jueves, 5 de abril de 2012

Semana Santa con Vallejo. Sábado 7 de abril, Ágape en el Aula Capulí.

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From: dsanchezlihon@aol.com
Date: Thu, 5 Apr 2012 12:30:32 -0400 (EDT)
Subject: Semana Santa con Vallejo. Sábado 7 de abril, Ágape en el Aula Capulí.
To:
CAPULÍ, VALLEJO Y SU TIERRA
Construcción y forja de la utopía andina
2012, AÑO
DE LA DEFENSA DEL AGUA PARA LA VIDA Y
CONSTRUCCIÓN DE LOS ANDENES NUEVOS
ABRIL, MES DE LA PALABRA,
LA CREATIVIDAD LITERARIA E
INMORTALIDAD DE CÉSAR VALLEJO


PRÓXIMAS ACTIVIDADES
DE CAPULÍ, VALLEJO Y SU TIERRA:
SÁBADOS 7 PM. AULA CAPULÍ:
CONFERENCIAS Y SIMPOSIOS
SOBRE CULTURA ANDINA
SÁBADO 7 DE ABRIL 7 PM:
SEMANA SANTA
CON VALLEJO
PROGRAMA
CONFERENCIA
CARLOS CASTILLO MENDOZA
"LA RESURRECCIÓN
EN JESÚS Y VALLEJO"

HOMENAJE A
MARIANO QUEROL
SEMBLANZA
RAMÓN NORIEGA
CONFERENCIA MAGISTRAL
"VIDA, SALUD
Y ESPÍRITU"
MARIANO QUEROL
VIGILIA PASCUAL
Y CEREMONIA DEL FUEGO
POR SEMANA SANTA
FLORENCIA ROLDÁN
LIDIA VÁSQUEZ
BERTHA MORILLO
ASISTIR CON UNA VEL
PARA LA CEREMONIA DEL FUEGO



SÁBADO 14 DE ABRIL
HOMENAJE
A CÉSAR VALLEJO

CONFERENCIA
LUIS ANAMARÍA
"VALLEJO CRONISTA"

CONFERENCIA
MAGISTRAL
JULIO YOVERA
"LA UNIVERSALIDAD
DE CÉSAR VALLEJO"

AULA CAPULÍ
TACNA 118. MIRAFLORES
DEL 18 AL 20 DE MAYO, 2012
CAPULÍ 13,
VALLEJO Y SU TIERRA
PEREGRINACIÓN
A SANTIAGO DE CHUCO
TIERRA DE VALLEJO
FESTIVAL TRILCE
DE LA CANCIÓN, LA POESÍA
Y DANZA ANDINAS
PRIMERA NOCHE
ELEVACIÓN DE TRECE GLOBOS
EN EL CIELO NOCTURNO
DE SANTIAGO DE CHUCO
A CARGO DE LAS DELEGACIONES
VISITANTES Y POR LOS TRECE
AÑOS CUMPLIDOS DE CAPULÍ,
VALLEJO Y SU TIERRA
SEGUNDA NOCHE
QUEMA DE CASTILLO
DE LUCES ARTIFICIALES
DONACIÓN
DE ISABEL NARRO–LLANES
MADRINA DEL FESTIVAL TRILCE
DE LA CANCIÓN, POESÍA
Y DANZA ANDINA
Aula Capulí: Tacna 118, Miraflores.
Cuadra 3 de la Av. Angamos Este
Entre Av. Arequipa y Paseo de la República
Teléfonos Capulí:
420-3343, 420-3860
y 997-739-575
capulivallejoysutierra@gmail.com
dsanchezlihon@aol.com
CALENDARIO
DE EFEMÉRIDES
7 DE ABRIL
SEMANA
SANTA
CON VALLEJO
PLAN LECTOR,
PLIEGOS
DE LECTURA
ESTAMPAS
DEL MES
DE ABRIL
Danilo Sánchez Lihón


1. Abril
en Santiago de Chuco
En abril, en Santiago de Chuco, cesan las lluvias intensas de enero,
febrero y marzo.
Y se suspira de alivio porque han calmado las inclementes tempestades
y se despejan en retazos de azules y blancos los cielos anubarrados.
El sol luce esplendoroso en los tejados. Las vigas y los aleros de las
casas empiezan a crujir estirándose después de los largos meses de
somnolencia y de temblar acurrucados bajo los aguaceros.
Abril es el mes de la fecundidad, cuando sobre los campos aparecen
mantos de flores silvestres y todo renace como brote, planta o mies.
En abril, en Santiago de Chuco, se recogen frutos de las primeras
cosechas: choclos, chungares, habas verdes.

