jueves, 3 de julio de 2008

APUNTES SOBRE EL SOCIALISMO PERUANO

Año del 87 Aniversario de la Creación Heroica de José Carlos Mariátegui

(1921-2008)


Algunos Apuntes Sobre el Socialismo Peruano


En una circunstancia en que, en el contexto de la necesidad de demarcar netamente los campos entre marxismo y oportunismo, hay quienes utilizan los términos Socialismo y Socialismo Peruano en un sentido que lleva al conciliacionismo con el oportunismo, es absolutamente necesario dilucidar la cuestión a fin de revelar el fondo de semejante actitud.



I

Como puede constatarse, en la literatura mariateguiana el término Socialismo aparece con distintos significados según el contexto verbal y el contexto de situación en que es utilizado, así como, por razones obvias, el término Socialismo Peruano aparece con un significado invariable. Pongamos, pues, algunos ejemplos que confirman este aserto.

En la conferencia La crisis mundial y el proletariado peruano, Mariátegui señaló que “una parte del socialismo se ha afirmado en su orientación social-democrá tica, colaboracionista; la otra parte ha seguido una orientación anti-colaboracionis ta, revolucionaria. Y esta parte del socialismo es la que, para diferenciarse netamente de la primera, ha adoptado el nombre de comunismo”. Evidentemente, en esta afirmación el término socialismo aparece, en primera instancia, en su significado más amplio, más elástico, más dilatado, es decir, designando tanto al bando reformista como al bando revolucionario del proletariado, pero después, en el marco de la diferencia entre el marxismo y el oportunismo, aparece implícitamente designando al segundo.


En el editorial Aniversario y balance, Mariátegui señaló que “En Europa, la degeneración parlamentaria y reformista del socialismo ha impuesto, después de la guerra, designaciones específicas. En los pueblos donde ese fenómeno no se ha producido, porque el socialismo aparece recién en su proceso histórico, la vieja y grande palabra conserva intacta su grandeza. La guardará también en la historia, mañana, cuando las necesidades contingentes y convencionales de demarcación que hoy distinguen prácticas y métodos, hayan desaparecido” . Evidentemente, en esta afirmación el término socialismo aparece explícitamente como sinónimo de reformismo, pero, referido al contexto de aquellos países donde la degeneración parlamentaria y reformista del socialismo no se ha producido, aparece conservando intacta su grandeza, es decir, conservando inmaculado su núcleo de significación, o sea, como intercambiable con el término comunismo.



En el artículo La juventud española contra Primo de Rivera, Mariátegui, refiriéndose a Marañón, señaló que “En el hombre de ciencia y de cátedra, de espíritu liberal y humanista, que concede sin reservas al partido socialista de su patria, con un certificado de salud, un testimonio de simpatía y confianza, y que predica como un ideal de su tiempo la eugenesia, la palabra comunismo puede suscitar supersticiosas aprensiones, aunque la práctica del único estado comunista del mundo -la U.R.S.S.- le enseñe que no existe entre los dos términos más conflicto que el originado por el cisma entre reformistas y revolucionarios y por la necesidad práctica eventual de distinguir estos dos campos con dos rótulos diversos”. Evidentemente, en esta afirmación el término socialismo aparece, primero, como intercambiable con el término comunismo y, después, en el marco del conflicto originado por el cisma entre reformistas y revolucionarios, como sinónimo de reformismo.


De manera pues que, en la medida en que el Perú de los años 1920 no se había producido la degeneración parlamentaria y reformista del socialismo porque éste recién empezaba su proceso histórico (1) y por cuanto el proyecto de Mariátegui comprendía la fundación legal del partido (2), en el Acta de Constitución del PSP aparece esta expresiva puntualizació n: “DE ACUERDO A LAS CONDICIONES CONCRETAS ACTUALES DEL PERÚ, el Comité concurrirá a la constitución de un Partido Socialista, basado en las masas obreras y campesinas organizadas” (La organización del proletariado, p.196. Mayúsculas mías).


