martes, 26 de julio de 2016

DANILO SANCHEZ LIHON : 25 de julio. Día del Apóstol. El brazo que defiende. / 5 de agosto. Educar es amar.


---------- Mensaje reenviado ----------
De: <dsanchezlihon@aol.com>
Fecha: 25 de julio de 2016, 10:46
Asunto: 25 de julio. Día del Apóstol. El brazo que defiende. / 5 de agosto. Educar es amar.
Para:











CAPULÍ, VALLEJO Y SU TIERRA
Construcción y forja de la utopía andina
2016 AÑO
CONSTRUCCIÓN DE CONCIENCIA
Y CONCRECIÓN DE SOLUCIONES
JULIO, MES DEL MAESTRO;
DEL SANTUARIO HISTÓRICO
DE MACHU PICCHU; BATALLA
DE HUAMACHUCO, LEONCIO
PRADO Y FIESTAS PATRIAS
CAPULÍ ES
PODER CHUCO
SANTIAGO DE CHUCO
CAPITAL DE LA POESÍA
Y LA CONCIENCIA SOCIAL
*****
PRESENTACIÓN
DEL LIBRO:
EDUCAR ES AMAR,
POR UNA PEDAGOGÍA
DEL BIEN, LA IDENTIDAD
Y LA TERNURA
DE
DANILO SÁNCHEZ LIHÓN
PANEL:
MARITZA OLÓRTEGUI
MARGARITA PAJARES
ERNESTO RÁEZ MENDIOLA
JULIO YOVERA BALLONA
VIERNES 5 DE AGOSTO, 2016
6.30 PM.
EDITORIAL BRUÑO
JR. ARICA 751. LIMA, PERÚ
Ingreso libre. Se agradece
su gentil asistencia
*****
25 DE JULIO
DÍA
DEL
APÓSTOL
FOLIOS
DE LA
UTOPÍA
EL BRAZO
QUE
DEFIENDE
Danilo Sánchez Lihón
"¡Hermanos!
Son las obras las que hacen justo al hombre
y no solo la fe.
Por eso, no codicien algo que les ha de hacer
discutir
y pelear. ¡No peleen unos contra otros y así
no serán juzgados!
¡Hermanos!
Únanse y organícense en su humildad,
porque
el señor piadoso ya ha escuchado sus quejas
y él se encargará
de juzgar a quienes no pagan el salario
de los trabajadores,
a quienes condenan a morir a hombres
indefensos;
a quienes roban aprovechando la fe
de las gentes.
¡Hermanos...!"
Carta bíblica de Santiago, el Apóstol
1. Tanto
arrojo
– ¡Es el fin! –alcanza a decir el coronel Alejandro Gorostiaga, cuando se siente en el aire y divisa el fondo del lecho pedregoso del río.
El caballo desbocado lo ha arrojado al precipicio, y apenas alcanza a ver las cerdas levantadas del animal que cae y el agudo relincho en el vacío.
Luego, el rodar de la montura por el abismo en el mal paso de Tres Ríos, sobre las aguas turbulentas del Coñachugo.
Jamás supo cómo en el vértigo del descenso y veinte metros más abajo del camino, quedó a horcajadas sobre una mata de tacuaras, la única planta que sobresale milagrosamente de una grieta de tierra en la roca viva en este precipicio.
El coronel maldice el día y la hora en que decidió marchar a Santiago de Chuco para castigar, en el terreno mismo, al pueblo entraña de patriotas que casi deciden a favor de los peruanos la batalla de Huamachuco, en cuyo fragor llamó a uno de sus ayudantes de campo gritando;
– ¡Quiénes son esos cholos sin zapatos que pelean con tanto arrojo!
2. Cambia
la suerte
– ¡Son del "Batallón Libres de Santiago de Chuco", mi coronel! Así dice en su estandarte –responde a grandes voces su ayudante de campo.
– ¡Maldita sea! –escupe, viendo cómo uno de los flancos de su ejército cede y ya se desorganiza ante la arremetida impetuosa de los peruanos.
Y sobre todo de ese batallón que pelea cuerpo a cuerpo con picos y palas ganando la cumbre del cerro Sazón, donde se han apostado los 2,000 hombres desplegados estratégicamente en varios flancos.
