lunes, 18 de junio de 2018

Fwd: Centenario del Socialismo Peruano (1-5) ¿TODO TIEMPO PASADO FUE MEJOR? REIVINDICACIÓN DE JORGE MANRIQUE


---------- Mensaje enviado ----------
De: Colectivo Perú Integral <cperuintegral@gmail.com>
Fecha: 18 de junio de 2018, 07:13
Asunto: Centenario del Socialismo Peruano (1-5) ¿TODO TIEMPO PASADO FUE MEJOR? REIVINDICACIÓN DE JORGE MANRIQUE
Para:


Centenario del Socialismo Peruano (1-5)

 

¿TODO TIEMPO PASADO FUE MEJOR?

 

REIVINDICACIÓN DE JORGE MANRIQUE

 

         Desde que el pasadismo de la nostalgiosa literatura colonialista convirtió en un lema la frase "todo tiempo pasado fue mejor", me visita frecuentemente la idea de romper una lanza por la justa fama del poeta de las Coplas, pero no he sentido hasta ahora la urgencia de esa reivindicación -que me parece de la exclusiva competencia de la historiografía literaria- porque un rápido examen del asunto me conducía siempre a la conclusión de Jorge Manrique no resultaba realmente comprometido por dicho lema. El "todo tiempo pasado fue mejor" de los post-románticos, no era ya su verso, era un lugar común amamantado por todas las nostalgias, así prosaicas como poéticas. Era una frase propia del pasadismo. No por cierto una frase nueva sino una frase vieja -de otro modo carecería de título para presidir el vocabulario pasadista-, pero en ningún caso la misma de Jorge Manrique, un lugar común que está en una de sus coplas, sin exagerar y mucho menos condensar su poesía. Y que en esa copla tiene un subsidiario oficio dialéctico.

         Pero la crítica no se conforma con un lema anónimo. Y además se complace en suponer a cada cosa una genealogía preclara. Entre sus hábitos mentales se cuenta todavía el de no poder prescindir de la búsqueda del precursor. Y sí sucede que si el pasadismo, o tradicionalismo, no invoca ni reclama a Jorge Manrique, el juicio público le atribuye esa filiación.

         Nomenclatura apresurada, clasificación errónea, que sanciona sin embargo la cátedra. Luis Alberto Sánchez llama ya jorgemanriquismo a este tradicionalismo, al cuál él, Jorge Manrique, es absolutamente extraño.

         La necesidad de la rectificación deviene por tanto apremiante. Hoy no cabe duda de que la poesía española de Jorge Manrique está cubriendo un grueso contrabando de prosa criolla. Este contrabando primero le tomó un verso; ahora, el nombre.

         Es tiempo de protestar contra el capcioso conato, exonerando a Jorge Manrique de la responsabilidad que una posteridad memorista, aunque de mala memoria, más pegada siempre a la letra que al espíritu de los libros y de los autores, pretende echarle encima.

         Hay que comenzar por la cita cabal de la copla a la cual pertenece el calumniado verso:

 

Recuerde el alma dormida

Avive el seso y despierte

Contemplando

Cómo se pasa la vida,

Cómo se viene la muerte

Tan callando

Cuán presto se va el placer,

Cómo, después de acordado

Da dolor,

Cómo a nuestro parecer

Cualquiera tiempo pasado

Fue mejor.

 

         Caducidad de lo terreno, reza el epígrafe que Jorge Manrique puso a estos versos, escritos en memoria y alabanza de su padre, el maestre D. Rodrigo. Palabras que explicarían toda la filosofía de las coplas, si en estas mismas no estuviera clara y entera. Con acendrado pesimismo cristiano, el poeta nos previene contra la falacia de las ilusiones, lo mismo de hoy que de ayer. La frase "todo tiempo pasado fue mejor" no afirma nada. Está enteramente subordinada al verso anterior: "cómo a nuestro parecer". No tiene ninguna autonomía. Nada más artificioso, por consiguiente, que arrancarla del texto en el cual tiene una función negativa, para imponerle valor propio y calidad sustancial.

         Jorge Manrique, no era en su tiempo -tan lejano del nuestro- pasadista ni tradicionalista. Su filosofía era rigurosamente la de un místico medioeval. Era la filosofía de la España Católica que resistió al Renacimiento y la Reforma, y reafirmó intransigentemente su ortodoxia en la Contrarreforma. Filosofía que ignora la vanidad del presente como la vanidad del pasado, porque concibe la vida terrena como preparación para la vida eterna. Pesimismo integral y activo que renuncia a la Tierra, porque ambiciona el cielo. Ninguna nostalgia pesarosa puede alentar el que escribió estos versos:

 

Dellas deshace la edad,

dellas casos desastrados

que acaecen,

dellas, por su calidad,    

en los más altos estados

desfallecen.

Decidme: la hermosura

la gentil frescura y tez

de la cara,

la color y la blancura,     

cuando viene la vejez     

¿cuál se para?

Las mañas y ligereza,     

y la fuerza corporal

de juventud,

todo se torna graveza

cuando llega al arrabal

de senectud.

Pues la sangre de los godos,

el linaje y la nobleza

tan crecida,

¡por cuántas vías y modos

se pierde su gran alteza

en esta vida!

Unos por poco valer,

¡por cuán bajos y abatidos

que los tienen!

Y otros, por no tener,

con oficios no debidos,

se mantienen.

Los estados y riqueza,

que nos dejan a deshora

¿quién lo duda?

No les pidamos firmeza

pues que son de una señora

que se muda.

Que bienes son de fortuna,

que revuelve con su rueda

presurosa,

la cual no puede ser una

ni estar estable ni queda

en una cosa.

 

         La poesía de Jorge Manrique se enlaza por estos versos con esa mística que, como lo proclama Unamuno, es acaso la única genuina filosofía española. La única que vive porque vivió y, como escribe  también el maestro de Salamanca, "lo que ha vivido vivirá". Filosofía a la que no se puede sospechar de pasadismo, no sólo porque más que idea era acto, sino porque miraba a la inmortalidad. Actitud ambiciosa y futurista, porque ¿qué futurismo más absoluto que el de un místico, desdeñoso del presente y del pasado por amor de lo divino y de lo eterno?

         Jorge Manrique no es responsable sino de su poesía. No le imputemos ningún lema ajeno a su verdadero pensar. Releamos sus versos sin atenernos a especiosos fragmentos, ficticiamente recortados. Con su poesía tiene que ver la tradición, pero no los tradicionalistas. Porque la tradición es, contra lo que desean los tradicionalistas, viva y móvil. La crean los que la niegan, para renovarla y enriquecerla. La matan los que la quieren muerta y fija, prolongación del pasado en un presente sin fuerzas, para incorporar en ella su espíritu y para meter en ella su sangre.

José Carlos Mariátegui

18 de noviembre de 1927, COC. T.6-126-130

         Nota. Con este artículo de JCM, el C-PI inicia una serie de cinco entregas, conmemorando el Centenario del Socialismo Peruano.

 

COLECTIVO PERÚ INTEGRAL

18 de junio 2018



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