y valorando al maestro precisó que “….el cargo más alto que un ciudadano puede desempeñar en una democracia es el cargo de Maestro”. Tampoco es casual que el Amauta Mariátegui, evaluando el rol protagónico del maestro en el escenario educativo afirmara que De todas las victorias humanas les toca a los maestros, en  gran parte, el mérito. De todas las derrotas humanas les toca, en cambio, en gran parte la responsabilidad”. Así mismo, el maestro German Caro Ríos sintetizó la labor del maestro precisando que “El profesor es un trabajador de la enseñanza que labora con la materia prima más delicada y noble que es el niño. Su producción es la cultura que es la fuerza espiritual que impulsa el progreso de la patria”.  Ideas germinales y sustantivas que orientan el trabajo del maestro, mediante el estudio, la investigación, la organización y la lucha contestataria, levantando un Programa Reivindicativo y un Programa Prospectivo por un nuevo amanecer. He ahí al Maestro Constructor del Orden Nuevo.

José Félix Damián
Lima-Perú, 10 de Julio 2017


FUENTE:

1. Mariátegui, José Carlos. COC-T.14, Temas de Educación. Tercera edición, Lima 1975.
2. Mariátegui, José Carlos. COC-T.13.114, Ideología y Política. 14° edición, Lima 1981.
3. García Rodríguez, Ramón. A dónde va el Perú, ediciones Perú Integral, Lima 2001
4. Torres Andrade, Felipe. “Con Dignidad y Valentía: ¡¡Maestros a Lucha!! (III)- Mi Palabra, Lima 27
   JUN 2017.

5. Félix Damián, José. Escuela del Trabajo para el Resurgimiento del Perú, Lima 1995.

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