miércoles, 8 de febrero de 2012

Eduardo Ibarra : Nuestro mayor problema histórico Parte I


Nuestro Mayor Problema Histórico
                      
(Primera Parte)
 
 
La cuestión nacional en el Perú comprende no sólo el problema de la tierra, sino también el problema de nuestra dualidad histórica. ¿Cuándo apareció esta dualidad? ¿Qué aspectos comprende? ¿Qué relación guarda con el problema primario del Perú? ¿Por qué no ha sido resuelta hasta hoy? ¿Cuál es su solución?
 

I

 
Mariátegui señaló que "Hasta la Conquista se desenvolvió en el Perú una economía que brotaba espontánea y libremente del suelo y la gente peruanos" (1). Hay que señalar que, hasta la Conquista , se desenvolvieron, también, en el Perú, una política y una cultura que brotaban igualmente del proceso autónomo de la población originaria. La Conquista aparece, por tanto, como una solución de continuidad del Tahuantinsuyo, tanto en el plano de la economía, como en los planos de la política y de la cultura. Desarticulada la civilización incaica, España impuso una economía, una política y una cultura feudales. A esto se sumó el hecho de que la Conquista significó asimismo un conflicto entre la raza blanca vencedora y la raza indígena vencida. La Conquista aparece, pues, como el punto de partida de nuestra dualidad. Por eso Mariátegui sostuvo que esta dualidad "nace... del pecado de la Conquista. Del pecado original trasmitido a la República, de querer constituir una sociedad y una economía peruana "sin el indio y contra el indio" (2). Por todo esto, es pertinente señalar que el feudalismo impuesto por España dio inicio a la vía colonial que caracteriza hasta hoy nuestro proceso histórico.
 
La economía que impusieron los españoles en el Perú combinaba la explotación del suelo y la explotación de las minas de oro y plata. En la explotación del suelo, impusieron relaciones feudales, pero, tal cual anotó Mariátegui, "como para el trabajo de las haciendas de la costa se recurrió a la importación de esclavos negros, a los elementos y características de una sociedad feudal se mezclaron elementos y características de una sociedad esclavista" (3). La explotación de las minas determinó que las bases económicas de la Colonia se establecieran en la sierra, aunque su centro político-administrativo estuviera en Lima. Esta situación fue rectificada en la República con la explotación del guano y del salitre. Desde entonces el centro económico y el centro político-administrativo del país empezaron a coincidir en la costa. Por eso Mariátegui puntualizó que la explotación del guano y del salitre "Fortalecieron el poder de la costa. Estimularon la sedimentación del Perú nuevo en la tierra baja. Y acentuaron el dualismo y el conflicto que hasta ahora constituyen nuestro mayor problema histórico" (4). Por eso, mantuvo, además, que "la dualidad de la historia y del alma peruanas, en nuestra época, se precisa así como un conflicto entre la forma histórica que se elabora en la costa y el sentimiento indígena que sobrevive en la sierra hondamente enraizado en la naturaleza" (5).
 
"En el período dominado y caracterizado por el comercio del guano y del salitre -observó Mariátegui- el proceso de la transformación de nuestra economía, de feudal en burguesa, recibió su primera enérgica propulsión" (6). Esta primera propulsión dio curso, pues, al desarrollo del capitalismo prevalentemente en la costa, mientras el colectivismo indígena aún permanece en la sierra despojado de su autonomía al encontrarse reducido al papel de apéndice del latifundio; como consecuencia de esto, el gamonalismo aparece sustentado en un sistema de latifundio-comunidad. Es necesario, sin embargo, precisar el destino histórico de ambos polos de este sistema, pues la comunidad es potencialmente célula económica del Estado socialista. El socialismo deberá cancelar el latifundio, pero, al mismo tiempo, deberá recrear la comunidad.                                                 
 
En el plano político, puede decirse que la política peruana se presenta, aún ahora, como burguesa en la costa y semifeudal en la sierra (aunque la semifeudalidad no exista ya ni con la extensión ni con los contornos de antes). La causa originaria de esto reside en el hecho de que la Independencia fue actuada por una burguesía inorgánica, "confundida y enlazada en su origen y estructura con la aristocracia, formada principalmente por los encomenderos y terratenientes de la colonia, pero obligados por su función a adoptar los principios fundamentales de la economía y la política liberales" (7). En ciento ochenta años de gestión, la burguesía peruana no ha sabido superar esta limitación consustancial a su origen. Y esta limitación no podía menos de traer aparejada una doble política. El gamonalismo es, al fin y al cabo, una expresión de este dualismo. Por eso Mariátegui señaló que "El centralismo se apoya en el caciquismo y el gamonalismo regionales" (8). Por eso agregó que "El gamonalismo dentro de la república central y unitaria, es el aliado y el agente de la capital en las regiones y en las provincias" (9). Y por eso mantuvo también que "El Estado no controla sino una parte de la población. Sobre la población indígena su autoridad pesa por intermedio y al arbitrio de la feudalidad o el gamonalismo" (10). Esta situación, desde luego, ha cambiado mucho, pero no ha sido cabalmente liquidada.
 
En el plano de la cultura, con la Conquista , primero, y con la Colonia , después, se instaló asimismo en nuestra sociedad un conflicto entre la cultura feudal y la cultura indígena. España impuso en el Perú la jerarquía feudal, el catolicismo, la Inquisición , la Contrarreforma -espíritu reaccionario, método jesuítico, casuismo escolástico- entre otras formas culturales. No obstante, debido a una serie de factores, la cultura indígena, si bien fue desarticulada, en cambio no pudieron ser destruidos, sobreviviendo hasta hoy -aunque en una situación de evidente precariedad- sus elementos más esenciales, como las lenguas y el espíritu colectivista por ejemplo. Este conflicto, por lo demás, ha ido resolviéndose, desde la Colonia misma, en la fusión de elementos de la tradición cultural indígena y elementos de las tradiciones culturales española y republicana (11).
 