Los cholos santiaguinos hacen retroceder a las mejores columnas chilenas armadas con fusiles y bayonetas que ellos ni siquiera imaginan cómo se usan. Por un momento, incluso, logran rebasar las trincheras enemigas y la bandera peruana flamea sobre los cadáveres de los invasores.
Pero muy pronto cambia la suerte para los santiaguinos cuando las cargas de artillería de los peruanos se apagan por falta de municiones, y los machetes y rejones tuvieron que rendirse ante las balas de las ametralladoras.
3. Grito
de júbilo
Concluida la batalla al coronel Gorostiaga aún le queda muy vivo el susto y el rencor que le han producido los de Santiago de Chuco, comandados por su jefe Don Francisco Calderón, a tal punto que ordena:
– ¡Persigan a esos cholos de Chuco y no me dejen a uno solo vivo!
No contento con eso, al otro día de la batalla y después de contados los muertos: más de mil peruanos y 500 chilenos, como premio a sus soldados dispone:
– ¡Saqueo, incendio y exterminio en Santiago de Chuco! Pero antes: ¡Que paguen un cupo de guerra de 1,500 pesos de oro!
Un grito de júbilo se alza de la soldadesca. Y él mismo, después de dejar en la plaza de Huamachuco a tres de sus batallones, marcha con 600 hombres al pueblo cuyos hijos le han dado tanto sobresalto. Y así avanza dispuesto a saquear, incendiar y exterminar.
4. Viniendo
a todo galope
En un momento del camino, sus columnas se adelantan y ahí ocurre que su caballo se encabrita en el mal paso de Tres Ríos y rueda al abismo con su jinete.
Por eso, en estos momentos, tambaleante sobre las ramas que se cimbran en la roca, Gorostiaga maldice su destino. ¡Haber ganado una batalla tan decisiva y venir a morir desbarrancado en un abismo!
El coronel observa al fondo del lecho del río. Un gallinazo ya posado cerca de él y otros ya arrastrando las vísceras del cadáver de su caballo, y otros revoloteando muy cerca de él, observan inexpresivos la escena, abriendo impacientes las alas. Pronto bajarán aquellos que vuelan en lo alto en círculos en el cielo azulino.
No hay forma de salir. El precipicio es profundo y sobre su cabeza todo es laja lisa y vertical, como cortada por un cuchillo. Su uniforme ha quedado desgarrado y hecho jirones.
Y ahora, ¡para colmo de males!, un jinete aparece por el camino polvoriento viniendo a todo galope, en caballo blanco, sombrero levantado a la pedrada y poncho casi amarillo que flamea al viento!
5. Pulidos
peñascos
– ¡Qué raro! ¿Y, quién es este? –Dice–. ¡Este sujeto tenía que haber sido interceptado por mis tropas! ¡Mis hombres tenían que haber detenido a ese peruano! –Balbuce.
Pero ya no tiene ganas de hacer suposiciones ni conjeturas en los últimos momentos de su vida.
Permanece inmóvil, porque teme que a causa de cualquier  movimiento ruede a la hondonada. Su esperanza se cifra en que el jinete no lo vea y pase galopando de largo, pues su temor y convicción es que al instante lo ultimará; aunque de todos modos va a morir, claro que en esa circunstancia es más honroso para él rodar a un abismo que morir en manos de un enemigo, y peor aún fuera de combate.
Maldice otra vez su suerte cuando ve que el jinete se detiene, se apea del caballo y trata de bajar hasta donde él está suspendido. Se consuela  considerando que es imposible que pudiera matarlo con sus propias manos, salvo disparando o haciendo rodar una piedra, pues nadie puede descender por ese precipicio, aunque quizás un águila volando, un gato montés subiendo desde el barranco o un cernícalo en su aleteo prendiéndose con las uñas a los pulidos peñascos.
6. Lágrimas
hirvientes
Por eso, no supo qué pensar cuando el jinete está a la altura de sus hombros e inclinándose le tiende la mano para que él suba.
Ya en el camino Gorostiaga ve nítidamente su rostro sereno y el rictus de su boca, de donde no sale palabra alguna. Y allí lo deja, atónito y estupefacto.