2. La tierra
madre
En el mes de abril murió César Vallejo, el poeta más hondo del género
humano de todas las latitudes y de todos los tiempos desde la
duración, hasta ahora, del planeta tierra.
O, si no, díganme entonces: ¿quién?
Por eso, comparo la muerte de César Vallejo en abril al acto de la
maduración que hace el labriego, el campesino y el peón, con quien él
se abrazó solidariamente en vida.
De inclinarse y consustanciarse a la tierra madre; para dejarse caer
como semilla y surgir como mies.
Peón con quien César Vallejo vuelve a abrazarse en el acto ineluctable
de su muerte y posterior resurrección.

3. Sin la obligación
de crecer
En Santiago de Chuco, camino a Urupamba, pasando por el Agua del Oro,
crecen unas flores infinitas, ora azuladas, ora amarillas, de una
belleza sin par, intensa por su luminosidad y ternura.
Es en el sitio que llamamos las Tierras Amarillas, que de niños
subimos corriendo y hasta gateando en nuestros juegos.
– Mira..., –dicen mis primas, cogiéndolas–. Éstas son más hermosas que
las rosas porque crecen entre las piedras.
Y ciertamente, nos conmueven. Además de su gratuidad, por ser verdad
al ser insospechadas.
Y sin la obligación de crecer, lejos de los jardines de las casas
presuntuosas y solariegas.

4. La bandera
del credo
Brotan silenciosas y ensimismadas entre los abrojos y el cascajo del
camino, sin ser vistas por jumentos y mulos que las pisan.
Y de más valor aún: en plena soledad, cara a lo eterno, a la luna o al
sol implacable.
Sin nadie que las riegue, afloran con una dulzura y delicadeza inexplicables.
Son flores que ni siquiera tienen nombre, que son masa, anónima y
hermanada en grandes anhelos.
Y "masa" es la bandera del credo que alentó a los hombres que lucharon
con intensidad de vida y muerte para legarnos la herencia que nos
engrandece y nos dignifica.
Y "masa" es la flor intrínseca de Evangelio Vallejo en su mensaje imperecedero.

5. Flores
que brotan
"Masa" es la flor que se riega por las laderas y los barrancos. Son
íntimas y a la vez son masa.
Masa es la bandera del ideario que alentó al contingente de hombres
que pasaron por aquí para unirse a los batallones de patriotas que
lucharon en la batalla de Huamachuco con intensidad de vida y muerte,
para legarnos la herencia que nos engrandece y nos dignifica.
Aquella referencia de las flores del camino que serpentean entre
peñas, espinas y cascajos, la evoco también en relación a esos hombres
que levantaron el estandarte de la patria, en su consagración al Perú.
Son esas flores que brotan frecuentemente del dolor y el sufrimiento.

6. Vasta
pléyade
Son las mismas que las sentimos, olemos y sabemos al leer a quien de
lo más acerbo y atroz de la aflicción y la pena hizo brotar una luz
primigenia, fresca y candorosa:
Ellas están en la poesía más honda, bella y trascendente que hayamos
podido conocer y principalmente sentir y vivir, como es la del autor
de "Los heraldos negros", "Trilce", "Los poemas humanos" y "España,
aparta de mí este cáliz".
Pero César Vallejo con ser un poeta grandioso, no es la única voz
poética de Santiago de Chuco, pueblo que cuenta con una vasta pléyade
de decimistas, aedas, repentistas y trovadores.
Incluso ligados a la vida rural y campestre desde tiempos remotos y de
quienes el autor de los Poemas humanos es un epígono.
Y son "masa" las flores del camino a Urupamba por el agua del Oro en
Santiago de Chuco.

7. Aureola que irradia
el adobe humilde
Para abril ya en los caminos, y de un momento a otro, el sol
explosiona en nuestros ojos y nos hace llevar el brazo cubriéndonos la
cara, habiendo antes contemplado despuntarse primero en la cresta de
los cerros y luego dorando las colinas y los árboles cercanos hasta
estallar, de un momento a otro en nuestro rostro, debajo de nuestros
pasos y en lo hondo de nuestros corazones.
Para abril el sol también hace nítidas las flores amarillas de las
cercas, las campanitas violáceas de las sequías. Y esas flores blancas
y pequeñas que llamamos "lágrimas de novia" que crecen en los muros de
las casas que amanecen cantarinas o llorosas.
En la mañana el brillo del sol es de oro en los adobes de tierra de
los contornos de los huertos y jardines.
Y es que cada brizna de hierba, cada paja trozada de las alturas, cada
minúsculo grumo de pedernal o de arenisca, unida a la arcilla,
producen ese efecto de aureola que irradia el adobe en la pared de la
casa humilde.

