domingo, 28 de agosto de 2016

Danilo Sánchez Lihon : 28 de agosto. Se funda la Biblioteca Nacional. Bibliotecas para cambiar el mundo.





CAPULÍ, VALLEJO Y SU TIERRA

Construcción y forja de la utopía andina


2016 AÑO

CONSTRUCCIÓN DE CONCIENCIA

Y CONCRECIÓN DE SOLUCIONES


AGOSTO, MES DE LOS NIÑOS,

DE LA JUVENTUD, LAS COMETAS,

EL DEPORTE, EL FOLCLORE Y

DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS


CAPULÍ ES

PODER CHUCO


SANTIAGO DE CHUCO

CAPITAL DE LA POESÍA

Y LA CONCIENCIA SOCIAL


*****


28 DE AGOSTO



SE FUNDA

LA BIBLIOTECA

NACIONAL



FOLIOS

DE LA

UTOPÍA



BIBLIOTECAS

PARA CAMBIAR

EL MUNDO



Danilo Sánchez Lihón



1. Guardianes

del templo


El trabajo bibliotecario es una de las actividades más sobresalientes, cimeras y hasta sagradas de la humanidad, porque son los bibliotecarios los guardianes del templo del saber para el hombre como realidad y como entelequia.

Son los bibliotecarios en quienes se ha confiado las llaves que abren y cierran el tabernáculo del saber y los postigos de las grandes catedrales de las artes y las ciencias.

El nombre de la profesión deriva del vocablo libro y éste de "liber" que significa libertad, como también "espiga".

Rescata todo lo que hay de contenidos de superación y de orientaciones para cultivar estos ideales en el hombre y en la sociedad.

Por eso, en la esencia del ser bibliotecario late y palpita el anhelo más hondo de valores, verdad, belleza e idealismo.

De manera directa y central se encarga de desarrollar un "saber ser", un "saber estar o convivir", un "saber hacer" y un "saber conocer", dimensiones del ser integral de la persona humana.


2. Lo primero

es una esperanza


Las bibliotecas están integradas o compuestas de colecciones de libros, de publicaciones periódicas y de diversidad de materiales impresos, audiovisuales y de otra índole, siempre y cuando ellos contengan sensibilidad y conocimientos.

En ellas se cuenta con recursos de mobiliario y equipamiento. Se las identifica con sus edificios, su ubicación y la calle donde abren un espacio de luz; con sus letreros, el nombre emblemático que llevan, con sus bienes muebles e inmuebles.

Cuentan con organigramas y un manual de funciones en donde se precisan sus fines, objetivos y principales actividades.

Cuentan con un público usuario de rutina y otro de personas que se acercan titubeantes buscando el fulgor de la trascendente, al cual se deben y en razón de quienes se desvelan abriendo cada día sus puertas y ofreciendo servicios típicos y otros no convencionales.

Tienen un presupuesto –casi siempre escaso y que no alcanza– pero tienen usos, costumbres y querencias que las caracterizan formalmente y que hace que su personal permanezca fiel e imbuidos de altruismo delante y tras los estantes.


3. Aspiración

de progreso


Todo aquello poseen, con eso cuentan y hasta pareciera que es aquello que las define y sustenta.

¡Pero, no! Reflexionemos: ¿Qué es lo primero que las funda? ¿Qué alienta de bendito y venerable en su base?

¿Qué anima su espíritu? ¿Cuál es su piedra angular y clave secreta? ¿Cuál su cimiento, su ara o su altar? La respuesta es esta: ¡una esperanza!

Lo que habita en el fondo de la cepa de una biblioteca y en el alma de un bibliotecario es una esperanza, esbozada en un anhelo de información, conocimiento y cultura.

Dicho de otro modo: es un afán de sabiduría traducida en una aspiración de progreso, de cambio y transformación que, a veces, se sumerge tanto bajo la rutina que desaparece y se creyera lo inverso: que es el lugar en donde poco o nada acontece.


4. Construir

un mundo mejor


Lo que hace a una biblioteca es su intencionalidad implícita y secreta de cambiar el mundo para construir otro mejor.

Lógicamente todo esto es aquello que está más allá de lo inmediato y en una dimensión invisible y que no aparece ni en el mismo organigrama que se ostenta en el salón de entrada, en la sala de reuniones o en la oficina del director.

Está en el escondite de su apariencia humilde, en lo recóndito de sus cuatro paredes de adobe, ladrillo o quincha; que ahora y siempre nos conmueven que allí habite ese hondo propósito.

