sábado, 18 de octubre de 2008

Rv: [foro_centenario] Eduardo Ibarra: Gonzalo y la Situación Revolucionaria

Entre los años 1978 y 1980 se discutió sobre si en el Perú de ese tiempo existía o no una situación revolucionaria. En esa ocasión, Gonzalo hizo algunas afirmaciones que es necesario volver a analizar a fin de comprender las razones por las cuales hemos sostenido siempre que su lucha armada fue una aventura.



I

Fue Lenin quien definió el concepto de situación revolucionaria, utilizado ya por Marx y Engels en el siglo XIX. Precisamente en su conocido artículo La bancarrota de la II Internacional , el jefe de la revolución rusa proporcionó la definición más acabada de la situación revolucionaria al señalar "estos tres signos principales" de la misma: "1) La imposibilidad para las clases dominantes de mantener inmutable su dominación; tal o cual crisis de las 'alturas', una crisis en la política de la clase dominante, que origina una grieta por la que irrumpen el descontento y la indignación de las clases oprimidas. Para que estalle la revolución no suele bastar con que 'los de abajo no quieran', sino que hace falta además que 'los de arriba no puedan' seguir viviendo como hasta entonces.. 2) Una agravación, superior a la habitual, de la miseria y de los sufrimientos de las clases oprimidas. 3) una intensificació n considerable, por estas causas, de la actividad de las masas, que en tiempos de 'paz se dejan expoliar tranquilamente, pero que en épocas turbulentas son empujadas, tanto por toda la situación de crisis, como por los mismos 'de arriba', a una acción histórica independiente" (subrayado en el original).



De esta definición se desprende que la esencia de la situación revolucionaria es lo que el propio Lenin denominó "acción histórica independiente" de las masas. Es decir una acción potencialmente capaz de romper los marcos del orden existente.


Después de ofrecer la citada definición, Lenin precisó: "Sin estos cambios objetivos, no sólo independientes de la voluntad de los distintos grupos y partidos, sino también de la voluntad de las diferentes clases, la revolución es, por regla general, imposible. El conjunto de estos cambios objetivos es precisamente lo que se denomina situación revolucionaria" . Y al final del mismo párrafo, agregó: "no toda situación revolucionaria origina una revolución, sino tan sólo la situación en que a los cambios objetivos arriba enumerados se agrega un cambio subjetivo, a saber: la capacidad de la clase revolucionaria de llevar a cabo acciones revolucionarias de masas suficientemente fuertes para romper (o quebrantar) el viejo gobierno, que nunca, ni siquiera en las épocas de crisis, 'caerá' si no se le 'hace caer'" (subrayados en el original).



Lenin pues, fue suficientemente claro al señalar que los cambios que caracterizan la situación revolucionaria son "cambios objetivos", "independientes de la voluntad de los distintos grupos y partidos" y "de las diferentes clases". También al subrayar que "el conjunto de estos cambios objetivos es precisamente lo que se denomina situación revolucionaria" . Y lo mismo al considerar que la revolución es posible sólo si a estos cambios objetivos "se agrega un cambio subjetivo, a saber: la capacidad de la clase revolucionaria de llevar a cabo acciones revolucionarias de masas".


Pero Gonzalo escribió en setiembre de 1979 que "Lenin definió lo que es una situación revolucionaria, lo que son condiciones objetivas de la revolución y las sintetizó en dos: 1) que los de abajo no quieran seguir viviendo como antes y 2) que los de arriba no puedan seguir administrando y gobernando como hasta entonces; estas dos condiciones son las que generan las movilizaciones de las masas, sus luchas y entre ellas el movimiento huelguístico del proletariado. No es, pues, que la movilización de las masas genere la situación revolucionaria sino al revés: la situación revolucionaria, o sea las condiciones objetivas de la revolución son la causa de las movilizaciones y éstas son su efecto" (Guerra popular en el Perú. El pensamiento Gonzalo, recopilación y edición de Arce Borja, Bruselas, 1989, t.1, p.121).