Esta puntualizació n fue, pues, la conclusión lógica, necesaria, natural, a la que arribó Mariátegui a partir de su toma de posición ante la escisión del movimiento obrero europeo y del análisis concreto de la situación concreta del Perú de su tiempo. En esta situación concreta, el término Socialismo aparecía, por tanto, como sinónimo del término Comunismo, así como el término Socialismo Peruano aparecía como intercambiable con el término Comunismo Peruano (3).



Y, sin embargo, EN EL PERÚ DE HOY Y EN EL MARCO DE LA NECESIDAD DE DIFERENCIAR NETAMENTE LOS CAMPOS CON EL OPORTUNISMO, García y sus repetidores utilizan el término socialismo en su significado más elástico, más dilatado, más general y, así, mezclan oportunismo con marxismo, revisionismo con marxismo, reformismo con revolucionarismo. Y, por cuanto el problema del nombre del Partido, tal como se presenta en la actualidad, está inscrito PRECISAMENTE DENTRO EL MARCO DE AQUELLA NECESIDAD DE NETA DIFERENCIACIÓ N, PUEDE ENTENDERSE ENTONCES CUÁL ES EL SIGNIFICADO DE LA PROPUESTA DE UN PARTIDO SOCIALISTA.



Ese significado se constata, por ejemplo, en la campaña que desde hace más de veinte años lleva a cabo la facción de García con el propósito de borrar toda neta demarcación con el oportunismo en general y el revisionismo en particular. En una charla ofrecida en la segunda mitad de 1985, el mencionado proponía la unificación del PCP-Bandera Roja, el PCP-Patria Roja, el PCP-Sendero Luminoso y su propia facción, por supuesto (notas tomadas por García-Zapatero) (4), aunque, como siempre, sin hacer nada práctico por plasmar en hechos su propuesta. Por otro lado, en un artículo anónimo titulado Homenaje a Moisés Arroyo Posadas en el 89 aniversario de su nacimiento, publicado en Centenario, 1995, página 11, se dice que la vida del mencionado personaje “es una lección contundente de firmeza en sus convicciones socialistas” y “ejemplo de su profunda fe socialista que orientaba todos sus pensamientos y acciones” (5). Además, el anónimo autor cita un par de párrafos de un artículo de García, titulado Moisés Arroyo Posadas, publicado en el Boletín Extraordinario Vertiente, año 4, nº1, 4.9.91., en los que, entre otras cosas, se dice que el citado personaje “a los 40 años, en singular defensa, había demolido la torpe acusación de ‘populista’, lanzada contra JCM”, y “a los 60 años exponía en el mundo entero las ideas del socialismo peruano”. Ciertamente, durante un determinado tiempo, Arroyo Posadas cumplió un papel positivo en las filas del Partido y, en una faceta muy concreta de su producción literaria, siguió cumpliendo un papel de la misma índole a lo largo de su vida (6). Pero, sin duda alguna, es igualmente cierto que tuvo especial responsabilidad en la política derechista que durante décadas caracterizó la acción del Partido Comunista, y que, “a los 60 años”, es decir, en 1966, o sea en el contexto de la polémica entre marxismo y revisionismo, hacía ya un tiempo que había tomado partido por el segundo, y que, congruente con ello, se había mantenido en el grupo de revisionistas criollos expulsados del Partido en 1964. Pero tanto el anónimo autor como García silencian estos hechos, y, muy sueltos de cuerpo, dicen, como se ha visto, que la vida de Arroyo Posadas “es una lección contundente de firmeza en sus convicciones socialistas” y “ejemplo de su profunda fe socialista que orientaba todos sus pensamientos y acciones”, y que “a los 40 años, en singular defensa”, el mencionado personaje “había demolido la torpe acusación de ‘populista’ lanzada contra JCM” y “a los 60 años”, es decir, en 1966, “exponía en el mundo entero las ideas del socialismo peruano” (7). Desde luego, este silenciamiento prueba de un modo irrebatible que, tanto el artículo anónimo como el firmado por García (8), están animados por el mismo propósito de borrar toda neta demarcación entre marxismo y oportunismo, entre marxismo y revisionismo. Este es el fondo de la concepción del Socialismo en general y del Socialismo Peruano en particular que tienen los aludidos autores, concepción que, sin duda, REVELA EL FONDO DE SU PROPUESTA DE UN PARTIDO SOCIALISTA.



