miércoles, 30 de marzo de 2016

RICARDO MELGAR ; COMENTARIO SOBRE EL "PROGRESISMO"

Se ha puesto de moda entre mis afines y colegas una noción ideológica que me resulta de mal gusto, equívoca y deprimente: «progresismo», un ismo al vapor, un ismo disfraz. Le siguen sus derivados: progresista, progre... , gobierno progresista, progresismo latinoamericano, progresismo andino. Un término que reproduce una añeja y gastada concepción lineal de la historia. Sus raíces nos remiten a la fraseología, los ideales y los programas burgueses, cribados entre el iluminismo del siglo XVIII, el positivismo del siglo XIX y el socialismo «civilizador». En la actualidad, nos toca vivir una nueva fase de despolitización de las academias, la cual coexiste con los compromisos light de quienes gustan ser invitados por los gobiernos progres...Hedonismo progre con retórica lábil y a la baja, lamentablemente afectado por los desplomes y recambios electorales hacia la derecha. El google mágico: reporta para la noche de hoy: 528,000 entradas en castellano para el término progresismo.
En nuestro continente, los de mi generación y las precedentes, tuvimos que lidiar con los señuelos de la Alianza para el Progreso y su impacto «progre» en el terreno intelectual y artístico: la galería Cultura y Libertad, las revistas Aportes ( sociología) y Mundo Nuevo (literatura). Progres panamericanistas y de derecha abundaban por doquier. Progres que ofrecían progreso con crecimiento y despegue tipo Walth Whitman Rostow. Progres que ofrecían desarrollo de la comunidad con Mirdal.
Frente a esta moda insulsa, defiendo la adscripción del término izquierda. Su horizonte de sentido permite cierta pluralidad, independientemente de algunos malentendidos acerca de sus fronteras. A pesar de ello, la izquierda, la asumo. Los cultores del denominado progresismo latinoamericano han sido seducidos por el lenguaje ajeno. Decía el maestro Freud -que no se sentía de izquierda ni "progre"- un aserto sin desperdicio: «quién comienza cediendo en las palabras, termina claudicando en los hechos.» Reflexionemos acerca del valor político de las reformas sociales y gubernamentales. Llamemos a las cosas y orientaciones por sus nombres, sin rubores, sin sentimientos de culpa. Reformismo o Gobierno reformista no son en estos tiempos, mentadas de madre ideológicas. Muchas reformas son necesarias, positivas y viables cuando saben atender las urgencias o carencias de nuestros pueblos. Otras, me saben a más de lo mismo. Nuestra América necesita reformadores y reformas, más que «progres».

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