sábado, 11 de junio de 2016

Eduardo Gonzáles Viaña : La decisión de Verónika

Foto de Eduardo Gonzalez-Viana.
Por Eduardo González Viaña
La decisión de Verónika
El 9 de junio terminaron los 4 días más largos del siglo.
Ese jueves, terminados los cómputos, el Perú supo que había derrotado a la barbarie.
Voceros de Peruanos por el Kambio han reconocido que los millones de votos de la izquierda fueron fundamentales para borrar las posibilidades de que la dinastía Fujimori se extendiera desde el hombre que cometió innumerables crímenes contra la humanidad hasta la hija que abandonó a la madre en la tortura y después hasta el hermano cuyo nivel de inteligencia está en duda.
Como la semana había sido tan larga, tal vez el reo de la hacienda Barbadillo quiso dormir, pero se despertó con las voces de los jóvenes estudiantes cuya muerte ordenó en La Cantuta, con los gritos de las campesinas que se negaban a ser esterilizadas o con el llanto de los hijos y de las viudas de las decenas de miles de difuntos que dejó en la sierra durante la guerra sucia.
El 9 de junio será recordado como el día de la decencia porque una decisión valiente salvó al Perú de ser considerado en el conjunto mundial como una nación prostituida cuyo voto se puede comprar para justificar una dictadura maloliente.
Esa decisión valiente provino de una joven-Verónika Mendoza-quien proclamó en público que votaría por su antiguo adversario ideológico a sabiendas de que él hubiera hecho lo contrario en caso de que ella y el Frente Amplio hubieran quedado en segundo puesto. Y no lo hizo cerrándose los ojos ni la nariz sino con plena conciencia de que lo hacía para aplastar a la barbarie.
La decisión de Verónika y y los votos torrenciales del Frente Amplio en sus baluartes no provinieron de un cálculo político ni se originaron en un pacto. La izquierda conservó su posición y sus ideas. La suya fue sencillamente una lección de decencia y un acto de grandeza.
La izquierda es el baluarte de lo civilizado, pero no todos los comprenden. Cercano a PPK como antes lo fuera de Toledo, Carlos Bruce, quien ha sufrido tantos escarnios de la derecha por su orientación sexual, se siente feliz de que no haya 73 congresistas de izquierda y asegura que es “más fácil ponerse acuerdo con el fujimorismo en ciertos temas”. Deploramos su ingratitud. Sin embargo, quienes nos proclamamos de izquierda nunca nos hemos sentido arrepentidos de nuestra nobleza ni de nuestra generosidad.
Algunos comentaristas reclaman todo el tiempo lo que llaman una “izquierda moderna”. ¿No es “izquierda moderna” la que olvida injurias y propicia el triunfo del adversario?
¿En contraste, son modernos los derechistas que se proclaman defensores del mercado? ¿No saben acaso que la desregulación que proponen o imponen conduce al monopolio y al saqueo de las riquezas, o sea a vender el país y a verter cianuro sobre la tierra fértil?
¿Y del otro lado, son modernos acaso los anquilosados derechistas que ignoran que la guerra fría ya terminó y que la Iglesia de hoy consagra como suyas las ideas y las obras, y sobre todo la actitud moral de estos hombres?
El capitalismo se ha pasado mucho tiempo haciendo creer que su bandera es la del cristianismo. Ya se sabe hoy que no hay más perverso materialismo que el suyo. Ser socialista, por el contrario, equivale hoy a levantar la cruz del martirio y las ideas del maestro de Galilea.
Por todo esto, una valiente joven de la izquierda peruana tuvo el coraje de reclamar a sus compañeros algo a lo que, naturalmente, se resistían después de haber sido insultados y vejados tantas veces. Y sin embargo, la escucharon, acudieron a las urnas y cerraron las puertas a la barbarie. Se llama Verónika. Su decisión hará historia.

M

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