Evidentemente, esa actitud de elogiar a toda costa a un representante del revisionismo criollo está en abierta oposición a la actitud de Mariátegui. En el artículo Jaurés y la Tercera República, el maestro dio ejemplo de la actitud correcta que debe tener el proletariado revolucionario con respecto a ciertos representantes del oportunismo socialista que se destacan por alguna faceta de su actividad. Ahí pueden leerse estos penetrantes juicios: “Creía Jaurés que los socialistas no debían excluir de su programa la colaboración con un ministerio de la izquierda burguesa. Mas, desde que la Segunda Internacional, en su congreso de Ámsterdam, rechazó esta tesis sostenida por varios líderes socialistas, Jaurés acató disciplinadamente este voto”. “Jaurés dirigió las más brillantes batallas parlamentarias del socialismo francés. Contra su parlamentarismo, contra su democratismo, insurgieron los teóricos y los agitadores de la extrema izquierda proletaria. George Sorel y los sindicalistas denunciaron esta praxis como una deformación del espíritu revolucionario del marxismo”. “Los líderes socialistas tenían que proponer a las masas un programa de acción inmediata y concreta, como único medio de encuadrarlas y educarlas dentro del socialismo. Muchos de estos líderes perdieron en este trabajo toda energía revolucionaria. La praxis sofocó en ellos la teoría. Pero a Jaurés no es posible confundirlo con estos revolucionarios domesticados. Una personalidad tan fuerte como la suya no podía dejarse corromper ni enervar por el ambiente democrático. Jaurés fue reformista como el socialismo de su tiempo, pero dio siempre a su obra reformista una meta revolucionaria” . “Al servicio de la revolución puso su inteligencia profunda, su rica cultura y su indomable voluntad. Su vida fue una vida dada íntegramente a la causa de los humildes. El libro, el periódico, el parlamento, el mitin, todas las tribunas del pensamiento fueron usadas por Jaurés en su larga carrera de agitador”. “El tribuno del socialismo francés… era un idealista, pero no un utopista. Los motivos de su idealismo estaban en su educación, en su temperamento, en su psicología. No se avenía con su mentalidad un socialismo esquemática y secamente materialista. De allí, en parte, sus contrastes con los marxistas. De allí su adhesión honrada y sincera a la idea de la democracia”. “El asesinato de Jaurés cerró un capítulo de la historia del socialismo francés. El socialismo democrático y parlamentario perdió entonces a su gran líder. La guerra y la crisis post-bélica vinieron más tarde a invalidar y a desacreditar el método parlamentario. Toda una época, toda una fase del socialismo, concluyó con Jaurés” (La escena contemporánea, pp.128, 129, 130 y 131. Subrayados en el original. La elipsis es mía). Como se ve, Mariátegui reveló la contradictoria personalidad de Jaurés, su concepción, sus métodos y su práctica, y, así, puso en juego su propia posición de clase y demostró su singular capacidad teórica, es decir, dio una prueba de su visión objetiva, materialista, multilateral, dialéctica. Pero el artículo anónimo y el firmado por García revelan, por el contrario, una visión subjetiva, unilateral, tendenciosa, chata, y, además, el nada edificante propósito de encubrir al revisionismo.