La tergiversació n es evidente. Precisemos, pues. En primer lugar, el jefe senderista reduce los signos principales de la situación revolucionaria a uno solo, o, para decirlo de otro modo, a los dos aspectos del primer signo señalado por Lenin (que "los de abajo no quieran" y que "los de arriba no puedan"), dejando por fuera los otros dos signos. En segundo lugar, concibe la "intensificació n considerable de la actividad de las masas" ("movilizaciones" dice él) como un "efecto" y no como parte constitutiva de la situación revolucionaria. . En tercer lugar, y como resultado de lo anterior, niega la esencia misma de la situación revolucionaria, a saber: la "acción histórica independiente" de las masas.



Pero, entre 1978 y 1980, esta tergiversació n de la teoría leninista de la situación revolucionaria no fue percibida por los desprevenidos seguidores de Gonzalo.



II

Como se sabe, Mao desarrolló la teoría leninista de la situación revolucionaria en función de las condiciones particulares de un país semifeudal y semicolonial como la vieja China. Este desarrollo contiene los siguientes elementos: 1) carácter prolongado de la situación revolucionaria; 2) desarrollo desigual de la situación revolucionaria; 3) situación revolucionaria en desarrollo y situación revolucionaria estacionaria y su transformació n recíproca, y 4) aceleración de la situación revolucionaria por la acción de la vanguardia.



En efecto, en la China semifeudal y semicolonial, Mao, al argumentar el carácter prolongado de la revolución china, sugirió que la situación revolucionaria tenía un carácter prolongado. Por otro lado, el desarrollo económico y político desigual de la vieja China determinó el desarrollo desigual de la situación revolucionaria y, por consiguiente, de la revolución misma. Dicho en otras palabras, la situación revolucionaria se presentó primero en una determinada región y se extendió luego a escala nacional. Ahora bien, en la medida en que la situación revolucionaria en la vieja China tuvo un carácter prolongado, no es de extrañar que pasara por períodos de desarrollo y por períodos en los que permanecía estacionaria. Esto no quiere decir que existieran dos tipos distintos de situación revolucionaria, sino que una misma se desarrollaba en determinadas condiciones y se mantenía estacionaria en otras. Por eso hablar de una situación revolucionaria en desarrollo y de otra estacionaria es únicamente una manera de decir. Pero es necesario indicar que el estado estacionario de la situación revolucionaria no puede entenderse como si en el curso de su duración no se den luchas de las masas, sino más bien como que estas luchas permanecen en el mismo estado, es decir, sin avanzar, sin progresar, sin desarrollarse, pero tampoco sin decrecer ostensiblemente. Esta es la razón por la cual este estado de la situación revolucionaria se denomina "estacionario" . Finalmente, la experiencia china demostró que, configurada una situación revolucionaria, la acción de la vanguardia puede acelerarla. Este hecho demuestra la interpenetració n de los factores objetivos y subjetivos de la revolución, pero, desde luego, no sería correcto considerar que la acción de la vanguardia puede crear una situación revolucionaria.



Pues bien, como veremos enseguida, el problema de Gonzalo es con la primera contribución de Mao a la teoría de la situación revolucionaria. En efecto, el jefe senderista sostiene que "Mao parte de que en un país semifeudal y semicolonial, como es el nuestro, siempre existe situación revolucionaria" (Guerra popular en el Perú. El pensamiento Gonzalo, p.126. El subrayado es nuestro).



En este caso la tergiversació n también es evidente.. De hecho, el jefe senderista afirma que Mao consideraba que en los países semifeudales y semicoloniales la situación revolucionaria es permanente. Pero ocurre que en ninguna parte de sus escritos Mao sostiene, ni directa ni indirectamente, una tal cosa. Decir -como dijo Mao en relación a la China de los años 20 y 30 del siglo pasado- que la situación revolucionaria pasaba por períodos de desarrollo y por períodos en que se mantenía estacionaria, no significaba, en modo alguno, decir que era permanente.. El "siempre existe" es cosecha de Gonzalo y, sin embargo, para sostener este dislate, se lo achaca a Mao.