Es el enigma detrás de la frente y el arcano que luce cifrado en el umbral de la puerta. Es el mundo ideal que late al fondo de la realidad deplorable.

Es el anagrama en la visión dorada y espléndida de su silencio arrobado, es la entelequia aleteando al fondo del cuerpo y del alma de un niño que lee, pese a tener hambre y frío.


5. Sueño

de libertad


Esta idea fundacional de la biblioteca, esta suerte de sueño en la raíz o el cimiento, este anhelo oculto que alienta y palpita en su centro, hay que hacerlo más evidente para gestionar apoyo hacia esa piedra talar.

Esta esperanza se grafica, por ejemplo, en el siguiente hecho histórico, cual es en cómo surge la noción de biblioteca para consolidar la libertad para toda la América del sur, en la idea inaugural de la Biblioteca Nacional del Perú, insignia suprema de nacionalidad heroica, consumada y vuelta a revivir en la Guerra del Pacífico. Instituida por el libertador José de San Martín en base a los libros con que soñara la independencia americana, robustecida luego por el trabajo paciente y tesonero del clérigo y prócer arequipeño Mariano José de Arce.

Biblioteca mítica como nuestra libertad, ave fénix destruida y vuelta a construir varias veces, saqueada, expoliada y convertida en caballeriza, muladar y botín de guerra por la milicia chilena convertida en horda y ave de rapiña en la guerra de agresión del año 1879.

Igual o mucho más esta llama votiva late y arde en toda biblioteca escolar, esté situada en el llano costeño o amazónico como en cualquier recodo del contrafuerte andino, como en la jalca o puna de nuestra serranía.


6. ¿Todo esto,

para qué?


El asunto fundamental en la concepción y el trabajo de una biblioteca es de dónde hemos de partir y hacia dónde hemos de arribar.

A estas interrogantes la respuesta es: importa antes que aquello que los libros son materialmente, de lo que no alcanzaron a ser. De lo que son y está más allá de sus páginas: en el aire impalpable de la alborada que lo alentó al principio y se esboza al final.

Y son estos designios los que deben alentar y aletear en el alma del bibliotecario.

¿Está la deontología y misión de esta actividad en los libros, en cuanto a esencia y contenido, o en lo que ellos representan como sueños insepultos?

El deber ser habita más allá, en el horizonte ideal y en la utopía que queremos construir a partir de la bibliotecología.

Es mejor buscar su visión, objetivos y fines a partir de los problemas de la gente, pero mirados con el bagaje de elementos que un área profesional como la bibliotecología nos prodiga.

Esto significa una toma de posición y absolver la pregunta básica, cual es: ¿Y, todo esto, para qué? ¿Esto nos salva y redime como humanidad?


7 Aspiraciones

de la gente


Es desde estas cuestiones básicas desde dónde podremos construir cuáles son los ejes de nuestra acción: Acción que nos justifique ante la vida y ante la historia.

Así estaremos partiendo entonces de la lectura de la realidad, de los hechos y del compromiso social, para encontrar nuestro deber ser ante una situación desafiante como es el mundo actual.

Mundo acosado por la alienación, los intereses espurios, asediada por los inconfesables intereses, acosada por la superficialidad, los ídolos falsos, la deshumanización.

En donde lo trivial se ha vuelto trascendente y lo trascendente trivial.

Hay que pensar entonces que el accionar de una biblioteca: antes que desde los estantes con los libros augustos, o desde los recursos disponibles, o desde los procesos informáticos, que siempre entusiasman, hay que hacerlo desde los anhelos y aspiraciones de la gente.


Mejorar

al hombre


Hay que pensar la biblioteca incluso antes que desde el local ubicado en alguna calle recoleta, dulce o bravía, a partir más bien del problema de la gente.

Hay que partir de su hambre, de su miedo, de su desolación. De sus grandes preguntas y temblorosas respuestas. Y de sus acrisoladas esperanzas.

Es entonces cuando aparece con meridiana claridad la exigencia y condición de ubicarse, el bibliotecario, no solo como un agente cultural sino como un líder social.

Y del llamado a agregar al anhelo de sabiduría, al ideal de mejorar al hombre individual y colectivamente, y al desvelo por enaltecer la vida.

Con el compromiso perentorio de ser un luchador social y un porta estandarte de su pueblo que marcha hacia el porvenir con los ojos abiertos pero encarnando los sueños.



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