II



Si bien es cierto que tácticamente es posible actuar lado a lado con el oportunismo, no es posible confundirse con él en el marco de un mismo partido que pretende ser la vanguardia del proletariado, y que, por esto, se propone la toma del poder. En la conferencia La crisis mundial y el proletariado peruano, Mariátegui señaló que “las fuerzas proletarias europeas se hallan divididas en dos grandes bandos: reformistas y revolucionarios. Hay una Internacional Obrera reformista, colaboracionista, evolucionista y otra Internacional Obrera maximalista, anticolaboracionist a, revolucionaria. Entre una y otra ha tratado de surgir una Internacional intermedia. Pero que ha concluido por hacer causa común con la primera contra la segunda. En uno y otro bando hay diversos matices; pero los bandos son neta e inconfundiblemente sólo dos. El bando de los que quieren realizar el socialismo colaborando políticamente con la burguesía; y el bando de los que quieren realizar el socialismo conquistando íntegramente para el proletariado el poder político. Y bien, la existencia de estos dos bandos proviene de la existencia de dos concepciones opuestas, de dos concepciones antitéticas del actual momento histórico. Una parte del proletariado cree que el momento no es revolucionario; que la burguesía no ha agotado aún su función histórica; que, por el contrario, la burguesía es todavía bastante fuerte para conservar el poder político; que no ha llegado, en suma, la hora de la revolución social. La otra parte del proletariado cree que el actual momento histórico es revolucionario; que la burguesía es incapaz de reconstruir la riqueza social destruida por la guerra e incapaz, por tanto, de solucionar los problemas de la paz; que la guerra ha originado una crisis cuya solución no puede ser sino una solución proletaria, una solución socialista; y que la revolución Rusa ha comenzado la revolución social”. “Hay, pues, dos ejércitos proletarios porque hay en el proletariado dos concepciones opuestas del momento histórico, dos interpretaciones distintas de la crisis mundial”. “Antes de la guerra, dos tendencias se dividían el predominio del proletariado: la tendencia socialista y la tendencia socialista. La tendencia socialista era, dominantemente, reformista, social-democrá tica, colaboracionista. (…) Como reacción contra este aburguesamiento del socialismo, tuvimos al sindicalismo. El sindicalismo opuso a la acción política de los partidos socialistas la acción directa de los sindicatos. (…) Pero también el sindicalismo resultó, en el fondo, un tanto colaboracionista y reformístico. (…) Y sindicalismo y socialismo se mostraban más o menos solidarios y mancomunados en algunos países, como Italia… Como sea, las tendencias, más o menos beligerantes, o más o menos próximas, eran dos: sindicalistas y socialistas”. “Pero, después de la guerra, la situación ha cambiado. El campo proletario… no está ya dividido en socialistas y sindicalistas; sino en reformistas y revolucionarios. Hemos asistido primero a una escisión, a una división en el campo socialista. Una parte del socialismo se ha afirmado en su orientación social-democrá tica, colaboracionista; la otra parte ha seguido una orientación anti-colaboracionis ta, revolucionaria. Y esta parte del socialismo es la que, para diferenciarse netamente de la primera, ha adoptado el nombre de comunismo”. “Aquí, como en Europa, los proletarios tienen, pues, que dividirse no en sindicalistas y socialistas -clasificació n anacrónica- sino en colaboracionistas y anticolaboracionist as, en reformistas y maximalistas” . “Yo participo de la opinión de los que creen que la humanidad vive un período revolucionario. Y estoy convencido del próximo ocaso de todas las tesis social-democrá ticas, de todas las tesis reformistas, de todas las tesis evolucionistas” (ibidem, pp.21, 22, 23 y 24. Las elipsis son mías). Y, en los artículos El Labour Party, El socialismo en Francia, Jaurés y la Tercera República, El Partido Comunista Francés, La política socialista en Italia, Ebert y la socialdemocracia alemana, que hacen parte de un capítulo especial del libro La escena contemporánea, expresivamente titulado La crisis del socialismo, analizando algunos casos concretos agregó el maestro contundentes argumentos que demuestran LA OPOSICIÓN DE PRINCIPIO, ESTRATÉGICA, entre el marxismo y el oportunismo, entre el marxismo y el revisionismo, entre el revolucionarismo y el reformismo, oposición que impide la construcción de un partido doctrinariamente homogéneo con el concurso de los segundos ismos (9).