Este permanentismo gonzaliano obliga, pues, a preguntar: ¿y desde cuándo es permanente la situación revolucionaria en el Perú? ¿desde el 28 de julio de 1821? ¿desde la sublevación de Atusparia en 1885? ¿desde la lucha por las ocho horas en 1918?



Planteados estos interrogantes hace ya veinticinco años, nunca tuvieron respuesta. De hecho, el permanentismo gonzaliano no es sino una afirmación sin base.



Pero, entre 1978 y 1980, esta tergiversació n de la contribución de Mao a la teoría de la situación revolucionaria no fue percibida por los desprevenidos seguidores de Gonzalo.



III


En el documento Contra las ilusiones constitucionales y por el estado de nueva democracia, abril 1978, el jefe senderista escribió que "entre nosotros el ascenso es, en esencia, ascenso del movimiento campesino y es éste el que devendrá lucha armada" (ibidem, p.110). Pero, como el que espera desespera, en mayo de 1980 lanzó su lucha armada sin la existencia de un ascenso campesino ni a escala nacional ni a escala regional.



En la entrevista que le hiciera Arce Borja, julio 1988, Gonzalo, después de mencionar "las razones de iniciar el 80" , declaró que "los hechos demuestran que no erramos o, por lo menos, no erramos en los grandes lineamientos que es en lo que no hay que errar" (Un Mundo Que Ganar, nº18, 1999, p.55).



Pero ocurre que la vuelta al régimen democrático en 1980 hacía inviable la forma superior de lucha. Más de diez años antes, Che Guevara había señalado en su conocido trabajo Guerra de guerrillas, un método, que la lucha armada no es viable en las condiciones de la democracia burguesa y, justamente, la propia experiencia senderista ha confirmado una vez más este aserto.



Como ha señalado Ramón García en su artículo La Guerra del pueblo hoy. Corolario, "El derecho al golpe de Estado por parte de la reacción, tiene como respuesta el derecho a la revolución por parte del pueblo. Así, el proyecto de insurrección armada tenía plena justificación. Pero el paso táctico de la reacción, del golpe militar al gobierno civil, requería nuevo análisis de la insurrección. Y aquí es donde se pone a prueba la capacidad de cualquier grupo dirigente. Seguir con una táctica acertada para una situación, cuando esta situación ha cambiado, sólo conduce al despeñadero. Por supuesto, una derrota enseña más que una victoria. Y bien se sabe que una victoria es sólo un triunfo parcial así como una derrota es sólo un revés temporal. Todo grupo dirigente, en cada coyuntura, se encuentra ante el dilema de continuar con la táctica aprobada, por más que haya cambiado la situación, para no malquistarse el apoyo inicial de su militancia y del pueblo, o asumir su responsabilidad dirigente ante el cambio de situación. Las balas de la desesperación son tan nocivas como los votos del conformismo. Balas y votos son tácticas específicas para situaciones específicas. Agréguese a esto la acción de zapa de la reacción, y se llega al fondo de la cuestión: la inmadurez de la población y su dirigencia por la persistencia de los métodos primitivos de trabajo".



Así, Gonzalo erró precisamente "en los grandes lineamientos que es en lo que no hay que errar". Así expuso las fuerzas partidarias acumuladas en años de trabajo. Así condujo a su partido a una gravísima derrota.



Ahora, pues, el lector puede discernir la discusión desarrollada entre 1978 y 1980 en torno a iniciar o no la lucha armada.



Ahora puede discernir la afirmación de que " La II Sesión Plenaria ha sancionado un 'plan de inicio de la lucha armada" que soluciona un problema no resuelto hasta hoy: el inicio de la lucha armada" (Guerra popular en el Perú. El pensamiento Gonzalo, p.170).



Ahora puede discernir la propaganda senderista que presenta a Gonzalo como "un gran estratega".





Eduardo Ibarra

biblioteca9@ hotmail.com



19.02.03.

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