Él, nunca más olvidará esas facciones, la firmeza de ese brazo y la dignidad que le hizo sentirse avergonzado.
Ya solo, Gorostiaga se siente tan humillado que de sus pupilas brotan, sin poder detenerlas, unas lágrimas hirvientes, hasta que ve aparecer y acercarse desde lejos a un pelotón de hombres suyos.
Es el Cuerpo de Raciones que viene en la retaguardia, a treinta minutos de distancia del grueso de su ejército. Ellos recogen a Gorostiaga, le dan un caballo fresco, de color bayo, con el cual alcanza al atardecer y en las afueras de Santiago de Chuco, al conjunto de los chilenos.
Nadie sale a recibirlos.
7. Tesoros
escondidos
Ni un alma aparece ni se deja ver tras las puertas y ventanas.
En las losas de la Plaza de Armas, los soldados hacen resonar sus tacones y los cascos de los caballos, ávidos de iniciar el pillaje.
Gorostiaga, no obstante tener el ánimo quebrantado por la caída, aún tiene vivo el rencor que le ha producido el "Batallón Libres de Santiago de Chuco" que peleara con tanto denuedo en Huamachuco, y ordena que se proclame el bando desde un costado de la plaza:
– ¡Se impone a este pueblo un cupo de guerra de 1,500 pesos de oro a entregarse antes del anochecer so pena de incendio y exterminio!
Siente como un carbón ardiendo en su pecho, por eso su primer objetivo es la iglesia en donde sabe que la gente de estos lugares oculta sus joyas y atuendos valiosos, pues él mismo con su propia espada ha descabezado a varios santos, y al hacerlo se han derramado en el suelo las libras de oro y las alhajas. También bajo el manto de las vírgenes y bajo el piso de los altares han desenterrado tesoros escondidos.
8. Pidiéndole
que lo perdone
Avanza resuelto por la nave central de la iglesia cuando dos ojos fijos lo detienen. Siente un estremecimiento en todo el cuerpo y sus ayudantes lo ven tambalear, hasta el punto de casi caer al suelo de rodillas.
Cogiéndose la cabeza balbuce algo a los soldados, que apenas pueden sostenerlo:
– Hoy... ¡él me salvó la vida!
El Apóstol Santiago lo mira con su rostro sereno y el rictus en su boca que no pronuncia palabra alguna.
Recuperado un poco, lentamente avanza con la espada descubierta; se acerca a la imagen que lo mira y arrodillándose plenamente se desahoga en sollozos haciendo un gesto con la mano para que lo dejen solo.
Al levantar y mirar nuevamente las facciones del Apóstol pone su espada en las manos del santo, pidiéndole con todas sus fuerzas que lo perdone.
9. Clavado
en el alma
Sale a la plaza y al ver a sus soldados impacientes ordena:
– ¡Envainen sus espadas! ¡No habrá pillaje, ni incendio ni exterminio! ¡Se respetarán vidas y propiedades de la gente de este pueblo!
Un murmullo de descontento y protestas se alzan de entre los soldados.
– ¡Quién desobedezca esta orden será fusilado de  inmediato! –Grita, y un hilillo de saliva y espuma le mana de la boca.
Soldados y jefes duermen esa noche en las arcadas de la plaza y en los salones del cabildo que han descerrajado de un culatazo.
A la mañana siguiente, desde las lomas de Huayatán, Gorostiaga, deja que sus soldados otra vez se adelanten, y se queda largo rato mirando la comarca: el campanario blanco, los tejados rojizos que parecen sobreponerse unos sobre otros como palomas acurrucadas y el verde de los campos, jurando que nunca olvidará ni en su vigilia ni en sus sueños a ese pueblo que se le ha quedado clavado en el alma.
Epílogo
El 25 de julio de 1884, Alejandro Gorostiaga hizo llegar desde Santiago de Chile un manto y un milagro de plata fina quemada, en forma de rombo, con la grabación de una espada entrelazada de la flor de Lot.
El símbolo de esta flor en Chile significa gratitud. Desde entonces, el exvoto que Gorostiaga le ofrendara al Apóstol Santiago el Mayor, lo luce la imagen del Apóstol al costado de su pecho y prendido a su capa en su procesión del 25 del mes de julio, por las calles de Santiago de Chuco.
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