Por otro lado, cuando Aragón afirma que “no es correcto afirmar ‘Mariátegui comunista’ o ‘Mariátegui marxista-leninista’”, porque él mismo “se declaró ‘marxista convicto y confeso’ en los ‘7 Ensayos’ e ‘Ideología y Política’ (10), lo que plantea de hecho es un socialismo no comunista y un marxismo sin leninismo como la identidad ideológica de Mariátegui. Este oportunista punto de vista y la consideración de que “la primera generación de 1918 a 1946” fue “dirigida primero por Mariátegui y posteriormente por Moisés Arroyo Posadas” (ver Partido comunista o partido socialista II), revelan qué entiende también Aragón por Socialismo en general y por Socialismo Peruano en particular y, por tanto, revela igualmente el fondo de la propuesta de García de un partido socialista.



Señalados puntualmente los hechos, puede entenderse ahora qué quieren decir (qué dicen efectivamente) García y sus repetidores con los términos Socialismo, Socialismo Peruano, Movimiento Socialista Nacional y Movimiento Socialista Internacional, así como qué pretenden con su proyecto de un partido socialista. En la medida en que este proyecto es la de un partido “internamente” homogéneo en lo doctrinario y “externamente” heterogéneo, también en lo doctrinario (11), es decir, la de un partido DOCTRINARIAMENTE HETEROGÉNEO, está claro entonces que lo que se proponen los aludidos es un partido con las puertas abiertas a toda suerte de oportunismo.



El partido por el que luchó Mariátegui era un partido doctrinariamente homogéneo, adherido al marxismo-leninismo, tanto vertical como horizontalmente. Por consiguiente, la discusión sobre el nombre del Partido en el Perú de hoy no es una discusión sobre palabras, sino que tiene el fondo señalado: la defensa del carácter netamente proletario del partido contra la intención de fundar un partido doctrinariamente heterogéneo. Este hecho permite concluir que, si el nombre de Socialista del Partido de Mariátegui fue una adaptación del comunismo a nuestras condiciones concretas del decenio de 1920, en el proyecto de García ese mismo nombre expresa una negación del partido como la materializació n de la doctrina comunista.



Así pues, la concepción que tiene García del término Socialismo Peruano y, por tanto, la concepción que tiene del partido del proletariado peruano, son contrarias a la concepción de Mariátegui. Y, desde luego, ninguna gimnasia verbal puede escamotear esta verdad. Menos todavía un derrame biliar..



____________ ____



(1) En la Primera Conferencia Comunista Latinoamericana, realizada en Buenos Aires en junio de1929, Codovilla, discutiendo con Pesce, afirmó que “en el Perú, a pesar de no existir actualmente un partido socialista, el ‘socialismo’ tiene su pequeña tradición en la historia del movimiento revolucionario, adquirida en 1919, durante ‘el paro de las subsistencias’ , cuando traicionó en la forma más vergonzosa a los trabajadores en lucha, invitándolas a ‘no dejarse influenciar por las utopías maximalistas importadas de Europa y que no responden a nuestra realidad’” (Martínez, Apuntes para una interpretació n marxista de la historia social del Perú, t.2, pp.429-430). En efecto, el 1º de Mayo de 1919 apareció un Partido Socialista para desaparecer unos meses más tarde después de haber intentado frenar la lucha popular y de ser repudiado por los trabajadores por ese motivo. Pero en Antecedentes y desarrollo de la acción clasista, Mariátegui señala que “La tentativa del partido socialista fracasa porque a la manifestación del 1º de Mayo de 1919 sigue la gran huelga general del mismo mes… en la que los dirigentes de ese grupo evitan toda acción, abandonando a las masas y tomando, más bien, una actitud contraria a su acción revolucionaria. Ausente Luis Ulloa del país y muerto Carlos del Barzo, el comité del partido se disuelve sin dejar huella alguna de su actividad en la conciencia obrera” (t.13, p.100. Elipsis mía). En consecuencia, puede decirse que, por lo episódico de la tentativa oportunista, Mariátegui consideró que ella no significaba un impedimento para postular el nombre de Socialista para el Partido del proletariado peruano en las circunstancias de su tiempo.



(2) En los Principios programáticos del Partido Socialista del Perú, Mariátegui dejó escrito que “La libertad del Partido para actuar pública y legalmente, al amparo de la Constitución y de las garantías que ésta acuerda a sus ciudadanos, para crear y difundir sin restricciones su prensa, para realizar sus congresos y debates, es un derecho reivindicado por el acto mismo de fundación pública de esta agrupación” (t.13, p.164). Es decir el proyecto mariateguiano comprendía la fundación pública, legal, del Partido, cosa que no ocurrió, sin embargo.