8. Hada
vivaz
Allí cruza su sombra el ufano zorzal quien triza con su reflejo los
rastrojos del muro.
Allí se alza el canto del huanchaco pecho colorado; el vuelo de la
queruquenga blanca y negra.
Bajo el sol se hace nítido el cerco de flores amarillas y las filas de
los árboles absortos.
Bajo el sol se reconocen, unidos al pie de su manto y su brillo
fulgurantes, los desfiladeros, los barrancos y las nieves
inmarcesibles.
Y para abril, también bajo el sol de la mañana, se abriga la lagartija
verde, madre de las tunas, hada vivaz de las pencas y diosa de las
grietas, agujeros y escondrijos.
Nosotros las cazamos haciéndolas entrar a un aro impertérrito hecho en
la punta de un tallo verde de trigo o cebada.
Pero luego las soltamos y corren agradecidas a refugiarse entre las hojas.

9. Un mecerse
acompasado
Pronto la neblina de la alborada se va destejiendo. Y llegan subiendo
desde la hondonada sus vellones blancos. Ya se desmaya por las paredes
y se deja caer por el suelo de las calles.
Semeja la pelusa de un durazno en flor. O el vello tierno en el cuello
de una niña recién nacida.
Es un blanco perla que se deslíe entre el verde fuerte de los sembríos
y el azul añil del cielo.
– ¡Ya está crecido el aviar! –le dice el hombre a la mujer mirando sus
campos florecidos.
– Para mayo será la recogida.
¡Es la tierra donde han brotado las espigas y mazorcas!
Hay un mecerse acompasado de tallo con tallo.
Y un susurro al rozarse de una hoja con la otra hoja, bajo el ulular del viento.

10. Cristalina
entre los abismos
Para abril ya todos los campos están sembrados con diversidad y
variedad de cultivos: Retazos de colores se esparcen por lomas y
planicies, por bajíos y altozanos, donde relumbran y hasta brillan el
blanco perla de la cebada, el esmeralda tropical de los maíces y el
amarillo bermejo del trigo.
Hacia aquel lado se extiende el anaranjado traslúcido de una chacra de
ollucos. Allá el morado y blanco de una parcela de habas, ya en flor.
Aquel cerco gualda es de mostazas y el otro escarlata es de plantas de
sugán.
Esto ocurre en el terreno de llanura o secano.
Pero mirando hacia arriba, hacia la cumbre de aquellos peñascos, casi
encima nuestro resplandece un retazo de verde translúcido, parejo e
intenso.
¡Es un sembrío de alverjas! ¡Qué alverjas! ¡Es una gota de pasión y
una lengua de luz entre los abrojos!

11. Dueño
de lo que es puro
He allí una fuente cristalina en vertical suspendida sobre los abismos.
Está en plena ladera. ¡Qué digo ladera! ¡En una pendiente escarpada!,
casi a plomada, entre rocas abruptas y alturas de miedo.
Es un pedazo de tierra sembrada que se distingue desde esta ventana, o
desde esta pared, o desde esta curva del camino.
Desde aquella cima fulgura el verdor del sembrío hacia la redondez de
toda la comarca.
Y allí florece. En lo alto de los farallones.
No sé cómo hará el hombre o la familia que lo cultiva para haber hecho
los surcos, para dejar caer la semilla, para hacer el deshierbe, el
aporque; o para regarle agua los días de estío.
Y después cómo se recogerá el fruto en sus vainas de jaspe sin caerse
al barranco.
Porque, ¿quién puede subir allí y permanecer sujeto en ese precipicio?

12. La tierra
ofrece sus dones
¿Quién puede hacer un remiendo de verde al borde de un peñasco? ¿Y
sembrar entre las zarzas silvestres de un risco?
¡Sólo ustedes, padres míos, campesinos de mi aldea! ¡Forjadores de la
altura, la transparencia y el vértigo!
Talladores de lo que es límpido, puro y absoluto; ¡dueños impenitentes
del coraje y del valor, hombres "masa"!
Donde mujer y marido llevan envuelto al hijo tierno y le hacen su cuna
en esas alturas.
La cuna de un recién nacido en algún recodo delgado del ventarrón que
sabe lo que no debe arrastrar a las hondas cañadas por donde brama.
Porque la tierra ofrece sus dones, pero el valor del hombre agrega a
su inmensidad el heroísmo del construir cotidiano.
Y así como del piído de la avecilla insurge el pasmo de la creación;
del sueño, del brazo y el pundonor de los hombres masa florecen los
campos cada día.
Texto que puede ser reproducido
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