martes, 6 de septiembre de 2016

JUAN RAMÌREZ RUIZ, EL UTOPISTA/ JUAN CARLOS LÀZARO

Nuestro amigo Armando Artega, alcanza el documento del poeta Juan Carlos Lazaro. Este blog esta abierto al debate, por su puesto sería mejor que los protagonistas respondieran, en una confrontación de ideas antes que de personas, para iniciar, para que no piensen que "alboroto el gallinero y luego me corro" planteo algunas pocas observaciones;
"poesía debía estar en el centro de cualquier proyecto de transformación revolucionaria de la sociedad".(JCL)
No necesariamente la poesía es el centro de transformación, apoya, colabora, con poemas no podemos transformar la sociedad, es necesario tener cuenta el marxismo nos brinda una triada eslabonada; la economía, la filosofía, y el socialismo.
"no sólo debe leerse como poesía, sino también como una nueva visión de la historia desde la perspectiva del espacio-tiempo-andino.(JCL)
Es necesario deslindar con el aprismo, además del aspecto programático rescatando el programa planteado por Mariategui en la fundación del Partido Socialista del Perú, sino también desde el punto visto filosófico con el denominado "espacio- tiempo- histórico"
"el estado totalitario de la URSS". (JCL y/o AA)
Desde la toma del poder por los bolcheviques la URSS, fue atacado por la burguesía rusa e internacional como "estado totalitario", es necesario distinguirnos de ellos, la URSS fue una dictadura del proletariado, de una amplia democracia para la clase obrera y el campesinado. Es cierto devino en un capitalismo de estado, en un estado burocrático, esta en discusión esta segunda (o tercera) experiencia del proletariado en el poder, no debe olvidarse la experiencia de la Comuna de París. Esta generación o las futuras evaluará sin pasión cual fueron los errores, que a mi entender no se centra en una sola persona: Stalin

Sobre Hora Zero dejo la palabra a sus protagonistas para que planteen los descargos que consideren conveniente.

Fraternalmente
Luis Anamaria
(06/07/08)

DE TERRA IGNEA REPRODUCIMOS EL ARTICULO DE JUAN CARLOS LAZARO,

Este es el artículo de Juan Carlos Lázaro publicado en la edición N* 4 de Sol & Niebla que ha generado más de una pataleta en Hora Zero o, mejor dicho, en los dos únicos miembros que actualmente responden por esa agrupación. Terra Ignea ha considerado necesario incluir algunas anotaciones al texto –que no figuran en el original- a fin de ayudar al lector a explicarse de alguna manera las crisis nerviosas de los horazeristas.(ARMANDO ARTEAGA)

Juan Ramírez Ruiz, el utopista
Escribe Juan Carlos Lázaro
Juan Carlos Làzaro, director de la revista Sol & NIebla.
Juan Ramírez Ruiz fue un poeta utopista en el más amplio y correcto sentido de este concepto; es decir, proclamó mediante sus actos y su verso la supremacía de la imaginación sobre la razón y consideró siempre que la poesía debía estar en el centro de cualquier proyecto de transformación revolucionaria de la sociedad. Estos dos aspectos explican su vida y su obra, entre los que están la fundación de Hora Zero en 1970, su controversia con quienes lo acompañaron inicialmente en esta propuesta y, lo más importante, tres libros, el último de los cuales –Las armas molidas, de 1996- no sólo debe leerse como poesía, sino también como una nueva visión de la historia desde la perspectiva del espacio-tiempo-andino.

Su utopismo se expresó embrionariamente al momento de redactar los primeros manifiestos de Hora Zero, cuando propone las “orgías de trabajo”, pero se pulió y fue hallando su forma más definida a mediados de la década del 70. Soy testigo de primera línea de esta experiencia, puesto que la compartí codo a codo con Juan, animados ambos a la vez por ese infatigable noctámbulo que fue Guillermo Mercado Calderón. Entonces los tres, en jornadas que se alargaban hasta la madrugada, practicábamos un intenso diálogo, además del intercambio de libros y folletos fundamentales. Fue así como adoptamos cuatro líneas de pensamiento: la del gran utopista francés Charles Fourier, la del revolucionario León Trotsky, la del surrealista André Breton, y la del ensayista y poeta Octavio Paz. También por esa época –recuerdo- animé a Juan a escribirle a Paz a fin de que auspiciara en las páginas de Plural sus primeros experimentos de búsqueda de un nuevo discurso poético que no habían hallado ninguna acogida en el Perú.

Esta experiencia y aprendizaje explicará su actitud de 1978, cuando publica “Palabras urgentes 2”, que a la par que expresa su requisitoria a Hora Zero propone “la producción de modelos de proyectos de vida alternativos para liberarnos de la pesadilla múltiple del colonialismo”, así como “propiciar micro sociedades revolucionarias al interior del orden capitalista”. Si alguien alguna vez pensó que la controversia de Juan con Hora Zero fue de orden personal, se equivocó en toda la línea. El poeta que ocho años después critica a sus ex “compañeros de armas” por “compartir irresponsablemente el festín de la vida que el orden ofrece a unos pocos”, no hacía sino protestar por lo que consideraba la negación a un proyecto que concebía a la poesía como una forma de vida superior, con un compromiso con la historia, y no un simple medio para una auspiciosa carrera literaria.

