martes, 29 de noviembre de 2016

Ricardo Melgar un parecer abierto acerca de Cuba y Fidel


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Fecha: 28 de noviembre de 2016, 16:08
Asunto: Melgar un parecer abierto acerca de Cuba y Fidel
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La Revolución cubana y su duelo

Era previsible la muerte del dirigente histórico de la Revolución cubana y del primer experimento socialista antillano y latinoamericano. No es bueno olvidar que la Revolución cubana fue precedida por la Revolución Boliviana (1952) y el inconcluso y débil proceso revolucionario bajo el liderazgo de Jacobo Arbenz en Guatemala (1954), en el cual convergieron muchos contingentes del exilio continental. Tres Revoluciones convergentes, más allá de sus diferenciados signos políticos e ideológicos en nuestro continente, suscitaron fisuras en el «patio trasero» estadounidense. Tres procesos revolucionarios que no deben ser disociados por razones ideológicas o de historiografía «nacional». A lo que debería agregar la recepción latinoamericana de dos procesos revolucionarios (China y Argelia), los cuales redimensionaron los pareceres de las izquierdas, pero también de las élites militares y políticas reaccionarias. Se sumó la recepción de la Guerra de Corea y el nuevo curso de la lucha por la liberación nacional en Indochina (Vietnam). 

La década del cincuenta no fue una perita en dulce para el imperialismo. No lo fue tampoco para la URSS, recuérdese la polémica en torno a la ocupación y represión en Hungría (1956). Véase la compilación documental de la misma, hecha por Albert Camus. Las desmesuras neocolonialistas, pro imperialistas y oligárquicas de la Guerra Fría fueron desnudadas y replicadas. La Revolución cubana llegó más lejos que las que le precedieron, constituyendo un parte aguas en la historia continental y de las izquierdas. A partir de ese contexto, Fidel Castro se hizo figura histórica, más allá de la mayor de las Antillas. 

Por todo lo anterior y más, la muerte de Castro es tema de debate internacional. Las maquinarias mediáticas al servicio de los poderes fácticos le vienen dedicando muchas horas a la muerte de Fidel, indicador fuerte de que más que informar, asumen su papel como gladiadores en esa incansable batalla de imágenes y de ideas contra las izquierdas, imaginarias y reales. Por su lado, las izquierdas, en su debilidad real y heterogeneidad, oscilan entre la retórica hagiográfica de Fidel y la crítica «purista», diciendo más de lo mismo, salvo muy contadas excepciones. Más paja que grano duele para quienes persistimos en buscar y hacer un mundo mejor, una América nuestra, justa, solidaria, plural, tolerante. 

Por supuesto que la partida de Fidel ha sido una «muerte anunciada» por los inevitables signos de desgaste de la vida. Hace una década, nuestro personaje, ahora extinto, decidió por voluntad propia, renunciar a las exigencias que le demandaba ser el titular de la gestión estatal, su conductor. Era consciente, que seis años antes, se había reanimado una disputa en torno a su relevo y la reorientación política y económica del estado, la cual en parte, era intergeneracional. Los antecedentes que conozco, me remontan a los años del llamado período especial. Recuérdese que en 1991, tras la caída del socialismo real, la Cuba agroexportadora y dependiente, sobrevivió digna y austeramente a su peor crisis. Por ese tiempo, se dieron los preparativos del IV Congreso del PCC, los cuales tuvieron excesos y confrontaciones infecundas y censurables. La presión a favor de la renovación, fue «ablandada» por la facción liderada por Raúl Castro. Algunos delegados fueron apaleados por los CDRs, sólo algunos. Por vez primera, se celebraba fuera de La Habana un magno Congreso. Santiago de Cuba, tierra en que la izquierda comunista ha probado apostar de otra manera a la renovación historiográfica del PCC, lo refrendan sus publicaciones. Coyuntura densa. Gravitaba la campaña radial procedente desde Miami, la cual coincidió con la contienda entre las corrientes socialistas, debilitando a las más críticas y propositivas. Más de un delegado, en La Habana, me expresó, que esa campaña no los favorecía, corrían el riesgo de que fuesen estigmatizados por demandar un viraje socialista. Alguno, para el cual traía unos regalos (jabones, tequila, libros) de un amigo mexicano, me manifestó que en el momento previo al Congreso, no era prudente tener encuentros con extranjeros y menos recibir obsequios, podía ser usado en contra de su corriente. De los 1,772 delegados muchos prefirieron un táctico silencio para no ser acusados de ser correa de transmisión de los Mas Canosa y otros de Miami. Lamentablemente, se perdió una gran oportunidad de renovación generacional y de ideas. En general, las corrientes renovadoras perdieron posiciones. La más visible, la martiana. Hart, descendió un peldaño en la cúpula. Todas las ciudades cubanas, previamente, habían cambiado su política de imágenes en los espacios públicos a favor de José Martí como símbolo de identidad, unidad y resistencia nacional. 

En los siguientes Congresos, el número de delegados fue en descenso: V Congreso 1,486 (1997), VI Congreso 986 (2011). Entre el V y el VI pasaron trece años, un quinquenio sin Fidel como figura mayor de la vida orgánica. Quienes saben algo de política militante no se pueden contentar con argumentos de austeridad. Las dudas razonables siguen interpelando el curso de la vida orgánica del PCC y los ajustes de cuentas en la cúpula estatal y militar. Fue saludable que la agenda económica se bajase a discusión de bases. 

Fui testigo presencial, por casualidad, de que hubo críticas duras desde abajo. Un ejemplo: se señaló a coro, el impacto negativo que tendría para los jubilados el recorte de la tarjeta de suministros de víveres y complementos. Todas las críticas eran animadas por un espíritu sincero de renovación socialista. Otro ejemplo, más duro: las críticas a la burocracia fueron recurrentes, señalaban, a veces con nombres y apellidos, haber caído en prácticas corruptas o irresponsables. Cuba tiene modos y tiempos más autoritarios como la llamada década gris iniciada en 1971, la cual laceró el campo intelectual. Extraño a Pensamiento Crítico y la política editorial previa. A contracorriente, hubo y se siguen dando expresiones muy interesantes y valiosas de sana disidencia y propuestas merecedoras de enriquecer las políticas de Estado. Fidel, representa ambos tiempos y sus varios ciclos: el de la Revolución y el de la construcción socialista. Figura brillante, humana y por ende, contradictoria. No me toca juzgar sus decires, escritos y quehaceres. Me interesa sí, reflexionar a voz abierta, a palabra suelta. 

Termino. Un día después, dos, tres... de acaecido el deceso de Fidel Castro, da hoy inicio la segunda fase ritual de su despedida: el peregrinaje de sus cenizas siguiendo las huellas, sombras, testimonios y recuerdos de la accidentada pero exitosa gesta serrana del Movimiento 26 de julio, el de la bandera rojinegra, las de los colores de una deidad importante presente en el imaginario y la cultura popular afrocubana: Changó. El peregrinaje no cierra el proceso ritual, pero sí le otorga su más importante contenido político-cultural. Procuro situarme en las lindes e intersticios de la cultura política cubana. En otra oportunidad me extenderé sobre la gesta cubana, reivindicando el papel convergente de corrientes urbanas muy importantes como el Directorio... Hace muchos años dejaron de seducirme las historias oficiales, las historias-tradición, no el sueño colectivo y solidario, no la esperanza igualitaria, no el ideal libertario. 

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