lunes, 15 de agosto de 2016

BUÑUEL ; EL DISCRETO ENCANTO DE LA BURGUESIA

Permítanos una licencia, mientras la empresa transnacional chilena: Wong retumba los cielos de Miraflores, Surquillo y distritos cercanos, asustando a niños de las mencionados distritos, se retransmitió esta laureada película. Entre las múltiples miradas críticas que nos brinda "El discreto encanto...", podemos centranos en el personaje interpretado por el actor español Fernando Rey, como embajador de una republica latinoamericana "Miranda", vinculado al narcotráfico, sufre atentados, con una celada atrapa una revolucionaria de su país. La desconfianza con la burguesía es un motivo de permanente actualidad. Buñuel denuncia con sutileza a la burguesía, a los militares, a la iglesia, a la hipocresía burguesa. A continuación comentarios sobre la película que nos brinda Internet.
Blog Socialismo Peruano Amauta
13/07/08


Francia/España/Italia Color (Eastmancolor, Panavisión)

Una producción de:
Greenwich Film [Francia]; Jet Film [España]; Dear Film Produzione [Italia]

Género:
Drama surrealista

Sinopsis:
Don Rafael Costa, embajador de Miranda, y el matrimonio Thévenot están invitados a cenar en casa del matrimonio Sénechal, pero hay una confusión y los cinco deben ir a un restaurante. Al llegar se dan cuenta de que no podrán cenar porque el dueño del lugar ha muerto. A partir de este momento, las reuniones entre este selecto grupo de burgueses se verán interrumpidas por una serie de eventos extraordinarios, algunos reales y otros producto de la imaginación de los personajes.


Comentario:
En esencia, El discreto encanto de la burguesía puede considerarse como una nueva incursión de Buñuel, esta vez con mayores recursos de producción, en los temas que dieron origen una década atrás a El ángel exterminador (1962).

"Buscábamos un pretexto para una acción repetitiva, cuando Silberman nos contó lo que acababa de ocurrirle. Invitó a varias personas a cenar a su casa, un martes por ejemplo, olvidó hablar de ello a su mujer y olvidó que ese mismo martes tenía una cena fuera de casa. Los invitados llegaron hacia las nueve, cargados de flores. Silberman no estaba. Encontraron a su mujer en bata, ignorante de todo, cenada ya y disponiéndose a meterse en la cama."

Esta escena se convirtió en la primera de El discreto encanto de la burguesía. A partir de ella, Buñuel desarrolló una serie de situaciones en las que, sin forzar demasiado la verosimilitud, un grupo de amigos intentan cenar juntos, sin conseguirlo.

El discreto encanto de la burguesía fue un título escogido tan al azar como lo fue Un perro andaluz (1928). "Realmente no habíamos pensado en la burguesía hasta que, la última noche del rodaje, decidimos encontrar un título. Se me había ocurrido «El encanto de la burguesía» pero Carrière me hizo notar que faltaba un adjetivo, y entre mil de ellos fue elegido «discreto». Nos parecía que, con este título la película adquiría otra forma y casi otro fondo. Se la miraba de forma distinta."

El evidente tono de comedia de la cinta provocó que más de un crítico la considerara como "una sátira feroz de la burguesía". A Buñuel le disgustaban estas apreciaciones. "No es una sátira y mucho menos feroz. Creo que es la película que he hecho con un espíritu de humor amable. Tampoco busqué que la gente lanzara carcajadas de principio a fin. Me molestó mucho que en la publicidad dijeran: «¡Se ríe uno como loco!» y se mostrara una boca enorme pintada sobre unas piernas y bajo un sombrero hongo. Yo hubiera fusilado al publicista."

Quizás fue este sentido del humor amable el que provocó que la cinta fuese un éxito taquillero en el difícil mercado de los Estados Unidos. Cuando en febrero de 1973 se anunciaron las nominaciones a los premios Oscar, la cinta de Buñuel encabezó la lista de candidatas al premio a la mejor película en lengua extranjera.

La nominación y posterior obtención de Oscar hicieron que Buñuel regresara a Los Angeles, lugar donde pudo haber desarrollado su carrera cuarenta años atrás, de no ser porque el destino lo terminó llevando a México.

Al día siguiente de recibir el premio, Buñuel fue invitado por el director George Cukor a una cena a la que asistieron Alfred Hitchcock, William Wyler, Robert Wise, John Ford, George Stevens y Billy Wilder, entre otros grandes directores de Hollywood. Buñuel recibía de esta manera uno de los tributos más especiales de toda su carrera: el de sus camaradas de oficio quienes le externaron la gran admiración que sentían hacia su obra fílmica.

ENCANTO DE LA BURGUESIA
Película de Luis Buñuel.
Con Fernando Rey

El discreto encanto de la burguesía
Casi 30 años después El discreto encanto de la burguesía (Le Charme discret de la bourgeoisie, 1972) aparece sabrosamente atrapada en su época. Quizá de la trilogía que forma con El fantasma de la libertad (1974) y Ese obscuro objeto del deseo (1977), El discreto encanto..., sea la menos radical e interesante. Pero el clima de iluminación de las tres películas es muy parecido (debido al fotógrafo Edmond Richard), y Buñuel ubica de comienzo en esa paradoja ambigua de la mezcla de los rituales, de la resonancia de los olvidos. Iluminación y temáticas conectan con una época que entraba sin mucha gloria en los post contra cultural.