Siguiendo esta misma línea de conducta, en 1989 –meses antes de la caída del Muro de Berlín- Juan rechazará participar en el ciclo de recitales que organizó la Asociación Cultural Peruano Soviética de Lima (1), marcando así distancia con su verdadero auspiciador, la URSS, a cuyo Estado critica por su política discordante con los principios de la revolución socialista de 1917. Recuerda en carta enviada a Expreso la prepotente invasión soviética a Checoslovaquia y a Afganistán, pero no celebra la perestroika, puesto que ésta en vez de condenar y rectificar las traiciones del estalinismo, liquida la experiencia revolucionaria del pueblo ruso. Entiende que se trata de un momento decisivo no sólo para el pueblo ruso, sino también para el poeta peruano. “Millones de hombres y mujeres nos miran desde el pasado. Y millones de hombres y mujeres nos miran desde el futuro, aquí, en el Perú” (2), dice, como bien ha anotado Paolo de Lima en un texto dedicado al autor de Las armas molidas.

Su alto sentido ético del ejercicio de la poesía lo tornaba intransigente con todo aquel que aparecía exhibiéndose gratuitamente con el rótulo de poeta. Cuando nos presentaban a un nuevo autor, solía mirarme de reojo, torcía ligeramente la boca y luego sometía a un despiadado cuestionamiento al advenedizo. Una vez un energúmeno nos amenazó con un revólver. Juan lo desafió a disparar. Jamás aceptaba palmaditas en el hombro ni que lo llamaran con diminutivos. Consciente de cuál era el espacio de acción de la poesía, era reacio a involucrarla en empresas políticas para evitar que se le asigne el humillante papel de comparsa (3). Comentaba con sorna el caso de los poetas poseros y sospechaba sobre todo de aquellos que andaban más dedicados a la publicidad de su figura que a la seria elaboración de su obra. “Hay que resistir”, me decía, asegurándome no sin cierta soberbia que “ninguno de éstos quedará”.

El itinerario vital de Juan Ramírez Ruiz, que arranca en Chiclayo, en el norte del Perú, el 27 de diciembre de 1946, se truncó violentamente en un tramo de la carretera Panamericana, en Trujillo, la noche del 16 de junio de 2007. Al no hallársele documentos de identidad al momento del fatal accidente, se le entierra como NN. Siete meses permanecerán sus restos en esa situación, hasta que la paciente búsqueda de un familiar da con ellos. La confirmación de su deceso causa conmoción entre los círculos de poetas del Perú y del extranjero. Veinticuatro horas después de esa noticia, los poetas infrarrealistas de México le dedican el primer homenaje. Las reacciones entre sus amigos no sólo se expresan con notas necrológicas y testimonios sobre su vida y su obra, sino que también dan lugar a más de una polémica, a veces acremente, acaso en honor a esa beligerancia que Juan solía imprimirle a su crítica de todas las cosas. Su muerte lo convierte así en la presencia más vida y activa entre los poetas de su Generación y de las siguientes.

Un año antes de morir le había declarado al periodista Rafael Ojeda, en excepcional entrevista, que tenía nueve libros inéditos y mecanografiados. “Son muchos más breves (que los publicados anteriormente) pero están allí”. También indica que esos nueve poemarios son parte de un conjunto de doce que aún no ha podido completar porque ha atravesado por un estado de depresión. E insiste que necesita “pulir” esos libros “para volver a entrar al juego”. Inclusive le adelanta el título de dos de ellos: Tierra finita e Invitación a Hanan (vocablo quechua equivalente a paraíso).

Tras su deceso, sin embargo, nadie ha dado cuenta de estos nueve libros inéditos, los cuales, desde ya, pasan a convertirse en parte de los tantos enigmas de la poesía peruana. Pero ya sean hallados mañana o permanezcan extraviados por siempre, la propuesta utopista –no utópica- de Juan Ramírez Ruiz está explicitada en los diferentes manifiestos que firmó, así como en su poesía y en el ejemplo de su misma vida. Aquella no es una elaboración intelectual de lo imposible, sino un llamado a la acción para colocar a la poesía en el centro de todos los esfuerzos y luchas por la liberación total del hombre.

NOTAS
(1) En estos recitales, Hora Zero estuvo metido de cabeza, sin hacerse ascos por su auspiciador, el estado totalitario de la URSS.
(2) Esta actitud (como otras) plasma el ejemplo ético de la vida de Juan Ramírez Ruiz.
(3) Para las elecciones generales de 1980, Hora Zero se embarcó oportunistamente en el FOCEP después que este frente se deshizo de los partidos trotskystas y extraviara su brújula ideológica.

TERRA ÌGNEA APROXIMACION A LA LITERATURA Y LA CULTURA PERUANA
julio 06, 2008
(Tomado de Sol & Niebla N* 4. Lima, junio-julio de 2008).

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