miércoles, 26 de octubre de 2016

Fwd: Entrevista a Diana Johnstone “Hillary Clinton es el principal motivo de preocupación”


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De: Giovanni Mitrovic <giovannimitrovic@gmail.com>
Fecha: 26 de octubre de 2016, 7:20
Asunto: Entrevista a Diana Johnstone "Hillary Clinton es el principal motivo de preocupación"
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Entrevista a Diana Johnstone
"Hillary Clinton es el principal motivo de preocupación"

Ángel Ferrero
La Marea

La autora del libro "Hillary, la reina del caos" destaca el belicismo
de la candidata a primera presidenta de EE.UU. Johnstone también
analiza sus conexiones con Wall Street.


Diana Johnstone es quizá una de las comentaristas de la política
europea y estadounidense más reputadas en la izquierda. Colaboradora,
entre otros, de Counterpunch, Johnstone, que se hizo conocida en
Europa por sus críticas a la política occidental durante las guerras
en los Balcanes, acaba de sacar un libro sobre Hillary Clinton
titulado La reina del caos.
[Nota: esta entrevista proviene de abril de 2016, cuando no habían
concluido las elecciones internas del partido Demócrata. Sin embargo,
las opiniones vertidas por Diana Johnstone conservan su importancia
para entender quién es Hillary Clinton.]

Los medios estadounidenses han centrado su atención estas primarias en
Donald Trump. Pero en su opinión, Hillary Clinton también debería ser
motivo de preocupación. La ha descrito como 'la reina del caos'. ¿Por
qué?

Trump consigue titulares porque es una novedad, un showman que dice
cosas chocantes. Es visto como un intruso en un espectáculo electoral
diseñado para transformar a Clinton en la "primera mujer presidenta de
América". ¿Por qué la llamo "reina del caos"? En primer lugar, por
Libia. Hillary Cinton fue en gran medida responsable de la guerra que
hundió a Libia en el caos, un caos que se extiende hacia el resto de
África e incluso Europa. Ha defendido más guerra al Oriente Medio.

Mi opinión no es que Hillary Clinton "también debería" ser motivo de
preocupación. Ella es el principal motivo de preocupación. Clinton
promete apoyar más a Israel contra los palestinos. Está totalmente
comprometida con la alianza de facto entre Arabia Saudí e Israel que
tiene como objetivo derrocar a Assad, fragmentar Siria y destruir la
alianza chií entre Irán, Assad y Hezbolá. Esto aumenta el riesgo de
confrontación militar con Rusia y Oriente Medio. Al mismo tiempo,
Hillary Clinton defiende una política beligerante hacia Rusia en su
frontera con Ucrania. Los medios de comunicación de masas en Occidente
se niegan a darse que cuenta que muchos observadores serios, como por
ejemplo John Pilger y Ralph Nader, temen que Hillary Clinton nos
conduzca, sin advertirlo, a la Tercera Guerra Mundial.

Trump no se ajusta a ese molde. Con sus comentarios groseros, Trump se
desvía radicalmente del patrón de lugares comunes que oímos de los
políticos estadounidenses. Pero los medios de comunicación
establecidos han sido lentos en reconocer que el pueblo estadounidense
está completamente cansado de políticos que se ajustan al patrón. Ese
patrón está personificado por Hillary Clinton. Los medios de
comunicación europeos han presentado en su mayoría a Hillary Clinton
como la alternativa sensata y moderada al bárbaro de Trump. Sin
embargo, Trump, el "bárbaro", está a favor de reconstruir la
infraestructura del país en vez de gastar el dinero en guerras en el
extranjero. Es un empresario, no un ideólogo.

Trump ha afirmado claramente su intención de poner fin a la peligrosa
demonización de Putin para desarrollar relaciones comerciales con
Rusia, lo que sería positivo para Estados Unidos, para Europa y para
la paz mundial. Extrañamente, antes de decidir presentarse como
republicano, para consternación de los líderes del Partido
Republicano, Trump era conocido como demócrata, y estaba a favor de
políticas sociales relativamente progresistas, a la izquierda de los
actuales republicanos o incluso Hillary Clinton.

Trump es impredecible. Su reciente discurso en AIPAC, el principal
lobby pro-israelí, fue excesivamente hostil hacia Irán, y en 2011 cayó
en la propaganda que condujo a la guerra contra Libia, incluso si
ahora, retrospectivamente, la critica. Es un lobo solitario y nadie
sabe quiénes son sus asesores políticos, pero hay esperanza de que
arroje fuera de la política a los neoconservadores e intervencionistas
liberales que han dominado la política exterior estadounidense los
últimos quince años.

Los asesores de Clinton destacan su experiencia, en particular como
secretaria de Estado. Muchos se ha escrito sobre esta experiencia y no
siempre de manera positiva. ¿Cuál fue su papel en Libia, Siria o
Honduras?