Un elemento nada desdeñable de este aspecto cultural de nuestra dualidad es el factor étnico (12). Al desprecio del blanco español por el indio en la Colonia le siguió el desprecio del criollo por el indio en la República. Por eso Mariátegui señaló que "Los elementos feudales o burgueses, en nuestros países, sienten por los indios, como por los negros y mulatos, el mismo desprecio que los imperialistas blancos. El sentimiento racial actúa en esta clase dominante en un sentido absolutamente favorable a la penetración imperialista. Entre el señor o el burgués criollo y sus peones de color, no hay nada de común. La solidaridad de clase, se suma a la solidaridad de raza o de prejuicio, para hacer de las burguesías nacionales instrumentos dóciles del imperialismo yanqui o británico. Y este sentimiento se extiende a gran parte de las clases medias, que imitan a la aristocracia y a la burguesía en el desdén por la plebe de color, aunque su propio mestizaje sea demasiado evidente" (13).
 
El racismo de las clases explotadoras con respecto a las razas de color se complica, pues, con el racismo entre estas últimas. Por eso Mariátegui sostuvo que "La raza negra, importada a la América Latina por los colonizadores para aumentar su poder sobre la raza indígena americana, llenó pasivamente su función colonialista. Explotada ella misma duramente, reforzó la opresión de la raza indígena por los conquistadores españoles. Un mayor grado de mezcla, de familiaridad y de convivencia con éstos en las ciudades coloniales, la convirtió en auxiliar del dominio blanco, pese a cualquier ráfaga de humor turbulento y levantisco. El negro o mulato, en sus servicios de artesano o doméstico, compuso la plebe de que dispuso siempre más o menos incondicionalmente la casta feudal. La industria, la fábrica, el sindicato, redimen al negro de esta domesticidad. Borrando entre los proletarios la frontera de la raza, la conciencia de clase eleva moral, históricamente, al negro. El sindicato significa la ruptura definitiva de los hábitos serviles que mantienen, en cambio, en él la condición de artesano o criado" (14).
       
Y aun puntualizó Mariátegui que "Del prejuicio de la inferioridad de la raza indígena, empieza a pasarse al extremo opuesto: el de que la creación de una nueva cultura americana será esencialmente obra de las fuerzas raciales autóctonas. Suscribir esta tesis es caer en el más ingenuo y absurdo misticismo. Al racismo de los que desprecian al indio, porque creen en la superioridad absoluta y permanente de la raza blanca, sería insensato y peligroso oponer el racismo de los que superestiman al indio, con fe mesiánica en su misión como raza en el renacimiento americano" (15).
 
En suma, si en la Conquista y en la Colonia la dualidad aparecía como un conflicto entre el feudalismo colonial y el colectivismo indígena, entre el español y el indio, entre el castellano y el quechua, entre la costa y la sierra, entre la cultura feudal y la cultura indígena; en la República aparece como un conflicto entre el capitalismo y el feudalismo, entre el criollo y el indio, entre el castellano y el quechua, entre la costa y la sierra, entre la ciudad y el campo, entre el individualismo burgués y el colectivismo indígena.
 
Nuestra dualidad histórica está aparejada al problema de la tierra. Si la revolución de la Independencia hubiese liquidado el feudalismo, el Perú hubiese podido ser una nación. Pero la Independencia fue una revolución anticolonial mas no antifeudal. Y, malgrado su retórica liberal, la República ha sido incapaz de resolver el problema de la tierra (la solución de nuestra dualidad histórica depende en principio de la solución de este problema).
 
 
Notas:
 
[1]  7 Ensayos, p.13.
[2]  T.11, p.65. Elipsis nuestra. Algunos autores toman la dualidad sostenida por Mariátegui como exclusivamente cultural, pero esto es erróneo. En realidad el concepto mariateguiano de "dualidad histórica" tiene una triple dimensión: económica, política y cultural, tal como quedará claro en lo que sigue del presente artículo.
[3]  7 Ensayos, p.15.
[4]  Ibidem, p.23.
[5]  T.11, p.65.
[6]  7 Ensayos, p.23.
[7]  Ibidem, p.22.
[8]  Ibidem, p.195.
[9]  Ibidem, p.202.
[10] T.11, p.90.
[11] En los 7 Ensayos y en otros escritos, Mariátegui examinó distintos aspectos de esta fusión, cuyo proceso no ha concluido ni mucho menos. Desde luego, otros autores han contribuido también al esclarecimiento de este proceso, y, entre ellos, José María Arguedas, especialmente en los ensayos El complejo cultural en el Perú y La sierra en el proceso de la cultura peruana, incluidos en la recopilación Formación de una cultura nacional indoamericana, editada en 1975 por Siglo XXI, pp.1-8 y 9-27. 
[12] En la actualidad, el término étnico implica generalmente lo racial y lo cultural al mismo tiempo, pero, a fin de evitar confusiones, en el presente artículo lo utilizamos con el mismo significado que tiene en las citas de Mariátegui sobre el tema: como sinónimo del término racial.
[13] T.13, p.27.
[14] Ibidem, pp.27-28.
[15] Ibidem, p.30.
 
 
15.12.00.
 
Eduardo Ibarra
__._,_.___
Actividad reciente:
.

__,_._,___


No hay comentarios.:

Publicar un comentario

PLANETA PERU

PlanetaPeru: buscador del Perú

Seguidores

Archivo del Blog