domingo, 17 de abril de 2016

Fwd: 16 de abril. Vive José Carlos Mariátegui. La vida como creación heroica. / José María Arguedas: Vallejo es el principio y el fin.


---------- Mensaje reenviado ----------
De: <dsanchezlihon@aol.com>
Fecha: 16 de abril de 2016, 23:05
Asunto: 16 de abril. Vive José Carlos Mariátegui. La vida como creación heroica. / José María Arguedas: Vallejo es el principio y el fin.
Para:


 
 
 
 
 
 
 
CAPULÍ, VALLEJO Y SU TIERRA
Construcción y forja de la utopía andina
 
2016 AÑO
CONSTRUCCIÓN DE CONCIENCIA
Y CONCRECIÓN DE SOLUCIONES
 
MARZO, MES DEL AGUA, DE LA MUJER,
LA POESÍA, EL TEATRO Y EL NACIMIENTO
DEL POETA UNIVERSAL CÉSAR VALLEJO
 
CAPULÍ ES
PODER CHUCO
 
SANTIAGO DE CHUCO
CAPITAL DE LA POESÍA
Y LA CONCIENCIA SOCIAL
 
*****
 
VALLEJO ES
EL PRINCIPIO
Y EL FIN
Quizá conmigo
empieza a cerrarse un ciclo
y a abrirse otro en el Perú... se cierra
el de la calandria consoladora, del azote,
del arrieraje, del odio impotente, de los fúnebres
"alzamientos", del temor a Dios y del predominio
de ese Dios y sus protegidos, sus fabricantes;
se abre el de la luz y de la fuerza liberadora
invencible del hombre de Vietnam, el
de la calandria de fuego, el de Dios
liberador, aquel que se reintegra.
Vallejo es el principio y el fin.
JOSÉ MARÍA ARGUEDAS
 
*****
 
16 DE ABRIL
 
 
VIVE
JOSÉ CARLOS
MARIÁTEGUI
 
 
FOLIOS
DE LA
UTOPÍA
 
 
LA VIDA
COMO CREACIÓN
HEROICA
 
Danilo Sánchez Lihón
 
ida
tiene instinto
de flecha.
José Carlos Mariátegui
 
1. Adhesión
total
 
Cuenta Ciro Alegría que estando en Huamachuco formaron un círculo literario con varios jóvenes aficionados a las letras en donde leían y comentaban libros y artículos de los escritores contemporáneos, hacían semblanzas y referencias de ellos, así como daban a conocer sus creaciones propias.
Relata que uno de los autores que más los inspiraba y fortalecía era José Carlos Mariátegui al cual admiraban y seguían fervorosamente como a un adalid, de quien estaban pendientes y leían todo lo que salía de su pluma.
A quien reconocían como un guía y su adalid, siendo unánimes en reconocerlo como la personalidad intelectual más poderosa, delectando palabra por palabra y frase por frase suya en los textos que llegaban en periódicos y revistas, devorando todo lo que escribía.
Lo sentían como el punto de apoyo para sostenerse en la vida. Clave fundamental para lo que sentían, pensaban e imaginaban en cuanto a transformar el Perú y el mundo. Voz cantante, sonante e irrefutable para hacer el cambio y la revolución social que el Perú y América Latina necesitaban que alcance a ser una jubilosa realidad.
 
2. Se echaron
a llorar
 
Tal era la admiración que encargaron a una integrante del grupo para que viajara a Lima portando una carta de saludo y declarándole su adhesión, su respaldo e identificación plena y  total.
En esa carta le manifestaban que estaban listos a atender cualquier llamado suyo como militantes de la causa del pueblo que él defendía, para marchar juntos a construir la gesta de patria hermosa con justicia y libertad que todos anhelamos, instaurando el orden socialista con el cual soñaba dicha generación.
Sea el poeta que se era, fuera el narrador que se fuera, se tratara de este o el otro hombre de ideas, con Mariátegui sentían que tenían a un portaestandarte para todas las proezas y empeños que había que realizar.
Cuando esa amiga regresó y les contó que aquel coloso que imaginaban como la figura de un gigante rozagante y pletórico, como la de un hombre granítico, inexpugnable y victorioso, y que sin embargo era un inválido postrado en una silla de ruedas, sin una pierna que habían amputado a la altura del muslo, cuenta que todos se echaron a llorar.
 
3. Portando
la bandera
 
Era un llanto en donde se mezclaba la tristeza con la cólera, el quebranto con el coraje; pero más la acrecentada admiración. Mucho más que antes, vasta e inconmensurable como la cordillera de los andes que contemplaban al frente aquella tarde honda y anubarrada.
¿Cómo era posible que ese hombre cuyos amigos y personas que lo rodeaban tenían que alzarlo en vilo como a una criatura para subirlo a un coche o al escenario de una conferencia fuera aquel a quien ellos habían imaginado invencible?
¡Y que marchaba adelante portando la bandera, denodado e invicto, arengando a las masas enfebrecidas! Y que fuera el que ella describía, como un hombre arropado con unas mantas, tras las cuales casi desaparecía por lo enjuto y esmirriado, condenado a estar recostado aunque lúcido, esclarecido y fulgurante
¡Pero lo que no se explicaban y les resultaba extraño es cómo nadie había querido informar de esa lamentable postración! Y concluyeron que era por el inmenso respeto y devoción que él suscitaba
 
