martes, 22 de marzo de 2016

EDUARDO GONZALES VIAÑA ( DIARIO UNO 20 DE MARZO DEL 2016)

Desde el comienzo de esta campaña, afirmé que no había 19 candidatos sino dos posiciones y que las mismas estaban representadas por dos candidatas, la hija de Fujimori, de un lado y del otro la representante cusqueña Verónika Mendoza, por el Frente Amplio.
En confirmación de lo dicho y ya en la recta final, solo quedan en la escena cuatro personas, las dos damas antes nombradas y los señores Kuczynski y Barnechea, a quienes por su facilidad de mimetismo con todos los gobiernos, el pueblo ha comenzado a llamar los comodines.
Ambos se parecen mucho físicamente. Los dos fueron en juventud lo que en el Perú se llama “un gringo pobre con aires de cholo con plata”, y por fin, uno y otro adulaban a presidentes y congresistas, o sea hacían política cuando las damas todavía no habían nacido.
Algunos los llaman malaguas, pero creo que eso es algo peyorativo.
En el caso del señor Kuczynski, fue ministro de Belaunde y de Toledo y, por fin, el 2011 al quedar tras la señora Fujimori, le ofreció su adhesión, le pidió un ministerio y, en un mitin a su lado, proclamó que el dictador preso había sido uno de los mejores presidentes del Perú y le debíamos gratitud eterna.
En cuanto al señor Barnechea, luego de abandonar la universidad, fue un fervoroso militante velasquista en el diario ¨Correo¨ para luego convertirse en disciplinado aprista. En el 83, fue candidato alanista a la alcaldía de Lima, pero una falla de cálculo publicitario lo hizo quedar entre los últimos. El buen Barnechea se hizo organizar una boda principesca con carrozas y lacayos cuando se hallaba en plena campaña. Obviamente, Barrantes Lingán lo barrió del mapa.
Diputado aprista el 85, no le fue difícil cambiar de tienda y se pasó al Fredemo de Vargas Llosa que hacía la oposición al gobierno de García. Tal vez, en vista de que el fujimorismo no le dio acogida es, en nuestros días, candidato de Acción Popular, un vientre de alquiler que por razones de edad ya solamente produce leche rancia, algo así como ser candidato del Partido Civilista, la Unión Revolucionaria de Luis Flores o el partido del Mariscal Cáceres.
Toledo y García ya no tienen posibilidad alguna. Más bien, en las redes sociales ha corrido en los últimos días el rumor de que el señor García habría sufrido un ataque de nervios y habría exigido que lo dejen renunciar a la candidatura. Eso sería lamentable para la democracia.
En estas condiciones, el próximo abril, el Perú tendrá que elegir entre dos opciones: La primera, es la señora Fujimori que representa el modelo neoliberal que su padre instauró al precio de sangrientos genocidios y latrocinios que ascienden a más de dos mil millones de dólares. La elección de esta dama implicaría además la libertad del dictador, el indulto para su banda y su regreso a Palacio de Gobierno.
Ese modelo tiene como biblia la “constitución”del rapaz nipón y su evangelio consiste en despojar al Estado y vender las empresas del país al postor que mayor coima produzca. Y en cuanto a la clase trabajadora, dejarla con contratos ¨flexibles¨que hagan fácil el despido, perpetuar un salario mínimo de hambre y convertir la jubilación en un triste sombrero de mendigo. Eso es lo que hizo Fujimori, lo que su hija promete a los empresarios y lo que Toledo, García y Humala han perpetuado.
Desdichadamente, los “comodines” o malaguas Kuczynski y Barnechea harían exactamente lo mismo. Aparte de ello, su profesión de lobbystas los hará convertir la corrupción en un aceptable modelo de gobierno.
Solamente Verónika, y la gente del Frente Amplio, han planteado lo que más importa, o sea acentuar un rol directivo del Estado en economía, fiscalizar las grandes corporaciones, hacer eficaces los sistemas de pensiones y salud pública, defender el medio ambiente, y respetar los derechos humanos.

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