(3) Como señaló Mariátegui en la conferencia La crisis mundial y el proletariado peruano, “Aquí, como en Europa, los proletarios tienen que dividirse en colaboracionistas y anticolaboracionist as, en reformistas y maximalistas” , es decir, en socialistas y comunistas, o sea, en reformistas y revolucionarios, pues estos últimos habían adoptado el nombre de comunismo, siguiendo así la huella del Manifiesto comunista, la Crítica del Programa de Gotha, el Prefacio a Temas internacionales del “estado popular”, Las tesis de abril y El estado y la revolución, o, para decirlo de otro modo, diferenciando netamente la especial posición del proletariado revolucionario con respecto al reformismo socialista. Pero, dadas las condiciones concretas del Perú del decenio de 1920, el Partido podía y debía llamarse Socialista. Podía, porque aquí no se había producido aún la degeneración parlamentaria y reformista del socialismo y, por tanto, la palabra Socialista conservaba su grandeza, es decir, su núcleo de significación. Y debía, porque el nombre de Socialista facilitaba el proyecto de la fundación legal del Partido. Así pues, para Mariátegui el concepto de socialismo aparecía como intercambiable con el concepto de comunismo. Esto explica por qué estableció el marxismo-leninismo como la Base de Unidad del Partido y redactó la moción de afiliación a la Tercera Internacional.



(4) Después García ha ampliado el horizonte de su propósito. Por eso, en el artículo El Partido de Mariátegui, dice que “En este lapso el Partido Comunista ha sufrido diferentes escisiones. Aún activa, de la segunda generación el PC (Unidad) y el PC (Bandera Roja). Y de la tercera generación, el PC (Patria Roja) y el PC (Sendero Luminoso). Aparte, actúan también el PCR, el PSR, el PUM y otras facciones más. El panorama orgánico es, pues, no de un partido único sino de un movimiento comunista nacional”. Y dos líneas después: “todos buscan una salida, un reencuentro con sus raíces primigenias. La situación es entonces favorable para una convergencia. Sólo se precisa fijar los términos. El m-c.n. tiene tres puntos básicos de referencia: la posición ante Marx y sus continuadores, la posición ante JCM y su obra, la posición ante el Cambio Social”. Esto fue escrito en 1988. Ahora, para facilitar la conciliación con el oportunismo en general y con el revisionismo en particular, García y sus repetidores no hablan ya de movimiento comunista sino de movimiento socialista y, además, en la base de unidad de su facción la verdad universal es formulada únicamente como “marxismo”. Es necesario observar también que, incluso desde antes de 1988, el término científico revolución ya había sido reemplazado por el término neutro cambio social. Y la deseada “convergencia” (que, por lo demás, ha cumplido veinte años de existencia en el papel) tiene como base de su realización los términos anotados arriba (Marx y sus continuadores, Mariátegui y su obra, cambio social), ¡como si el oportunismo y el revisionismo no fueran tales precisamente porque tienen una muy determinada posición frente a estas tres cuestiones! Por lo demás, es menester subrayar que es en la frase “todos buscan una salida, un reencuentro con sus raíces primigenias”, donde se puede observar toda la ingenuidad política de García, o, en su defecto, todo su oportunismo.



(5) Todos, pues, es decir, sin la excepción de un solo pensamiento y de una sola acción.



(6) Me refiero a ciertos aspectos de sus escritos sobre Mariátegui.