Hay dos cosas que decir sobre la famosa experiencia de Hillary
Clinton. La primera es observar que su experiencia no es el motivo de
su candidatura, sino, más bien, la candidatura es el motivo de su
experiencia. En otras palabras, Hillary no es candidata debido a que
su maravillosa experiencia haya inspirado a la gente a escogerla como
aspirante a la presidencia. Es más correcto decir que ha acumulado ese
currículo justamente para cualificarse como presidente.

Durante unos veinte años, la máquina clintonita que domina el Partido
Demócrata ha planeado que Hillary se convierta en "la primera mujer
presidenta de EEUU" y su carrera se ha diseñado con ese fin: primero
senadora de Nueva York, después secretaria de Estado.

Lo segundo concierne al contenido y la calidad de esa famosa
experiencia. Se ha empecinado en demostrar que es dura, que tiene
potencial para ser presidenta. En el Senado votó a favor de la guerra
de Irak. Desarrolló una relación muy cercana con el intervencionista
más agresivo de sus colegas, el senador republicano por Arizona John
McCain. Se unió a los chovinistas religiosos republicanos para apoyar
medidas como hacer que quemar la bandera estadounidense fuese un
crimen federal. Como secretaria de Estado, trabajó con
"neoconservadores" y esencialmente adoptó una política neoconservadora
utilizando el poder de Estados Unidos para rediseñar el mundo.

Respecto a Honduras, su primera importante tarea como secretaria de
Estado fue proporcionar cobertura diplomática para el golpe militar de
derechas que derrocó al presidente Manuel Zelaya. Desde entonces
Honduras se ha convertido en la capital con más asesinatos del mundo.
En cuanto a Libia, persuadió al presidente Obama para derrocar el
régimen de Gaddafi utilizando la doctrina de "responsabilidad para
proteger" (R2P) como pretexto, basándose en falsas informaciones.
Bloqueó activamente los esfuerzos de gobiernos latinoamericanos y
africanos para mediar, e incluso previno los esfuerzos de la
inteligencia militar estadounidense para negociar un compromiso que
permitiese a Gaddafi ceder el poder pacíficamente.

Continuó esa misma línea agresiva con Siria, presionando al presidente
Obama para que incrementase el apoyo a los rebeldes anti-Assad e
incluso para imponer una "zona de exclusión aérea" basada en el modelo
libio, arriesgándose a una guerra con Rusia. Si se examina
atentamente, su "experiencia" más que cualificarla para el puesto de
presidente, la descalifica.

Como secretaria de Estado, Clinton anunció en 2012 un "pivote" a Asia
oriental en la política exterior estadounidense. ¿Qué tipo de política
podríamos esperar de Clinton hacia China?

Básicamente este "pivote" significa un desplazamiento del poder
militar estadounidense, en particular naval, desde Europa y Oriente
medio al Pacífico occidental. Supuestamente, porque debido a su
creciente poder económico China ha de ser una "amenaza" potencial en
términos militares. El "pivote" implica la creación de alianzas
antichinas entre otros Estados de la región, lo que con toda
probablidad incrementará las tensiones, y rodeando a China con una
política militar agresiva se la empuja efectivamente a una carrera
armamentística. Hillary Clinton apuesta por esta política y si llegase
a la presidencia la intensificaría.

Clinton dijo en 2008 que Vladímir Putin no "tiene alma". Robert Kagan
y otros "intervencionistas liberales" que jugaron un papel destacado
en la crisis en Ucrania la apoyan. ¿Su política hacia Rusia sería de
una mayor confrontación que la del resto de candidatos?

Su política sería claramente de una mayor confrontación hacia Rusia
que las de Donald Trump. El contrincante republicano de Trump, Ted
Cruz, es un fanático evangélico de extrema derecha que sería tan malo
como Clinton, o quizá peor. Comparte la misma creencia semirreligiosa
de Clinton en el rol "excepcional" de Estados Unidos para modelar el
mundo a su imagen. Por otra parte, Bernie Sanders se opuso a la guerra
de Iraq. No ha hablado demasiado de política internacional, pero su
carácter razonable sugiere que sería más juicioso que cualquiera de
los demás.

Los asesores de Clinton tratan de destacar su intento de reformar el
sistema sanitario estadounidense. ¿Fue ese intento de reforma
realmente un avance y tan importante como dicen que fue?

En enero de 1993, pocos días después de asumir la presidencia, Bill
Clinton mostró su intención de promocionar la carrera política de su
esposa nombrándola presidenta de una comisión especial para la reforma
del sistema nacional de sanidad. El objetivo era llevar a cabo un plan
de cobertura sanitaria basado en lo que se denominó "competitividad
gestionada" entre compañías privadas. El director de esa comisión, Ira
Magaziner, un asesor muy próximo a Clinton, fue quien diseñó el plan.
El papel de Hillary era vender políticamente el plan, especialmente al
Congreso. Y en eso fracasó por completo. El "plan Clinton", de unas
1.342 páginas, fue considerado demasiado complicado de entender y a
mediados de 1994 perdió prácticamente todo el apoyo político.
Finalmente se extinguió en el Congreso.