4. Amigo
y apóstol
 
Otro testimonio de la marca indeleble que insufló José Carlos Mariátegui es la vida y muerte de José María Arguedas quien, como lo confesó él mismo todos sus latidos estuvieron dedicados y consagrados al Perú.
La tarde del día 28 de noviembre de 1969, en que se disparó los dos balazos que le cegaron la vida, había llamado a su amigo Alfredo Torero para entregarle las cartas de despedida que había escrito, luego de tomar la decisión ineluctable de su suicidio en la Universidad Nacional Agraria.
Alfredo Torero relata que presentía que esas cartas eran de adiós porque le pesaban tanto que inclinaban y quebraban su cuerpo, pero no podía comentar con él lo que era su suposición, ni mucho menos abrir las cartas y leerlas para correr a salvar la vida de su entrañable amigo y apóstol del Perú irredento.
Habiendo demorado unos momentos en otra oficina haciendo un trámite, al acercarse para abordar su automóvil encontró prendida en la plumilla del vehículo una nota de José María en donde le pedía por favor que volviera urgentemente a su oficina.
 
5. Una
roca
 
Volvió Alfredo presuroso, con la esperanza de que hubiera algún cambio en relación al asunto que él temía; quizá solicitándole la correspondencia que le había encargado que entregara a su esposa y a varios otros amigos.
Pero no se trataba de eso, sino que lo había llamado por última vez para preguntarle lo siguiente:
– ¡Alfredo! –Le dijo con el corazón en la mano– ¿Tú crees que entre los estudiantes surgirá algún día un José Carlos Mariátegui?
Alfredo, reponiéndose de la sorpresa, y mirándose ambos a los ojos, sabiendo que José María estaba poniendo en orden sus últimos pensamientos y emociones y que requería una roca en qué apoyarse le respondió convencido:
– Yo estoy convencido que sí, José María.
Vio entonces cómo ese hombre abatido que en breves minutos iba a descerrajarse dos tiros de revólver en la cabeza, se erguía luminoso.
 
6. Un rayo
fulgurante
 
Cuenta Alfredo Torero que los últimos minutos de la vida de José María no fueron aciagos, solo por pensar que se levantaría de entre nosotros algún día un José Carlos Mariátegui. De cómo alzó los hombros y sonrió confiado, seguro y ya lleno de esperanzas.
Por la respuesta de Alfredo Torero sabemos entonces que José María Arguedas murió en paz, optimista y tranquilo. Y con la convicción total y plena de que el Perú iba a encontrar el destino promisorio y halagüeño que por lo mucho que hemos sufrido el destino nos debe a todos los peruanos.
Con esa honda satisfacción murió el autor de Todas las sangres, pensando que un nuevo Mariátegui se elevaría entre nosotros. ¿No cabe entonces que cada uno lo sea en determinada manera? ¿No cabe que cada uno de nosotros ayudemos a que surja de entre los jóvenes?
Y es que la vida de José Carlos, en quien el Perú sería el tema central e insoslayable de su existencia, es vida fecunda y heroica.
Quien vivió pese a su invalidez como un rayo fulgurante. Y apasionadamente, pese a ser corporalmente endeble e indefenso.
 
7. Sincero
y límpido
 
Porque nació en la escasez y pobreza, y su vida siempre fue de sacrificio y de estricto cumplimiento del deber, sea como hijo, padre, hombre y  ciudadano.
Cuenta por ejemplo su hija mayor Gloria, y se conmueve ahora al recordar este hecho, cómo su padre estando en su lecho de muerte le extendió el sobre con el dinero de la pensión de ese mes, que tenía que darle. Y él nunca falló, incluso el día de su agonía.
Por eso su vida es una espada blandiéndose pero impoluta, en el aire; es un cometa iluminando en el cielo oscurecido. Apasionado, sincero y límpido.
Vivió en al arte, en la política, en las ideas, haciendo periodismo pero sin contaminarse nunca de bajezas, ardiendo e incendiando.
A quien la carencia económica lo obligó a trabajar siempre para proveer de sustento a su familia.
Y nunca pudo dar descanso a su pluma porque muchos dependían de ella para saber hallar el camino a sus vidas.
 
8. La vida
de un mártir
 
Pero también para alentar la causa a la que tenía comprometido sus ideales.
Pese a que los médicos le recomendaban descanso y reposo nunca lo tuvo, hecho que terminó minando su salud y acortándole sus días.
Vivió enfermo y acosado, perseguido por las dictaduras de turno. Y por la incomprensión incluso de políticos jóvenes que parecían alentar ideas de renovación.
Apresado varias veces fue despojado de sus bienes, y en alguna ocasión golpeado salvajemente por un grupo de militares.
Pero su vida es generosa y desprovista de prejuicios y dogmatismos. Es la vida de un mártir.
Discreto en sus asuntos personales, aunque sufrió mucho, pero su temperamento era no hablar de sus males ni problemas.
Ni mucho menos de sus dolencias, sino al contrario, de la construcción de la justicia social para los desposeídos que es la deuda que el Perú tiene con lo mejor de sí mismo.
 
 
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