(7) En la nota Por qué socialista, García escribió: “¿Por qué JCM propuso el nombre de Partido Socialista? ¿Es cierto que fue por ‘táctica’? ¿Es cierto que ‘reconoció’ este error? ¿Es cierto que ‘se apresuró a corregirlo’ al final de su vida? Esta versión negativa y antojadiza, basada en torpes especulaciones de ‘me dijo’, ‘le escuché’, ‘sugirió’, etc., hasta ahora circula libremente no obstante que hay publicada ya abundante documentación propia de JCM que demuestra lo contrario: no fue por táctica, se reafirmó siempre en ella, jamás transigió en el cambio”. Pero ocurre que esa “versión negativa y antojadiza, basada en torpes especulaciones” , que “hasta ahora circula libremente”, la encontramos, justamente, en la “singular defensa” escrita por Arroyo Posadas a los cuarenta años de edad, es decir, en 1946, titulada A propósito del artículo “El populismo en el Perú”, de V. Miroshevski, originalmente publicada en la revista cubana Dialéctica, nº 17 y republicada en la recopilación Mariátegui y los orígenes del marxismo latinoamericano, pp.93-115, preparada por el argentino Aricó. En la mencionada “singular defensa”, Arroyo Posadas, abordando temas más temas menos, sigue la línea del artículo Mariátegui, marxista-leninista, fundador del Partido Comunista Peruano, de Jorge del Prado, originalmente publicado en la misma revista cubana, número 8, año 1943, e igualmente republicado en la mencionada recopilación de Aricó, pp.71-90, por lo que no se comprende por qué García no hizo más bien el elogio de este artículo, anterior en tres años al de Arroyo Posadas. Pues bien, hablando específicamente de la cuestión del nombre del Partido, el último de los nombrados repite en su artículo la “versión negativa y antojadiza, basada en torpes especulaciones” de Jorge del Prado: “Mariátegui reconoció su equívoco de darle la denominación de ‘socialista’ al partido y rápidamente fue él mismo quien luchó por darle el justo nombre de ‘comunista’” (Aricó, Los orígenes del marxismo latinoamericano, Siglo XXI Editores, México, 1980, p. 112). En su mencionado artículo, del Prado había afirmado: “recuerdo que, después de haber leído las tesis y resoluciones del Primer Congreso de los Partidos Comunistas latinoamericanos, que me proporcionara Mariátegui contra la voluntad de algunos que lo rodeaban, llegamos con Pompeyo Herrera y Arroyo Posadas (si mal no recuerdo) a la conclusión de que era justo cambiar el nombre del partido por el de comunista. (…) Corrimos, pues, a entrevistarlo. Pero provocando nuestra sorpresa, que luego se transformó en un verdadero alborozo, Mariátegui nos dijo que sí, que él pensaba lo mismo, ya que se había dado cuenta, por lo que nosotros le decíamos y por el ambiente que se respiraba en su torno, que su propaganda y su labor ideológica y organizativa habían cumplido, finalmente, su gran cometido. Que ya estaban dadas las condiciones para que en el Perú apareciera a toda luz, y con una fisonomía perfectamente definida, el partido por el que había trabajado siempre. Que él consideraba, en cierta medida, nuestra opinión y la opinión de la mayoría de los obreros que lo acompañaban, como la verdadera opinión de nuestro pueblo. Y que por todo ello se sentía sumamente satisfecho y dispuesto a sostener el nuevo nombre contra viento y marea” (ibidem, pp.86). Y sucede que, en los casi cincuenta años que siguieron a la fecha de esta afirmación hasta 1994, Arroyo Posadas no desmintió nunca semejante patraña, ni en su “singular defensa” ni en ninguna otra parte. Y digo “patraña”, pues la afirmación de del Prado no es una simple “especulación”, sino una verdadera patraña, es decir, una fabulosa mentira. Es evidente entonces que, en la fabricación de esta mentira (de esta patraña), estuvo comprometido Arroyo Posadas. Pero este hecho (y otros más, como los anotados arriba) son silenciados por García, tal vez porque él mismo tiene especial responsabilidad en la libre circulación de la idea de que Mariátegui se “rectificó” de su propuesta de Partido Socialista. En La organización del proletariado, el mencionado cambió el nombre del Acta de Constitución del Partido que, así, aparece ahí como Acta de constitución del PCP. Además, escribió en una nota al pie que “El 7 de octubre de 1928, reunidos en Barranco, nueve miembros del grupo de Lima, entre los que se encontraba José Carlos Mariátegui, fundaron el Partido Comunista y aprobaron la presente Acta de Constitución”. “Un punto importante de la discusión para la formación del Partido, fue el concerniente a su carácter legal. Como consta en el Acta, de acuerdo a las circunstancias concretas, el Partido fue denominado Socialista, para poder aprovechar en algo las posibilidades legales.. Pero todos estuvieron de acuerdo en constituir, dentro de la organización, los grupos secretos que velarían por el carácter bolchevique del Partido. A partir de mayo de 1930 el Partido tomó definitivamente el nombre de Comunista. Por ello, el Partido, desde su fundación, nació como Partido Comunista; y sólo formalmente y por poco tiempo llevó el nombre de Socialista” (pp.196-197. Subrayados en el original). Y en otra nota al pie, escribió: “La táctica de nominar al Partido como Socialista, manteniendo la organización bolchevique en secreto, amenazaba al Partido con la infiltración de elementos reformistas. Además, las condiciones de ingreso en la III Internacional exigían, para la estricta distinción entre la revolución y el revisionismo, que los partidos bolcheviques se denominaran Partido Comunista, agregándoles el nombre del país en genitivo. Contemplada esta situación, José Carlos Mariátegui propuso la correspondiente rectificación, en la reunión del Comité Central del 1º de marzo de 1930” (p.198). El hecho de estas afirmaciones es una verdad histórica y, por tanto, hay que ventilarlo, así al autor de tales afirmaciones, nada amigo del reconocimiento franco de sus errores, le dé patatús.. Por supuesto, muchos somos responsables de la libre circulación de la mencionada “versión negativa y antojadiza”, pero, evidentemente, hay responsabilidades y responsabilidades. Como es de conocimiento general, ahora García pretende haberse sacudido de estas “torpes especulaciones” , seguramente porque cree “haber hecho las correcciones, supresiones, agregados del caso”, como ha dicho, a propósito de otra cosa, en el egocéntrico (huachafamente egocéntrico) artículo Las cinco caídas de yo el supremo, pero la verdad demasiado notoria es que, también en relación al tema que ha dado lugar a la presente nota, solamente ha pasado de ciertas verdades a ciertas falsedades y de unas especulaciones a otras especulaciones. Pero, desde luego, lo que importa subrayar aquí es que la apología que ha hecho de Arroyo Posadas es una verdadera expresión de su empeño por encubrir el socialismo domesticado, un verdadero intento de borrar toda demarcación entre marxistas y oportunistas.