Respondiendo a la pregunta, el plan básicamente no era suyo, sino de
Ira Magaziner. Como había de depender de las aseguradoras privadas,
orientadas al beneficio, como ocurre con el Obama Care, ciertamente no
era un avance, como sí que lo es el sistema universal que defiende
Bernie Sanders.

La campaña de Clinton ha recibido notoriamente dinero de varios hedge
funds. ¿Cómo cree que podría determinar su política económica si
consigue llegar a la presidencia?

Cuando los Clinton abandonaron la Casa Blanca en enero de 2001,
Hillary Clinton lamentó estar "no sólo sin banca, sino en deuda". Eso
cambió muy pronto. Hablando figuradamente, los Clintons se trasladaron
de la Casa Blanca a Wall Street, de la presidencia al mundo de las
finanzas. Los banqueros de Wall Street compraron una segunda mansión
para los Clinton en el Estado de Nueva York (que se sumó a la que
tienen en Washington DC) prestándoles primero el dinero y luego
pagándoles millones de dólares por ofrecer conferencias.

Sus amistades en el sector bancario les permitieron crear una
fundación familiar ahora valorada en dos mil millones de dólares. Los
fondos de la campaña proceden de fondos de inversión amigos que
colaboran de buen grado. Su hija, Chelsea, trabajó para un fondo de
inversión antes de casarse con Marc Mezvinsky, quien creó su propio
fondo de inversión después de trabajar para Goldman Sachs.

En pocas palabras, los Clinton se sumergieron por completo en el mundo
de las finanzas, que se convirtió en parte de su familia. Es difícil
imaginar que Hillary se mostrase tan desagradecida como para llevar a
cabo políticas contrarias a los intereses de su familia adoptiva.

Se dice que la política de identidad es otro de los pilares de su
campaña. Quienes apoyan a Clinton afirman que votándola se romperá el
techo de cristal y que por primera vez en la historia una mujer
entrará en la Casa Blanca. Desde varios medios has protestado contra
esta interpretación.

Una razón fundamental para que se diese la alianza de Wall Street con
los Clinton es que los autoproclamados "nuevos demócratas" encabezados
por Bill Clinton lograron cambiar la ideología del Partido Demócrata
de la igualdad social a la igualdad de oportunidades. En vez de luchar
por las políticas tradicionales del New Deal que tenían como objetivo
incrementar los estándares de vida de la mayoría, los Clinton luchan
por los derechos de las mujeres y las minorías a "tener éxito"
individualmente, a "romper techos de cristal", avanzar en sus carreras
y enriquecerse. Esta "política de la identidad" quebró la solidaridad
de la clase trabajadora haciendo que la gente se centrase en la
identidad étnica, racial o sexual. Es una forma de política del
"divide y vencerás".

Hillary Clinton busca persuadir a las mujeres de que su ambición es la
de todas ellas, y que votándola están votando por ellas mismas y su
éxito futuro. Este argumento parece funcionar mejor entre las mujeres
de su generación, que se identificaron con Hillary y simpatizaron con
el apoyo leal a su marido, a pesar de sus flirteos. Sin embargo, la
mayoría de las jóvenes estadounidenses no se han dejado llevar por
este argumento y buscan motivos más sólidos a la hora de votar. Las
mujeres deberían trabajar juntas por las causas de las mujeres, como
el mismo salario por el mismo trabajo, o la disponibilidad de centros
infantiles para las mujeres trabajadoras. Pero Hillary es una persona,
no una causa. No hay ninguna prueba de que las mujeres en general se
hayan beneficiado en el pasado de tener a una reina o una presidenta.
Es más, aunque la elección de Barack Obama hizo felices a los
afroamericanos por motivos simbólicos, la situación de la población
afroamericana ha ido empeorando.

Mujeres jóvenes, como Tulsi Gabbard o Rosario Dawson, consideran que
poner fin a un régimen de guerras y cambios de régimen y proporcionar
a todo el mundo una buena educación y sanidad son criterios mucho más
significativos a la hora de escoger un candidato.

¿Por qué las minorías siguen apoyando a Clinton en vez de a Sanders?

Está cambiando. Hillary Clinton ganó el voto negro en las primarias
demócratas en los Estados del sur profundo. Fue a comienzos de la
campaña, antes de que Bernie fuese conocido. En el sur profundo,
muchos afroamericanos estaban desencantados porque muchos de ellos
estaban en prisión o habían estado en prisión, y la mayoría de
votantes son mujeres mayores que asisten regularmente a la iglesia,
donde escuchan a los predicadores pro-Clinton, no lo que se dice en
Internet.