En Paris las luces de un carro van iluminando las calles mientras los créditos pasan y cierta ambigua tensión crece. Producción de Serge Silberman. Con él Buñuel pudo dedicarse con cierta libertad a la etapa francesa final de su obra. Y no frustró al director: El discreto encanto....le dio incluso un Oscar. Esto para los que replantean el debate de la "industria" versus la "libertad". Estamos ante un Buñuel "integrado"? No sería peor un Buñuel desintegrado? Guión en colaboración de Jean Claude Carriere. El encanto de la trilogía antes citada persiste en parte por la creatividad narrativa que Carriere aportó, siguiendo frecuentemente ideas que ya estaban en la mente de Buñuel. (No puedo dejar de recomendar, otra vez, Mi último suspiro, la autobiografía "apócrifa" de Buñuel, si se toma en cuenta que en realidad fue escrita por Carriere. En este suspiro vibra el Buñuel cotidiano, prejuiciado, humorístico y, sobre todo, neurotizado por las circunstancias, y el libro explica su trabajo creativo, en la escritura y el cine -y en donde aparenta ser un asceta de las formas.)

Un grupo de burgueses (uno pregunta: qué son "burgueses" para Buñuel?) arriba a una casa donde tienen concertada una cena. La señora de la casa no los espera hoy. Esta mínima confusión es como una rutina al revés, o una costumbre "fuera de foco". Don Rafael (Fernando Rey) es el eje narrativo de los deseos. Embajador de Miranda en París. Confrontado con Mi último suspiro, Miranda resulta ser México, la patria adoptiva de Buñuel. Burguesía francesa que se mira desde lo que hoy llamamos el Sur, pero en aquellos años era el Tercer Mundo. Burguesía parasitaria, perdida, sin prestigio aparente y sin proyecto. Los intercortes del grupo de burgueses que camina sobre una carretera son significativos. Su giro financiero es el trasiego de droga. Los rituales de estos grupos sociales se transforman en absurdo sin que ellos lo sepan. No hay victimización, hay un naturalismo casi solidario. Cualquier cambio de costumbre implica una pesadilla. Luego que la señora de la casa acepta acompañarlos a cenar fuera, ya que ella no ha preparado nada, el grupo llega a un restaurante cuyo misterio se resuelve al final de la secuencia: el dueño ha muerto y se vela en otra sala del restaurante. Esta yuxtaposición de ambientes disímiles, que Buñuel, como ningún otro director ha sabido aprovechar, instaura el desorden.

La yuxtaposición de lo "moderno" con lo "antiguo", del absurdo frívolo y el absurdo existencial, da pie a la irrupción de la extrañeza, a un culto necrófilo perseguido con la ligereza investigativa del policial. Pero un policial que se olvida de sus principios, los transgrede y renuncia a la plataforma lógica desde el inicio. Lo interesante es que esta secuencia en que pasamos de la sala del restaurante a la sala del velorio preside todas las eventuales "investigaciones gratuitas" de los personajes. Un teniente cuenta su vida desgraciada, con la aparición de su madre muerta y el asesinato de su padre. Un soldado interrumpe a la tropa que de manera insólita llega a cenar, para contar un cuento en el que todos los personajes están muertos. Desquiciar la realidad implica mover las jerarquías, burlar el orden del perdón cristiano que se mezcla con la estratificación social, o que la disimula. Desplazar lo "subconsciente" al gran plano de la realidad. La realidad se parece demasiado a los sueños. Y en la realidad y en los sueños los personajes practican un orden entrelazado de disimulos. Se disimulan los deseos sexuales, la muerte, la decisiva presencia del control estatal violento (el ejército).

Qué hacía Buñuel pregonando este absurdo? No cruzaba él mismo el camino que no termina y la cena que nunca llega? Don Rafael juega a ser su doble en El discreto encanto de la burguesía. Fernando Rey, el actor fetiche de la constitución masculina burguesa que Buñuel retrataba con frecuencia, vive cruzado entre un mundo "subdesarrollado" (Miranda / México) que para todos los demás nunca pierde el color local folklórioco, y un suburbio parisino de una burguesía sin norte fijo que hace mucho perdió la trascendencia, y el poder de sus actos. Don Rafael, como Buñuel, sospecha tal vez este drama, pero se refocila en el sibaritismo de lo precario. El junto a todos los otros burgueses sus amigos, sueñan que escenifican su derrota (en esta película las mujeres no sueñan , sólo los hombres), o que son atrapados por la ley. El poder y el orden forman parte de los monstruos de sus pesadillas. En un escenario como el de principios de los 70, Buñuel está cantando la ruina previsible (hay que recordar que él vivió en época de los grandes autoritarismos, léase franquismo, nazismo, estalinismo): la burguesía sin norte fijo tendrá que reconocer el orden de las armas, aprenderá a amar y a cantar las armas. Desde la mirada de Don Rafael, sudamericano al fin y al cabo, quizá esto no sea tan extemporáneo. Desde la mirada de Buñuel es un filtrado pesimismo, escondido detrás del encanto de las historias, que va decantando su creencia declarada (preveniente del surrealismo) en la libertad de los humanos. 30 años después El discreto encanto de la burguesía aún inquieta.

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