(8) Es posible que García sea también el autor del artículo sin firma publicado en Centenario.



(9) Observador profundo, Mariátegui anotó a propósito de la unificación del socialismo francés promovida por el Partido Obrero dirigido por Guesde y Lafargue: “Pero la política del partido unificado no siguió, por esto, un rumbo revolucionario. La unificación fue el resultado de un compromiso entre las dos corrientes del socialismo francés. La corriente colaboracionista renunció a una eventual intervención directa en el gobierno de la Tercera República; pero no se dejó absorber por la corriente clasista. Por el contrario, consiguió suavizar su antigua intransigencia” (La escena contemporánea, p.124). Huelgan comentarios.



(10) Estas tendenciosas afirmaciones las hizo Aragón en su discusión con Jaime Lastra y Santiago Ibarra. Y, aunque después maniobró para encubrir su punto de vista oportunista y, así, confundir a los lectores, fue finalmente desenmascarado. El lector puede consultar a propósito los artículos Mariátegui y el leninismo, Un comentario indispensable y Defensa de una verdad mariateguiana.


(11) En Aniversario 80 (5), García dice que “El PSP tenía dos niveles: internamente funcionaba como ‘facción orgánica y doctrinariamente homogénea’ (como ‘célula secreta de los siete’); externamente aspiraba a ser ‘el primero gran partido de masas e ideas de toda nuestra historia republicana’”. Esta falsa interpretació n de la estructura del Partido de Mariátegui es la que el citado pretende ahora consumar con la fundación de un partido socialista. Pero, desde luego, el análisis de esta cuestión tiene que ser materia de otro artículo.



Eduardo Ibarra


10..05.08.

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