En el norte las cosas son diferentes, y el mensaje de Sanders está
consiguiendo extenderse. Lo apoyan la mayor parte de intelectuales
afroamericanos y de afromericanos del mundo del entretenimiento. Ésta
es la primera elección presidencial donde Internet juega un papel
clave. Especialmente la gente joven, que no confía en los medios de
comunicación establecidos. Es suficiente leer los comentarios de los
lectores estadounidenses en Internet para darse cuenta de que Hillary
Clinton está considerada ampliamente como una mentirosa, una
hipócrita, una belicista y un instrumento de Wall Street.

¿Cómo ves la campaña de Bernie Sanders? Es visto como la esperanza de
la izquierda, pero tras la presidencia de Obama también hay cierto
escepticismo. Algunos comentaristas han señalado su apoyo a
intervenciones militares estadounidenses en el pasado.

A diferencia de Obama, quien prometió un "cambio" vago, Bernie Sanders
es muy concreto a la hora de hablar de los cambios que se tienen que
hacer en política doméstica. E insiste en que él solo no puede
hacerlo. Su insistencia en que se precisa una revolución política para
conseguir sus metas está realmente inspirando el movimiento de masas
que necesitaría. Es lo suficientemente experimentado y tozudo como
para evitar que el partido le secuestre, como ocurrió con Obama.

En cuanto a la política exterior, Sanders se opuso firmemente y de
manera razonada a la guerra de 2003 en Irak, pero como la mayor parte
de la izquierda, se dejó llevar por los argumentos en favor de las
"guerras humanitarias", como la desastrosa destrucción de Libia.

Pero este tipo de desastres han comenzado a educar a la gente, y puede
que hayan servido de lección al propio Sanders. La gente puede
aprender. Puede oír, entre quienes le apoyan, a antibelicistas como la
congresista Tulsi Gabbard de Hawai, que presentó su dimisión en el
Comité Nacional Demócrata para apoyar a Sanders. Hay una contradicción
obvia entre el gasto militar y el programa de Sanders para reconstruir
EEUU. Sanders ofrece una mayor esperanza porque viene con un
movimiento nuevo, joven y entusiasta, mientras que Hillary viene con
el complejo militar-industrial y Trump viene consigo mismo.

Actualmente vive en Francia. ¿Cómo ve la situación en el país? ¿Qué
explica el ascenso del Frente Nacional, en paralelo a otras fuerzas de
la nueva derecha (o nacional-conservadoras)?

Los partidos establecidos siguen las mismas políticas impopulares en
Europa y en EEUU y eso, naturalmente, lleva a la gente a buscar algo
diferente. El control local de los servicios sociales se sacrifica a
la necesidad de "atraer inversores", en otras palabras, a dar al
capital financiero la libertad de modelar sociedades dependiendo de
sus opciones de inversión. La excusa es que, atrayendo inversores, se
crearán empleos, pero esto no ocurre. Puesto que la clave de estas
políticas es romper las barreras nacionales para permitir al capital
financiero ganar acceso, es normal que la gente acuda a los llamados
partidos "nacionalistas" que aseguran querer restaurar la soberanía
nacional. Como en Europa sobreviven los fantasmas del nazismo,
"soberanía nacional" se confunde con "nacionalismo", y "nacionalismo"
se equipara con guerra. Estas suposiciones hacen que el debate en la
izquierda sea imposible y termine favoreciendo a los partidos de
derecha, que no sufren de este odio al Estado nacional.

En vez de actuar con horror a la derecha, la izquierda necesita ver
las cuestiones que afectan realmente a la gente con claridad.

En el pasado ha criticado a la izquierda (o a una parte considerable
de ella) por apoyar las llamadas "intervenciones humanitarias". ¿Qué
opina de la 'nueva izquierda' o 'nueva nueva izquierda' en países como
Grecia o España?

La propaganda neoliberal dominante justifica la intervención militar
por motivos humanitarios, para "proteger" a la gente de "dictadores".
Esta propaganda ha tenido mucho éxito, especialmente en la izquierda,
donde con frecuencia se acepta como una versión contemporánea del
"internacionalismo" de la vieja izquierda, cuando en realidad es todo
lo opuesto: no se trata de las Brigadas Internacionales y su
idealismo, combatiendo por una causa progresista, sino del Ejército
estadounidense bombardeando países en nombre de alguna minoría que
puede acabar demostrándose como un grupo mafioso o terroristas
islámicos.

Honestamente, creo que este libro es una aportación a la crítica de la
política intervencionista liberal, y lamento que no esté disponible en
español, aunque hay ediciones en inglés, francés, italiano, portugués,
alemán y sueco.

Fuente: http://www.lamarea.com/2016/04/10/84394/


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